martes, 2 de julio de 2019

Santos Proceso y Martiniano, mártires (2 de julio)


Santos Proceso y Martiniano, mártires

fecha: 2 de julio
†: s. inc. - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Roma, en el cementerio de Dámaso, en el segundo miliario de la vía Aurelia, santos Proceso y Martiniano, mártires.
En Roma se veneraba a estos mártires por lo menos desde el siglo IV. Pero no sabemos nada de cierto sobre su vida y su martirio. Una leyenda del siglo VI, pero que no merece crédito alguno, dice que san Pedro y san Pablo, cuando se hallaban encarcelados en la prisión Mamertina, convirtieron con su predicación y sus milagros a Proceso y Martiniano y a otros cuarenta guardias y éstos, a su vez, les ofrecieron la libertad. Una fuente brotó milagrosamente en la roca para que San Pedro pudiera bautizar a los neófitos. El jefe de la prisión, Paulino, trató de hacer apostatar a Proceso y Martiniano; como no lograse persuadirlos a que ofreciesen incienso en el altar de Júpiter, los sometió a crueles torturas durante las cuales los dos mártires repetían constantemente: «¡Bendito sea el nombre del Señor!» Entonces, Paulino los mandó decapitar. Pío Franchi de Cavalieri, estudiando a fondo estas leyendas, demuestra que en el siglo IV no existía aún la tradición de que los dos santos hubiesen sido carceleros de San Pedro y San Pablo; también supone que el episodio del bautismo tuvo probablemente por origen los frescos de las catacumbas en los que san Pedro aparece como un nuevo Moisés que hace brotar el agua de la roca y da de beber a dos soldados, que representan a la multitud.
Según se cuenta, una mujer llamada Lucina sepultó a los mártires en terrenos de su propiedad, junto a la Vía Aurelia, a dos kilómetros de Roma. En el siglo IV, se edificó una basílica sobre la tumba de estos santos. San Gregorio Magno predicó ahí su trigésima segunda homilía, en la que afirma que en la basílica de los dos mártires los enfermos recobran la salud, los posesos se ven libres de los malos espíritus y los perjuros son atormentados. A principios del siglo IX, el papa san Pascual trasladó las reliquias de Proceso y Martiniano a San Pedro, donde reposan todavía en la actualidad, en el altar del crucero que está dedicado a su nombre.
En Acta Sanctorum, julio, vol. I, pueden verse las pretendidas «actas» de estos mártires. Ver Pío Franchi de Cavalieri, Studi e Testi, vol. XIX, pp. 97-98, y XXII, 35-39.
Cuadro: Andrea Camassei: San Pedro bautiza a los santos Proceso y Martiniano, Pinacoteca Vaticana, c. 1630.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_2207

San Aarón, santo del AT (1 de julio)


