domingo, 16 de agosto de 2026

Comentarios del 16 de agosto - Domingo 20º del TO. Ciclo A (16.08.2026): Mateo 15,21-28 Enfermo no, atrapado en la religión y “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12) CINCO MINUTOS.

 Comentarios del 16 de agosto

Comentario primero:
Domingo 20º del TO. Ciclo A (16.08.2026): Mateo 15,21-28

Enfermo no, atrapado en la religión. Lo medito y escribo CONTIGO,

Según se nos va a leer en la celebración de este domingo, el relato del Evangelio comienza de esta manera: “En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón” (Mt 15,21). En cambio, leo esto otro en la traducción de la Biblia de Jerusalén que me acompaña: “Saliendo de allí, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y Sidón”. ¿Acaso no es idéntica una y otra expresión? Sí, pero a ti lector me atrevo a preguntarte, ¿en qué lugar se encontraba este Jesús de Mateo antes de retirarse hacia el país o la región costera de Tiro y Sidón?

 

A más de un lector no le importará nada saber este dato. Pero al Evangelista del relato sí le importó decirnos que su Jesús de Nazaret llegó a la tierra de Genesaret después de haber contado la primera multiplicación de los panes. Y estando en esta tierra judía de la orilla occidental del Lago-Mar de Galilea acontece un hecho que no debiera olvidarse jamás.

 

Y este suceso se nos cuenta en Mateo 15,1-20. Relato que nunca se lee en las liturgias dominicales del Ciclo A, que es el año de este Evangelio de Mateo. Es decir, nunca se le lee al pueblo esta palabra de la narración de Mateo. Estando Jesús con sus gentes en esta región de Genesaret “se acercaron a Jesús algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén para ‘fiscalizar’, en nombre de la Ley, del Templo, del Sacerdocio y de la Tradición judía, la tarea evangelizadora de Jesús de Nazaret y de sus seguidores”. ¿Por qué se nos silencia este asunto?

 

Para este Evangelista Mateo su Jesús de Nazaret acaba de denunciar el vacío de sentido de la Religión de su pueblo. Y por esta razón decide marcharse fuera de la propia tierra de Israel. Y se va explícitamente a las orillas del Mar Mediterráneo, símbolo por excelencia de la presencia del Mal y del radical alejamiento del Yavé-Dios judío. En esas ciudades de Tiro y Sidón, en ese ámbito del MAL en toda su extensión, este Jesús de Mateo evangelizará y su Evangelio caerá en la tierra buena de una mujer cananea y de su hija. ¿Mujer cananea? Precisamente cananea.

 

Este Jesús del Evangelista no está solo. Le acompañan sus seguidores que, curiosa y sorprendentemente, se han situado como acertados mediadores entre aquella mujer de Canaán y el propio Jesús de quien se fían. Además de mujer y de madre, esta cananea del Evangelista Mateo conoce bien la historia de sus gentes cananeas y la historia de sus eternos enemigos, los habitantes y creyentes de Israel. ¿Conocía esta mujer Deuteronomio 7,1-16?

 

Nos advierte el Evangelista que este su Jesús no desea romper con su criterio sobre su opción evangelizadora que ya había expresado en Mt 10,5 nada más comenzar su segundo discurso dedicado a la misión de sus seguidores: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Aquella mujer y madre cananea reconoce que su hija padece una enfermedad, está endemoniada por ¿qué tipo de demonio?

Esta enfermedad demoníaca es exactamente la misma que la que padece aquella comisión de fariseos y escribas fiscalizadores del Evangelio de Jesús. Tanto la religión judía como la cananea son igualmente diabólicas por cruzarse en el camino de la convivencia y provocar siempre el enfrentamiento de las personas. No hay otra religión que la de Mt 7,12. ¡Nunca lo olvidaré!

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 16.08.2020. Y también en Madrid, 16.08.2026. 


Comentario segundo:

“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)

CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 38ª página del Evangelio de Mateo 21,18-46.

El Evangelista Mateo nos contó lo que su Jesús de Nazaret dijo e hizo en el primer día que pasó en Jerusalén y en su Templo. Como vimos, nos lo escribió en pocos versículos (21,1-17), pero en ellos está sembrado el origen del fin de su protagonista. A partir de Mateo 21,18, según este narrador, todo parece suceder en el día siguiente, desde muy temprano. Ninguna otra referencia temporal encontraremos hasta Mateo 26,1-2. Este segundo día va a ser muy largo.

 

Lo primero que sucede en este segundo día del Jesús de Mateo es una cosa ‘extrañamente sorprendente’ si el lector se queda con la literalidad de las palabras. Sólo cuando se relaciona todo cuanto se dice en Mt 21,18-22 se comprende que no se está hablando de una higuera, sino que se está hablando del Templo de Jerusalén que está seco y muerto. Esto es así para quien se lo cree, como se lo creyó Jesús de Nazaret. En cambio, fue este Templo quien mató a Jesús.

 

Reconozco que la afirmación que acabo de escribir es muy contundente, pero no soy yo quien se la ha inventado. Es el propio narrador Mateo quien la dice, la comenta, la desarrolla, la explica, la asegura con fundamentos.  Basta leerse la continuación del relato que comienza así: “Llegó al Templo, y mientras enseñaba, los Sumos Sacerdotes y los Ancianos del pueblo se le acercaron para preguntarle: ¿Con qué autoridad actúas así? ¿De dónde te viene?”  (Mt 21,23). Y el relato del Evangelista acaba con estas tajantes afirmaciones: “Al oír sus palabras, los Sumos Sacerdotes y los Fariseos se dieron cuenta de que las dijo por ellos. Y, aunque estaban deseando echarle mano, tuvieron miedo de las gentes, que lo tenían por profeta (Mt 21,46).

 

Este Evangelista nos cuenta estas cosas siguiendo lo que había dejado escrito Marcos desde 11,27 hasta 12,12. Ambos relatos son muy semejantes, pero mantienen muchas diferencias. El narrador Lucas también cuenta estos acontecimientos, a su manera, en 20,1-19. Por fin, el cuarto Evangelio nos relata esta misma presencia de su Jesús de Nazaret en el Templo de Jerusalén (Jn 2,13-25), pero su relato es tan distinto que no dejará de cuestionarnos nunca.

 

Después de haberse leído uno a uno estos relatos de la presencia evangelizadora de Jesús en el Templo, se cae en la cuenta de la inmensa importancia de la acción bautizadora de Juan el perdonapecados (Mt 21,24-27). En esta precisa acción perdonadora de Juan fundamenta Jesús de Nazaret su autoridad. Juan el Bautista había desobedecido la tradición de la Ley de Moisés y de su dios Yavé que ordenaba perdonar los pecados en el Templo y por medio de sacrificios, bien reglamentados, ofrecidos por los sacerdotes de la tribu de Leví y de la familia de Aarón. Mateo 21,23 nos dice que Jesús ‘enseñaba’, pero no encontramos explícitamente dicho qué enseñaba. Y luego en Mt 21,27 añade estas palabras que Jesús dedica a los Sumos Sacerdotes, los Ancianos y los Fariseos: “Tampoco yo os digo con qué autoridad actúo así”. Pero... Pero, no se calló. Siguió hablando y les contó dos parábolas como dos denuncias proféticas contra aquellos que se servían del Templo, vivían de él, lo saqueaban, lo aniquilaban y profanaban en nombre de Dios. Y estos, ¡mercaderes insaciables!, eran los Sacerdotes, Ancianos y Fariseos.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 18.08.2019. Y también en Madrid, 16.08.2026.

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