domingo, 5 de enero de 2020

Santos del día 5 de enero

Santos del día 5 de enero
Nonis ianuarii
En Alejandría de Egipto, santa Sinclética, virgen, de quien se cuenta que llevó vida eremítica.
En Cartago, san Deogracias, obispo, que redimió a muchos cautivos apresados por los vándalos, ofreciéndoles cobijo en dos grandes basílicas dotadas de camas y esteras.
   Santa Emiliana, virgen (10 coms.)   
En Roma, conmemoración de santa Emiliana, virgen, tía paterna del papa san Gregorio Magno, que falleció piadosamente poco después de su hermana Tarsila.
En Bretaña Menor, san Convoión, abad, fundador en Roten del monasterio de San Salvador, donde, bajo su dirección y siguiendo la Regla de san Benito, floreció un elevado número de monjes; pero destruido el cenobio por los normandos, fundó una nueva casa en Saint-Maixent-de-Plélan, en la que falleció ya octogenario.
En Londres, en Inglaterra, san Eduardo III, llamado «el Confesor», que, siendo rey de los ingleses, fue muy amado por su eximia caridad, trabajando incansablemente por mantener la paz en sus estados y la comunión con la Sede Romana.
Cerca de Valkenburg, en la región de Limburg, san Gerlaco, eremita, que se distinguió por el servicio prestado a los indigentes.
En la ciudad de Todi, en la Umbría, beato Rogerio, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, discípulo de san Francisco y ferviente imitador suyo.
En Angers, ciudad de Francia, beatos Francisco Peltier, Jacobo Ledoyen y Pedro Tressier, presbíteros y mártires, quienes, por mantenerse fieles a su sacerdocio, fueron decapitados durante la Revolución Francesa.
En la ciudad de Filadelfia, del estado de Pensilvania, en los Estados Unidos de Norteamérica, san Juan Nepomuceno Neumann, obispo, de la Congregación del Santísimo Redentor, que se distinguió por su solicitud a favor de los inmigrantes pobres, ayudándoles con sus consejos y su caridad, así como por la educación cristiana de los niños.
En Génova, ciudad de Italia, beata María Repetto, virgen de las Hermanas de Nuestra Señora del Refugio en el Monte Calvario, que vivió escondida del mundo y se esforzó por ayudar a los afligidos y dar esperanza de salvación eterna a los que dudaban.
En Dublín, en Irlanda, san Carlos de San Andrés (Juan Andrés) Houben, presbítero de la Congregación de la Pasión de Jesucristo, admirable ministro del sacramento de la Penitencia.
En Jazlowice, en Ucrania, beata Marcelina Darowska, la cual, muertos su esposo y su primogénito, se consagró a Dios. Preocupada por la dignidad de la familia, fundó la Congregación de Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, para la educación de las jóvenes.
En Spoleto, en Italia, beato Pedro Bonilli, presbítero, fundador de la Congregación de Hermanas de la Sagrada Familia, para atender y educar a las niñas pobres y huérfanas.
En Barcelona, beato Robert (Joan) Grau Bullich, sacerdote de la Orden de San Benito, mártir de la persecución religiosa en época de la Guerra Civil.
En Zaragoza, en España, santa Genoveva Torres Morales, virgen, que desde joven experimentó las contrariedades de la vida y soportó la enfermedad que le aquejaba. Fundó el Instituto de Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles, para ayudar a la mujeres.

