miércoles, 1 de mayo de 2019

Padre Antonio Rivero: “Seamos testigos valientes de Cristo resucitado” 30042019

Jesús Resucitado © Cathopic

Padre Antonio Rivero: “Seamos testigos valientes de Cristo resucitado”

Comentario litúrgico del tercer Domingo de Pascua
TERCER DOMINGO DE PASCUA
Ciclo C
Textos: Hech 5, 27b-32.40b-41; Ap 5, 11-14; Jn 21, 1-19
P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos.
Idea principalTestimoniar a Cristo resucitado delante de todos con valentía y atrevimiento.
Síntesis del mensaje: La resurrección de Cristo es fuente de entusiasmo, fuerza y valentía para dar testimonio, si es preciso con la sangre, de ese maravilloso hecho: “El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quienes ustedes dieron muerte colgándolo de la cruz…Nosotros somos testigos” (1ª lectura). Hoy es la tercera aparición de Jesús resucitado a sus discípulos para confirmarles en la fe, en la confianza y en el amor. Y de esta manera puedan vivir en un “Amén” sostenido y sin bemoles, aunque cueste la vida.
Puntos de la idea principal:
En primer lugartestimoniar a Cristo requiere una experiencia profunda del amor de Cristo en nuestra vida (evangelio). Preguntemos, si no, a Pedro hoy. Nadie da testimonio valiente de alguien a quien no ama, de quien no está convencido. O peor, de quien no existió. Y el amor presupone el conocimiento, pues nadie ama lo que no conoce. El amor puede pasar por momentos de descalabro, como le pasó a Pedro en la Pasión del Señor, que le negó tres veces, por debilidad y por confiar en sí mismo. Pero la resurrección de Cristo le sanó el corazón, le dio nuevo ardor y renovó por tres veces ese amor que había decaído. En el caso de Pedro le confirmó en el Primado de la caridad: apacentar los corderos y ovejas de Cristo, que no de él. Sólo si Pedro –y después de él sus sucesores, los Papas- preside en la caridad, entonces sí podrá testimoniar a ese Cristo resucitado totalmente entregado a todos. ¿Ahora entendemos el inmenso y agotador esfuerzo del Papa Francisco por acercarse a todos, por ganarse a todos para la causa de Cristo: judíos, musulmanes, protestantes, anglicanos y demás jefes de otras religiones, sin ínfulas de soberbia para defender su primado con las uñas y con la pluma en ristre, como algunos ultraconservadores – “más papistas que el Papa siempre los ha habido”– quieren y hasta exigen? Será el amor el mejor y más convincente testimonio que demos de Cristo resucitado: amor que es bondad, mansedumbre, paciencia, misericordia, comprensión. Amor que es mirar al otro e interesarme por él. Amor que no se impone, que no es grosero ni escupe a la cara ni da puntapiés. Pidamos a Cristo resucitado nos llene de su ternura para que nuestro testimonio de Él sea digno de crédito y muchos se acerquen a Cristo vivo que ven reflejado en cada uno de nosotros.
En segundo lugartestimoniar a Cristo no siempre será fácil (1ª lectura y evangelio). Encontraremos resistencias, nos prohibirán hablar de Cristo, se burlarán de nosotros, nos amenazarán. ¿No está pasando ya esto en tierras donde cristianos son matados, por extremistas del Estado Islámico, por el simple hecho de creer en Cristo: Siria, Irak, Bangladesh…? ¡Un auténtico infierno están sufriendo por el nombre de Cristo! Experimentaremos también que nuestra pesca es inútil, estéril, y sacamos las redes sin nada (evangelio): papás de familia que sacan las redes de sus hijos vacías, sin fe, sin amor…cuando no rotas por los estragos de la droga, del consumismo y del relativismo. Esposas comprometidas con su fe que tiran una y otra vez la red de la fidelidad a derecha