San Aarón, santo del AT

fecha: 1 de julio
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Conmemoración de san Aarón, de la tribu de Leví, a quien su hermano Moisés ungió sacerdote del Antiguo Testamento con óleo sagrado. A su muerte fue sepultado en el monte Hor.
Lo que podemos saber de la vida de Aarón proviene todo de la Biblia. Su aparición en la historia es súbita, casi se diría que el relato da por sabida la existencia del personaje. En efecto, si vamos en Exodo 4, cuando ya tenemos suficientemente presentado al personaje principal de esta historia y de la historia entera de Israel, Moisés, cuando ya se le ha revelado el Sagrado Nombre de Dios (3,14), y le ha sido encomendada la misión, liberar a Israel del yugo egipcio, se lamentará vehementemente Moisés de carecer de la competencia necesaria para todo ello, ya que, según él mismo declara, «soy torpe de boca y de lengua». A la repetida objeción de Moisés le responderá Yahvé: «Entonces se encendió la ira de Yahveh contra Moisés, y le dijo: "¿No tienes a tu hermano Aarón el levita? Sé que él habla bien; he aquí que justamente ahora sale a tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón» (4,14). Y así, imprevistamente, echando mano de un recurso de obra teatral amateur («justamente ahora sale a tu encuentro», ¡qué casualidad!) se nos nombra por primera vez al personaje que, si bien nunca llega a la altura de Moisés, tiene el suficiente peso como para moldear toda una imagen del sacerdocio, y de Israel como «pueblo sacerdotal». Sólo un poco más tarde, y en un contexto de recapitulación de las gestas de Yahvé para con su pueblo (hermoso capítulo, Éxodo 6), se da al pasar la genealogía de Aarón, que es el modo habitual de presentar a los personajes en la Biblia.
Posiblemente este armado inverso, en el que primero se «pone a funcionar» al personaje, como si todos lo conociéramos, y recién después, y de manera puramente ocasional, se lo presenta, no sea nada casual, sino que tenga que ver con el deliberado interés del texto bíblico de que la figura de Aarón nunca eclipse a la de Moisés, a pesar de que la función por él desempeñada, la de sacerdote, tuvo una importancia creciente en la vida de Israel, y era una de las piezas claves del universo religioso de la Biblia en los tiempos en que se puso por escrito y se dio forma final a los libros del Pentateuco, es decir, en los tiempos posteriores al Exilio.
Aarón cumple dos funciones en el relato de la historia de Israel, no necesariamente vinculadas entre sí. Su función primigenia no es la de sacerdote, sino la de «profeta de Moisés»: «Dijo Yahveh a Moisés: "Mira que te he constituido como dios para Faraón y Aarón, tu hermano, será tu profeta;..."» (Ex 7,1). Curiosa expresión, que nos puede descolocar completamente si conservamos aun la noción de profeta meramente como un vate o futurólogo. En el universo bíblico, el profeta, aunque a veces puede decir cosas que encontrarán realización recién en el futuro, no tiene como principal función anunciar el futuro, sino traer una palabra «en nombre de» Dios. En el texto hebreo se dice «tu hermano será tu 'nabí'», una expresión de muchos sentidos, compleja y rica en el horizonte de la Biblia, a la que los traductores griegos le buscaron el equivalente que consideraron más exacto, «pro-fétes», «el que habla por delante», ya sea hacia un futuro, ya sea en nombre de otro, o como intérprete de otro. Aarón tiene como función interpretar a Moisés, ya sea ante el pueblo, por la torpeza de Moisés, ya sea en el mundo que no es de Dios -el del Faraón-, porque con ese mundo Dios no quiere ni tener trato, así que manda a Moisés, «como un dios ante Faraón», y por tanto requiere -como cualquier dios que se precie- de un intérprete.
Sin embargo poco después sobreviene una nueva función para Aarón, la que lo especifica a nuestros ojos y lo hace más famoso en la historia: primer sacerdote de Israel y cabeza del linaje sacerdotal. Los orígenes del sacerdocio en Israel son oscuros, muy difíciles de trazar. Tenemos que tener presente que para la mentalidad bíblica todo lo que ocurre en la historia está ya presente en el origen (semejante a como todos estamos presentes ya en el inicio en Adán, como formando parte de él); la historia es más bien el despliegue, como si se fuera desenrollando un tapiz, de un conjunto de potencialidades concentradas en el origen; muy distinto a como la sentimos nosotros, sobre todo en Occidente, que hacemos más hincapié en la novedad y en la creación de respuestas originales a estímulos imprevisibles. Acorde con esto, puesto que Aarón es el primer sacerdote, contiene ya todo el desarrollo del sacerdocio posterior, hasta la época del postexilio.
Aunque la ceremonia de unción sacerdotal de Aarón está narrada con una solemnidad particular, si uno sigue realmente la secuencia de lo que dice, no puede menos que sorprenderse: «Mandarás que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada de la Tienda del Encuentro, donde los bañarás con agua. Tomarás las vestiduras y vestirás a Aarón con la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, que ceñirás con la cinta del efod. Pondrás la tiara sobre su cabeza, y sobre la tiara colocarás la diadema sagrada. Entonces tomarás el óleo de la unción, lo derramarás sobre su cabeza y así le ungirás.» (Ex 29,4-7) Es un poco extraño que derrame el óleo sobre la cabeza habiéndola ya tapado con la tiara, cuando la lógica secuencia sería que fuera ungido primero y coronado con la tiara después. La alteración del orden no se trata de ningún descuido, sino de que en la escritura de estos textos «históricos» (históricos, sí, sin comillas, pero no en nuestro sentido de esa palabra) se han acumulado en el personaje, en este caso Aarón, desarrollos posteriores del sacerdocio, hasta llegar a la institución post exílica del Sumo sacerdocio, que incluía un rito de unción, que posiblemente no se usara en la primera época de Israel, ya que era un gesto más bien ligado al reconocimiento del gobernante, no del sacerdote. Dicho sin menoscabo de que desconocemos muchísimos aspectos de las primitivas instituciones y costumbres de Israel, como puede ser el múltiple uso de las unciones.
Aarón pasa así al universo de imágenes bíblicas más como sacerdote que como «profeta de Moisés», habiendo sido las dos cosas, y lo segundo, en realidad, como primera tarea. Finalmente el lenguaje religioso se encargó de conjugar de nuevo las dos, al poner en primer plano, dentro de las múltiples tareas del sacerdote, la de intercesor ante Dios, así que Aarón volvió a ser «quien habla en nombre de», pero en vez de ser de Moisés, lo fue para siempre del pueblo de Israel:
«Moisés y Aarón entre sus sacerdotes,
Samuel entre aquellos que su nombre invocaban,
invocaban a Yahveh y él les respondía...» (Sal 99,6)
Ya en el Nuevo Testamento, Aarón es mencionado sólo en la Carta a los Hebreos, no para negar la legitimidad de su sumo sacerdocio, pero sí para declarar su caducidad, al mismo tiempo que hablar de un nuevo tipo de sacerdocio, no un sacerdocio aarónico remozado en Cristo, sino un sacerdocio de una nueva especie, preanunciado misteriosamente en la figura de Melquisedec, figura de Cristo sacerdote (Hebr 5 y 7).
En cualquier historia de Israel de los tiempos bíblicos se hallará lo que puede reconstruirse de los tiempos del Éxodo con base en la fuente bíblica; sugiero (entre muchas otras posibles) la que se encuentra en el tomo V del «Comentario bíblico San Jerónimo» (Cristiandad, 1970). Las «Instituciones del Antiguo Testamento» de R. de Vaux (Herder, 1976, especialmente pág 446ss) sirven como muy completa introducción a la cuestión del sacerdocio en Israel; en Vanhoye, «Sacerdotes antiguos, sacerdote nuevo» (Sígueme) se encontrará una excelente contraposición entre lo que la Carta a los Hebreos desarrolla como modelo del sacerdocio en Aarón y en Melquisedec.

