domingo, 1 de diciembre de 2019

Novena a la Inmaculada Concepción.Día 3: ¿Por qué María es Inmaculada? (1 de diciembre)

Novena a la Inmaculada Concepción.Día 3: ¿Por qué María es Inmaculada?

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Debido a que María iba a ser la Madre de Jesús, el Salvador, era justo y apropiado que ella tuviese lo que Adán y Eva tenían y perdieron

  
La Santísima Virgen María fue, desde el primer momento de su concepción, por una singular gracia y privilegio del Dios Todopoderoso y en virtud de los méritos de Jesucristo, Salvador de la raza humana, inmune a toda mancha del pecado original, "Proclamación del Papa Pío IX en 1854
A diferencia de Cristo, que según la Escritura se dice que nació de nacimiento virginal, La Santísima Virgen María fue concebida de una manera normal, biológica.
Pero, por el designio divino de ser la madre del hijo de Dios, María fue privilegiada como "llena de gracia" en el momento de su concepción, significando que estaba libre del pecado original
Esta novena a la Inmaculada concepción, nos invita a la oración constante, a profundizar la Palabra de Dios y meditarla en el corazón
A continuación te indicamos el modo de rezar la novena a la Inmaculada Concepción
  • Señal de la Cruz
  • Acto de contrición
  • Oración inicial
  • Oración para el día correspondiente
  • Oración final

1.- Señal de la Cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

2.- Acto de contrición

Jesús, mi Señor y Redentor: Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos, ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confió en que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén

3.- Oración inicial

A ti, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta novena, para rogarte que nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado.
Acuérdate, Virgen Santa, que has sido hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloría, sino también para nuestra salvación y provecho de todo el género humano.
Acuérdate que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu auxilio, haya sido desamparado. No me dejes, pues, a mi tampoco, porque si me dejas me perderé; que yo tampoco quiero dejarte, antes bien, cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción.
Alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un grande aprecio de la virtud cristiana, y la tercera, una buena muerte.
Además, dame la gracia particular que te pido en esta novena
- Realizar aquí su petición -

4.- Meditación del tercer día: ¿Por qué María es Inmaculada?

A través del pecado, Adán y Eva arrojaron la vida divina que llamamos gracia. Y puesto que ellos fueron los antepasados de todos nosotros, hemos perdido a través de su error, la herencia que por derecho debería ser nuestra.
Todos los hombres, los hijos de Adán y Eva, nacieron sin la gracia, sin vida divina, sin el poder de mirar el rostro de Dios, ni conocer o poseerlo.
Entonces vino María. Debido a que ella iba a ser la Madre de Cristo, el Salvador, era justo y apropiado que ella tuviese todo lo que nuestros primeros padres poseían.
La que iba a ser la Madre de Dios tiene que ser también la hija amada de Dios
Oración: Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.
Rezar tres Avemarías
Jaculatoria: "Tu Inmaculada Concepción, oh Virgen Madre de Dios, anunció alegría al universo mundo"

5.- Oración a la Inmaculada Concepción

Oh Dios, que por la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, hiciste preparar una morada digna de tu Hijo, te suplicamos que, así como a ella la preservaste de toda mancha en previsión de la muerte del mismo Hijo, concédenos también que, por medio de su intercesión, podamos llegar purificados de todo pecado a tu presencia.
Por el mismo Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Todos los días de la novena:
 
 
Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Con aportes de: Bellarmine Forum

Beato Charles de Foucauld, presbítero y fundador (1 de diciembre)