e izquierda para conquistar al esposo, y nada. Misioneros y misioneras que ven que la semilla se malogra en tantos corazones, y se sienten desanimados y sin fuerzas. Redes vacías de virtud, en Movimientos eclesiales y tantos grupos parroquiales, o, peor, llenas de ambiciones, de intrigas, de desavenencias, de críticas. Congregaciones religiosas que experimentan la esterilidad de vocaciones por falta de identidad o la aversión de tantos jóvenes para dar un “sí” generoso y firme, cuando les proponen las exigencias de Cristo resucitado. Es en estos momentos cuando Cristo nos dice: “Echen las redes a la derecha de la barca y encontrarán peces”. Es el momento para renovar nuestra fe y confianza en la palabra del Señor. ¡Él vive y nos dice: “Traed algunos pescados de los que acabáis de pescar…pues las brasas están preparadas”!
Finalmentetestimoniar a Cristo significa renovar nuestro continuo “Amén” (2ª lectura) a Dios, al crecimiento en las virtudes cristianas y a los valores humanos. “Amén” significa asentimiento, conformidad y obediencia a lo que otra persona hace o dice. Significa la fuerza, la firmeza, la solidez, la estabilidad, la duración, la credibilidad, la fidelidad, la seguridad total. Esta palabra procede del hebreo אמן (‘en verdad’, ‘ciertamente’) pronunciado āmēn. La raíz de esta palabra indica firmeza y seguridad, y en hebreo coincide con la raíz de la palabra ‘fe’. Decir “Amén” implica un gran compromiso, es hacer una profesión de fe, es decirle a Dios que sí, que estamos de acuerdo con todo lo que Él nos dicees repetirle una y otra vez que le vamos a ser fieles, es asegurar nuestra esperanza. Amén, cuando el dolor o la enfermedad toque la puerta de nuestra casa, por permisión de Dios. Amén, cuando un revés o contratiempo nos frustró los planos que teníamos. Amén, en la salud y enfermedad. Amén, en la riqueza y en la pobreza. Amén, en el éxito y en fracaso. Amén, en primavera, verano, otoño e invierno. Amén, en la niñez, en la adolescencia, en la juventud, en la edad madura y en la vejez.  Amén, cuando Dios nos llena de consuelos y regalos, y también cuando experimentamos la noche oscura del alma. Amén, al terminar nuestras oraciones y nuestro trabajo. Amén, cuando Dios nos bendice con el cuarto o el quinto hijo, o cuando no nos bendice, y nos pide que adoptemos a un hijo de corazón. Amén, cuando un pobre nos visita y nos tiende la mano para que le demos, no de lo que nos sobra, sino incluso, de lo que necesitamos. Amén, cuando iniciamos el día y cuando lo terminamos. Amén, cuando la muerte se acerque de puntillas a nuestra habitación para llevarnos a la presencia de Dios.
Para reflexionar: ¿Cómo está mi testimonio de Cristo resucitado: es valiente y decidido, u opaco y débil? ¿Cómo reacciono delante de las dificultades que la vida me presenta o que Dios permite? ¿Vivo en un continuo “Amén” sostenido, o con muchos bemoles de incertidumbres, dudas, desalientos?
Para rezarSeñor, concédenos la fe. La fe que arranca la máscara del mundo y hace ver a Dios en todas las cosas, la fe que lo hace ver todo bajo otra luz:
que nos muestra la grandeza de Dios y nos hace descubrir nuestra pequeñez;
Señor, concédenos esta fe, que nos hace emprender todo lo que Dios quiere sin dudar, sin vergüenza ni temor, sin retroceder nunca. La fe por la que no tememos ni los peligros, ni el dolor, ni la muerte; que sabe caminar por la vida con calma, paz y una profunda alegría, y que establece en nuestro espíritu un desprendimiento absoluto hacia todo, fuera de Vos. Amén.
Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, arivero@legionaries.org

