viernes, 3 de abril de 2020

San Francisco Coll, religioso presbítero,fundador (2 de abril)


San Francisco Coll, religioso presbítero

fecha: 2 de abril
n.: 1812 - †: 1875 - país: España
otras formas del nombre: Francisco Coll Guitar
canonización: 
B: Juan Pablo II 29 abr 1979 - C: Benedicto XVI 11 oct 2009
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Vic, en la región de Cataluña, en España, san Francisco Coll, presbítero de la Orden de Predicadores, que al ser injustamente exclaustrado, prosiguió su firme vocación y anunció por toda la región el nombre del Señor Jesucristo.

Fundador de las Hermanas Dominicas de la Anunciata, nació en Gombrèn, diócesis de Vic y provincia de Gerona, en España, el 18 de mayo de 1812. El 19 del mismo mes y año recibió el bautismo. Desde la infancia se sintió inclinado al sacerdocio y, en orden a su preparación, se incorporó al seminario de la capital de su diócesis en 1823, donde cursó estudios humanísticos y el trienio filosófico. En 1830 ingresó en la Orden de Santo Domingo en el convento de la Anunciación de Gerona. Tras el año de noviciado y consiguiente profesión religiosa hasta la muerte, se entregó, en octubre de 1831, al estudio de la teología, y recibió las órdenes sagradas hasta el diaconado inclusive.
En agosto de 1835, con sus hermanos de comunidad, se vio obligado a abandonar el convento a causa de las leyes persecutorias contra los religiosos en España. Vivió heroicamente su consagración religiosa en calidad de fraile exclaustrado, ya que a lo largo de la vida no fue posible restaurar convento alguno de frailes de la Orden de Predicadores en el territorio de la Provincia de Aragón a la que pertenecía. Recibió el presbiterado en Solsona el 28 de mayo de 1836 y, al comprobar que no se autorizaba la reapertura de conventos, de acuerdo con los superiores, ofreció sus servicios ministeriales al Obispo de Vic. Éste lo envió como coadjutor a la parroquia de Artés, primero, y, poco después, en diciembre de 1839, a la de Moià.
Desde el comienzo de su entrega al ministerio asumió tareas que iban más allá de las estrictamente parroquiales. El celo que le devoraba lo salvó de la inercia de la exclaustración. Formó en un principio parte de la «Hermandad Apostólica » que promovió San Antonio Mª Claret, y se entregó a predicar ejercicios espirituales y misiones populares. En 1848 recibió el título de «Misionero Apostólico». Diferentes Prelados lo llamaron a sus diócesis para que desarrollara una predicación misionera, que fue pacificadora en tiempo de frecuentes guerras civiles. Su nombre se hizo popular y venerado por las diferentes comarcas de Cataluña.
Reclamaban a porfía su predicación evangélica orientada a reavivar la fe en medio del Pueblo de Dios y a conseguir el retorno de los alejados a las prácticas religiosas. Se valió muy especialmente del Rosario, que propagó entre las gentes de pueblos y ciudades por medio de la renovación de cofradías, establecimiento del «Rosario Perpetuo» en que se alistaban miles de personas, e instrucciones dirigidas a los fieles para que meditaran con fruto sus misterios. En orden a este mismo objeto publicó pequeños libros, titulados «La Hermosa Rosa» y «Escala del Cielo», de los que se hicieron varias ediciones con gran número de ejemplares en cada una de ellas, porque los distribuía abundantemente en las misiones. Predicaba todos los años la cuaresma y los meses de mayo y octubre en honor de María en núcleos importantes por su población: Barcelona, Lérida, Vic, Gerona, Solsona, Manresa, Igualada, Tremp, Agramunt, Balaguer...
Al comprobar la ignorancia religiosa y la falta de correspondencia a las normas de la vida cristiana por parte de los bautizados fundó el 15 de agosto de 1856 la Congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata, para la santificación de sus miembros y la educación cristiana de la infancia y de la juventud, muy afectada por el abandono e ignorancia religiosa. Se halla extendida, no sólo por Europa, sino también por América, África y Asia.
La entrega a la predicación, particularmente por medio de ejercicios espirituales dirigidos a sacerdotes y religiosas, misiones populares, cuaresmas, novenarios y otros modos de evangelización, bien puede decirse que continuó hasta el fin de la vida, aun cuando en los cinco últimos años se vio afectado por una progresiva enfermedad de apoplejía y consiguiente ceguera, que se le declaró el mismo día en que los Obispos del mundo católico se reunían en Roma para iniciar los trabajos del Concilio Vaticano I. Falleció santamente en Vic el 2 de abril de 1875. Fue beatificado por SS Juan Pablo II el 29 de abril de 1979 y canonizado or SS Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009.