Beato Charles de Foucauld, presbítero y fundador

fecha: 1 de diciembre
n.: 1858 - †: 1916 - país: África Septentrional
otras formas del nombre: Carlos de Jesús
canonización: 
B: Benedicto XVI 13 nov 2005
hagiografía: Congregación
Elogio: En Tamanrasset, Argelia, beato Charles de Foucauld, presbítero.
Carlos de Foucauld es el gran explorador francés que se hizo testigo del Evangelio entre los tuaregs del Sahara. Nace en Strassbourg (Francia) el 15 de setiembre de 1858 en el seno de una familia noble. Su familia le ofrece un ambiente religioso, pero en los centros de estudio encuentra un ambiente neutro, lo que unido a su temperamento inquieto y fogoso y a la falta de una adecuada orientación educativa, determina que viva una juventud extremadamente disoluta. Pierde la fe a los dieciséis años y permanece en estado de indiferencia durante más de doce años. Al llegar la mayoría de edad, entra en posesión de una rica herencia, que dilapida con su vida licenciosa.
En 1878 ingresa en el ejército y marcha como subteniente a África, en la época en que Francia colonizaba Argelia. Se licencia en 1883 para dedicarse a explorar Marruecos, donde realiza un viaje de tres mil kilómetros, disfrazado de rabino judío, fruto del cual resulta un importante estudio geográfico que le vale la medalla de oro de la Sociedad Geográfica.
Su conversión religiosa se produce en 1886. Descubre que la voluntad de Dios es su ingreso en la vida religiosa, y elige la Trapa (cistercienses), orden religiosa de vida austera, por lo que ingresa en 1890 en la trapa de Nuestra Señora de las Nieves en Francia. Allí conoce la existencia de otra casa de la orden en Akbés, Siria, donde es mayor la pobreza, y pide su traslado, pasando allí seis años. No está satisfecho del todo. A pesar de la vida austera de los monjes, tienen a su servicio labradores pobres de la región, que viven en situación precaria.
En octubre de 1896 sus superiores lo envían a Roma donde estudia teología y, ya a punto de hacer la profesión perpetua, decide dejar la orden. Insatisfecho, busca una vida más auténtica en Nazareth, imitando a Jesús, que pasó allí la mayor parte de su vida con una existencia de obrero, oscura pero redentora. Abandona la orden y se instala en Nazaret como criado de las hermanas clarisas, viviendo en una caseta del huerto y entregándose completamente a la contemplación y a la pobreza. Sueña con compañeros que compartan su vida y redacta la regla de los Hermanitos del Sagrado Corazón de Jesús.
La larga estadía en Nazareth lo empuja a buscar otro sitio más pobre, donde continuar el mismo estilo de vida y donde hacer presente a Jesús por medio de su vida oculta. Para ello en 1901 viaja a Francia para ordenarse sacerdote y decide establecerse en Marruecos, pero ante la imposibilidad de hacerlo, se instala en en Beni-Abbés, Argelia, cerca de la frontera con Marruecos. Allí vive su vocación de vida de Nazareth, oculta y pobre, al servicio de los hombres, especialmente de los más necesitados. Pasa largas horas en adoración de la Eucaristía, vive como hermano de todos, acogiendo a pobres y enfermos sin distinción de raza o religión. Desde allí realiza varios viajes por Argelia, siempre en busca de los más pobres.
«Vivió en la pobreza, en la contemplación, en la humildad, testimoniando fraternalmente el amor de Dios entre los cristianos, los judíos y los musulmanes», recuerda el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, durante la ceremonia de promulgación del decreto de reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión. Este aspecto de «hermano universal» es importante dentro de su espiritualidad: una llamada a encarnar el amor y el servicio entre los más humildes y abandonados a través de la amistad y el testimonio silencioso. Este amor, llevado a sus últimas consecuencias, exige compartir la condición social de los más pobres, el trabajo manual, el servicio incondicional. Atraído por el deseo de ponerse en contacto con las tribus tuareg, se establece en 1905 en Tamanrasset, (Hoggar), en pleno corazón del Sahara, como el hermano Marie-Albéric. Los bereberes lo llaman «marabut». Allí lleva una vida semejante a la de Beni-Abbés. Para preparar el camino a futuros misioneros lleva a cabo una serie de estudios lingüísticos de gran calidad científica. Escribe varios libros sobre los tuaregs, en particular una gramática y un diccionario bilingüe francés-tuareg. Surge en torno a él la comunidad de los Hermanitos de Jesús, empeñados en la evangelización de los tuaregs del Sahara.
El 1 de diciembre de 1916, a la edad de 58 años, Carlos muere por un disparo de fusil en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Apresado y maniatado por una banda rebelde, un muchacho lo vigila, mientras los demás se dedican al saqueo de su residencia. El vigilante, nervioso al creer que llegan soldados, lo mata de un disparo en la cabeza.
El hermano Charles quería crear una congregación que compartiera su carisma, para lo que escribió diversas reglas, pero no lo logró en vida, excepto una pequeña «Unión de laicos» que contaba con unas decenas de adscritos en el momento de su muerte. Más adelante, a partir de 1933, comienzan a constituirse grupos que desean vivir las diversas facetas del carisma del hermano Charles, adoptando diversas formas: congregación religiosa, instituto secular, asociaciones de laicos, asociación de sacerdotes, etc., y subrayando cada uno tal o cual aspecto del carisma. Diez congregaciones religiosas y ocho asociaciones de vida espiritual han surgido de su testimonio. Surgen así los Hermanitos de Jesús, Hermanitas de Jesús, Hermanitos del Evangelio, Hermanitas del Sagrado Corazón, Hermanitas del Evangelio, Hermanitas de Nazareth, etc; como instituto secular la Fraternidad Jesús Caritas, como laicas consagradas la Fraternidad Charles de Foucauld, como asociación de fieles la Fraternidad Secular Charles de Foucauld, como asociación de sacerdotes diocesanos la Fraternidad Sacerdotal Jesús Caritas, etc.
«La forma en que el hermano Charles de Foucauld imitó a Jesús de Nazareth nos ha seducido», dicen quienes integran la amplia y variada familia espiritual de este pequeño gran hombre del desierto. Hoy son ya once congregaciones religiosas y ocho asociaciones de vida espiritual extendidas por todo el mundo. Fue beatificado el domingo 13 de noviembre de 2005 en la Basílica de San Pedro del Vaticano.
Padre mío, me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo
con tal que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.
Documento de libre divulgación, copia de un trabajo para uso interno de El Movimiento de la Palabra de Dios.
fuente: Congregación
accedida 1850 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_4716