Abel Della Costa
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Beata Asunta Marchetti, virgen y fundadora (1 de julio)


Beata Asunta Marchetti, virgen y fundadora

fecha: 1 de julio
n.: 1871 - †: 1948 - país: Brasil
otras formas del nombre: Assunta Marchetti
canonización: 
B: Francisco 25 oct 2014
hagiografía: Congregación
Elogio: En San Pablo, Brasil, beata Asunta Marchetti, virgen y cofundadora de la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo -Scalabrinianas-.
Oración: Oh Jesús, que dijisteis: «Venid a Mí todos los que están afligidos y desconsolados y yo os aliviaré». Te damos gracias por haber hecho de Madre Assunta el consuelo de los migrantes, la madre de los huérfanos y el alivio de los necesitados.
Por tus méritos infinitos y la intercesión de nuestra Madre, María Santísima, glorifica en la tierra tu humilde sierva Madre Assunta y concédeme, por su intercesión, [la gracia que tanto necesito].
(Padre Nuestro, Dios te Salve María y Gloria)
Es la tercera de los once hijos de Carolina Guillarduci y Angelo Marchetti. La primera entre sus hermanas. Nació en Lombrici de Camaiore, provincia de Lucca, Toscana, Italia, en el día 15 de agosto de 1871. Fue bautizada en la Coleggiata de Camaiore, pero sus primeras experiencias de Dios las vivió en Lombrici. Luego en Camaiore cuando era adolescente y joven. Seguramente, en los estudios, no pasó de la primaria. Era muy comprometida para los servicios de la casa, con los menores, con las manualidades. Por su constitución física robusta y saludable sustituía, cuando necesario, al padre o al hermano José en las tareas en el molino. Retrasó su entrada en el Carmelo para ayudar a la madre debilitada de salud y con tantos hijos pequeños. El año 1892 fue para ella un tiempo de profundas emociones: José Marchetti, su hermano, fue ordenado sacerdote a los 23 años lo que ciertamente le fue de gran consolación y júbilo. Pero, en este mismo año murió su padre. Un motivo más para posponer su ingreso en el Carmelo de Camaiore.
El corazón y la mente de Asunta Marchetti estaban totalmente orientados a la vida de clausura, aspiraba profundamente una vida de escondimiento, silencio, oración y trabajo. Un día, el P. Marchetti, su hermano, llegó a la casa cuando volvía del según viaje a Brasil acompañando a los emigrantes italianos en la travesía. Había hecho una cosa muy buena para los niños italianos huérfanos: un orfanato en donde se les brindaría una educación integral. Le dijo que 250 niños esperaban por cuidados de todos los tipos: físico, espiritual, cultural, psicológico, social y profesional. “Son niños y son italianos” le decía él. Como resistía y seguía adelante con su idea de enclaustrarse, P. Marchetti le pidió que fuera preguntar al Sagrado Corazón de Jesús qué pensaba al respeto.
Asunta comprendió que Dios le pedía cambiar su proyecto personal para abrazar aquel que Marchetti le presentara: la misión. Desde este instante Asunta fue la madre, la hermana, la enfermera, la educadora, la sierva de los huérfanos y abandonados en el exterior. Jamás volvió, o deseo volver atrás. Fue misionaria a tiempo pleno de los últimos en la migración.
Con sus compañeras Carolina Guillarduci (su madre), Maria Franceschini y Angela Larini (vocacionadas de P. Marchetti en Compignano), se fue a Brasil pasando por Piacenza para recibir el envío y el Crucifijo (compañero inseparable) de las manos del beato Juan Bautista Scalabrini, fundador de la Pía Sociedad para los emigrantes a la cual pertenecía P. Marchetti, el día 25 de octubre de 1895, este día es considerado el día de fundación de la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas, que se llamó en la época «Siervas de los Huérfanos y Abandonados en el Exterior». Fue el único día en que estuvieron reunidos el fundador Beato Monseñor Juan Bautista Scalabrini y los dos co-fundadores Siervo de Dios Padre José Marchetti y beata Madre Asunta Marchetti. Al año siguiente, 14 de diciembre de 1896, P. Marchetti, agotado por las fatigas apostólicas entrega su alma al Señor. La superiora de la pequeña comunidad, Carolina Guillarduci, no soportando la altísima presión que sobre ella cayera con la muerte del hijo, abandona la comunidad y vuelve a Italia. Hermana Asunta sigue con su misión, ahora mucho más exigente y sufrida: sin José y sin Carolina. Las dos compañeras se enferman, también por las carencias sufridas. Una muere en 1899 y la otra en 1901.
En 1900 junto con sus compañeras escribe a Scalabrini pidiendo protección, pues las hermanas que él había mandado para ayudarlas quería cambiar todo: nombre, misión, hábito. Sin una respuesta directa tuvo que callarse y obedecer por siete años. Después que los dos institutos se separan, ella organizó otro noviciado por orden del obispo del lugar. Luego en 1912 Madre Asunta y sus compañeras hacen los votos perpetuos y ella es nombrada, por el ordinario del lugar, Superiora General de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas. En 1927 una vez más, el instituto sufrió otro cisma, de esta vez con las Clementinas que querían cambiar nombre, misión y hábito. Hubo intervención de la Santa Sede. Una vez más Madre Asunta debe tomar en manos el timón de la Congregación. Es electa Superiora General.
En 1934 debe escribir la historia el instituto y con el auxilio de un escribano recuenta en Brevi Cenni el camino recorrido por las Hermanas MSCS hasta aquel año. En 1948, el 1 de julio, en paz consigo y con todos descansa para siempre en el Señor luego de comulgar en las horas de la mañana. Todos sabían en su corazón que una santa se había muerto. La Congregación estaba segura y consolidada. En este mismo año sus constituciones fueron aprobadas y pasó a ser de derecho pontificio.