sábado, 4 de enero de 2020

Santos del día 4 de enero

Santos del día 4 de enero
Pridie Nonas ianuarii
En Mesia, santos Hermes y Cayo, mártires, que sufrieron el martirio en Reciaria y Bononia, respectivamente.
En Dijon, en Burgundia, san Gregorio, que, después de haber regido la región de Autun, fue ordenado obispo de Langres.
En la ciudad de Uzés, en la Galia Narbonense, san Ferreol, obispo, autor de una Regla para monjes, que, enviado al exilio por envidia, al regresar al cabo de tres años junto a su grey se le recibió con alegría, como a un verdadero hombre de Dios.
En Meaux, ciudad de Neustria, san Rigomerio, obispo.
En la ciudad de Reims, también en Neustria, san Rigoberto, obispo, que habiendo sido expulsado de su sede por Carlos Martel, en contra de lo dispuesto por los cánones, llevó una vida humilde.
En Brouay-sur-l’Escaut, ciudad del Artois, igualmente en Neustria, santa Faraildis, viuda, quien, obligada a casarse con un hombre violento, abrazó hasta la ancianidad una vida de oración y austeridad.
En la ciudad de Foligno, en la Umbría, santa Angela, la cual, después de la muerte de su esposo y de sus hijos, siguió las huellas de san Francisco, entregándose totalmente a Dios, y escribió un libro, en donde cuenta las experiencias de su vida mística.
En Santa Cruz de Val d'Arno, en Etruria, beata Cristiana (Oringa) Menabuoi, virgen, que fundó un monasterio bajo la Regla de san Agustín.
En Durham, en Inglaterra, beato Tomás Plumtree, presbítero y mártir, que en tiempo de la reina Isabel I fue condenado a muerte por su fidelidad a la Iglesia católica y, llevado ante el patíbulo, prefirió ser colgado antes que vivir en la apostasía.
En la ciudad de Emmitsburg, del estado de Maryland, en los Estados Unidos de Norteamérica, santa Isabel Ana Seton, quien, al quedar viuda, abrazó la fe católica y trabajó denodadamente para fundar la Congregación de Hermanas de la Caridad de San José, con el fin de educar a las jóvenes y atender a la infancia sin recursos.
En Madrid, España, beato Euquerio Llanillo García, religioso de los Hermanos Maristas, mártir de la persecución religiosa en época de la Guerra Civil.
En Madrid, ciudad de España, san Manuel González García, obispo sucesivamente de Málaga y de Palencia, que fue un pastor eximio según el corazón del Señor. Promovió el culto a la Sagrada Eucaristía y fundó la Congregación de Hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret.

viernes, 3 de enero de 2020

Santos del día 3 de enero

Santos del día 3 de enero
Tertio Nonas ianuarii
   Santísimo Nombre de Jesús (4 coms.) - Memoria litúrgica   
El santísimo Nombre de Jesús, a cuyo solo nombre toda rodilla se dobla, en el cielo, en la tierra y en el abismo, para gloria de la Divina Majestad.
En Roma, en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, san Antero, papa, que tuvo un breve pontificado después del papa mártir san Ponciano.
En Nicomedia, de la provincia romana de Bitinia, santos Teopempo y Teonas, que sufrieron el martirio en la persecución llevada a cabo bajo Diocleciano.
En Cesarea de Capadocia, san Gordio, mártir, al que san Basilio consideró émulo, como centurión que era, del que estuvo junto a la Cruz, por cuanto confesó a Jesús, Hijo de Dios, durante la persecución desencadenada bajo Diocleciano.
En Padua, en la región de Venecia, conmemoración de san Daniel, diácono y mártir.
En Parios, en el Helesponto, san Teógeno, mártir, quien, al negarse a formar parte de la milicia a causa de su fe cristiana, en tiempo del emperador Licinio fue martirizado en la cárcel y finalmente arrojado al mar.
En Vienne, en la Galia Lugdunense, san Florencio, obispo, que participó en el concilio celebrado en Valence.
En París, ciudad de la Galia, santa Genoveva, virgen de Nanterre, que a los quince años, aconsejada por el obispo Germán de Auxerre, tomó el velo de las vírgenes. Animó a los habitantes de la ciudad, amedrentados por las incursiones de los hunos, y ayudó a sus conciudadanos en tiempo de hambre.
En Lentini, lugar de Sicilia, san Luciano, obispo.
En el monasterio de Mannanam, en Kerala, en la India, san Ciríaco Elías Chavara, presbítero, fundador de la Congregación de Hermanos Carmelitas de María Inmaculada.

jueves, 2 de enero de 2020

Aparición de la Virgen María al Apóstol Santiago en España 02 de enero

02 de enero: Aparición de la Virgen María al Apóstol Santiago en España

En la noche del 2 de enero del año 40, cuando la Virgen María aún estaba viva se produjo su primera aparición; Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”.