Beata María Clara del Niño Jesús, virgen y fundadora (1 de diciembre)


can.: B: Benedicto XVI 21 may 2011
país: Portugal - n.: 1843 - †: 1899
formas del nombre: Libania do Carmo Galvao Mexia de Moura Telles de Albuquerque
En Lisboa, Portugal, beata María Clara del Niño Jesús, virgen, fundadora de las Hermanas Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción.

Beato Charles de Foucauld, 1 de diciembre

Beato Charles de Foucauld
Beato Charles De Foucauld

Beato Charles de Foucauld, 1 de diciembre

Se convirtió siendo adulto
«Apóstol de los tuaregs, este Hermano universal de origen aristocrático, que se convirtió siendo adulto, se dejó literalmente la vida en su misión. A él se debe la proliferación de numerosas fundaciones asentadas en su espiritualidad»
Este «misionero del Sahara», apóstol de los tuaregs, nació en Strassbourg, Francia, el 15 de septiembre de 1858. Su origen aristocrático –fue vizconde de Foucauld– inicialmente no le otorgó a su carácter la distinción que cabría esperar en alguien de su alcurnia. Él y su hermana María perdieron a sus padres. Charles tenía 6 años. Creció junto a ella bajo la tutela de su abuelo, encaminándose a la vida militar. Antes había estudiado con los jesuitas, pero en los tres años que estuvo con ellos no parece que sus enseñanzas hicieran mella en su espíritu. Desde sus 16 años vivía alejado de la fe. Como el hijo pródigo, dilapidó la copiosa herencia que le legaron tiñendo su existencia con las sombras de ese ambiente licencioso al que se asomó.
Fue en 1878 cuando se integró en el ejército y dos años más tarde convertido en oficial prestó sus primeros servicios en Sétif, Argelia. Dios no existía entonces para él. Otros intereses mundanos llamaban su atención y al año siguiente su mala conducta supuso su expulsión. A partir de ese momento tuvo una vida ajetreada. Se convirtió en explorador, aunque a la par sondeaba, inquiría íntimamente una respuesta espiritual que, todavía difusa, le inquietaba.
Participó en la revuelta de Bon Mama en Orán del Sur, estudio árabe y hebreo, y en 1883 inició una expedición a Marruecos por la que fue condecorado con la medalla de oro de la Sociedad Geográfica; recorrió Argelia y Túnez. Fue un viaje que preparó su espíritu para ser fecundado por la gracia divina ya que al ver cómo vivían su fe los musulmanes, brotó de su interior esta ardiente súplica: «Dios mío, si existes, haz que te conozca». Esta sinceridad y apertura fueron suficientes para que penetrase la luz divina en su corazón a raudales. En octubre de 1886 cuando se hallaba en París preparando el texto sobre su viaje por Marruecos, inició su itinerario espiritual llevado de la mano del padre Huvelin. Obedeciendo sus indicaciones, se confesó, pese a declararse no creyente, y se sintió totalmente renovado: «Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa sino vivir para El; mi vocación religiosa es del mismo momento que mi fe: Dios es tan grande».
Durante siete años la Trapa fue su hogar. Primeramente pasó uno en la casa de Nuestra Señora de las Nieves, en Francia, y de allí, a petición suya vivió otros seis en la que tenían en Akbés, Siria. Impactado por la experiencia, pero sin terminar de encajar allí totalmente, regresó a Roma para cursar estudios por indicación de sus superiores, pero en 1896 abandonó la comunidad trapense y peregrinó a Tierra Santa. Allí permaneció un tiempo asistiendo a las hermanas clarisas en Nazareth. Fue otro momento importante para su vida espiritual que recorrió impregnándose de la pobreza que hallaba encerrada en estos matices: «No tenemos una pobreza convencional, sino la pobreza de los pobres. La pobreza que, en la vida escondida, no vive de dones ni de limosnas ni de rentas, sino sólo del trabajo manual».
