Poder tener-Tener poder
Domingo 22º del TO. Ciclo A (30.08.2026): Mateo 16,21-27. La cuestión es servir o ser servido. Así lo escribo CONTIGO,
En este nuevo domingo, seguimos leyendo en el Evangelio de Mateo en el preciso lugar en el que lo habíamos dejado hace una semana. Tanto el texto anterior como éste que leemos ahora conviene leerlos conjuntamente como si fueran una unidad, uno solo: Mateo 16,13-28. El versículo 16,28 también, que siempre se lo comen las vaticanas tijeras de la liturgia.
Todo cuanto se nos cuenta sucede en las tierras del norte de la región de la Galilea, en Cesarea de Filipo. Allá donde comienza el Jordán a ser un río. Al pie de un monte. Y será precisamente desde aquí donde se inicie ‘un camino’. El camino de la subida a Jerusalén; el camino del descendimiento de un río camino de su acabamiento en el mar; el camino de un nuevo proyecto de vida; el camino que es y seguirá siendo Jesús de Nazaret; el camino llamado espiritualidad cristiana; el camino del seguimiento. Sencillamente, ‘el camino’. Todo está en él.
Más de un estudioso se atrevió a llamar a esta nueva realidad ‘La Religión del Camino’. Para este símbolo del camino cada caminante tiene su interpretación peculiar. Como se dice en el ejercicio de otra tradición: ‘Existen tantos caminos de Santiago como caminantes’. Con este asunto, en las alforjas de caminante me sugiero llevar delante de ellas un interrogante: ¿Quién decís que soy yo? O, ¿quién digo yo que eres tú? Esto ya lo leímos en la semana pasada.
De entre todos los acompañantes de Jesús sólo uno habló. Sólo uno confesó lo que pensaba. Según este Evangelista, el confesor Pedro fue tan encumbrado (Mt 16,17) como abajado (Mt 16,20). Si esto no se comprendió hace siete días debe leerse despacio el texto de esta nueva celebración: Mt 16,21-28. En él, el propio Evangelista pone en boca de su Jesús estas palabras dirigidas directa y explícitamente a Pedro: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás!’ (Mt 16,23). Cuantas más veces me detengo a contemplar esta narración más me convenzo de que no es posible que todo esto, junto y a la vez, sea ciertamente verdadero. La contradicción es tan nítida que sólo puede ser tarea realizada por dos escritores diferentes y en distintos tiempos. Un hombre como Pedro no puede ser a la vez el bienaventurado de Dios y el mismo Satanás.
La evidente contradicción se comprende sin demasiadas dificultades. La cuestión central se arraiga en los contenidos que se encierran en la palabra griega ‘cristós’ que traduce la palabra hebrea ‘masiah’. En lengua española decimos ‘cristo’ y ‘mesías’. Jesús, cristo y mesías. Y desde ahí, el cristianismo y el mesianismo. Dos palabras de una misma y única realidad: el cristianismo mesiánico o el mesianismo cristiano. No se trata de un juego de palabras.
Se trata de la realidad humana de creer, querer y desear servir, o servir a. Es decir, ponerse a la altura de quien está por debajo de uno y atreverse los dos a caminar juntos, progresar, crecer, compartir, ser personas. O, por el contario, se trata de la realidad humana de creer, querer y desear ser servido, o servirse de. Es decir, ponerse por encima de los demás para ser obedecido, idolatrado, divinizado, separado, enaltecido. Tal vez ambas realidades puedan ser ‘liberadoras’, pero ciertamente no lo serán de la misma manera. El mesianismo cristiano de Jesús fue ‘servir’. En cambio, el cristianismo mesiánico de Pedro fue ‘ser servido’. Ahí estamos.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 30.08.2020. Y también en Madrid, 30.08.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 40ª página del Evangelio de Mateo 22,15-22.
“Entonces”, escribe el Evangelista en Mt 22,15. Y este ‘entonces’ nos indica que seguimos imaginando a Jesús de Nazaret en su segundo día dentro del Templo de Jerusalén. Parece que ha acabado de hablar con ‘las autoridades religiosas’. Éstas, según nos da a entender Mateo, han decidido acabar con ‘la presencia y la voz’ de Jesús. Éste sigue ‘evangelizando’. Ahí.
La autoridad religiosa farisea del Templo decide en estos momentos enviar una delegación de fariseos y herodianos para espiar el hacer y decir de este laico y galileo que anda por el Templo (Mt 22,17). Luego se le acercarán otros oyentes y videntes de la evangelización de Jesús (Mt 22,23). Y luego otros, representantes de otro colectivo, (Mt 22,34). Podríamos considerar a todo este acontecimiento del pasado como un encuentro de ‘redes sociales’ del presente.
Nos dice aquí este Evangelista que los fariseos de la Ley y los herodianos de Herodes van juntos a tratar con Jesús de un asunto que les preocupa de la misma manera, aunque se trate de dos colectivos abiertamente enfrentados. Cuando los extremos se unen algo funciona mal.
Este asunto que les une es el dinero. La economía, aunque no sea exactamente lo mismo. La pasta, que diría la gente de a pie por estas tierras en las que vivo. Al parecer, ante el asunto del ‘poder tener’ o el ‘tener poder’ no hay religión ni opción política ni plan social que valga.
¿Será cierto que el único Dios que cuenta para los humanos es el dinero, se sea del color que se sea o se piense como se quiera pensar? Además, quiero recordar que este mismo asunto ya les traía a mal traer a los propios seguidores de Jesús, según nos lo dejó apuntado este Evangelista
en Mt 17,24-27. ¿Pagamos o no pagamos a Roma? Nosotros, que somos todos judíos, ¿somos o no somos pueblo del Imperio? Esta es la cuestión que se vuelve a poner ante la persona de Jesús de Nazaret. Y la finalidad de estos fariseos y herodianos es sorprender a Jesús de manera tramposa. La respuesta de este judío y laico de Galilea que es Jesús no puede ser más directamente acusadora y desenmascaradora del proceder de aquellos interlocutores interesados.
Todos sabían en aquellas épocas del siglo primero que el dinero contante y sonante que circulaba por el Imperio no era otro que el acuñado por Roma. ¿A esta manera de proceder en la vida no se le ha llamado ‘moral farisea’? ‘La moneda que vale’ es la moneda de Roma. Y esta es la moneda que se ansía, se almacena, se codicia, se intercambia, se atesora... ¡hasta en el mismo tesoro del Templo de Jerusalén’! El dios del fariseo y herodiano es el dinero de Roma. Y el mercado más próspero de este dinero es el Templo del dios Yavé de Israel (Mt 21,12-17).
Los fariseos y herodianos de entonces ‘se maravillaron’ de la sabiduría del laico sabio Jesús de Nazaret, pero siguieron a lo suyo y en cuanto pudieron le taparon la boca y le ataron las manos. Tal vez pensaban que ‘callada la voz’ el negocio pudiera continuar. Así pensaban aquellos fariseos y herodianos y así siguen los eternos mercaderes nuevos de toda religión.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 01.09.2019. En Madrid, 01.09.2026
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