Agencia Fides 01052019










Órgano de información de las Obras Misionales Pontificias desde 1927






Newsletter del 01-05-2019







News


ÁFRICA - El trabajo es un signo de obediencia del hombre hacia Dios

Kara (Agencia Fides) – “Es hora de que África desarrolle una verdadera espiritualidad del trabajo. Una espiritualidad arraigada de acuerdo con el plan y la visión que Dios quería para el trabajo y el trabajador”, explica a Fides el padre Donald Zagore, teólogo de la Sociedad de Misiones Africanas de Togo en Costa de Marfil.

Con motivo de la fiesta de San José Obrero, que se celebra en todo el mundo el 1 de mayo, el misionero explica que “si bien es cierto que el trabajo nutre y enriquece, también es cierto que ennoblece y libera pero, sobre todo, glorifica a Dios. El trabajo es un signo de la obediencia del hombre a Dios. En esencia, el Evangelio no nos muestra un modelo de trabajo basado exclusivamente en la riqueza, la eficiencia y la producción”, insiste el padre Zagore, “más bien ofrece un modelo de trabajo basado fundamentalmente en el amor de Dios, del prójimo y de la creación. Es un modelo de trabajo que libera al hombre de la prisión de servidumbre y la explotación de todo tipo y lo devuelve a la dignidad de su ser”. “En una África donde la tasa de desempleo está en aumento, el africano está expuesto y sometido a cualquier forma de explotación. Una de estas formas es la religión a través del llamado Evangelio de la prosperidad, que se presenta como el único modo de enriquecimiento y de éxito social, y que ahora tiende a reemplazar el trabajo en la vida de las personas. Con la lógica del cristianismo de la prosperidad, no hay necesidad de trabajar, solo se necesita poder manipular la religión y explotar a los más débiles para convertirla en una fuente de enriquecimiento sin ningún esfuerzo”.

“Debemos tener el valor de denunciar la opulencia y la riqueza de estos “hombres de Dios” amasadas a través de la religión, mientras los fieles sufren y padecen miseria. Servir a Dios nunca debe entenderse como un empleo lucrativo. El trabajo es una vocación de Dios y cada hombre debe responder a esta vocación en la verdad de su ser”, concluye el padre Zagore.

(DZ/AP) (Agencia Fides 1/5/2019)



ASIA/PAKISTÁN - La Iglesia pakistaní en comunión con el pueblo de Sri Lanka

Karachi (Agencia Fides) - Cientos de fieles en Karachi se reunieron en la catedral de San Patricio eb solidaridad con las víctimas de la reciente masacre en Sri Lanka durante el Domingo de Pascua (ver Fides 22/4/2019). “Sentimos el dolor del pueblo de Sri Lanka. Es terrible que otros seres humanos llenos de odio puedan cometer tales atrocidades”, lamentó el cardenal Joseph Cardinal Coutts, arzobispo de Karachi, durante la celebración eucarística organizada por la Comisión Justicia y Paz de Karachi celebrada junto con el clero, religiosos y fieles de la archidiócesis.

Dirigiéndose a los fieles, el cardenal dijo: “A través de nuestra fe, nuestras oraciones y nuestros corazones, estamos en total comunión con este pueblo herido. La iglesia católica en Pakistán tiene una relación cercana con eso en Sri Lanka porque hay muchos misioneros, -incluyendo sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que han servido y sirven en Pakistán para el desarrollo de nuestro país”. El cardenal también destacó el celo y la dedicación de los misioneros de Sri Lanka en los últimos sesenta años. “Han desempeñado un papel muy importante en el campo de la educación, la sanidad y el desarrollo de instituciones profesionales en Pakistán. Además han contribuido enormemente a la promoción y armonía interreligiosa en nuestro país ”.

“Es uno de los ataques más violentos en la historia de Sri Lanka, y debemos permanecer con este pueblo en este momento de luto. Oramos por ellos, no solo por los cristianos sino por la paz y la estabilidad en todo el país”, concluyó el cardenal. En memoria de los muertos en la masacre, durante la celebración el cónsul general de Sri Lanka encendió la primera vela que fue seguida por la del clero, los religiosos, las religiosas y los laicos. Al final de la misa, los fieles de Karachi se reunieron con los sacerdotes, religiosos y laicos de Sri Lanka que prestan su servicio en Pakistán.

Además, el rector de la catedral de San Patricio, el padre Mario Rodrigues, dijo a Fides: “el domingo de Pascua en el que se produjo el ataque en Sri Lanka, el mundo quedó conmocionado por lo sucedido y rezó por el pueblo de Sri Lanka y por la paz en la mundo”.
(AG) (1/5/2019 Agenzia Fides)






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Viejos (Rosa Montero) Reflexión

Viejos
Rosa Montero
Aterra pensar en esos ancianos que no tienen a nadie y viven encerrados en sus casas, llenos de pena y miedo por su debilidad y su abandono