Después de una profunda experiencia casi eremítica, saboreando la riqueza de la contemplación, regresó a Francia donde prosiguió los estudios que en 1901 culminaron con su ordenación sacerdotal en Viviers. Tenía 43 años y una idea apostólica tan clara que no dudó en materializarla: la evangelización de Marruecos. Al no poder residir en el país, como hubiera sido su deseo, se afincó lo más cerca posible, en Beni-Abbés, Argelia. Ya tenía clavada esta convicción: «Haré el bien en la medida en que sea santo». El espíritu de sacrificio, la pobreza, el desvelo por los enfermos y los más necesitados se había convertido en el objetivo prioritario de su vida que había encendido con sus largas horas de adoración ante la Eucaristía: «La Eucaristía es Dios con nosotros, es Dios en nosotros, es Dios que se da perennemente a nosotros, para amar, adorar, abrazar y poseer». Sabía por experiencia y así lo expresó que «cuanto más se ama, mejor se ora». 
Emulando a los mercedarios, liberó esclavos en 1902, y entre 1904 y 1905 se estableció en Tamanrasset junto al pueblo tuaregs del Hoggar argelino. Parecía como si tuviese la impresión de que debía apurar el tiempo. Tabajó con denuedo en una formidable labor de inculturación, primeramente traduciendo al tuareg los evangelios, labor que continuó a la inversa, traduciendo al francés poesía tuareg. Es autor de un diccionario bilingüe francés-tuareg y tuareg-francés, de una gramática y de varias obras sobre esta tribu nómada. Este era su anhelo: «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: ‘Si tal es el servidor, ¿como entonces será el Maestro…’?».
En 1909 puso en marcha la Unión de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón con el objetivo de llevar la fe a África. En los once años que convivió con los tuaregs se hizo uno con ellos sin escatimar esfuerzos, con el gozo de saber que de ese modo cumplía fielmente la misión a la que se sintió llamado por Cristo. Amó al pueblo hasta el fin, y allí entregó su vida. El 1 de diciembre de 1916 una bala de fusil en medio de una emboscada bereber acabó con este gran apóstol que fue beatificado por Benedicto XVI el 13 de noviembre de 2005.
El influjo de su espiritualidad se halla en diversas instituciones: los Hermanitos y las Hermanitas de Jesús, las Hermanitas y los Hermanitos del Evangelio, las Hermanitas de Nazaret, las Hermanitas del Sagrado Corazón, la Fraternidad Jesús Caritas, y la Fraternidad Charles de Foucauld.

¿Cuál fue la religión de Jesús? (Domingo 1º de Adviento A (01.12.2019): Mateo 24,37-44) y “Ellos sí escucharán” (Hechos 28,28-29) (Domingo 1º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ (01.12.2019): Hch 1,1-25)


Leyente y, sobre todo, 'VIGILANTE bueno o ALMENDRO'.
Todo llega, siempre. Y creo que también a punto. Se acabó el año eclesiástico y comenzamos otro nuevo. Será el domingo próximo, primer día de diciembre, año nuevo y feliz con la Filarmónica de Viena, si es preciso.
En la Iglesia se empieza el Ciclo A que, entre otras cosas, es el año en el que se nos leerá en las liturgias de la santa misa y eucaristía el Evangelio de Mateo. Curiosamente, este Evangelio es el que acabo de comentar en los cincuenta y dos comentarios de este último año de la Iglesia. 
En alguno de los días de la próxima semana te llegará un archivo con todos los comentarios de este Evangelio de Mateo.
Así que volveré a comentar al ritmo de las propuestas litúrgicas vaticanas, y para este Ciclo C, este mismo Evangelio de Mateo. Así lo puedes apreciar ya en los comentarios de este domingo que te llegan a continuación. 
Y también en el archivo adjunto.
A este comentario semanal del texto correspondiente añadiré otro comentario. Otra página.
Domingo a domingo pasearé mis neuronas por los mensajes del Libro de los Hechos de los Apóstoles. En un año, en cincuenta y dos comentarios, intentaré aprender a leer este libro del Nuevo Testamento de la Biblia que creo es tan poco conocido y como leído. Me lo parece a mí. Ojalá que esté equivocado.
Semana a semana, leyente y vigilante como el almendro mediterráneo del adviento, compartiré mis devaneos literarios y teológicos de la segunda parte de la obra de Lucas, que eso es lo que quiso ser desde siempre. 
Tenemos tarea, sencilla y completa. Apasionante siempre. Y aquí nos volveremos a encontrar domingo tras domingo. Ilusionados de nuevo. Gracias muy agradecidas por estar, por leer, por escribir.
Un cordial abrazo, almendro viviente.     