De sus Obras:

Debemos hacer oración para dar gloria a Dios. A ella acudiremos con gran esperanza de alcanzar fortaleza en la lucha cotidiana. Durante la misma se ha de avivar la fe en la presencia de Dios que quiere tratar con todos. (Obras Completas, p. 10)
Quiero hacer la voluntad de Dios y prometo practicar la oración con toda humildad y confianza, conformándome a la voluntad divina, por más tentaciones, desconfianzas y sequedades que el Señor permita. El ejemplo de Cristo orante me servirá de ánimo y de consuelo. Es muy necesario saber practicar la humildad de corazón. (OC, pp. 63-64)
Hagamos oración, hijos de Jesús y de María. Es tan importante para nosotros, como lo es el alimento para el cuerpo. Así como el alimento es necesario al rey y al vasallo, al rico y al pobre, al eclesiástico y al seglar; del mismo modo, a todos éstos para cumplir sus deberes como buenos cristianos, les es indispensable la oración. Aseguran los Santos, que el cristiano sin oración es un árbol sin fruto, una fuente sin agua, un soldado sin armas y un plaza sin muralla que no puede defenderse de los enemigos. (OC, p. 386)
Tenemos el memorial del Rosario de María. Éste es nuestro santo rezo, y éste es el que ponemos, cuando lo rezamos, en manos de María, y ella lo presenta y pone en las manos de nuestro Padre celestial. ¿Habrá gracia alguna que no alcancemos para nosotros o para nuestros prójimos, si presentamos, como se debe, este perfectísimo memorial, el Santo Rosario? Estoy cierto y seguro que no, si lo rezamos como corresponde, pues la misma Virgen María lo ha asegurado. Rezadlo, rezadlo con viva fe, con toda humildad, con todo el fervor y atención posibles. (OC, p. 225)
fuente: Vaticano
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San Francisco de Paula, eremita fundador (2 de abril)


San Francisco de Paula, eremita fundador

fecha: 2 de abril
n.: 1416 - †: 1507 - país: Francia
canonización: 
C: León X 1 may 1519
hagiografía: José Gros y Raguer
Elogio: San Francisco de Paula, ermitaño, fundador de la Orden de los Mínimos en Calabria. Prescribió a sus discípulos que viviesen de limosnas, que no tuvieran propiedad ni tocasen nunca dinero, y que utilizasen sólo alimentos cuaresmales. Llamado a Francia, por el rey Luis XI, le asistió en el lecho de muerte, y, célebre por la austeridad de vida, murió a su vez en Plessis-les-Tours, junto a la ciudad francesa de Tours.
Patronazgos: patrono de los ermitaños, los marineros, para pedir descendencia, contra la peste y la tristeza.
Oración: Señor, Dios nuestro, grandeza de los humildes, que has elevado a san Francisco de Paula a la gloria de tus santos, concédenos, por su intercesión y a imitación suya, alcanzar de tu misericordia el premio prometido a los humildes. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. (de la liturgia)