Extraído de la semblanza biográfica a cargo de la Hna. Erta Lemos. Hay en internet una extensa biografía en pdf, a cargo de la Hna. Laura Bondi, mscs, en italiano.
fuente: Congregación
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ingreso o última modificación relevante: 12-1-2015
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_5015

Penitenciaría Apostólica: El secreto de confesión es inviolable 01072019

© Cathopic/Dimitri Conejo Sanz

Penitenciaría Apostólica: El secreto de confesión es inviolable

Nota sobre el sello sacramental y el foro interno
(ZENIT- 1 julio 2019).- La Penitenciaria Apostólica considera “urgente” recordar la inviolabilidad del sello sacramental de la confesión, basado en la “ley divina” y que este no admite ninguna excepción: “El sacerdote confesor, actuando in persona Christi capitis, conoce los pecados del penitente ‘no como hombre, sino como Dios’. De este modo, está llamado a defender el secreto de confesión no por “lealtad”, sino “por respeto a la santidad del sacramento”.
Hoy, 1 de julio de 2019, la Penitenciaría Apostólica ha publicado una Nota aprobada por el Papa Francisco y firmada por el cardenal Mauro Piacenza, penitenciario mayor y por Mons. Krzysztof Nykiel, regente. En ella se tratan dos temas centrales para la teología, el derecho y la práctica de la Iglesia, pero quizás extraños para la opinión pública: la sacralidad del foro interno y la inviolabilidad del sello sacramental.
En el documento explicativo de la Nota se describe que esta surge con la finalidad de ponerse “al servicio de Pedro, de la Iglesia y de todos los hombres de buena voluntad, reafirmando su importancia y favoreciendo una mejor comprensión de tales conceptos que actualmente parecen ser en gran parte incomprendidos o incluso, en algunos casos, contrastados”.
El texto explicativo alude a que el Papa Francisco ha subrayado repetidamente los dos temas señalados y a que la Nota parte de la constatación de que vivimos en una sociedad “mediatizada”, en la que a “los medios de comunicación no corresponde, en general, un compromiso similar con la búsqueda de la verdad, sino más bien el deseo morboso de que circulen  noticias, verdaderas o falsas, amplificadas o disminuidas según los intereses”.
Asimismo, insiste en que el secreto de confesión no es equiparable al secreto profesional de actividades como la medicina o la abogacía, de manera que las legislaciones no puedan entrometerse en la inviolabilidad de dicho sello sacramental.
El sello sacramental tampoco puede ser disuelto por el propio penitente, ya que este habla a Dios, no a un hombre, y la Iglesia establece penas severas para aquellos que violen el mismo porque: “Si la confianza en el sello fuera defraudada, se desalentaría a los fieles para acceder al sacramento de la Reconciliación, y esto, obviamente, con un daño grave para las almas”.
En segundo lugar, la Nota se refiere a los casos referidos al foro interno fuera del sacramento de la penitencia, como el de la dirección espiritual. En estos casos, la ley canónica garantiza una discreción especial a este tipo de conversación espiritual, ya que en ella interviene la intimidad de las personas para discernir y escuchar la voluntad de Dios. Además, establece medidas para evitar los abusos de poder, como evitar las consultas a los directores espirituales y confesores cuando se produce el ingreso a una Orden.
En cuanto a las excepciones sobre estos secretos, el texto confirma que, en virtud de la ley natural, deben ser guardados siempre, “salvo los casos excepcionales en los que el no revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la verdad “, según establece el Catecismo de la Iglesia Católica en el punto número 2491.
Por otro lado, de manera más general, se propone como criterio “conformar la propia vida al precepto del amor fraternal, con los ojos puestos en el bien y la seguridad, el respeto por la vida privada y el bien común”.
La Penitenciaria resalta que estas aclaraciones no pretende ser “una justificación o una forma de tolerancia ante los execrables casos de abuso perpetrados por miembros del clero. Ningún compromiso es aceptable a la hora de promover la protección de los menores y de las personas vulnerables, y de prevenir y combatir todas las formas de abuso, en el espíritu de lo que el Papa Francisco ha reiterado constantemente y que recientemente ha regulado con el Motu Proprio Vox estis lux mundi (7 de mayo de 2019)”.
A continuación se expone el texto explicativo completo sobre la Nota de la Penitenciaria Apostólica.
***
Presentación de la Nota de la Penitenciaría Apostólica sobre la importancia del foro interno y la inviolabilidad del sello sacramental
Con motivo de la reciente audiencia  a los participantes en el Curso sobre el foro interno organizado por la Penitenciaría Apostólica (29 de marzo de 2019), el Papa Francisco ha puesto repetidamente el acento sobre dos temas tan centrales para la teología, el derecho y la práctica de la Iglesia como extraños para la opinión pública actual: la sacralidad del foro interno y la inviolabilidad del sello sacramental.
Al comienzo del discurso, el Santo Padre recordaba, en primer lugar, la naturaleza sagrada del foro interno, el ámbito íntimo de la relación entre Dios y los fieles, que no siempre se comprende y protege correctamente, incluso dentro de la propia comunidad eclesial:
“Y me gustaría agregar, fuera del texto, una palabra sobre el término “foro interno”. No es una tontería ¡es algo serio! El foro interno es foro interno y no puede salir al exterior. Y lo digo porque me he dado cuenta de que en algunos grupos de la Iglesia, los encargados, los superiores —digamos así— mezclan las dos cosas y sacan del foro interno cosas para las decisiones externas y viceversa. Por favor, ¡esto es un pecado! Es un pecado contra la dignidad de la persona que se fía del sacerdote, que pone de manifiesto su realidad para pedir perdón, y luego esto se utiliza para arreglar las cosas de un grupo o un movimiento, tal vez —no lo sé, invento— , tal vez incluso de una nueva congregación, no lo sé. Pero el foro interno es el foro interno. Es una cosa sagrada. Quería decir esto porque me preocupa.”
Posteriormente, el mismo pontífice reiteraba la inviolabilidad absoluta del sello sacramental, garantía indispensable del sacramento de la reconciliación:
“La Reconciliación, en sí misma, es un bien que la sabiduría de la Iglesia ha salvaguardado siempre con toda su fuerza moral y jurídica con el sello sacramental. Aunque este hecho no sea siempre entendido por la mentalidad moderna, es indispensable para la santidad del sacramento y para la libertad de conciencia del penitente, que debe estar seguro, en cualquier momento, de que el coloquio sacramental permanecerá en el secreto del confesionario, entre su conciencia que se abre a la gracia y Dios, con la mediación necesaria del sacerdote. El sello sacramental es indispensable y ningún poder humano tiene jurisdicción, ni puede reclamarla, sobre él.”
La Penitenciaría Apostólica, que desde hace ocho siglos es sido el Tribunal Apostólico encargado de tratar los asuntos que conciernen al foro interno, conoce bien el valor inestimable del secreto sacramental, de la reserva, de la inviolabilidad de la conciencia. Al redactar la Nota que ahora se presenta, ha querido ponerse al servicio de Pedro, de la Iglesia y de todos los hombres de buena voluntad, reafirmando su importancia y favoreciendo una mejor comprensión de tales conceptos que actualmente parecen ser en gran parte incomprendidos o incluso, en algunos casos, contrastados.
El documento parte  de la observación de que en la sociedad actual  fuertemente “mediatizada”, al desarrollo tecnológico y a la implementación de los medios de comunicación no corresponde, en general,  un compromiso similar con la búsqueda de la verdad, sino más bien el deseo morboso de que circulen  noticias, verdaderas o falsas, amplificadas o disminuidas según los intereses. Hoy todo se exhibe, todo debe ser conocido. “Al invocar, de hecho,  el juicio de la opinión pública como último tribunal, con demasiada frecuencia se divulga información de todo tipo, perteneciente también a las esferas más privadas y reservadas, que inevitablemente (…) inducen, -o por lo menos favorecen-, juicios temerarios, dañan ilegítima e irreparablemente la buena reputación de los demás”. Esta actitud generalizada también se refleja sobre la Iglesia, cuyo ordenamiento jurídico se querría, a veces, conformar  al de los Estados en los que vive en nombre de una supuesta corrección  y transparencia.
En este contexto, la Penitenciaría Apostólica ha considerado urgente recordar, en primer lugar, la inviolabilidad absoluta del sello sacramental, que se basa en la ley divina y no admite ninguna excepción. El sacerdote confesor, actuando in persona Christi capitis, conoce los pecados del penitente “no como hombre, sino como Dios”, según una conocida expresión de Santo Tomás de Aquino. Por esta razón, está llamado a defender el secreto del contenido de la Confesión no solo por “lealtad” hacia el penitente, sino, más aún, por respeto a la santidad del sacramento.
En este sentido, es esencial insistir en lo incomparable del sello de confesión con el secreto profesional al que pertenecen determinadas categorías (médicos, farmacéuticos, abogados, etc.) para evitar que las legislaciones seculares apliquen al sello –inviolable- las excepciones legítimamente provistas para el secreto profesional
El secreto de la confesión no es una obligación impuesta desde el exterior, sino un requisito intrínseco del sacramento y, como tal, no puede ser disuelto ni siquiera por el penitente. El penitente no habla al confesor- hombre, sino a Dios, por lo cual apoderarse de lo que es de Dios sería un sacrilegio. Atañe a la defensa del mismo sacramento, instituido por Cristo para ser un puerto seguro de salvación para los pecadores. Si la confianza en el sello fuera defraudada, se desalentaría a los fieles para acceder al sacramento de la Reconciliación, y esto, obviamente, con un daño grave para las almas. Por otro lado, es precisamente esta preocupación por la salus animarum lo que mueve a la Iglesia a establecer las penas más severas para aquellos que violan el sello (véase can. 1388 CIC; can. 728, § 1, n. 1 y can. 1456 CCEO).
En segundo lugar, la Nota considera el ámbito  jurídico-moral propio de esos actos del foro interno que se realizan fuera del sacramento de la Penitencia. El ejemplo clásico es el de la dirección espiritual. También en estos casos, la ley canónica garantiza una reserva especial a la conversación espiritual, que involucra la esfera más íntima y personal de los fieles para  poder escuchar y discernir la voluntad de Dios. Así, por ejemplo, con motivo de la admisión al Orden sagrado, está prohibido pedir el parecer no solo del confesor sino también del director espiritual del candidato, para evitar cualquier posible abuso de poder.
Finalmente, el último punto de la Nota trata de los otros “tipos” de secreto que están fuera del alcance del foro interno. En este sentido, se reafirma el principio del derecho natural a guardar el secreto, “salvo los casos excepcionales en los que el no revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la verdad. “.(CCC, n. 2491). De manera más general, al comunicar u ocultar la verdad, la Nota propone como criterio general el de “conformar la propia vida al precepto del amor fraternal, con los ojos puestos en el bien y la seguridad, el respeto por la vida privada y el bien común”.
Cabe señalar que el texto de la Nota no puede y no quiere ser ninguna manera una justificación o una forma de tolerancia ante los execrables casos de abuso perpetrados por miembros del clero. Ningún compromiso es aceptable a la hora de promover la protección de los menores y de las personas vulnerables, y de prevenir y combatir todas las formas de abuso, en el espíritu de lo que el Papa Francisco ha reiterado constantemente y que recientemente ha regulado con el Motu Proprio Vox estis lux mundi (7 de mayo de 2019).
Al publicar una Nota sobre la importancia del foro interno y la inviolabilidad del sello sacramental, la Penitenciaría tiene la convicción absoluta de que “la defensa del sello sacramental y la santidad de la confesión nunca pueden constituir una forma de connivencia con el mal, al contrario, representan el único antídoto verdadero contra el mal que amenaza al hombre y al mundo entero; son la posibilidad real de rendirse al amor de Dios, de dejarse convertir y transformar por este amor, aprendiendo a corresponderle concretamente con la propia vida”.
Card. Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor
Mons. Krzysztof Nykiel, Regente
Publicamos a continuación el link, en italiano, a la Nota de la Penitenciaría Apostólica sobre la importancia del foro interno y la inviolabilidad del sello sacramental
© Librería Editorial Vaticana