Domingo 1º de Adviento A (01.12.2019): Mateo 24,37-44
¿Cuál fue la religión de Jesús? Me lo pregunto y lo escribo CONTIGO,

Día uno de diciembre de dos mil diecinueve. Domingo primero del año de la Iglesia y también, para ella, el primero de su tiempo del Adviento. Y también el primer domingo en que se nos leerá la Buena Noticia de un nuevo Evangelio que comenzamos a leer en el día de hoy, el llamado ‘Evangelio de Mateo’. Y para leer la primera página se nos propone el relato de Mateo 24,37-44. Una elección muy desafortunada  se mire como se quiera. No empezamos bien.

Copio las primeras y las últimas palabras que oirán las gentes del pueblo en la misa de la liturgia de este domingo. Espero que nadie piense que ésta es la primera página del Evangelio de Mateo: “Como en los días de Noé, así será la venida del hijo del hombre... También vosotros estad preparados, porque en el momento en que no penséis, vendrá el hijo del hombre” (Mt 24,37.44). Este breve relato forma parte de un largo y complicado discurso que el Evangelista ha colocado en labios de su Jesús de Nazaret al que identifica aquí como ‘el hijo del hombre’.

En este relato mi atención queda atrapada por un par de referencias entre otras muchas, sin duda: el viejo relato del diluvio (como en los días de Noé) y el sueño de una  nueva aparición divina (vendrá el hijo del hombre). Dos irrealidades. Dos asuntos que sólo existen en la fantasía de quienes viven aquí de forma sospechosa, porque no desean contar lo que sucede. La  realidad de esta vida, ¿puede llegar a ser tan insoportable que sólo merezca la pena refugiarse en un pasado de leyenda o en un futuro que siempre está por llegar?

El relato que se evoca en este texto de Mateo pertenece al libro del Génesis, capítulos sexto a noveno. Una preciosidad de mito. Una literal irrealidad que esconde una seria advertencia para todos los vivientes que conformamos en todo tiempo lo que llamamos ‘humanidad’.

Cuando los humanos dejamos de ser humanos todo deja de tener sentido. No merece la pena vivir. ¿Pasaba todo esto cuando vivía Jesús de Nazaret o cuando escribía de él su Evangelista Mateo en los años ochenta de los tiempos del siglo primero? El peligro de la deshumanización ocurre siempre que los humanos miramos sólo nuestro propio ombligo y desoímos los gritos del dolor de los demás vivientes? Esto pasa ahora, porque el siglo XX también nos pertenece.

¿Y lo del futuro? ¿La venida de un ‘hijo del hombre’? Otro mito que se debe de descifrar. O, al menos, intentarlo. Todos los vivientes venimos a este mundo una sola vez y de la mano de un padre y de una madre. ¿Acaso no es así o es que yo estoy muy equivocado? Nadie ha regresado una segunda vez. El judío y laico Jesús de Nazaret, tampoco. ¿Por qué nos sucede que sobre la ignorancia de lo desconocido ‘del más allá’ todas las religiones se atreven a confesar tantos dogmas y tantas imaginaciones? Lo sabemos bien, la ignorancia es atrevida.

Este brevísimo texto de Mateo debemos de leerlo siempre integrado en el contexto del quinto y último discurso que el narrador colocó en boca de su Jesús de Nazaret al contemplar la ruina y el acabamiento del Templo de Jerusalén, de su Religión, de su Sacerdocio y de sus tradiciones (Mateo 24-25). Que nadie nos engañe (Mt 24,4) y se aproveche de nuestra ignorancia. La vida no se acaba y ‘cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás’ (Mt 7,12). Así fue su religión.
Carmelo Bueno Heras

Domingo 1º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ (01.12.2019): Hch 1,1-25
“Ellos sí escucharán” (Hechos 28,28-29)

El pasado año eclesiástico de 2017-18 comenté en cincuenta y dos páginas la primera parte de la obra de Lucas, el Evangelista del toro. Este Evangelio de Lucas tiene asignado su Ciclo C dentro de la liturgia eclesiástica de la misa. En cambio, la segunda parte de su obra, el llamado libro de Los Hechos de los apóstoles jamás se nos ha leído a las gentes del pueblo en la liturgia eucarística. Jamás en casi veinte siglos. ¿Cuándo va a llegar su hora? ¿Por qué nos lo silencian?

