Verano 3. 19 de julio de 2026.
Comentario primero:
Domingo 16º del TO. Ciclo A (19.07.2026): Mateo 13,24-43
Semilla y levadura, hombre y mujer. Lo medito y escribo CONTIGO,
Después de habernos leído y comentado la primera de las siete parábolas del discurso que Mateo coloca en boca de su Jesús de Nazaret, se nos propone la escucha y meditación de las tres parábolas siguientes: “El Reino de los Cielos es semejante a un hombre... a un grano de mostaza... a la levadura...” (Mateo 13,24-33).
Deja de hablar Jesús y sigue el Evangelista contando los hechos a su manera: “Todo esto dijo Jesús a la gente... (Mt 13,34-35). Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Se le acercaron sus discípulos y le pidieron que les explicase la parábola de... (Mt 13,36-43).
Está bien claro que el relato que se nos propone está organizado por el narrador en tres apartados: las tres parábolas, por qué habla Jesús en parábolas a la gente y por qué habla en parábolas a sus discípulos. ¿Por qué hablar en parábolas? Siempre que me hago esta pregunta suelo recordar la curiosa parábola que cuenta un tal Jotán en el libro de Los Jueces 9,7-21 y también aquella otra que otro tal Natán le cuenta a David en el Segundo Libro de Samuel 12,1-15. Junto al fin didáctico o pedagógico, en la parábola importa más su carácter provocador.
Y las tres parábolas de esta parte del discurso del Jesús de Nazaret de Mateo son tres parábolas provocadoras. De estas tres parábolas el Evangelista nos explica una de ellas: ‘la del hombre que siembra buena semilla en su campo’. La parábola está contada en Mt 13,24-30. Y la explicación se la da Jesús en casa y sólo para sus seguidores en Mt 13,36-43. Me cautiva que estos seguidores le pregunten a su Jesús, no por la buena semilla sembrada, sino por la cizaña sembrada después junto a la buena semilla. ¿Quiénes son estos nuevos sembradores de la cizaña? ¿Son hombres-evangelizadores de los días de Jesús o de los años 80 del siglo I... o XXI?
Sé que nunca me dejará tranquilo y sereno esta parábola de aquel hombre sembrador de semillas buenas (Mt 13,31). Como tampoco me sosiega los adentros y las decisiones la meditación crítica de la parábola de la mostaza que aquel hombre sembrador conocía bien. Y creo que fue él quien también escribió no sé dónde aquello de que sólo ‘mucha gente pequeña, haciendo muchas cosas pequeñas, en muchos lugares pequeños conseguirá que los humanos convivamos como humanos y tan a gusto’. ¡Es cosa de personas! O, ¿de aves?
Y la parábola más provocadora, para mis entretelas neuronales, es la de aquella mujer que sabe de ‘levaduras’ (Mt 13,33). Dicho todo en un versículo, como si se tratara de una síntesis que no es otra cosa que una semilla. Sólo quien sabe de olores, colores y sabores sabe bien de comensalidades, de panes y vinos, de mesas y manteles, de amistades, de alegrías. De vida.
Esta parábola de la mujer y de su levadura fermentadora, despertadora de la vida compartida, no hace más que volver a recordarme (como la ola que llega, se va, retorna, vuelve, se retira, pasa, está, toca, susurra, escucha, acompaña, despierta...) que la semilla buena de este contador de parábolas provocadoras es la síntesis de su primer discurso (Mt 7,12). Esta es su semilla y su levadura. En ellas, semilla y levadura, consiste el Reino. Ellas, levadura y semilla, son el Reino: ‘Cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás, ésta es la Ley y los Profetas’.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 19.07.2020. Y también en Madrid, 19.07.2026.
Segundo comentario:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 34ª página del Evangelio de Mateo 19,1-26.
Después de habernos dicho Mateo que Jesús acabó su cuarto discurso (Mt 19,1) nos añade a sus lectores una referencia que no podemos olvidar: “Partió Jesús de Galilea y se fue hacia la región de Judea, pasando al otro lado del Jordán. Le siguió mucha gente y les curó allí, y se le acercaron unos fariseos...” (Mt 19,1-3). Conviene retener esta escena tal como nos lo dice el texto. Los fariseos le preguntan y Jesús responde. Este asunto ocupa el texto de Mt 19,3-12.
El siguiente asunto (es decir, el segundo, Mt 19,13-15) es muy breve y se inicia con el acercamiento a Jesús de unos niños que le son presentados por no se dice quién y que los discípulos tratan de impedirlo. ¿Acaso cerca de Jesús de Nazaret sólo pueden estar ellos, los primeros, los importantes, los sanos, los DOCE?
El siguiente tema o asunto surge de un nuevo acercamiento a Jesús. En este caso se trata de ‘uno’: “En esto, se le acercó uno y le dijo a Jesús: Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?... (Mt 19,13-26). Es el tercer asunto puesto sobre la mesa del texto. Queda pendiente otro cuarto asunto, pero de él nos ocuparemos en el próximo comentario. Recuerdo que para este Evangelista seguimos estando en el camino que va desde Galilea en dirección a Jerusalén. Se trata de un camino real pero, sobre todo del camino del acompañamiento de Jesús, de su seguimiento. ¿Qué es acompañar a este Jesús? ¿Qué es seguir a este Jesús? Dos preguntas que, según leo en este texto del narrador Mateo, se responden con una palabra: acercarse. Acercarse a él. A Jesús de Nazaret, no al Jesús que cada uno llevamos, imaginamos, deseamos o nos elaboramos..., como ya hizo Pedro (Mt 16,13-23).
Acercarse a Jesús de Nazaret es el camino. ¿Acercarse al Jesús de la historia, el hombre que vivió en las tres primeras décadas del siglo primero hasta el momento de su sepultamiento? ¿Acercarse al Jesús de la Religión (de la fe, que dicen otros muchos), el santo redentor que se ha ido configurando siglo tras siglo entre dogmas, catecismos, concilios, eclesiásticos, teólogos y demás predicadores que hasta se atrevieron a martirizar su vida como una entrega?
El camino del acercamiento a Jesús lo escoge cada uno, consciente o por seguir una tradición. Así lo hicieron también tres tipos de personas de las que nos cuenta ‘sus aventuras’ este Evangelista Mateo. Las primeras en acercarse son unos fariseos preocupados por los legales asuntos sobre el matrimonio y el divorcio entre hombres y mujeres de entonces. ¿Se acercaron o acabaron de alejarse definitivamente de aquel laico y galileo (Mt 19,3-12)?
“Le acercaron unos niños... pero los discípulos trataban de impedirlo” (Mt 19,13-15). Nadie andaba más cerca de Jesús que sus propios discípulos, pero ‘acercarse a aquel Jesús’ no es cuestión de distancia física, sino de ‘sin-tonía’ mental y existencial. El tercer acercamiento a Jesús, que nunca llegó a ser tal, lo protagoniza un tal ‘uno’ (Mt 19,16-26). Curiosamente, éste pasó a la historia posterior como ‘el joven rico’. Tal vez pretendió, en su osadía, comprar a aquel Jesús para él. Estaba tan empobrecido que sólo atesoraba dinero. Lo tenía y lo guardaba. ¿Cómo hacer entender que esto del dinero cuanto más se parte y reparte más abunda?
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 21.07.2019. Y también en Madrid, 19.07.2026.
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