Nacido en Paola, reino de Nápoles, el 27 de marzo de 1416. Anacoreta de muy joven, más tarde apóstol y fundador de la Orden de los Mínimos. Muere en Tours (Francia), el día 2 de abril de 1507. Al cabo de sólo doce años fue elevado al honor de los altares, en 1519, por León X.
Francisco de Paula no fue sacerdote, pero sí un reformador auténtico. Influyó poderosamente en la historia del Renacimiento. La vertiente paganizante del movimiento renacentista aparecía muy peligrosa para el espíritu cristiano, que tan celosamente había conservado y fomentado los grandes focos monacales de la Edad Media. La sensualidad y el afeminamiento se iban infiltrando en todos los ambientes y, a grandes pasos, se desmoronaba la ascética cristiana por el enfriamiento de quienes debieran practicarla. Por ello el joven Francisco ataca de raíz el mal de la época cuando, tras el año de oblación transcurrido en el convento franciscano de San Marcos Argentato, decide retirarse a la soledad penitente.
Había pisado la misma tierra bendita de su patrón y se sentía impulsado a imitar al Poverello en su modo filial de vivir en manos de Dios. También de la libertad de espíritu del patriarca franciscano encontramos ya rasgos en la peregrinación de Francisco de Paula por tierras de Umbría. Ha encontrado a un cardenal del siglo viajando con un lujo extraordinario. Y el joven mendigo, de aspecto ignorante, ha sabido reprender discretamente al magnate de elegantes y ricas vestiduras. Luego pasa meses y meses encerrado en vida austerísima: durmiendo en la tierra desnuda, alimentándose de las hierbas crudas; el cuerpo, ceñido de cuerda con nudos. Al cabo de cinco años la fama de su virtud llega al cenit y, pese a su resistencia, afluyen los discípulos. Al lado de su cabaña plantan muchas más, tiene que pensar en un convento, y lo edifican, con la ayuda de todos sus conciudadanos. En medio de la pobreza y la alegría se van fundando nuevas comunidades.
El renombre del ermitaño llega a Sicilia. Le llaman allá. Llega a pie a orillas del mar, con el bordón de peregrino. Dícele al barquero: «Hermano, ¿me pasa usted?». El barquero contesta con ironía: «Señor, ¿me paga usted?». «No tengo dinero para pagarle», replica el ermitaño. «Ni yo barca para pasarle», concluye el otro. Entonces, ante multitud de testigos, el Santo, tras una breve oración y bendición de las olas, atraviesa el estrecho de Messina sobre la cubierta de su manto extendido sobre el mar y con su mismo borde sirviéndole de vela.
Muchos otros milagros acompañaron el paso de Francisco, signos de la presencia de Dios al lado del Reformador. Este don taumatúrgico tenía sus raíces en las sólidas virtudes que adornaban su alma y que culminaban en la que era su consigna constante y que, como tal, pasó a su familia espiritual: Caridad. Bondad y dulzura resplandecían en quien por natural debía aparecer como severo y retraído. La alegre humildad le facilitó la convivencia amorosa con la gente sencilla del pueblo, con los desvalidos y desheredados, de los que se constituyó en valiente defensor ante los atropellos de los señores. «La tiranía no place a Dios bendito», era su estribillo. Frente al mismo Fernando, déspota rey de Nápoles, se mantuvo en su intrepidez; y el soberano, con sus consejeros, tuvo que rendirse ante la fuerza de la santidad, viéndose obligado a prometerle administración justa y caritativa. También en la corte resplandecieron sus virtudes y milagros. Cuentan sus biógrafos que una vez tomó una moneda de la bandeja repleta que le ofrecía el rey para comprar su silencio, y desmenuzándola entre sus dedos, brotaron de ellos gotas de sangre, símbolo de la opresión de los débiles.
Su vida termina con la célebre expedición a Francia. Luis XI, otro tirano de la época, se siente morir en su retiro de Plessisdu-Parc (Tours) y ansioso de salud hace llamar al taumaturgo de Paula. Éste sólo acude tras la recomendación del Papa Sixto IV. Llegado a la corte, rechaza los interesados favores del rey y le indica el camino de la vida verdadera, invitándole a devolver el dinero, que le ofrecía a él, a todos los que había expoliado en su reinado. Y Luis XI se rendía también ante la santidad. El fundador de los Mínimos no le libró de la muerte, pero alegró sus últimos días con palabras celestiales, que le prepararon una agonía llena de esperanza.
Desde entonces permanece el Santo en Francia, realizando nuevas fundaciones. Y en Tours le llega la hora del triunfo. El Viernes Santo, 2 de abril de 1507, a los acordes de la pasión de San Juan, que se hace leer en el lecho de muerte, Francisco de Paula, el taumaturgo, penitente y fundador, entrega el alma a Dios. Dios acepta su vida y al punto sanciona con maravillas el clamor de la gente de Tours, que en plena calle le proclama digno de los altares.
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Santa María de la Cruz de Crema 03 de abril

03 de abril: Santa María de la Cruz de Crema

En 1490 una joven mujer es golpeada mortalmente por su esposo y se le aparece la Virgen para consolarla. En el lugar de la aparición se producen inmediatamente grandes milagros.

 La comunidad erige una Iglesia a Santa María de la Cruz y comienza la segunda fase de los milagros, la imagen abre y cierra los ojos durante mas de tres siglos, experiencia que ha sido testificada por muchas personas…La Villa de Santa María de la Cruz pertenece a la municipalidad de Crema, en la provincia de Cremona, región de Lombardía. Se encuentra a 3 kilómetros y medio de la misma ciudad de Crema.

Era el año 1490. Crema y su distrito políticamente dependían de la República de Venecia; eclesiásticamente la ciudad dependía del obispo de Piacenza, y parte del actual distrito de Santa María de la Cruz dependía del obispo de Cremona.


BARTOLOME Y CATERINA

El Bergamasco Bartolome Pederbelli, apodado Contaglio, había abandonado precipitadamente su casa en el Valle Imagna, en Cornabusa, culpado por asesinato. No se sabe cuándo o cómo o por qué sucedió. Se refugió en Crema, donde se dedicó al comercio de textiles.

Allí conoció y se casó con Catalina de Uberti el 13 de febrero 1489. Catalina pertenecía a la famosa familia de Uberti de Florencia. Era de ánimo gentil y tenía fuerte devoción a la Virgen. Sabemos que era huérfana de padre en 1486, vivía en la casa paterna con la viuda de su hermano Giandoménico y sus hijos, sabemos que estaba bajo la tutela de su hermano Cristóforo, el cual arregló, de acuerdo a las costumbres de la época, su matrimonio con Bartolomé Contaglio sobre la base de 700 liras imperiales en una dote que debía pagarse en dos años.