Desde tiempos remotos se le llegó a considerar a este libro como el ‘quinto Evangelio’. En él se nos enseña -a quienes nacimos después de la muerte de Jesús de Nazaret- ¡a resucitarlo! Por esta sola razón me aventuro en la tarea de pasar un año leyendo y compartiendo durante sus cincuenta y dos semanas mis reflexiones y comentarios. Gracias por acompañarme desde aquí.

Por tratar de ser este comentario ordenado, seguido y completo, la primera página que leo es su primer capítulo (Hch 1,1-25). Comentar esta espléndida página de Lucas nos alargaría los párrafos de otras muchas páginas. Y sólo tengo ésta en la que estamos. ¿Veo cuatro partes?

En Hch 1,1-3 encontramos ‘el título’ de este libro y su destinatario, Teófilo. En este caso, tú y yo que nos acercamos a conocer el escrito de Lucas con la pretensión de alimentar el ser adictos (filo, de filía en griego) a lo que llamamos ‘Dios y sus cosas’ (Teo, en griego). Una de las muy importantes cosas de este Dios es la ‘persona de Jesús de Nazaret’ que vivió, murió y sigue vivo. Él nos habló del Reino de Dios y de cómo vivir en este y con este Reino dentro de uno, como ya nos lo había anticipado en Lucas 17,21. ¡Me gusta este modo de comenzar!

En Hch 1,4-12 encontramos, después de cuarenta días, a los seguidores de Jesús reunidos y comiendo. ¿Dónde y cómo vivió el Resucitado Jesús durante este largo mes? Según este narrador, este Jesús se aparecía  a unos y volvía a desaparecer. ¿Se dejaba ver y se ocultaba? Me quedaré con esta pretensión manifestada por los apóstoles: ¿Es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel? ¿Vas a ser por fin el Mesías que siempre estuvimos esperando al modo del rey David, liberador de toda opresión sea  romana o judía? Este sueño continúa aún.  

En Hch 1,13-14 encontramos que los ONCE apóstoles comparten grupo con un puñado de mujeres. Nunca me gustaría olvidar este dato o que alguien tratara de silenciármelo. ¿Por qué desde entonces hasta hoy entre los seguidores de Jesús las mujeres no tienen ni voz ni voto?

En Hch 1,15-26 nos enterados de datos sorprendentes. Se nos dice que ‘por aquellos días’ el número de ‘los doce’ se había multiplicado por diez. Encontramos ya a ciento veinte. ¿Cuántos días habían pasado desde que el Resucitado se fue para ya no regresar? Y siendo ya tantos los seguidores de Jesús, ¿a qué viene querer reemplazar el lugar del traidor Judas?

Puestos en plan electoral, creo que merece la pena subrayar que el elegido no fuera Barsabá, el hijo del sábado, sino un desconocido entonces y ahora y siempre llamado Matías. Me llama mucho la atención la rapidez con la que se le ha revestido a Pedro de autoridad. Me quedo también con el dato de saber que existe la comunidad eclesial de los Doce, que son unos 120.
Carmelo Bueno Heras

