Verano 2. 12 de julio de 2026.
Comentario primero:
Domingo 15º del TO. Ciclo A (12.07.2026): Mateo 13,1-23
¿Siembras la escucha, sembrador?, lo pregunto y escribo CONTIGO,
El domingo pasado se nos proponía la lectura crítica del relato final del capítulo undécimo del Evangelio de Mateo y en este domingo dice la cita ¡¡¡expresamente!!! que leamos el comienzo del capítulo decimotercero. ¿Y por qué nunca se nos propone el capítulo decimosegundo del Evangelio de Mateo? Nunca nadie sabrá las razones de tales disposiciones, pero algo habrá...
Con el lenguaje de las parábolas de este Jesús de Mateo me atrevo a confirmar que Mateo 12 es ‘el impacto directo en la línea de flotación de la barca del judaísmo y de su religión’. Y el responsable directo de hacer efectivo el impacto no fue otro que Jesús de Nazaret que con los dichos y hechos de su persona y de su vida dejó vacío de sentido el tiempo del sábado, el espacio de la sinagoga y toda la espiritualidad sustentada por esta Ley que se creía dictada por el único y verdadero Yavé-Dios: “Este hombre [Jesús de Nazaret] es el señor del sábado” (12,8). Deseo que cada aprendiz de la buena noticia nos leamos completo este capítulo: Mt 12,1-50.
En cambio, a las autoridades eclesiásticas les pareció fundamental dedicar tres domingos a la lectura y meditación de Mateo 13,1-52. Me alegro de esta decisión porque, sólo así, podremos comprender el mensaje del tercero de los cinco discursos que sólo este Evangelista colocó en labios de su Jesús de Nazaret, nuevo Moisés de una nueva Ley. Disponemos de esta página y de otras dos más para empaparnos de las llamadas ‘parábolas’ de ¿Jesús, Dios, el reino, la persona, el seguimiento, el mundo, la convivencia? ¡El discurso de las siete parábolas!
Dejo escrito por adelantado una curiosidad que me despiertan las neuronas. La cuarta de estas siete parábolas es la central de todo el discurso. ¿La más importante si no interpreto mal las intenciones del narrador?: Parábola de la mujer y su levadura, ¡el fermento de toda la masa! Pero empecemos ordenadamente y con Mateo 13,1-23: “Aquel día”. Si se pudiera fijar en un calendario este día y de qué mes y año, podríamos haber celebrado en la historia del mundo y del seguimiento de Jesús festividades de todo tipo. Y si escribiera aquí las sugerencias de mi imaginación no tendría espacio suficiente en esta página: ¡2º Milenio de la parábola de la red!
Aquel día, como en los anteriores y como en casi todo este Evangelio de Mateo, a Jesús se le contempla rodeado de gentes. Da igual que esté en el monte (Mt 5) o que se encuentre en el mar (Mt 13,1), como en esta ocasión en la que había salido de ‘casa’. ¿Era ésta la casa de sus padres José y María? ¿Era la casa de su pueblo? ¿Era la casa, tal vez, de su religión? ¡Su casa!
La narración que nos transcribió Mateo es fruto de la redacción del Evangelista. Él no estuvo allí, papiro o papel en mano, tomando nota exacta de cuanto hablaba su Jesús el laico de Galilea. “Una vez salió un sembrador a sembrar...” (13,3-9). Y él mismo, según dice Mateo, se atreve a explicar lo que ha contado (13,18-23). Y entre medias de ambas partes del relato de Jesús leemos una constatación deslumbrantemente acertada (13,10-15): “Oír... Mirar... comprender... se ha embotado el corazón de”... Ya lo había adelantado el profeta de todos los tiempos, Isaías, cuando contaba su experiencia del sinsentido de lo religioso (Is 6). Corazón embotado... Por eso, importa recordar: ¡Cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás...!
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 12.07.202. Y también en Madrid, 14.07.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 33ª página del Evangelio de Mateo 18,1-35.
Leo y comento ahora Mateo 18,1-35, todo el capítulo completo que comienza así de bien: “En aquel tiempo se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron” (Mt 18,1). Si lo dice el narrador será verdad, pero lo cierto es que los discípulos estaban ya cerca de Jesús, iban con él por el camino de Galilea y en dirección a Jerusalén, se alojaban en los mismos lugares. ¿Qué es eso de que ‘se acercaron... para preguntarle’? Estamos ante un recurso narrativo del autor...
También merece la pena leer despacio las palabras de Mt 19,1: “Cuando terminó de hablar, partio de Galilea”. Recordaré que estas palabras son un estribillo dentro de este Evangelio llamado de Mateo. Las hemos encontrado en Mt 8,1, cuando acabó el primer discurso, el de las Bienaventuranzas; en Mt 11,1, cuando acabó el discurso de la misión evangelizadora; y en Mt 13,53 cuando acabó el discurso de las parábolas del Reino. Así pues, este capítulo decimoctavo viene a ser el cuarto discurso que este Evangelista colocó en labios de su Jesús de Nazaret. ¿Puedo decir que estamos aquí ante el ‘discurso sobre la iglesia que Jesús soñaba’?
Las primeras palabras de este cuarto discurso del Jesús de Mateo vienen a ser la respuesta de ‘LA pregunta’ (es decir, la primera y la más importante pregunta) que los discípulos proponen a Jesús para que éste se clarifique y deje claras las cosas primeras y más importantes: “¿Quién es la persona más grande en el Reino o Reinado de Dios?” (Mt 18,1). Dejo que cada cual lea en sus meditaciones la respuesta de Jesús (Mt 18,2-11, aunque el v. 11 no venga en muchas Biblias, por ser una añadidura). Y esta respuesta se clarifica más aún con una parábola (Mt 18,12-14) que habla de la tarea de los pastores, como ya había escrito un profeta (Ezequiel 34).
Las segundas palabras de este discurso giran también en torno a una pregunta de Pedro: “¿Cuántas veces tendré que perdonar? (Mt 18,21). Siempre, siempre... Ahora. Hoy es siempre. El perdón comienza siendo siempre cosa de dos (y no precisamente cosa de un penitente y de un confesador). ¡Qué bien lo comenta este Evangelista en Mt 18,15-22! Aprovecho para invitar también a aprenderse cada lector y de memoria el mensaje de Mt 18,20. ¿Existe otro Templo, ostensorio o sagrario más explícitamente cristiano que el que aquí se dice, afirma y sostiene?
Y por si aún no estuvieran nítidas las claves del perdón y su vivencia, el Evangelista coloca en labios de su Jesús una parábola que sólo la encontramos aquí y en este Evangelio. Tal vez una de las claves de interpretación de esta parábola sea saber que en aquellos tiempos del siglo primero la moneda de un talento equivalía a seis mil monedas de un denario. Un talento, seis mil denarios. Y el denario no era otra cosa que el sueldo de un día de trabajo (Mt 20,1-16). Propuse más arriba que Mateo 18,1-35 viene a ser el discurso ¿eclesiástico o eclesial? del Jesús de Nazaret para este Evangelista que escribe su relato unos cuarenta o cincuenta años después de la muerte de aquel hombre judío y laico de Galilea. Para ellos todo cuanto se deba relacionar con la experiencia del seguimiento de Jesús es cosa de dos (Mt 18,20). El más importante entre ellos es siempre el más pequeño, debilitado, necesitado, abajado... Y lo más importante entre ellos, como seguidores, no es otra experiencia que el perdonar y el sentirse y saberse perdonado, sin intermediarios o ministerios de ningún tipo. Y... dos es un matrimonio.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 14.07.2019. Y también en Madrid, 14.07.2026.
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