VEO EN EL TELEDIARIO que uno de cada cinco reclusos japoneses es mayor de 65 años. Por lo visto delinquen y reinciden para que les metan presos y poder estar así cuidados, con comida y compañía. Qué tremenda desesperación hay que experimentar para sentir que la cárcel es un hogar. Esto me ha hecho recordar una nota que tomé (y que nunca usé) en 2013: el ministro de Finanzas nipón, Taro Aso, pidió a los ancianos que se murieran pronto para apoyar la reforma de la Seguridad Social. Por las mismas fechas, un informe del Fondo Monetario Internacional se quejaba de que vivíamos demasiado. Cierto, no hay manera de hacer unos presupuestos apañados con este empecinamiento de la vida en vivir. Hace 30 años yo bromeaba diciendo que a mi generación la iban a terminar gaseando, porque íbamos a ser muchos viejos muy viejos sin que aún se hubiera sabido resolver el problema de cómo cuidarnos. Pues bien, se diría que hoy estamos a un paso, no ya del exterminio, que hasta sería más piadoso, sino de una crueldad, un descuido y un maltrato propio de los nazis, como demuestran las espantosas, insoportables imágenes de los abusos en la residencia geriátrica Los Nogales.

Lo de los presos sin duda está relacionado con el hecho de que los japoneses son el pueblo más longevo del mundo. Pero los españoles estamos cerca. Somos el cuarto país con más esperanza de vida del planeta, tras Suiza y Singapur, y, según un estudio de The Lancet, podemos alcanzar el primer puesto en 2040. O sea: es muy posible que, en efecto, mi generación bata los récords en ancianidad, esto es, en carcamales hechos polvo, viviendo solos, indefensos y con pensiones de miseria. Si es que aún tenemos pensiones. Hurra por ese primer puesto. Antes llegar a viejo era un orgullo, pero ahora ser viejo es un problema.

Según un informe del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) de 2019, en España hay casi nueve millones de personas mayores de 65 años, un 19% de la población. Y la sociedad envejece a toda prisa. Hoy la media de edad del país es de 43 años, mientras que en 1970 era de algo menos de 33 años. Por añadidura, los octogenarios son ya el 6% de la población, y hay más de 11.000 centenarios en nuestro país, la mayoría mujeres, porque superamos en longevidad a los hombres en un 32%, y la diferencia es mayor conforme aumenta la edad. Pero ese triunfo de la resistencia no es por lo general un regalo, porque vivimos mucho pero en malas condiciones. Físicas y económicas.
Y es que ser viejo es muy caro. La estancia en esa casa de los horrores que era Los Nogales podía llegar a costar más de 2.000 euros al mes. Según el CSIC, hay cerca de 370.000 plazas en residencias geriátricas, 4 por cada 100 ancianos, incluyendo privadas y públicas. No parecen muchas. De cuando en cuando saltan a los medios denuncias de malos tratos en esos centros, y, reconozcámoslo, todos sospechamos que pueden ser más habituales de lo que parece. Todos intentamos no pensar en esos aparcaderos de seres indefensos que, por otra parte, muchas veces son inevitables, porque el estado del anciano impide su cuidado en casa.

Los Nogales ha sido un caso clamoroso y los empleados investigados por la Fiscalía, Mónica Moya Pérez, Bryan Israel Noboa Calle y María Josefa Trueba López, están acusados de comportamientos de un sadismo repugnante. A ellos los despidieron, pero aún más grave me parece que la dirección de la residencia no cursara a la comunidad las denuncias recibidas. Aterra pensar que sin duda conocemos, sin saberlo, a gente así de (supuestamente) mala. Gente que ejerce el daño y gente que prefiere mirar hacia otro lado. Y siendo todo esto doloroso y terrible, aún hay algo peor, y son todos esos ancianos que no tienen a nadie y que viven encerrados en sus casas, llenos de pena y miedo por su debilidad y su abandono. Tan presos como los reclusos japoneses y dependiendo de la generosidad de una vecina que les suba la compra de vez en cuando (el 17% de los hombres mayores y el 30% de las mujeres viven solos). Pero todos estos, claro, nos hacen el favor de sufrir en silencio y en la invisibilidad de sus domicilios. Su dolor nunca llegará a la Fiscalía. Son nuestros maltratados.

El País Semanal, 28 de abril de 2019

Santa Bertha de Avenay, esposa, religiosa y mártir. (1 de mayo)

Santa Bertha de Avenay, esposa, religiosa y mártir.

Esposa por obligación, monja por vocación, mártir por dineros.