Santos del día 1 de diciembre

Santos del día 1 de diciembre
Kalendis decembris
Conmemoración de san Nahúm, profeta, que predicó a Dios como el que gobierna el devenir de los tiempos y juzga con justicia a los pueblos.
En Milán, ciudad de la Transpadania, san Castriciano, obispo.
En Poitiers, de Aquitania, santa Florencia, virgen, que, convertida al Dios verdadero por el obispo san Hilario durante su destierro en Asia, le siguió luego al regresar a su tierra.
En Frejus, de la Provenza, san Leoncio, obispo, que favoreció la vida monástica de san Honorato en la isla de Lérins, y a quien san Juan Casiano, su amigo, le dedicó las diez primeras Colaciones.
En Cenomanum, hoy Le Mans, en Neustria, san Domnolo, obispo, que antes había sido abad del monasterio de San Lorenzo de París, y que resplandeció por la fuerza de sus milagros.
En Verdún, de Austrasia, san Agerico, obispo, que edificó iglesias y bautisterios, y, habiendo convertido su iglesia en asilo de prófugos, tuvo que padecer mucho por parte del rey Teodorico.
En Noyon, de Neustria, san Eloy, obispo, que siendo orfebre y consejero del rey Dagoberto, edificó monasterios y construyó monumentos a los santos con gran arte y elegancia, y más tarde fue elevado a las sedes de Noyon y Tournai, donde se dedicó con gran celo al trabajo apostólico.
En la ciudad de Cotiniola, en la Emilia, beato Antonio Bonfadini, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que, predicando la Palabra de Dios, durante largo tiempo recorrió diversas regiones de Italia y lugares de Tierra Santa.
En Colchester, en Inglaterra, beato Juan Beche, presbítero de la Orden de San Benito y mártir, el cual, siendo abad del monasterio de San Juan, por mantener la fidelidad al Romano Pontífice fue acusado de crimen de traición y condenado a la pena capital por el rey Enrique VIII, causa por la que acabó en el patíbulo.
En Londres, también en Inglaterra, santos Edmundo Campion, Rodolfo Sherwin y Alejandro Briant, presbíteros y mártires durante el reinado de Isabel I, eximios por su fortaleza y carácter. San Edmundo, que de joven había profesado la fe católica, después de ser admitido en Roma en la Orden de la Compañía de Jesús y ordenado sacerdote en Praga, regresó a su patria, donde de palabra y por escrito consolidó en gran manera las almas de los fieles, y por esto, después de muchos tormentos, fue ajusticiado en el patíbulo de Tyburn. Con él también sufrieron los mismos suplicios san Rodolfo y san Alejandro, este último admitido con mérito en la Orden de la Compañía de Jesús, cuando estaba ya en la cárcel.
En York, también en Inglaterra, beato Ricardo Langley, mártir, que bajo el reinado de la misma Isabel I fue condenado a la pena capital y ahorcado, por haber hospedado a sacerdotes.
En Lisboa, Portugal, beata María Clara del Niño Jesús, virgen, fundadora de las Hermanas Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción.
En Tamanrasset, Argelia, beato Charles de Foucauld, presbítero.
En el campo de concentración de Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia, beato Casimiro Sykulski, presbítero y mártir, que, durante la guerra, por mantener con fortaleza la fe ante los perseguidores de la Iglesia, fue fusilado.
En la ciudad de Dire-Daua, en Etiopía, beata Liduina (Elisa Anagela) Meneguzzi, virgen del Instituto de San Francisco de Sales, que, cual espejo de humildad y caridad cristiana, mostró la misericordia de Dios entre los pobres, enfermos y cautivos.
En Isiro, en la República Democrática del Congo, beata Clementina Nengapeta Anuarite, virgen de la Congregación de Religiosas Misioneras de la Sagrada Familia y mártir, que en la persecución que se desató durante la guerra civil fue apresada junto con otras religiosas, a las que exhortó a que vigilaran y oraran, y al resistirse con gran fuerza a la torpe pasión del capitán de los soldados, éste, enfurecido, la mató a causa de Cristo, su Esposo.
En Ferrara, Italia, beata María Rosa de Jesús (Bruna) Pellesi, virgen, religiosa de las Hermanas Franciscanas Misioneras de Cristo.