Beato Antonio Rosmini Serbati, 1 de julio

Antonio Rosmini Serbati - Wikimedia Commons

Beato Antonio Rosmini Serbati, 1 de julio

Fundador del Instituto de la Caridad
«Gigante de la cultura, fundador del Instituto de la Caridad, y el Instituto de las Hermanas de la Providencia. El Concilio Vaticano II revocó la condena que pesaba sobre sus obras»
A punto de ser beatificado en 2007, Benedicto XVI ensalzó su «caridad intelectual», y el cardenal Saraiva lo calificó como un «gigante de la cultura». Rosmini fue un abanderado de la unidad entre fe y razón, y ello le acarreó un singular calvario. Nació en Rovereto, Italia, el 24 de marzo de 1797. Pertenecía a una noble y acomodada familia. El hecho de ser bautizado al día siguiente, en la festividad de la Anunciación, tuvo gran relieve para él: «Con el darme Dios el privilegio de nacer a la gracia en la festividad de María, mostró el querer dármela por mi Madre y Protectora. Pueda yo corresponderle y amarla, como me propongo por la eternidad». Este signo rubricó momentos específicos de su vida.
En el hogar reinaba la piedad. Dios bendijo a los padres con el compromiso religioso de la primogénita, que fue canossiana, y el beato, segundo en orden de nacimiento. Al último, más distante de la fe, no le faltó la comprensión de sus hermanos. Para Antonio, su tío paterno Ambrogio, un reputado arquitecto y pintor, fue un referente importante en su formación, aunque él a los 5 años sabía leer y escribir; aprendió con la Biblia, las actas de los mártires y las vidas de santos. Sus padres alentaron su afán por el estudio y la investigación, ya notorios cuando tenía 7 años. A los 15, aunando este amor a los libros con la vida espiritual, fundó la academia «Vannettiana»; en ella los niños compartían estudio, caridad y oración.
A los 16 años se despertó su vocación sacerdotal, un ideal que mantuvo aunque no fue compartido por su familia inicialmente. Estudió en la universidad de Padua y allí mostró unas cualidades excepcionales para penetrar en los entresijos de la ciencia y de las humanidades. Era experto conocedor de un amplio abanico de disciplinas que incluían: filosofía, política, derecho, educación, ciencia, psicología y arte. Precisamente su vasto conocimiento le mostró con nítida claridad que ninguna de ellas constituía un peligro para la fe, sino que, más bien, eran «unas aliadas necesarias», como subrayó Juan Pablo II en 1998.
Fue ordenado sacerdote en 1821. Asumió su ministerio con claras y santas ideas. «El sacerdote debe ser un hombre nuevo: vivir en el cielo con el corazón y la mente, conversando siempre con Cristo; regresar del altar un santo, un apóstol, un hombre lleno de Dios. Debe avanzar en todas las virtudes, ser el primero en amar el trabajo duro, la humillación, el sufrimiento…, un modelo de perfecta obediencia, debe vivir la caridad para con el prójimo como una llama que prende fuego a todo el mundo».Oración, estudio, caridad… fueron la tónica de sus jornadas. Pío VIII le animó a que se dedicara a escribir y dejase en segundo lugar la vida activa. Alessandro Manzini, escritor y poeta, entrañable amigo de Antonio, no ocultó su admiración por él. Dijo que «era una de las cinco o seis más altas inteligencias filosóficas que Dios había brindado a la Humanidad». Además, no solo tenía talento. Era un hombre prudente, íntegro, dispuesto, sobre todo, a cumplir la voluntad de Dios; daba pruebas de su vocación y vivía en comunión con la Sede Apostólica; todo ello fue resaltado por Gregorio XVI en su Carta In sublimide 1839.
Impulsó la Enciclopedia cristiana, que contrapuso a la francesa, y la Sociedad de los amigos para la animación cristiana de la sociedad. Aunque estas obras no tuvieron excesiva trascendencia, de algún modo ratificaron su anhelo de poner al servicio de los demás todo lo que poseía, esperando que pudiera servirles de ayuda. Ello incluía su asistencia espiritual, la donación de los bienes materiales y su bagaje intelectual, porque sabía que era un fecundo instrumento apostólico. Es decir, una magnífica trilogía en la que su caridad evidenciaba destellos espirituales, materiales e intelectuales. Mantuvo una ingente correspondencia epistolar que ha sido recogida en trece volúmenes. Su actividad era admirable. No solo fundó dos institutos masculino y femenino, el de la Caridad, y el de las Hermanas de la Providencia; su intensa labor intelectual le condujo a la creación de un nuevo sistema filosófico. En 1848 desempeñó una misión diplomática para el gobierno piamontés ante la Santa Sede, pero renunció debido a su rotunda discrepancia con los intereses políticos de aquél.