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Bertha hace brotar un manantial.
Bertha hace brotar un manantial.
Santa Bertha de Avenay, esposa, religiosa y mártir. 1 y 11 de mayo.

No conocemos mucho sobre la infancia de Bertha, solo lo que su hagiografía nos dice: estaba emparentada con reyes francos y desde niña fue piadosa, amante de las cosas de religión y muy caritativa con los pobres. A los 16 años fue dada en matrimonio a San Gombert (29 de abril), hermano de San Nivardo (1 de septiembre), arzobispo de Reims. A ambos les dolió tener que casarse, porque su deseo era servir a Dios en la vida monástica. Pero a cada uno, Dios le consoló por su parte, revelándole que sería para su gloria si se unían en matrimonio. Una vez casados, ambos descubrieron que coincidían en todo su deseo de vivir para Dios, por lo que decidieron en virginidad perpetua, como hermano y hermana en Cristo. Según avanzaba la vida de ambos esposos, más les llamaba el claustro a cada uno, así que resolvieron separarse y entrar en religión para entregarse enteramente a Dios. Construyeron un bello monasterio femenino en Reims, dedicado al apóstol San Pedro, que no hay que confundir con el fundado por San Baudry (16 de octubre) para su hermana Santa Bova (24 de abril). Luego de esta obra, Gombet tomó el hábito monástico y junto a otros monjes partió a Irlanda, donde fue martirizado por unos paganos a 29 de abril de año incierto, a finales del siglo VII.

Una vez que Bertha fue libre para profesar en un monasterio, pero no sabía en cual. Un ángel le reveló que debía construir el suyo propio y le enseñó una colina a las afueras de Avenay, en un sitio llamado Val d’Or, (valle dorado). La misma Bertha diseñó el monasterio, haciendo los planos de las celdas, la iglesia, el coro, etc. Una vez terminado el monasterio dedicado a la Santísima Virgen, Bertha se encerró en él junto a varias jóvenes de Reims y Avenay, que por unanimidad la eligieron abadesa. Sobresalió entre todas por su constante oración, su penitencia extrema y su equilibrio entre mandar y ser madre comprensiva de sus religiosas. Oraba y ayunaba siempre que podía, animaba a sus religiosas con encendidas palabras y más aún con su ejemplo. Era caritativa con los pobres y enfermos que visitaban la iglesia en busca de ayuda. Y más de un milagro realizó en favor de los necesitados, como algunos ciegos, mudos o sordos que salieron curados de su presencia. Y a alguno arrebató de las garras de la muerte para que pudiera confesarse y salvar su alma antes de fallecer.

Dio agua a la ciudad de Avenay luego que San Pedro se le apareciera y le mandara comprar un campo de donde brotaría una fuente limpísima para aliviar la falta de agua corriente de los moradores de la ciudad. Bertha hizo caso al santo apóstol y compró el campo por una libra de plata. Pero era un campo reseco, de donde no se veía la más mínima humedad o pozo. Bertha, confiada en la Providencia, se fue allí con sus monjas y trazando una crucecita con su báculo en la tierra, esta se abrió y dejó manar agua, que fue encauzándose hasta la ciudad.
En su monasterio vivía feliz, entregada al servicio de Dios hasta que el mismo Dios le concedió su deseo: ser mártir como lo había sido su amado esposo y hermano Gombert. Ocurrió que unos sobrinos de este, que la odiaban por haber dado todos sus bienes al monasterio y a los pobres, planearon venganza. Moncie, prima de Gombert, se introdujo en el monasterio y cuando ya todas las religiosas se habían retirado, entró en la celda de Bertha y la asesinó, apuñalándola varias veces en el pecho y la cabeza. Al instante, todos aquellos que la odiaban y habían planeado su muerte murieron a su vez, fulminados. Menos la asesina, a la que la misma Bertha se le apareció a los tres días para reprocharle su crimen y el castigo que la esperaba luego de la muerte. Le dijo que podría alcanzar misericordia si se cuidaba que las reliquias de su marido fueran llevadas al monasterio de Val-d’Or para reposar junto a las suyas. Así se hizo, y en el momento de la deposición de las reliquias, Moncie sangró abundantemente por la nariz y boca, según le había advertido Bertha en la visión que pasaría como signo de la completa remisión de su pecado. Los dos cuerpos permanecen juntos en la misma sepultura hasta hoy. Crónicas del siglo XII cuentan que en las ocasiones en que se abrió el sepulcro, aún podían verse las heridas de ambos, como si fuesen recién hechas, incluso que alguna vez sangraron.