Después de las naciones, construir la Tierra (Leonardo Boff) 01122019


Después de las naciones, construir la Tierra

2019-12-01


            Un anuncio-propaganda de un canal de televisión muestra a un grupo interétnico cantando: “Mi patria es la Tierra”. Aquí se revela un estado de conciencia que deja atrás la idea convencional de patria y de nación. En efecto, vivimos todavía bajo el signo de las naciones, cada cual autoafirmándose, cerrando o abriendo sus fronteras y luchando por su identidad. Esa fase, todavía vigente, pertenece a otra época de la historia y de la conciencia. La globalización no es sólo un fenómeno económico. Representa un dato político, cultural, ético y espiritual: un nuevo paso en la historia del planeta Tierra y de la Humanidad.
            Hace algunos miles de años la especie humana salió de África, de donde surgimos en el proceso evolutivo (somos todos africanos), y conquistó todo el espacio terrestre formando pueblos, ciudades y civilizaciones. Fernando de Magallanes hizo en tres años (1519-1522) la circunnavegación de la Tierra y comprobó empíricamente que es efectivamente redonda (no plana como una obtusa visión sostiene todavía). Después de la expansión, llegó el tiempo de la concentración, del retorno del gran exilio. Todos los pueblos se están encontrando en un único lugar: en el planeta Tierra. Descubrimos, más allá de las nacionalidades y de las diferentes etnias, que formamos una única especie, la humana, al lado de otras especies de la gran comunidad de vida.
            Con esfuerzo estamos todavía aprendiendo a convivir acogiendo las diferencias sin dejar que se transformen en desigualdades. Respetando la riqueza acumulada por las naciones y etnias, que revelan los distintos modos de ser humanos, nos enfrentamos a un desafío nuevo, que nunca había existido antes: construir la Tierra como Casa Común. Crece la conciencia de que Tierra y Humanidad tienen un destino común. Xi Jinping, jefe de Estado de China, lo formuló muy bien: tenemos el deber de construir la “Comunidad de Destino compartido para la humanidad”.
            El éxito de esta construcción nos traerá un mundo de paz, uno de los bienes más ansiados por todos. Vivir en paz, ¡oh que felicidad! Esa paz es lo que nos falta en la actualidad. Por el contrario, vivimos en guerras regionales letales y una guerra total movida contra Gaia, la Tierra viva, nuestra Madre Tierra, atacada en todos los frentes, hasta el punto de que muestra su indignación a través del calentamiento global y del agotamiento de sus bienes y servicios, sin los cuales la vida corre peligro.
            En este contexto vale la pena revisitar a un filósofo, Immanuel Kant (+1804), uno de los primeros en pensar una República Mundial (Weltrepublik), aunque nunca había salido de su pequeña ciudad de Königsberg en Alemania. Aquella solo se consolida si consigue instaurar una “paz perenne”. Su famoso texto de 1795 se llama exactamente “Para una paz perenne” (Zum ewigen Frieden).
            La paz perenne se sustenta, según él, sobre dos pilares: la ciudadanía universal y el respeto a los derechos humanos.
            Esta ciudadanía se ejerce en primer lugar por la “hospitalidad general”. Precisamente porque, dice él, todos los humanos tienen el derecho de estar en ella y de visitar sus lugares y los pueblos que la habitan. La Tierra pertenece comunitariamente a todos.
            Frente a los pragmáticos de la política, por lo general poco sensibles al sentido ético en las relaciones sociales, enfatiza: ”La ciudadanía mundial no es una visión de fantasía sino una necesidad impuesta por la paz duradera”. Si queremos una paz perenne y no solo una tregua o una pacificación momentánea, debemos vivir la hospitalidad y respetar los derechos.
            El otro pilar son los derechos universales. Estos, en una bella expresión de Kant, son “la niña de los ojos de Dios” o “lo más sagrado que Dios puso en la tierra”. Su respeto hace nacer una comunidad de paz y de seguridad que pone un fin definitivo “al infame beligerar”.
            El imperio del derecho y la difusión de la ciudadanía planetaria expresada por la hospitalidad deben crear una cultura de los derechos, generando de hecho la “comunidad de los pueblos”. Esta comunidad de los pueblos, enfatiza Kant, puede crecer tanto en su conciencia, que la violación de un derecho en un sitio se siente en todos los sitios, cosa que más tarde repetirá por su cuenta Ernesto Che Guevara.
            Esta visión ético-política de Kant fundó un paradigma inédito de globalización y de paz. La paz resulta de la vigencia del derecho y de la cooperación jurídicamente ordenada e institucionalizada entre todos los Estados y pueblos.
            Diferente es la visión de otro teórico del Estado y de la globalización, Thomas Hobbes (+1679). Para este, la paz es un concepto negativo, significa ausencia de la guerra y el equilibrio de la intimidación entre los estados y pueblos. Esta visión funda el paradigma de la paz y de la globalización en el poder del más fuerte que se impone a los demás. Esta visión predominó durante siglos y hoy ha vuelto poderosamente a través del singular presidente de USA, Trump, que sueña todavía con un solo mundo y un solo imperio, el norteamericano. Los Estados Unidos decidieron combatir el terrorismo con el terrorismo de Estado. Es la vuelta amenazadora del Estado-Leviatán, enemigo visceral de cualquier estrategia de paz. En esta lógica no hay futuro para la paz ni para la humanidad.
            Hoy nos enfrentamos a este escenario: si por la locura de un gobernante o por la Inteligencia Artificial Autónoma se activaran los arsenales de armas nucleares podría ser el fin de nuestra especie. Et tunc erat finis. ¿Tendremos tiempo y sabiduría suficientes para cambiar la lógica del sistema implantado hace siglos que ama más la acumulación de bienes materiales que la vida? Eso dependerá de nosotros.