Su creación intelectual estuvo en el punto de mira del Magisterio de la Iglesia, y ello motivó su exilio a Gaeta ese mismo año de 1848 junto a Pío IX, del que fue su consejero. En 1849 cayó en desgracia ante el pontífice y regresó al norte de Italia. Supo por el camino que dos de sus obras se habían incluido en el Índicede libros prohibidos; detrás hubo un maquiavélico entramado de rencillas. Sufrió humillaciones y persecución con el espíritu de un fiel hijo de Dios y de la Iglesia, viviendo heroicamente la caridad y la humildad. Según sus palabras: solía «mirar las cosas desde lo alto». Había sido designado cardenal, pero nunca fue consagrado como tal. El centro de su espiritualidad, de innegable influencia mariana, fue: «el Principio de disponibilidad» a la voluntad de Dios en un doble movimiento: 1) No hacer obra exterior alguna por mi cuenta, sino purificarme, orar y esperar el signo que es voluntad de Dios. 2) No rechazar nada de todo lo que la voluntad de Dios me pide a través de las circunstancias. Bíblicamente: «Dejarme llevar por el Espíritu de Dios» (Rm 8,14).
El proceso sobre su obra le acompañó hasta el final. Mostró su convencimiento de que todo estaba en manos de Dios, asegurando que él se sentía «bastante inútil». Murió en Stresa el 1 de julio de 1855. En 1887 cuarenta proposiciones suyas contenidas en diversas obras publicadas e inéditas fueron condenadas con el decreto doctrinal, Post obitum, de la Sagrada Congregación del Santo Oficio. Pero su obra fue valorada en el Concilio Vaticano II y su condena se revocó en 2001. Benedicto XVI lo beatificó el 18 de noviembre de 2007.

San Bernardino Realino. Modelo de Confesor. Auxilio de los enfermos y los presos (2 de julio)

San Bernardino Realino. Modelo de Confesor. Auxilio de los enfermos y los presos

san bernardino realino auxilio de los enfermos y de los cautivos

San Bernardino Realino se entregó al cuidado de los presos y enfermos, al ministerio de la Palabra y del Sacramento de la Penitencia

San Bernardino Realino (1 diciembre 1530 al 2 julio 1616) fue un sacerdote jesuita de Italia. Un gran predicador y modelo de confesor. Pasó toda su carrera en el ministerio en la zona de Nápoles y en Lecce, ocupándose de la atención a los enfermos y de los presos.

Fiesta: 02 de julio

Martirologio Romano: En Lecce, en la Apulia, san Bernardino Realino, presbítero de la Compañía de Jesús, ilustre por su caridad y su benignidad, que, despreciando los honores del mundo, se entregó al cuidado pastoral de los presos y de los enfermos, y al ministerio de la palabra y del sacramento de la penitencia. (1530-1616).

Biografía de San Bernardino Realino

San Bernardino Realino nació en una familia noble de Capri, Italia en 1530. Después de recibir una educación cristiana profunda y devota a manos de su madre, se fue a estudiar medicina en la Universidad de Bolonia, pero después de tres años cambió a leyes y recibió su doctorado en 1563.
La noticia de su aprendizaje, dedicación y brillantez legal se extendió rápidamente, y en 1554 fue convocado a Nápoles para asumir el cargo de auditor y teniente general.
Poco después, siendo aún joven y ejemplar, San Bernardino Realino llegó a la conclusión de que tenía una vocación religiosa y, ayudado por su devoción a la Virgen, se unió a la Compañía de Jesús, siendo ordenado sacerdote en 1567.
Durante tres años trabajó sin descanso en Nápoles, dedicándose con entusiasmo al servicio de los pobres y a los jóvenes, y luego fue enviado a Lecce, donde permaneció durante los últimos cuarenta y dos años de su vida.