Fuente:
-“Les Petits Bollandistes”. Volumen 5. Bruselas, 1645.

San Ricardo Pampuri, 1 de mayo

San Ricardo Pampuri
San Ricardo Pampuri

San Ricardo Pampuri, 1 de mayo

Gran médico de cuerpos y de almas
San Ricardo Pampuri
«Este joven cirujano, conocido como doctor santo, e integrante de la Orden de Hermanos Hospitalarios llevó a cabo una intensa labor apostólica en su vida profesional y eclesial. Fue un gran médico de cuerpos y de almas»
En esta festividad de san José Obrero, se celebra también la vida de este santo que nació el 2 de agosto de 1897 en Trivolzio, Pavia, Italia. Al bautizarle le impusieron el nombre de Herminio Felipe, tomando el de Ricardo en su vida religiosa. Era el décimo de once hermanos. A los tres años perdió a su madre y su familia materna se ocupó de él. En 1907 falleció a su padre en un accidente de tráfico. Arropado por su tíos Carlos y María, que secundó a su madre lo mejor que pudo, se impregnó de la fe que había en el hogar. Solía orar ante el Sagrario, mostraba gran devoción por la Eucaristía, acostumbraba a rezar el rosario diariamente –del que luego dijo: «este es mi arma predilecta, con esta corona el diablo huye»–, eran frecuentes sus obras de misericordia y fue excelente catequista. Un estado permanente de oración envolvía sus acciones cotidianas.
Su anhelo era ser sacerdote y misionero, pero su salud era delicada y sus familiares le disuadieron, aunque no le pusieron trabas para colaborar con la Acción Católica. Mientras, recibía formación en distintos centros. Y al culminar los estudios en el Liceo se matriculó en la facultad de medicina de la universidad de Pavía. Su tío Carlos, médico, le había animado. Sabía que una persona sensible como él, ferviente católico además, podría asistir a los enfermos con una calidad que está muy por encima del hecho meramente instrumental, clínico, y de una labor profesional impecable que se supone y espera de todo médico. Y efectivamente, el santo tuvo claro que quien tenía frente a él era una persona con sus necesidades espirituales y materiales. Que un galeno ha de buscar remedios para el cuerpo del paciente, pero en manera alguna puede descuidar su alma.
En abril de 1917, en medio de la Guerra Mundial, fue reclutado y tuvo que partir a filas. Al ser estudiante de medicina fue trasladado a la primera línea de fuego. Allí veía el trágico fin de sus compañeros en medio de incontables atrocidades, inútil masacre que acompaña a la barbarie. Luego fue destinado en otra zona algo alejada de la batalla, quedando fuera de peligro. Y cuando el 24 de octubre de ese año el ejército italiano estuvo a punto de ser derrotado, hubo orden de retroceso para todos los soldados, que abandonaron el hospital de campaña y los recursos que tenía. Entonces Ricardo los recogió depositándolos en una carreta tirada por una vaca que condujo durante 24 h. en medio de una brutal y persistente tempestad. Calado hasta los huesos, temblando de frío, puso a salvo todo. Le concedieron la medalla de bronce y el ascenso, pero le quedó como recuerdo una pleuresía de grave repercusión para su vida posterior.
