Navidad.
NaVIDAd.
Belén.
Mula y Buey.
Luz.
Cuna.
Pastores.
Magos.
Y, además de estos siete, estos otros tres:
María de Nazaret.
José de Nazaret.
Jesús de Nazaret.
Y algo así como el tiempo o asunto semejante:
Dos mil veinticinco años. Da que pensar a la humanidad viviente en la actualidad.
Y un libro, para regalo, para leer, para compartir, para comulgar, para actualizar, para...:
La biblia, sin ninguna duda.
Y, por fin, una siempre deseable y plena trinidad:
SALUD SALUD SALUD.
A continuación se encuentran los dos comentarios para este domingo final del Adviento.
Carmelo Bueno Heras
Comentario primero
Domingo 4º de Adviento A: Mateo 1,18-24
DIVINIZAR, NO. ENCARNAR, SÍ. Lo medito y comparto CONTIGO,
Hemos llegado al cuarto domingo del Adviento y se nos encenderá una cuarta vela. Mientras esto sucede, constato que las autoridades de la liturgia ya nos han cortado la primera página del Evangelio de Mateo. Estoy por asegurar que no se nos va a proponer meditar Mateo 1,1-17. ¿Por qué se nos silenciará una página tan preciosamente subversiva? Creo que las gentes de la teología de las mujeres deberían poner el grito en el Vaticano o en el Giraldillo de Sevilla.
Le voy a dedicar este segundo párrafo del comentario a las cinco mujeres citadas en este inicio del Evangelio de Mateo y pertenecientes al ámbito del llamado antiguo testamento o alianza. La primera se llama Tamar (Mt 1,3 y Génesis 38, precioso mito). La segunda mujer es Rajab (Mt 1,5 y Josué 2, una espléndida leyenda). La tercera es la moabita Rut, la del libro de su nombre, persona plena. La cuarta es Betsabé (Mt 1,6 y, sobre todo, debe leerse en el Segundo Libro de Samuel 11). La quinta mujer del texto de Mateo es María. ¡5 mujeres 5! De diez.
En compañía de estas cinco mujeres se puede programar unas navidades llenas de sentido común. Ellas nos recordarán el mensaje central del Evangelista que les ha dado voz y voto en la presencia de Jesús de Nazaret en esta tierra del mundo. ¿Quién no recuerda Mateo 7,12, la síntesis que iré repitiendo aquí durante cincuenta y dos comentarios?: “Todo cuanto queráis que os hagan los demás, hacédselo también a ellos, porque ésta es la Ley y los Profetas”.
El relato del Evangelista Mateo 1,18-24 nos cuenta ‘un’ nacimiento de ‘su’ Jesús de Nazaret, al que ya llamó (en 1,1) y sigue llamando (en 1,18) JesúselMesías-Jesucristo. Este narrador, al igual que los otros tres Evangelistas, desconocen los datos concretos de la historia del nacimiento de Jesús de Nazaret, el hijo de María y de José.
Me seguirá sorprendiendo siempre el silencio de los Evangelios de Marcos y de Juan sobre este asunto de José, María y su hijo Jesús de Nazaret. Me sorprende también la naturalidad de esta trinidad de personas tan distintas que son una familia, un hogar y una casa. Tengo que preguntarle al narrador Mateo por qué se inventó un ángel que está en todo cuanto sucede en las neuronas de José y en sus capacidades de decisión como ser humano que es.
Este ángel del narrador Mateo creo que es el mismo ángel Gabriel del narrador y Evangelista Lucas que es el que enreda constantemente entre las neuronas de María para que ésta haga así o asá. Y tanto para Mateo como para Lucas este ángel mueve los hilos de la vida y de las personas en nombre de un Dios sobre-natural, como lo es el Yavé de Israel.
Muchas veces he pensado que esto de ‘lo sobre-natural’ debe de estar ‘dentro’ de ‘lo natural’ para que se pueda llegar a comprender. Y si no se llega, lo mejor es callarse, como lo estoy aprendiendo de Marcos y de Juan. Respecto a la Navidad, la gran tentación es divinizar a Jesús desde antes de nacer y así hacer lo mismo con sus padres, María y José. Toda divinización es justamente lo contrario de una ‘encarnación’. Los relatos del nacimiento de Jesús, de Mateo y de Lucas, visten ropajes del mito. Quien decida desvestirlos descubrirá la grandiosa realidad de un niño, hijo de un hombre y de una mujer que hacen de su matrimonio una familia, ¡un amor!