Fue así que surgió la Advocación de la Virgen del Pilar en España, y posteriormente, sus milagros y su tumba fueron los artífices del Camino de Santiago.

Jacob (llamado Santiago el Mayor o Santiago el de Zebedeo, para distinguir del otro apóstol llamado Jacob, Santiago el de Alfeo o Santiago el Menor), apóstol de Jesús de Nazaret, nacido en Betsaida (Galilea) y muerto en Jerusalén, en el siglo I. También es conocido como San Jaime, San Diego, San Yago.

Hijo de Zebedeo y Salomé. Era el hermano mayor de Juan el Apóstol. Su maestro Jesús les puso el sobrenombre de «hermanos boanergués» («hijos del trueno»). Su nombre en hebreo es Jacob (????), pero con el tiempo se ha ido deformando.

Fue uno de los primeros que recibieron la llamada de Jesucristo, cuando estaba pescando en el lago de Genesaret junto a su hermano. Tuvo un papel especial en el desarrollo del milagro de la hija de Jairo (Marcos 5, 21-43) y fue uno de los discípulos más apreciados por Jesucristo, de tal manera que estuvo presente en dos de los momentos más importantes de su ministerio -la Transfiguración en el monte Tabor (Lucas, 9) y la oración en el Huerto de los Olivos- junto a Simón Pedro y a su hermano Juan.

Fuera de los Evangelios, sólo aparece nombrado en los Hechos de los Apóstoles (Hc 12, 2), cuando, tras una prédica, es martirizado en Jerusalén (es uno de los primeros mártires cristianos).

Según se cree, tras el Pentecostés (hacia 33 d. C.), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago habría cruzado el mar Mediterráneo y desembarcado para predicar el Evangelio en la Hispania (actuales España y Portugal).

La tradición que sitúa a Santiago el Mayor en Jerusalén, poco antes de su martirio, la recogen diversos apócrifos neotestamentarios (El libro de la Dormición de María, etc.), todos ellos anteriores al “descubrimiento” de la Tumba del Apóstol. Según estos relatos, cuando María ve cerca su muerte, recibe la visita de Jesucristo resucitado. Ella le pide que quiere estar rodeada por los apóstoles en el día de su muerte, pero que todos ellos están dispersos por el mundo. Jesucristo se lo concede y permite que sea la misma María, por medio de aparición milagrosa, quien avisara a sus discípulos.

Entonces él habría hecho todo el viaje de vuelta desde España hasta Jerusalén para encontrar a la Virgen (ya que ella se encontraba viva allí, en la capital de Judea) antes de su dormición, y entonces habría encontrado la muerte en el martirio. La leyenda se cierra con que sus discípulos habrían llevado su cuerpo (conservado de alguna manera) por el mar Mediterráneo en una mítica embarcación de piedra y habrían costeado el Atlántico nuevamente hasta Galicia, donde lo habrían enterrado justamente en Iria Flavia, donde el obispo Teodomiro lo halló.

Alrededor del año 813, en tiempos del Rey de Asturias Alfonso II el Casto, un ermitaño cristiano llamado Paio le dijo al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia (España), que había visto unas luces merodeando sobre un monte deshabitado. Hallaron una tumba donde se encontraba un cuerpo degollado con la cabeza bajo el brazo, que se considera la tumba de Santiago.

El rey Alfonso y sus descendientes convierten al apóstol en un símbolo del combate contra el islam, naciendo así la imagen de Santiago Matamoros, que se prodigó a lo largo de la ruta jacobea. En el año 859, el rey Ordoño I dijo haber obtenido la victoria sobre los moros (musulmanes) porque se le apareció el apóstol Santiago Matamoros.


