Verano 1. 5 de julio de 2026.
Domingo 14º del TO. Ciclo A (05.07.2026): Mateo 11,25-30. El evangelio de uno mismo. Lo medito y escribo CONTIGO,
El domingo pasado se nos propuso leer en las celebraciones el texto con el que finalizaba Mateo el capítulo décimo de su Evangelio. Como puede constatarse, se nos propone como lectura evangélica para este domingo primero del mes de julio el texto de Mateo 11,25-30. Y, mi sentido crítico me invita, una vez más, a preguntarme por qué no se nos leerá Mt 11,1-24.
Creo que esta primera parte del capítulo undécimo del Evangelio de Mateo jamás se ha leído en una asamblea dominical de la llamada misa santa. La liturgia no evangeliza, sacramentaliza.
Esta reiterada acción silenciadora de la Palabra del Evangelio que tan explícitamente realiza la liturgia eclesiástica reedita la denuncia que expresaba Jesús de Nazaret en relación con las acciones de la celebración de cada sábado en la sinagoga. Si esto es así, y como a mí me lo parece, nuestra liturgia reproduce efectos semejantes a los denunciados por la buena noticia de Jesús en el evangelio de este domingo: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados... por el yugo... de la Ley” (Mt 11,25-30).
No puedo ni debo dejar de recomendar la lectura completa de este capítulo undécimo de Mateo. Sólo entonces se comprende con transparente claridad que las palabras de ‘la oración’ que el Evangelista pone en los labios y en el corazón de su Jesús constituyen un mensaje que aún sigue sin estar arraigado en la tierra del corazón de multitudes de gentes que nos atrevemos a llamar ‘de la Iglesia y de la Religión católica’.
Aquellas gentes del pueblo judío del siglo primero escucharon a Juan el Bautista y le dieron la espalda. No aguantaron sus denuncias, les parecía que era el mismo diablo (dia-bolo, el que se atraviesa). Y tampoco aquellas gentes de entonces, y también de después en la historia y hasta ahora, aguantaron la denuncia del judío, laico y galileo, Jesús al que consideraban ‘un comilón y borracho’ (Mt 11,1-24 y explícitamente 11,16-19). ¿Escandaliza aún hablar así de Jesús-Dios?
En el texto que se nos invita a meditar hoy una imagen preciosa y muy precisa, al menos para los ámbitos de antes y de pueblo. El yugo. Tal vez en nuestro contexto de ciudad y actualmente, esto del yugo puede sonar o evocar otras realidades muy distintas y distantes. La imagen del yugo alude explícitamente a la religión: el yugo de la religión judía y el yugo de la propuesta de este Jesús de Mateo. El yugo de Moisés y el yugo de Jesús.
Tendremos, pues, que preguntarnos por este yugo que es Jesús o por el yugo de la religión de este Jesús de Mateo. Creo que todo esto está ya perfectamente expuesto por el Evangelista en el primero de los discursos que puso en labios de quien fue Buena Noticia, Evangelio. Lo recordaré otra vez, y sin aburrirme por hacerlo: “Todo cuanto queráis que os hagan los demás, hacédselo a ellos. Esta es toda la Ley y los Profetas” (Mateo 7,12). Creo que tú que lees y yo que escribo comprendemos con nitidez que el yugo, la propuesta, la religión de este Jesús de Mateo consiste en ‘ser y hacerse tan pequeño’ que sea uno mismo quien decida qué desear y qué hacer. Nada ni nadie es más importante que uno mismo.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 05.07.2020. Y también en Madrid, 05.07.2026.
Comentario segundo:
Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12).
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 32ª página del Evangelio de Mateo 17,22-27.
Cuando uno decide leer en su Biblia el relato de Mateo 17,22-27 es muy probable que vea el título en negrita que el traductor o editor ha escrito antes del versículo 17,22 y que viene a decir, más o menos, ‘Segundo anuncio de la Pasión’: “Mientras recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: A este Hombre lo van a entregar en manos de los hombres...” (Mateo 17,22-23).
Con esta somera indicación el Evangelista está comenzando la segunda etapa del camino que va siguiendo Jesús con los suyos desde Cesarea de Filipo hasta Jerusalén. Ya indiqué que se trata de ‘el camino del seguimiento de Jesús’. Esta segunda etapa comienza en 17,22 y acabará en Mateo 20,16. Y en ella encontraremos un discurso que, explícitamente, este Evangelista ha puesto en boca de su Jesús. Será el cuarto de sus cinco discursos y ocupará todo el capítulo 18.
En este camino, también lo dejamos escrito y leído en el comentario anterior, se va tratando de presentar la verdadera imagen de Jesús como mesías que tanto cuesta asimilar a las gentes de su entorno como los DOCE de entonces y los DOCE de ahora que siempre hemos sido TODOS cuantos nos hemos dejado sorprender por este hombre del pueblo, laico y galileo. El estribillo de Mateo 17,22-23 es la primera parte del relato que he acotado para este comentario. ¿Supo el narrador Mateo que Jesús había dicho estas expresiones antes de su llegada por última vez a Jerusalén? Cuando este Evangelista escribe han pasado unos cincuenta años de la muerte y sepultamiento de Jesús y resulta sencillo imaginarse que una persona como el propio Mateo anda de acompañante de su Jesús de quien nos cuenta lo que hace y dice. Después de que todo ha sucedido es muy sencillo ser o aparecer como profeta.
La segunda parte del texto que selecciono para nuestra reflexión crítica es Mateo 17,24-27. Este asunto que se presenta ahora sólo lo podemos leer en este Evangelio. Ningún otro nos ha hablado del pago del tributo al Templo de Jerusalén. Conviene leer despacio el diálogo de Pedro con Jesús. Y vuelvo a sugerir que tal vez este diálogo de ambos sólo tuvo lugar en las imaginaciones teológico-sociales de la mente del llamado Evangelista Mateo.
Este Evangelista coloca tanto a Jesús como a Pedro en el colectivo de judíos que son o viven como ‘extraños’ que no pertenecen a ‘la familia’ del Templo de Jerusalén. Precisamente por ser, saberse o sentirse ‘extraños’ están obligados a pagar el tributo. Se está confesando a Jesús de Nazaret como un extraño extranjero del Templo. Las gentes no judías de Galilea, ¿tenían que pagar los tributos al Templo de Jerusalén? Sí. Los judíos no creyentes en el Yavé-Dios de la Ley, ¿estaban obligados a pagar el impuesto al Templo? Según este Mateo, sí.
Jesús de Nazaret y el único Templo de Jerusalén son ‘extraños’ el uno para el otro. No se pertenecen. Este Jesús de Mateo lo sabe y desea que Pedro lo llegue a comprender. Los dos, ahora y aquí, son extraños en su propia tierra y para las autoridades de su Religión. Y esta opción les cuesta dinero. Por todo esto, los demás acompañantes de Jesús se apresuran a preguntarle, en estos momentos, quién es el más grande -o el primero- en el Reino de los Cielos, que es el Reino del que vive ahí, Yavé-Dios. Pero esto pertenece ya a Mateo 18,1-35
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 07.07.2019. Y también en Madrid, 05.07.2026
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