Del muy incómodo asunto del Templo de Jerusalén y su relación con Jesús de Nazaret
Comentario primero:
Domingo 27º del TO. Ciclo A (04.10.2026): Mateo 21,33-43.
La viña, las uvas y el vino son de todos. Lo medito y escribo CONTIGO
De domingo en domingo y parábola tras parábola. Recordaré que Jesús de Nazaret está en el Templo de Jerusalén: “Llegado Jesús al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los Sumos Sacerdotes y los ancianos del pueblo” (Mt 21,23-27). Ya dije la semana pasada que estas palabras no se escuchan jamás en las celebraciones del llamado Ciclo A, el de Mateo. Y en pura lógica y coherencia, en este domingo primero de octubre no se leerá Mt 21,45-46, versículos con los que se acabaría la lectura que propone la Liturgia católico-vaticana, Mt 21,33-43.
Sin esta referencia al contexto de la historia de los hechos y de la narración de los mismos en el Evangelio no se podrá comprender la provocadora y revolucionaria parábola de los viñadores homicidas. Parábola que, curiosamente, nos cuentan los tres Evangelios sinópticos. Y a esta parábola le seguirá otra en este Evangelio (Mt 22,1-14), la del próximo domingo.
Transcribo esto, que no se nos leerá: “Los Sumos Sacerdotes y los Fariseos, al oír las palabras de Jesús, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta”. ¿Se puede denunciar de manera más explícita a una autoridad religiosa tan elevada, en nombre de un Yavé-dios proclamado por Israel? Aquella autoridad -Sumo Sacerdocio- y su casa que es el Templo han dejado de tener sentido.
Este Jesús del Evangelista Mateo acaba de contar la parábola del propietario de una viña. Una viña preciosa, mimada, de diseño, con futuro. Y esta viña es, fue y debe serlo el pueblo de Israel. Los viejos poetas y profetas de este pueblo hablaron de esta tierra como de la viña que nos describe aquí Mateo. La viña es Israel, en tiempos de los profetas y de Jesús y siempre. ¿Ahora también? Probablemente, porque los textos de los profetas y poetas antiguos se siguen leyendo hoy en día. Sin embargo, esta viña de la parábola de Mateo lo es también cada una de las llamadas iglesias cristianas: católica, reformada, ortodoxa, sirojacobita, copta...
¿Para qué está, en la casa de la tierra del mundo, una viña tan preciosa y tan mimada y regalada? ¿Para qué? Todas las gentes del mar nuestro o Mediterráneo saben por experiencia para qué se planta y cuida una viña. Lo saben también las gentes de otras tierras. Se plantan y cuidan viñas para comer sus uvas y beber su vino. Con pan, uvas y vino se anda bien el camino.
Esta es la evidencia que no necesitaría hablar nada de ella. Y también es ya una constatación el deseo interesado por adquirir la propiedad de la viña. ¿A quién pertenece la tierra, el viñedo, la uva y el vino? Cuando mis neuronas se preguntan estas cosas releo lo que escribe Mateo y no se nos lee, aunque sean los contextos de la parábola (Mt 23,23): La SAS, Suma Autoridad Sacerdotal, interroga inquisitorialmente al laico y galileo de Nazaret: ¿Cuál es tu autoridad? Tanto Mateo como su Jesús de Nazaret no se callan como irónicamente lo expresa el narrador (Mt 23,27). Este Jesús y su Evangelista conocen ‘los escritos’ que se proclaman una y otra vez en las sinagogas. Esas Escrituras son la luz de la autoridad de Jesús (Mt 23,42), como ahora y para ti y para mí el Evangelio es la luz de la autoridad: Esta viña me pertenece y deseo su uva y vino (Mt 7,12). Esta viña nos pertenece a los humanos. Comamos y bebamos. Sí. Todos. Gratis.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 04.10.2020. Y también en Madrid, 04.10.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 45ª página del Evangelio de Mateo 26,1-19.
Nos quedan aún tres capítulos (26, 27 y 28) de este Evangelio llamado de Mateo. Dos de ellos los va a dedicar el narrador a contarnos el apresamiento, el juicio y la ejecución de Jesús de Nazaret hasta su sepultamiento. En siete semanas comentaremos estos acontecimientos. La octava y última semana la dedicaremos al relato de la experiencia de la resurrección. Nos acercamos, pues, a los primeros acontecimientos que ponen en marcha la Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret.
En los primeros versos (26,1-2), el Evangelista nos anticipa el final como si se tratara, en síntesis, de ‘la crónica de una muerte anunciada’. ¿No le suena al lector a título de una famosa novela del siglo XX?: “Dijo Jesús a los suyos: ya sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua y este hijo de hombre (que soy yo) será entregado para que lo crucifiquen”.
Y según se confirma en esta narración, a este Jesús de Mateo parece que le crucificaron después de la fiesta de la pascua y cuando ya las gentes en masa habían abandonado la ciudad de Jerusalén. Vamos, que lo ejecutaron casi en privado y no ante el asombro de una inmensa muchedumbre. ¿Cómo sucedió este hecho? Seguramente que como tú te lo quieras imaginar... Y esto es lo que nos ha contado Mateo en los versículos 3-5 sobre los últimos días de su Jesús.
En los versículos siguientes, 6-13, se nos anuncia un hecho sorprendente. Ojalá nunca nos lo leamos fuera de este contexto en el que nos lo sitúa este Evangelio que, creo yo, aprendió a contarlo así después de haber leído al Evangelista Marcos. Lucas escogió otro contexto para contarnos el mismo dato (Lucas 7,36-38). Y también Juan (12,1-8) nos lo volvió a contar en otro nuevo contexto. Los cuatro nos cuentan que hubo una mujer que se atrevió a ser condenada a muerte con el propio Jesús ya condenado. Que nadie deje de leerse, ahora ya, Éxodo 30,22-33. De esta mujer debe hablar siempre aquella persona que decida dedicarse a la evangelización.
En los versículos siguientes, 14-16, cuenta este narrador la decisión que toma una de aquellas personas que tuvieron la oportunidad de estar cerca de aquel Jesús, el laico de Nazaret. Al parecer nadie le había informado de que se encontraba junto a la segunda persona de la Santa Trinidad. Según se nos informa, este hombre tasó en treinta monedas a Jesús. Lo leo, me estremezco y contemplo la decisión de este hombre llamado Judas y la esa mujer ¡sin nombre!
Contemplo las decisiones tan distintas como distantes sobre Jesús. Igual entonces que ahora.
En los versículos siguientes, 17-19, y como si no sucediera nada, como si todo en la ciudad llamada de ‘La Paz’ estuviera en la serena alegría confiada de la convivencia festiva, tanto los seguidores de aquel Jesús como él mismo deciden celebrar la Pascua. La primera y principal fiesta del pueblo. Curiosamente, una fiesta de familia en la religión de los judíos que la celebraron todas aquellas personas fuera de sus casas y familias. En una mansión alquilada. Todos de acuerdo. ¿Cuántos? ¿Los Doce y Jesús? Más, sin duda. ¿Desobedientes y herejes? Sí.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 06.10. 2019. También en Madrid, 04.10.2026.
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