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 22.12.2019. Y también en Madrid, 21.12.2025
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mateo 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 4ª página del Evangelio de Mateo 3,1-17
La cita de Mateo 3,1-17 corresponde al texto del capítulo tercero completo de este Evangelio llamado ‘según Mateo’. Es muy sorprendente que este narrador no nos haya dicho hasta ahora ni una sola palabra de una persona que aparece ‘sin más ni más’ en su relato: “Por aquellos días aparece Juan el Bautista proclamando en el desierto de Judea: Ha llegado el Reino de los cielos. Convertíos” (Mt 3,1-2). Silencio sobre sus orígenes, su infancia o su familia.
Creo que el relato de Mateo 3,1-17 puede leerse como organizado en dos apartados: el primero (3,1-12) se centra en la identidad de este nuevo personaje que ha introducido Mateo en su Evangelio. El segundo (3,13-17) nos cuenta de manera desconcertante el primer encuentro de Juan con Jesús de Nazaret. Éste ha venido desde Galilea para conocer a aquél. Mucho es lo que el Evangelista coloca en las breves palabras de lo que hoy llamaríamos el ‘curriculum’ de Juan. Y todo ello se concentra en una expresión cargada de intencionada provocación para las mentes amuebladas de judaísmo. ‘Ha llegado el Reino de los Cielos’. Ha tenido la delicadeza, muy propia del pensamiento judío de siempre, de no nombrar a su Dios Yavé, el innombrable, sino por medio del lugar donde habita. Lo más llamativo es afirmar que ese Reino ya ha llegado. Y el tal ‘Reino de los cielos’ parece que no es ni los cielos, ni Israel, el pueblo elegido. Es otra cosa o realidad que anuncia este tal Juan y que tiene relación con su tarea de perdonar pecados lejos del Templo de Jerusalén y por medio de ‘su bautismo’.
Bautizar es la acción revolucionaria y blasfema para la autoridad de la Religión de Israel. Bautizar es perdonar. Todo cuanto se hace en el Templo y para Yavé por medio de sacrificios lo hace Juan con el solo gesto de su bautismo: “Acudían... y eran bautizados por él en el Jordán... Pero viendo venir a muchos fariseos... les dijo: Raza de víboras...” (3,5-12). Para Mateo, este Juan el perdona pecados es ‘la voz’ de la que ya habló el profeta Isaías y viste como vestía el profeta Elías (segundo Libro de los Reyes 1,8). De esta fuente de los profetas aprendió Juan el bautista a tomar sus decisiones con libertad. Y a esto es a lo que invita a quienes le escuchan: “CONVERTÍOS” (3,2). Y convertirse es abandonar un camino y comenzar a caminar por otro camino. Para comprender esto me leeré Mateo 7,12-27. ¡Ahora, todo claro!
Así, también puede este narrador contarnos el primer encuentro de ambos ‘evangelizadores’: “Entonces aparece Jesús que viene de Galilea al Jordán donde Juan...” (Mt 3,13-17). Jesús viene para ser bautizado. Juan siente que el bautizador (perdonador de pecados) es el propio Jesús. Ambos parece que han aprendido el uno del otro. “Bautizado Jesús, salió... y en esto se abrió el Cielo” (Mt 3,16). ¿Se abrió? ¡Claro, porque estaba cerrado!
El cielo era entendido entonces como la morada de los dioses a la que anhelaba llegar todo ser humano (así lo recuerda el mito de la Torre de Babel). Utopía. Imposible. Sin embargo, la desobediencia de este par de personas hizo posible abrir una puerta de encuentro. ¿Se vació así el cielo de dioses y esta tierra de los seres vivos se pudo transformar en el único cielo, la única vida, el único reino...? Y aquí se queda Jesús desde ahora y para siempre (ver Mt 28,20).
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 23.12.2018. Y también en Madrid, 21.12.2025
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