En 1921 obtuvo el título de doctor en medicina y cirugía, y se dispuso a poner en práctica sus conocimientos primeramente junto a su tío Carlos, y luego como suplente en Vernate, hasta que obtuvo la plaza de médico rural en Morimondo, Milán. En esta localidad fue de gran ayuda para el párroco. Fundó con él el Círculo de la Juventud de Acción Católica, de la que fue su primer presidente, y hasta organizó una banda de música, iniciativas que encomendó a san Pío X. Ejercía su apostolado también en otros frentes, como secretario de la comisión misionera de la parroquia, impulsaba ejercicios espirituales para jóvenes y trabajadores, y muchas veces se hacía cargo de los gastos.
Ejerció como médico rural durante seis años. Fue un profesional ejemplar (no solo docto, que también lo era), que asistía a los enfermos sin medir riesgos. Sus pacientes eran mayormente pobres, y movido por su caridad y generosidad les proporcionaba solícitamente no solo la asistencia gratuita sino los medicamentos, alimentos, vestido e incluso dinero. Mientras, había completado estudios durante dos años más, obteniendo la especialización en obstetricia y ginecología. En 1923 fue habilitado como oficial sanitario en la universidad de Pavía. Allí se integró en el círculo universitario Severino Boecio, y colaboró con las conferencias de San Vicente de Paúl. En la primavera de ese año conoció a Riccardo Beretta, que se convirtió en su director espiritual. Y de su mano vislumbró su vocación religiosa. Intentó vincularse a los jesuitas y a los franciscanos, pero su salud era tan precaria que lo rechazaron.
En junio de 1927 ingresó en Milán en la Orden de Hermanos Hospitalarios (Fatebenefratelli). Hizo el noviciado en Brescia y profesó en 1928 tomando el nombre de Ricardo en honor al padre Beretta. En esta ciudad los Hermanos de San Juan de Dios tenían un hospital y fue nombrado director del gabinete de odontología. A este centro acudían fundamentalmente los más necesitados y los obreros, a los que atendió caritativamente, como siempre había hecho. Quienes recibían directamente sus cuidados le estimaban y consideraban una persona fuera de lo común, aunque esta admiración por la virtud que apreciaban en él la tenían también sus hermanos de comunidad, sus compañeros médicos, y el personal sanitario en general. Asumía los trabajos humildes con la misma elegancia y dedicación que su trabajo como médico.
De su vida espiritual, cincelada por la santidad en lo ordinario, dan constancia también las 66 cartas que dirigió a su hermana María Longina, franciscana misionera del Corazón Inmaculado de María que se hallaba destinada en Egipto. El coloquio que ambos mantuvieron pone de manifiesto la grandeza de corazón de este santo, que tuvo en su hermana un modelo a seguir. La vida de Ricardo fue corta. Murió con 33 años el 1 de mayo de 1930 después de agravarse la pleuritis que contrajo en la guerra y que se convirtió en una broncopulmonía. Su breve estancia en Torrino en 1929 obligado por la inflamación pulmonar no le sirvió de nada, como tampoco el traslado sugerido por sus familiares de Brescia a Milán para atenderle convenientemente. No hubo forma de dilatar su existencia. Juan Pablo II lo beatificó el 4 de octubre de 1981, y lo canonizó el 1 de noviembre de 1989. Sus restos se veneran en la iglesia parroquial de Trivolzio, donde era conocido como «doctor santo».