Pero después de un año de matrimonio, estalló la tragedia familiar. Bartolomé molesto con la novia por el hecho de que su cuñado Cristóbal se negó a adelantar la dote o por otras razones que ignoramos, comenzó a odiar a Caterina. El resultado de este odio termino en crimen.


EL DELITO

Bartolomé, ya sea por negocios o caprichos, a menudo se ausentaba de Crema. El 3 de abril de 1490 regresó decidido a llevar a Caterina con su familia a Bérgamo. Dijo que su madre estaba enferma, que sus familiares querían conocer a la novia, y muchas otras cosas.

Caterina se dejó convencer. Tomó las mejores joyas y al anochecer, salió a las puertas de la ciudad para ir a dormir con su marido para salir temprano al día siguiente.

Bartolomé la obligó a subir a su caballo y se dirigen hacia Bérgamo. Cuando están lejos de Crema, y estando seguro de que las puertas de la ciudad fueron cerradas, se desvió a un camino que lo llevó al río Serio. Deteniendo su caballo en el bosque obliga a Caterina a desmontar. Había oscuridad y lluvia.

Bartolomé se precipitó contra la mujer aterrorizada, tiró el anillo y comenzó a darle violentos golpes de espada. Caterina defendió su cabeza con la mano derecha, que fue cortada y tirada lejos, estaba a merced de la ira de su esposo, que la golpeó brutalmente catorce veces en la cabeza y el cuerpo con la espada y la daga. El homicida, finalmente recoge las joyas, saltó sobre un caballo y huyó hacia la noche. De él no sabe nada.


LA APARICIÓN

La desventurada Caterina agonizando en un charco de sangre invoca a la Virgen, buscando la gracia de recibir los santos sacramentos antes de morir.

Inmediatamente a su lado vio una mujer pobremente vestida, que la tomó por el brazo y le dijo:

“Levántate, hija, y no dudes“. La herida sangrante se detiene de repente.

“¿Pero, ¿quién eres?“, dijo Caterina.

Y la Virgen dijo: “Yo soy a la que has llamado. ¡Sígueme!“.

La acompañada a una granja habitada y luego desapareció. Las puertas de la ciudad estaban cerradas y Caterina pasó la noche rodeada de los cuidados que los pobres.

Al día siguiente, Domingo de Ramos, la consternada familia la trasladó a la ciudad, a la casa de Felipe Tensini, el suegro de una hermana. Su hermano Cristoforo estaba ausente. Fue asistida por el médico Cristoforo de Marco Barbiero, fue interrogada por el juez Martino de Mastellari, y recibió con fe y emoción los santos sacramentos por el sacerdote Felipe di San Bennedetto”. De repente, la hemorragia se torna imparable y Caterina fallece pacíficamente, perdonando a su marido. Fue enterrada el mismo día en la iglesia de San Benedetto en Crema.


LOS MILAGROS

El pequeño Marazzi es curado repentinamente el 3 de mayo de 1490 de una dolorosa herida en el pie izquierdo, justo en el lugar donde un mes antes había aparecido la Virgen para salvar a Caterina Uberti, y regresa a su casa alabando a la Virgen junto madre.

La fama del milagro se conoce por todas partes, toda la región sabe del niño y su dolorosa enfermedad, todos lo han visto arrastrarse dolorosamente con muletas. Ahora todos van a ver el milagro y el niño es objeto de interés por parte de la autoridad religiosa. Andrea Robatti, Vicario del Obispo de Piacenza, dijo en una carta dirigida al obispo, que durante años vio todos los días el niño enfermo, su vecino, y que podría testificar de su curación milagrosa.

La fama del milagro trae la creencia de que la tierra bañada por la sangre de Caterina Uberti es tierra santa, así como la piedra caliza que pisaron los divinos pies de María. La gente se apresura, las curaciones se multiplican y en los corazones de los habitantes de crema aparece la visión de un magnífico santuario en lugar de la pequeña cruz de madera, para proclamar la gloria de María.

Se erige rápidamente un altar y un techo temporal para proteger los muchos objetos que se ofrecen, entre ellos un bajo relieve, que ofrece el caballero Gianfrancesco Cotta y que representa a la Virgen y el Niño que se coloca en su altar. Al día siguiente, en solemne procesión llega todo el clero y se celebra una misa solemne.

Los milagros siguen: ese mismo día un niño mudo de Romanengo recupera la palabra, y el tercer día el número de milagros se cuenta en ochenta.

El Ayuntamiento se reúne y nombra una comisión de ciudadanos notables para preservar el lugar sagrado, para proteger las ofertas que se hacen “por causa de los milagros de esos días realizados por la Virgen María” y decide erigir en ese lugar una Iglesia con el título de Santa Maria de la Cruz.


LA IMAGEN MUEVE LOS OJOS

El 18 de mayo de 1490, en torno a la puesta de sol, muchas personas también notables, entre ellos el párroco de S. Martino, el sacerdote de la parroquia de San Pietro de Crema, el párroco de la Catedral y otros se encuentran en la oración ante la imagen en terracota que representa la Virgen.

