Etnia, Lengua y Religión
Comentario primero
Domingo 3º de Cuaresma A (08.03.2026): Juan 4,5-42. Los maridos de la samaritana tienen nombres propios. Los escribo CONTIGO:
El relato del Evangelio que se nos propone para el tercer domingo de la Cuaresma del Ciclo A lo encontramos en el texto de Juan 4,5-42. He escrito intencionadamente la expresión ‘lo encontramos’, porque deseo que cada lector se tome la molestia de buscarlo y leerlo en su propia Biblia. Propoueblo llamado Sicar... Allí estaba el pozo de Jacob... y fatigado por la caminata se sentó junto al pozo. Era casi mediodía” (Juan 4,4-6).
Y todo lector recuerda, con estas pistas iniciales, el encuentro a solas de este Jesús de Nazaret con la mujer samaritana que llegó a sacar agua, comongo este ejercicio para facilitar la comprensión de un relato que necesitaría un buen puñado de páginas como ésta para agotar el agua de vida que almacena en su pozo.
Cuenta este narrador que Jesús de Nazaret “abandonó Judea y regresó a Galilea. En su viaje a través de Samaría llegó a un p era su costumbre, de aquel pozo. Y en el diálogo entre ambos, solo entre ambos, porque nadie más estuvo presente, salió a relucir el dato de ‘los cinco maridos’ de la mujer samaritana. En principio eran cinco. Luego fueron seis.
Suelo comentar que mientras no se sepan los nombres de estos ‘cinco maridos’ no se llegará a atisbar el verdadero alcance de esta narración, mito o midrás del Evangelista. Por ahorrar tiempo y espacio voy a escribir aquí estos nombres y pido perdón por su rareza en la pronunciación: Sucot Benot (uno), Nergal (dos), Asimá (tres), Nibjaz Tartac (cuatro) y Adramelec Anamelec (cinco). Estos se encuentran citados en el 2º Libro de los Reyes 17,29-31.
Esta información debe de estar anunciada explícitamente en algún lugar del capítulo cuarto del Evangelio de Juan en su propia Biblia. Si no fuera así, le recomiendo cambiar de Biblia. Y aunque sea sólo por pura curiosidad sugiero que debe de leerse todo el capítulo decimoséptimo del segundo Libro de los Reyes. Los cinco primeros maridos de la samaritana fueron los cinco dioses de los cinco pueblos del imperio asirio que tuvo su capital en Nínive. El sexto marido de la mujer samaritana es el dios al que obedecen y adoran los samaritanos del tiempo de Jesús, los herederos de aquel imperio asirio. Y había samaritanos buenos (Lc 10,25).
Por estas razones, entre otras muchas, el asunto central del relato del cuarto Evangelio de Juan 4,4-42 no es una cuestión de relaciones matrimoniales de hombre y mujer, sino de cuestiones de política internacional (conquistas imperiales, sometimientos de pueblos, ocupación de tierras, deportaciones de personas y temas semejantes) y de cuestiones de Religión (templos, sacerdocios, dogmas, credos, ritos, tradiciones). Cuestiones de política y de religión como siempre han existido entre pueblos de esta madre nuestra que es la tierra. Y en estas cuestiones, siempre actuales, de política y de religión la propuesta del Jesús de Nazaret del Evangelista Juan es muy clara, y tan evidente como el sentido común: “Ha llegado la hora en que la persona de verdad, los hombres y las mujeres, ateos o creyentes, seguidores de Jesús, conscientes o no, católicos vaticanos, cristianos por lo social, conservadores o progresistas... ha llegado la hora de que... nos amemos unos a otros”. Creo que así transcribo con fidelidad a este Jn 4,17-26 y a este mismo Jn 13,35. No hay otra política ni otra religión.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 15.03.2020. Y también en Madrid, 08.03.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 15ª página del Evangelio de Mateo 9,18-37.
Dichos y hechos de Jesús de Nazaret. Los ‘dichos’ nos los ha contado ya este Evangelista en sus capítulos quinto, sexto y séptimo. Y hemos leído en los dos anteriores comentarios los seis primeros ‘hechos’ que Mateo ha puesto entre las manos de su Jesús de Nazaret. Los cuatro ‘hechos’ finales de esta narración los leemos ahora en Mt 9,18-34.
En Mateo 9,18-26 encontramos la narración de dos hechos de Jesús íntimamente relacionados entre sí. Tanto que literariamente este relato es una palindromía: A (9,18-19) la petición del jefe de la sinagoga; B (9,20-22) la curación de la mujer que toca a Jesús; A (9,23-26) la sanación de la hija del jefe de la sinagoga. Se trata de la curación de dos mujeres. La de una niña de, tal vez, doce años como dicen Marcos 5,21-43 y Lucas 8,40-56. Y la curación de ‘la mujer de los flujos de sangre’. Con el comienzo de la menstruación, en torno a los doce años, y con toda su presencia en ella mes a mes durante años y años hasta doce, comenzó un camino de impureza permanente para la mujer de este relato.
Quiero creer que esta mujer del relato de Mateo conocía las normativas escritas en Levítico 15. Y seguramente oyó hablar a Jesús de Nazaret de la desobediencia a estas normativas. Le oyó, se fio, se acercó y le tocó. Se tocaron los dos. Y quedaron curados: “La noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca” (9,26). ¿Quién es éste que enseña a interpretar la Ley así?
En Mateo 9,27-31 encontramos la curación de dos ciegos y a continuación, en Mateo 9,32-33, encontramos la curación de un mudo. Con estos dos ‘nuevos milagros’ se completa el relato de los diez ‘hechos’ de este Jesús de Nazaret del Evangelista Mateo. Ser ciego o ser mudo en aquella sociedad de la religión de los judíos era proclamar abiertamente el castigo que Yavé Dios había impuesto a esas personas por algún pecado invisible o inconfesable.
Jesús conocía esta manera de pensar y de creer de las gentes de la Ley de Moisés y del Templo. Conocía esta realidad de la espiritualidad judía y no la compartía. Es más, se manifestaba en contra y, abiertamente, invitaba y enseñaba a manifestarse públicamente desobediente: “La gente decía, maravillada, que jamás se había visto nada igual en Israel” (9,33a). Así se concluye la narración de los ‘hechos’, como antes se había concluido la de los ‘dichos’. Estos ‘dichos y hechos’ son la buena noticia del Jesús de Mateo, su proyecto, su espiritualidad, su...
En este preciso momento de su narración, el evangelista Mateo vuelve a recordar a sus lectores lo que había ya afirmado con anterioridad: “Recorría todos los pueblos y aldeas, enseñaba en las sinagogas de los judíos, anunciaba la buena noticia del reino y sanaba todas las enfermedades y dolencias”. Estas afirmaciones están escritas en Mateo 4,23, al comienzo de los ‘dichos’ y se vuelven a repetir en 9,35, al finalizar los ‘hechos’. Al releer este mensaje tan armoniosamente expresado por el Evangelista me voy repitiendo como una melodía la síntesis de la experiencia de Jesús y de cada uno de sus seguidores: 7,12.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 10.03.2019. Y también en Madrid, 08.03.2026.
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