Santos del día 1 de mayo

Santos del día 1 de mayo
Kalendis maii
   San José Obrero (6 coms.) - Memoria litúrgica   
San José Obrero, el carpintero de Nazaret, que con su laboriosidad proveyó la subsistencia de María y de Jesús e inició al Hijo de Dios en los trabajos de los hombres. Por esta razón, en el día de hoy, en que se celebra la fiesta del trabajo en muchas partes del mundo, todos los obreros cristianos honran a san José como modelo y patrono suyo.
Conmemoración de san Jeremías, profeta, que vivió en tiempo de Joaquim y Sedecías, reyes de Judá. Profetizó la ruina de la Ciudad Santa, así como la deportación del pueblo, y sufrió muchas persecuciones a causa de ello, por lo que es considerado por la Iglesia como figura del Cristo sufriente. Predijo, además, que la nueva y eterna Alianza alcanzaría su plenitud en el mismo Cristo Jesús; más aún, que, por medio de Él, Dios Padre todopoderoso escribiría su Ley en el corazón de los hijos de Israel, a fin de que Él mismo fuese su Dios y ellos fuesen su pueblo.
En la región de Viviers, en la Galia, san Andéolo, mártir.
En Hispania meridional, conmemoración de san Torcuato, obispo de Acci (Guadix), y de otros seis obispos, que se establecieron en distintas ciudades: Tesifonte, obispo de Bergium (Berja); Esicio, obispo de Carcer (Carcesa); Indalecio, obispo de Urci (Almería); Segundo, obispo de Ábula (Abla); Eufrasio, obispo de Iliturgi (Andújar), y Cecilio, obispo de Illiberis (Elvira).
En Auxerre, de la Galia, san Amador, obispo, que trabajó con empeño por extirpar de su ciudad las supersticiones de los paganos e instituyó el culto de los santos mártires.
En Auch, población de Aquitania, san Orencio, obispo, que se esforzó en erradicar de su ciudad las costumbres paganas y en procurar la paz entre los romanos y el rey visigodo de Tolosa.
En Bretaña Menor, san Brieuc, obispo y abad, natural de Cambria, que fundó un monasterio en la costa armórica de Bretaña, posteriormente elevado a la dignidad de sede episcopal.
En Saint-Maurice-en Valais, lugar de Recia, sepultura de san Segismundo, rey de los burgundios, el cual, convertido de la herejía arriana a la fe católica, instituyó en este lugar una comunidad de monjes que debía entonar sin interrupción la salmodia ante los sepulcros de los mártires, expiando con penitencia, lágrimas y ayunos los delitos cometidos, y encontró la muerte en la región de Orleans, donde fue arrojado a un pozo por sus enemigos.
   * San Marculfo, abad (4 coms.)   
En una isla de Bretaña Menor, san Marculfo, ermitaño, y luego monje y abad del monasterio de Nanteuil.
En Llanelwy, en Cambria, san Asaf, abad y obispo de la sede que después llevó su nombre.
En Gap, en la región de Provenza, en Francia, san Arigio, obispo, que se distinguió por su paciencia en las adversidades, por su celo en enfrentarse a los simoníacos y por su caridad para con los monjes que habían sido enviados desde Roma para evangelizar Inglaterra.
En la región de Montauban, en la Galia Narbonense, muerte de san Teodardo, obispo de Narbona, que restauró la iglesia catedral de esta sede, sobresalió por su diligente magisterio y, finalmente, minado por la enfermedad, murió en un monasterio, rindiendo su alma a Dios.
En Fossombrone, del Piceno, en Italia, beato Aldebrando, obispo, insigne por su austeridad de vida y por su espíritu apostólico.
   Beata Mafalda, virgen (2 coms.)   
En Arouca, en Portugal, beata Mafalda, virgen, hija del rey Sancho I, que después de quedar libre de un contrato matrimonial previamente acordado, se hizo monja e introdujo en su monasterio la reforma cisterciense.
En Montaione, lugar de Toscana, beato Vivaldo (o Ubaldo) de San Geminiano, ermitaño de la Tercera Orden Regular de San Francisco, insigne por su vida de austeridad, de paciencia y de caridad en el cuidado de los enfermos.
En Castello di Valle d'Istria, en Istria, beato Julián Cesarello, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, cuya vida fue un continuo peregrinar por aldeas y plazas, sembrando la palabra de Dios y esforzándose en aplacar los enfrentamientos entre las facciones ciudadanas.
En Forlí, en la Emilia, san Peregrino Laziosi, religioso de la Orden de los Siervos de María, que desde su dedicación a la Madre de Dios se distinguió por su amor a Jesucristo y por su solicitud para con los pobres.
En Moncel, en la región de Beauvais, en Francia, beata Petronila, virgen, primera abadesa del monasterio de las Clarisas de aquel lugar.
En Roma, muerte del papa san Pío V, cuya memoria se celebra el día treinta de abril.
En la aldea de Son-Tay, en Tonkín, san Agustín Schoeffler, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, el cual, encarcelado después de haber ejercido durante tres años su ministerio, por orden del emperador Tu Duc fue finalmente decapitado en un paraje denominado Cinco Yugadas, y obtuvo así la gracia del martirio que cada día había pedido a Dios.
Cerca de la ciudad de Nam Dinh, también en Tonkín, san Juan Luis Bonnard, presbítero de la misma Sociedad de Misiones Extrajeras de París, que, condenado a muerte por haber bautizado a veinticinco niños, alcanzó la corona del martirio al ser decapitado.
En Milán, en Italia, san Ricardo (Herminio Felipe) Pampuri, que, después de haber ejercido generosamente en el mundo su profesión de médico, ingresó en la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, y al cabo de casi dos años descansó piadosamente en el Señor.
En la ciudad de Wladimir, en Rusia, beato Clemente Septyckyj, presbítero y mártir, superior del monasterio de Monjes Estuditas de Univ, que durante un régimen hostil a Dios perseveró en la fe, y mereció su morada en el santuario del cielo.