Cuando al fijar la mirada, vieron los ojos de la Virgen que se abrían y se cerraban de manera que el movimiento era perceptible. Alegría y temor invade a los presentes, y se producen escenas de increíble emoción. El mismo reportero, al día siguiente envía el informe al obispo. Sobre todo porque muchos ya habían declarado y jurado que habían visto la misma imagen mover los ojos y llorar el 5 de mayo 1490.


EL CÍRCULO BRILLANTE

El regente veneciano de entonces, Nicolò Friuli, no toleraba el entusiasmo de la multitud. El 18 de junio de 1490, por la tarde, él mismo se persuadió de hacer una inspección sobre el lugar de la tragedia, fue entonces que una visión extraordinaria le sucedió a el y a todos los presentes.

En un cielo despejado apareció alrededor del sol un arco iris circular, que fue tres veces hasta el lugar de la aparición y regresó para desaparecer definitivamente.

Friuli lloró por la maravilla y el remordimiento, y luego se convirtió en un promotor de la Comisión para la construcción de un gran templo. Se dice que el templo fue construido con forma circular en la memoria de esa visión. Friuli, en una solemne ceremonia el 6 de agosto de 1490, puso la primera piedra que dio inicio a la construcción del santuario.


EL TEMPLO

El proyecto del templo se encomienda al arquitecto Giovanni Battaglia, un seguidor del estilo de Bramante, que combina elementos tradicionales lombardos con el nuevo gusto clásico. La forma redonda de la Iglesia parece recordar el halo luminoso visto en repetidas ocasiones caer del cielo en el lugar de la aparición el 18 de junio 1490, mientras que estaban proyectando la Iglesia.

El papa Alejandro VI, con la Bula Papal del 6 de marzo de 1494, agregó el Consejo de Administración del Santuario al Consejo de Administración Mayor de Crema en beneficio de los pobres que sufren. La Bula habla de “grandes y numerosos milagros.”

La construcción se terminó a principios de 1500. En 1514 durante el asedio de Crema de parte de Maximiliano Sforza, la Iglesia es utilizada como una fortaleza militar y despojada de todos sus tesoros. Pero incluso cuando la guerra termina, el Santuario es abandonado casi totalmente por los fieles debido a la seguridad de las callejuelas, infestada de bandidos y ni siquiera se atreven a salir de la ciudad.

Después de muchas vicisitudes dolorosas, los Carmelitas asumieron oficialmente el cuidado del Santuario (1694). Comenzó en 1706, justo detrás del templo, la construcción del Convento y el gran campanario añadido en 1710. Durante su estancia le dieron la esplendor y una gran actividad al Santuario.

Sólo en el primer semestre de 1800, especialmente a través de la labor del Obispo de Mons. Tomasso Ronna, el santuario vuelve a la vida, con la solemne coronación de la estatua de la Virgen.


SIGUE MOVIENDO LOS OJOS

Durante más de tres siglos la imagen de Nuestra Señora que los partidarios en 1490 habían visto abrir y cerrar los ojos, y llorar, es visto que baja las pestañas.

El 26 de abril de 1869 algunos sacerdotes que visitan el templo admirando los méritos artísticos, se sorprenden mirando la apertura y cierre los ojos de la Virgen y el Niño.

Uno de estos sacerdotes Don Silvio Noce, testigo directo, describe el hecho en el informe publicado con el permiso de la Curia, en junio de ese año. Junto con Don Pablo Stramezzi, profesor del seminario que le acompaña, en una clara tarde de abril, en una visita al Santuario, el predicador de los Ejercicios Espirituales para Hijas de la Caridad Canossiane, Don Bartolomé Borsieri, Párroco de Bordolano Cremonese. Así escribe: “El M. R. párroco local abrió de inmediato el venerable lugar, donde se ve la estatua de María que se apareció a Caterina Uberti. Precisamente en medio del fondo de oro de los nichos en la parte superior, está la imagen del milagro. El Predicador permanecía en silencio con los ojos fijos, como éxtasis, en la imagen, cuando se produce el milagro y exclama: “Pero no ven que mueve los ojos ahora? ¡Oh que maravilla!. Ahora los baja, ahora los sube. No sólo los ojos de la Virgen se mueven, sino también los del Niño. Y vimos claramente … que en un cuarto de hora el milagro se repitió varias veces …“. El hecho se repite de nuevo el 5 de mayo y tres meses después a muchas personas, y siguió sucediendo.

Las reacciones de la gente son las más dispares: entusiastas en su mayor parte, pero también escépticos e incrédulos. Se constituye una comisión que lleva a cabo una intensa investigación: se consiguen unos cuatrocientos testimonios, la mayoría con declaraciones juradas, que se registran en los archivos de la Curia de Crema.