LA APARICIÓN DE MARÍA

Por los años 40, unos siete años después de la muerte y resurrección de Jesucristo, salió de Roma el Apóstol Santiago, quien ya había recorrido la Palestina, Tiro, Sidón, Grecia e Italia, predicando el Evangelio. Desde Roma se dirigió a España, la más importante y rica región de la Bética, embarcó para Sevilla, a donde llegó e inició su evangelización.

La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie, y prometió que “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”.

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez.

Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.


LOS DISCÍPULOS DE SANTIAGO

Santiago nombró por jefe y Obispo a un hombre honesto y misericordioso, a quien por su piedad bautizó con el nombre de Pío. Este Pío era de profesión escultor, y había nacido en Massia, un puertecillo de pescadores en la orilla del río, entre los pueblos que hoy llamamos Puebla del Río y Coria del Río.

Este hombre era buen artista y se ganaba bien la vida haciendo esculturas para el adorno de los suntuosos edificios que se construían en Hispalis o Sevilla, y en su vecina Itálica. Seguramente si se estudian las firmas o marcas de las esculturas romanas que hay en los museos de Itálica y Sevilla, podrá hallarse alguna de ellas la firma de Pío, escultor y primer Obispo de Sevilla.

Este Obispo/ escultor fue quien realizó la primera imagen de la Virgen del Pilar por encargo del Apóstol Santiago.

Esta imagen fue llevada a la casa donde se reunían secretamente los cristianos, o sea, la primera iglesia Sevillana, que estaba situada a espaldas del circo de la ciudad. Dado que hoy por las excavaciones que se hicieron para construir la Av. de la Cruz Roja, sabemos que los cimientos del circo llegan desde el Hospital de la Cruz Roja hasta la calle Fray Isidoro de Sevilla, puede casi asegurarse que dicha primera iglesia cristiana estaba en la calle Fray Isidoro de Sevilla, o en la plaza que hay ante el “Grupo Escolar Queipo de Llano”, vulgarmente llamado “El colegio de los moros”.


CONDENA Y PRODIGIOS DE SANTIAGO

Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado y la visitó en Éfeso. La Madre de Dios le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero y llevado al monte Calvario.

Durante el recorrido aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: “Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua”.

Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: “Ven tú hacia mí y dame tu mano”. El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.

Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: “Tú serás bautizado en tu propia sangre”. Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe.

En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.

Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras, le vendaron los ojos y le decapitaron. Fue ejecutado por Herodes Agripas alrededor del año 44 d.C. siendo el primer apóstol mártir.

El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, sus discípulos tomaron su cuerpo y lo llevaron a España para su entierro. Siglos después el lugar fue encontrado y llamado Compostela (campo estrellado).

En siglos posteriores y hasta el momento actual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren parcialmente el “Camino de Santiago” que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados.


SANTIAGO Y LA VIRGEN MARÍA

Santiago preparó el camino para la Virgen María en España y también su llegada al “Nuevo Mundo”. Es el Apóstol de la Virgen María, también conocido como el Apóstol de la Paz.

En 1519, Hernán Cortés llegó a Veracruz, y en Lantigua construyó la primera iglesia dedicada a Santiago en el continente Americano.

También en 1521, cuando México fue conquistada, Cortés construyó una iglesia en las ruinas de los Aztecas que al igual fue dedicada a Santiago Apóstol. A este templo se dirigía san Juan Diego el 9 de diciembre de 1531, para recibir clases de catecismo y oír la Santa Misa, ya que era la fiesta de la Inmaculada Concepción.

En 1981, se reportó el comienzo de las apariciones de Nuestra Señora en Medjugorie bajo el titulo “Reina de la Paz”. Unos años antes, se había construido una iglesia en ese lugar dedicada a Santiago Apóstol.

Santiago ha preparado el camino para que el mundo reconozca a la Virgen Santísima como “Pilar” de nuestra Iglesia.

(fuente: forosdelavirgen.org)