Sus obras y apostolados

San Bernardino ganó un amplio reconocimiento como resultado de sus labores apostólicas incesantes. Él era un confesor modelo, un poderoso predicador, un maestro diligente de la fe a los jóvenes, un pastor dedicado de almas, así como rector de la universidad jesuita en Lecce y Superior de la Comunidad.
Su caridad a los pobres y los enfermos no tenía límites y su bondad provocó el final de venganzas y escándalos públicos que surgieron de vez en cuando.
Así fue que en gran medida, este santo amado y apreciado por su pueblo, en el año 1616, mientras yacía en su lecho de muerte, muchos magistrados de la ciudad solicitaron formalmente que él debía tomar la ciudad bajo su protección.

Su muerte

Incapaz de hablar, San Bernardino Realino inclinó la cabeza. Murió con los nombres de Jesús y María en los labios. Su fiesta es el 02 de julio. Tenía 86 años
Después de su muerte en 1616, se reportaron que las reliquias de su sangre manifestaron el milagro de la licuefacción.
San Bernardino fue canonizado en 1947 por el Papa Pío XII. Su fiesta es el 2 de julio. Sus reliquias se conservan en Lecce, en la Iglesia del Gesú.
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Santa Monegundis de Tours, reclusa y abadesa. (2 de julio)

Santa Monegundis de Tours, reclusa y abadesa.

De pan y agua, de sal y aceite.

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Bendición de la sal y el aceite.
Bendición de la sal y el aceite.
Santa Monegundis de Tours, reclusa y abadesa. 2 de julio.

Lo que de su vida de conoce, lo escribió San Gregorio de Tours (17 de noviembre) en su "De vitiis patrum". La infancia se pasa por alto, y solo nos cuenta que era oriunda de Chartres. Su historia comienza sabiéndola felizmente casada y con dos hijas. Su vida pareció terminar cuando sus dos hijas murieron en la infancia, y Monegundis cayó en una gran tristeza, en la que solo su fe era su consuelo.

Luego de un año de melancolía y llanto, pidió a su marido le permitiera abandonarle y hacer vida eremítica, dedicada a la oración y la penitencia. Con dolor aceptó su marido, la dejó libre, y Monegundis se retiró a una ermita que edificó a las afueras de Chartres, llevando consigo solamente una estera. Se alimentaba únicamente de pan de centeno seco remojado en el agua que le llevaba una antigua criada. Esta se cansó de aquella labor caritativa y durante cinco días Monegundis no tuvo para comer ni beber. Imploró a Dios y de pronto cayó una nevada, a pesar de ser verano, que permitió a la reclusa recoger agua. La ermita estaba en un bello prado que Monegundis hizo cercar para estar a solas y sin molestias, pero una vecina curiosa, quiso espiarla y al verla por encima de la valla, quedó ciega. Lloró su curiosidad y pidió perdón a la santa, la cual, trazando la señal de la cruz sobre ella, la sanó.

Este y otros portentos, como sanar a un sordo, hizo que cada vez tuviera menos soledad y paz, y se le comenzara a llamar “la santa” y así, luego de unos años de retiro en Chartres, Monegundis se trasladó a Tours y se retiró en un sitio cercano a la tumba del gran San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias; 1 y 13 de diciembre, traslaciones). Allí se dedicó igualmente a la oración y la penitencia, y dedicando largas horas a la meditación. Pronto se convirtió en un oráculo de santidad, pues los que la visitaban, consultaban o se encomendaban a sus oraciones hallaban la salud o la paz perdida. Tanto creció su fama, que su marido, parientes y los habitantes de Chartes le pedían insistentemente que volviera a la ciudad. La santa temió no agradarles y se puso en camino, pero antes de llegar, tuvo una revelación en la que Dios le confirmaba que le quería en Tours, y sin más, se regresó para dedicarse en exclusiva al culto del santo obispo de Tours.
Al poco tiempo tuvo algunas discípulas y le fue preciso fundar un monasterio dedicado a San Pedro, para el cual escribió su propia Regla. Vivían del trabajo de sus manos, servían a Dios y a los pobres y peregrinos. Muchos años vivió Monegundis a cargo de su monasterio y cuando se sintió morir reunió en torno suyo a las monjas y les pidió no estuvieran tristes, porque en el cielo ella les sería más útil. Bendijo un poco de sal y de aceite que allí habían y por los cuales se obraron luego de su muerte muchos milagros; el principal, que nunca menguaban ambos elementos aunque se usaran mucho. Murió sobre el 570 y fue enterrada en su monasterio.

Su tumba fue meta de peregrinos durante toda la Edad Media, por la cantidad de milagros que allí ocurrían. Uno de ellos cuenta que un ciego que era muy devoto de San Martín, oyendo los milagros que se narraban de Monegundis se fue a su tumba a rezarle. Obtuvo la curación de un ojo, y extrañado, siguió rezando a la santa, la cual se le apareció una noche y le confió que sanaría del otro ojo, si visitaba las reliquias de San Martín. Y así sucedió. Las reliquias de la santa fueron profanadas por los calvinistas en 1562, y se perdieron para siempre.

Fuente:
-"Crónica de la Orden de S. Benito, patriarca de religiosos". Fr. Antonio de Yepes. Irache, 1609.


A 2 de julio además se celebra a San Juan Francisco Regis, jesuita.