El profesor Giovanni M. Cavalleri, Bernabita, renombrado estudioso especializado en física óptica, inventor y creador de varios instrumentos ópticos. Concluye en su informe del 16 de octubre de 1869 que: “lo que afirman los testigos sobre la apertura y cierre de los ojos de la Virgen y el Niño, que giran vertical y horizontalmente, no puede de ninguna manera ser causada por el juego de luces, o … en general por cualquier ley física conocida“.

(fuente: forosdelavirgen.org)

Santos del día 3 de abril

Santos del día 3 de abril
Tertio Nonas aprilis
En Roma, san Sixto I, papa, que en tiempo del emperador Adriano rigió la Iglesia Romana, como sexto pontífice tras el bienaventurado Pedro.
En Tomis, en Escitia, santos Cresto y Papo, mártires.
En Tiro, ciudad de Fenicia, san Ulpiano, mártir, que, siendo aún adolescente, durante la persecución desencadenada bajo el emperador Maximino Daza fue encerrado en un odre con una serpiente y un perro, y, sumergido en el mar, completó así su martirio.
En Nápoles, en la región de Campania, san Juan, obispo, que falleció en la noche santa de Pascua mientras celebraba los sagrados misterios, y, acompañado de multitud de fieles y neófitos, fue inhumado el día de la solemnidad de la Resurrección del Señor.
En el monasterio de Medikion, en Bitinia, san Nicetas, abad, que en tiempo del emperador León el Armenio, por defender el culto de las sagradas imágenes, sufrió cárcel y exilio.
En Constantinopla, san José, presbítero, por sobrenombre «Himnógrafo», el cual, siendo monje, en la persecución desencadenada por los iconoclastas fue enviado a Roma para pedir la protección de la Sede Apostólica. Posteriormente, después de muchos padecimientos, recibió la custodia de los vasos sagrados de la Iglesia de Santa Sofía.
En Chichester, ciudad de Inglaterra, san Ricardo, obispo, que fue desterrado por el rey Enrique III, y restituido después a esta sede, se mostró siempre generoso en ayudar a los pobres.
En Polizzi, en la isla de Sicilia, en Italia, beato Gandulfo de Binasco Sacchi, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que llevó una vida solitaria y austera, e iluminó aquella región con la predicación de la Palabra de Dios.
En Pina, en el Piceno, también en Italia, beato Juan, presbítero, uno de los primeros compañeros de san Francisco, que fue enviado a la Galia Narbonense, donde enseñó la nueva forma de vida evangélica.
En Lancaster, en Inglaterra, beatos Roberto Middleton, de la Orden de la Compañía de Jesús, y Turstano Hunt, ambos presbíteros y mártires. Este último, al querer liberar al primero cuando era conducido prisionero, también fue apresado y, bajo el reinado de Isabel I, los dos fueron condenados a muerte por ser sacerdotes, llegando, a través de los tormentos padecidos, a la derecha de Cristo.
En Udine, en la región de Venecia, san Luis Scrosoppi, presbítero de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, que fundó la Congregación de Hermanas de la Divina Providencia, para la educación cristiana de la juventud femenina.
En Guadalajara, México, beatos laicos José Luciano Ezequiel Huerta Gutiérrez y José Salvador Huerta Gutiérrez, mártires.
En Grottaferrata, beata María Teresa Casini, virgen, fundadora de la congregación de Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús
Cerca de Cracovia, en Polonia, en el campo de concentración de Auschwitz, beato Pedro Eduardo Dankowski, presbítero y mártir, que al ser ocupada militarmente Polonia, su patria, en tiempo de guerra, fue detenido por su confesión cristiana y atormentado hasta consumar el martirio.

jueves, 2 de abril de 2020

Nuestra Señora de Altagracia de Higuey 02 de abril

02 de abril: Nuestra Señora de Altagracia de Higuey

La histórica ciudad de Higüey fue fundada por Don Juan de Esquive!, durante el gobierno de Nicolás de Ovando, hacia el 1505 o poco después. Su nombre primitivo fue Salvaleón de Higüey y blasonada con el escudo de armas y el título de Villa, en 1508, concedido por el Rey de España. La ciudad original estaba ubicada más cercana a la costa sur de la Isla y fue' trasladada al sitio actual varios años después.

Fue el primer Santuario dedicado a la Virgen María en América. Del primer Santuario la fecha exacta de su construcción se desconoce. En 1512 el Obispo García de Padilla erigió la parroquia de Higüey al mismo tiempo que se erigía la Catedral de Santo Domingo.

Según el cronista Alcocer, que escribió en 1680, el culto de Nuestra Sra. de la Altagracia fue introducido en la isla por Alonso y Antonio de Trejo, naturales de Plasencia, Extremadura, España, quienes vivían en Higüey ya en el año 1514.

La primitiva iglesia era de madera; fue destruida por un fuego, lo que dio lugar a la construcción del Santuario de piedra que ha estado en uso hasta ahora. El 21 de agosto de 1881 fue arruinado por un temblor de tierra; luego se reconstruyó con las limosnas de los higüeyanos.

El templo, o sea, el antiguo Santuario, fue comenzado en el año 1569 por obra de Simón de Bolívar, antepasado directo del Libertador de América del Sur, y fue terminado por Alonso de Peña en 1572. Esta sólida construcción ha resistido inmóvil como una roca toda inclemencia del tiempo.

Tiene una sola nave sobria, con techo en forma de bóveda, que sostienen cinco arcos de elegante sencillez y robustez. La cúpula forma una media naranja completa y una concha cobija el sitio que ocupa el altar mayor. Una estrella formada de piedra es la decoración de la cúpula; en los arcos lucen incrustaciones de series de rosetones.

El altar mayor, en cuyo centro se destaca el nicho de plata que ha guardado el Santo Retablo, es obra del siglo XVI, magnífica, ejecutada en rica caoba tallada a mano. La mesa del altar luce un artístico frontal de plata, metal que cubre también la grada y el Sagrario. La parte anterior es sencilla, así como la torre o campanario de escasa elevación.

Una tradición respetable refiere que la Virgen llegó a Higüey de una manera milagrosa, siendo el premio de Dios otorgado a una niña de Higüey, la cual la pidió insistentemente a su padre después de verla en sueño. El padre recibió la imagen de un anciano desconocido en una posada al regresar a su casa, de un viaje a Santo Domingo.

La fiesta anual del Santuario se celebra el 21 de enero. Esta fiesta tiene su origen en un voto que hicieron los soldados de la región Oriental de la Isla el 21 de enero de 1691, durante el combate de Sabana Real o Limonade en la frontera con la colonia de Haití.

La imagen auténtica de María, es un lienzo que representa de manera admirable su maternidad divina, está rodeada de un marco de oro y plata, incrustado de piedras preciosas, destacándose unas ricas esmeraldas rodeadas de brillantes, que su Santidad Pío X regaló al Arzobispo Nouel, pero que éste donó a la Virgen. En el Santuario hay otros objetos de valor; una gigantesca y artística custodia de la era colonial y, un elegante trono de plata con incrustaciones y campanillas de oro del año 1811, usado para sacar en procesiones del Santuario el Sagrado Cuadro; un vistoso guión de plata obsequio del presidente de la "REAL ACADEMIA DE SANTO DOMINGO", en el año 1737, etc.

Hoy la joya de mayor valor histórico, religioso, espiritual y material con que cuenta el Santuario es la hermosa corona de oro y piedras preciosas rematadas en una cruz de diamantes que sostienen dos ángeles de plata dorada de siete Kls. de peso, que fue donada por el pueblo dominicano a la Virgen "Para su Canónica y Pontificia Coronación", celebrada en el altar de la Patria el 15 de agosto de 1922.


BASÍLICA:

Lanzada la idea por un sacerdote dominicano de la necesidad de la construcción de un suntuoso templo en la Villa de Higüey que sustituyera el humilde y vetusto santuario, que desde cuatro siglos había albergado a millares de peregrinos de todo el mundo, el pueblo acogió con inusitado entusiasmo esa feliz iniciativa que el gobierno apoyó y patrocinó con la creación de una junta Nacional Colectora Pro Basílica y una "Junta Erectora" encargada de la parte técnica y administrativa para esa construcción.

El proyecto de la Basílica se sometió a un concurso internacional en el cual tomaron parte arquitectos e ingenieros de doce países: Santo Domingo, Cuba, Ecuador, Haití, Paraguay, Perú, Bélgica, España, Francia, Holanda e Italia. Después de un estricto y minucioso estudio de los proyectos. El jurado seleccionó y premió el presentado por los arquitectos franceses A. Dunoyer de Segonzac y Pierre Dupré.

La primera piedra de la Basílica fue bendecida por el Arzobispo Mons. Octavio A. Beras el 21 de enero de 1952. La obra está edificada sobre un área de 4680 mts. cuadrados. El carácter moderno del templo constituye una línea audaz y elevada dentro de la arquitectura moderna. El arco principal del templo se eleva a 80 mts. El interior está constituido por una nave principal y crucero cubierto por un conjunto de bóvedas que penetran para reforzarse y escalonarse majestuosamente.

Las capillas de las naves laterales del presbiterio están dedicadas a los oficios divinos, el presbiterio secundario al camarín de la Virgen por donde desfilan los peregrinos para venerar la Sagrada Imagen. El Sagrado Cuadro descansa en un simbólico naranjo confeccionado en caoba, plata y oro, obra del conocido escultor Antonio Prats Ventos.

El interior del templo tiene capacidad para 3,000 personas y en la parte externa hay amplias galerías cubiertas al amparo del sol y de la lluvia que pueden dar protección al peregrino.

Hermosos vitrales y decoraciones originales realzan la belleza de la obra arquitectónica, unida a las artísticas pinturas murales y a la voz múltiple del órgano. El conjunto del templo, atrio, pórtico, sacristía, patio y jardín abarca un área de 40,000 mts. cuadrados.

La Basílica está situada así: Al este se hallan los principales edificios públicos formando la Avenida en cuyas líneas se encuentra el Santuario y la mayor parte de la ciudad.

Al norte se encuentran Villa Nazaret, el Hospital Provincial y el Colegio de Ntra. Sra. de la Altagracia.

Al oeste está la entrada de Higüey, cuya avenida está entre el hotel "El Naranjo" y la Escuela Juan XXIII.

Al sur se encuentran el ensanche el Naranjo, el Liceo Secundario, la Escuela Hermanos Trejo y el Cuartel del Ejército Nacional.


NUESTRA SEÑORA DE LA ALTAGRACIA
Por Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio 
Tercer Obispo de la Diócesis de la Altagracia, Higüey

Introducción

Nuestra intención, al ofrecer esta publicación, no es presentar un trabajo exhaustivo de la historia, la devoción y la teología sobre la Virgen de la Altagracia. Queremos solamente poner en las manos de todos un breve y bien fundamentado estudio que sea útil para introducir en la historia y en la lectura de la Imagen de Nuestra Señora de la Altagracia. Es el primer resumen publicado de una amplia investigación para mi tesis sobre “La imagen de Nuestra Señora de la Alta gracia de Higuey: Iconografía, Teología y Pastoral”.

Desde hace mucho tiempo acaricié la idea de que los frutos de mi labor investigativa sobre la Imagen de la Altagracia acompañaran a la misma Imagen en los años de preparación y celebración del Gran Jubileo de la Encarnación y Nacimiento de Jesucristo, Redentor del hombre.

La ocasión ha sido propicia al entregar en acto solemne la reproducción exclusiva de la Imagen altagraciana de Higuey realizada por los talleres FAITA de Mallorca y sus artesanos, y empezar a colocarlas en catedrales, parroquias, hogares e instituciones diversas en República Dominicana, Haití, Estados Unidos y en general en otros países donde residen devotos de la Virgen, inaugurando así desde la Basílica la etapa preparativa del Gran Jubileo del año 2000. María fue la preparación inmediata del Nacimiento del Salvador.

Sea esta publicación un homenaje y un acto de agradecimiento al Papa Juan Pablo ll, que motivaba con la meta del año jubilar y que bendijo en Roma la edición limitada de 1,500 reproducciones de la Altagracia en lienzo texturizado; a los Obispos de la Conferencia del Episcopado Dominicano, que dieron su aval a este proyecto y lo hicieron suyo; al Banco Popular Dominicano, que lo auspició y lo apoyó generosamente; a la empresa Barceló, en Bávaro, que nos puso en contacto con los fotógrafo mallorquines; a tantas personas apreciadas y amadas que, desde la gratuidad y el silencio sostuvieron mi investigación, secundaron mi labor y se alegran ahora con la entrega de este primer resumen de la misma.

Esta tarea –difusión de la Imagen y una publicación sobre ella- se coloca en la línea de la pastoral alta graciana encaminada por mis ilustres predecesores, Mons. Juan F. Pepén Solimán y Mons. Hugo E. Polanco Brito, dando así continuidad a su obra y buscando seguir sus huellas.

En el fondo de esta variada acción de ayer y hoy, en la que participaron tantos de diversas maneras con gran dedicación, hay una cosa común a todos: el amor y la gratitud a la Virgen de Altagracia.


1- Origen de la Imagen y devoción Altagraciana en la Isla de Santo Domingo

Sobre la presencia de la Imagen de la Altagracia en Higuey y los comienzos de su extendida devoción entre los dominicanos podemos recordar los siguientes datos:

1. La Imagen de la Altagracia (óleo sobre lienzo de fines del siglo xv o a comienzos del siglo xv ) y la villa de Salvaleón de Higuey están unidos casi desde la fundación de ésta hacia 1506.

Prácticamente han hecho historia común. También en la ciudad de Santo Domingo el culto y la devoción a la Altagracia es muy antiguo. Algunos historiadores opinan que la capilla de la Altagracia, ligada al hospital de San Nicolás de Bari, primero de la Isla del Nuevo Mundo, del que se conservan algunas ruinas en la calle Hostos de la capital, se remonta a los primeros años de la colonia, a la misma época de la Altagracia de Higuey. Esta capilla desapareció. Allí se ha edificado la actual iglesia capitalina con el mismo nombre de Altagracia.

2. En la memoria de los higueyanos se conserva la tradición de que el Santuario Viejo está construido donde estuvo plantado el naranjo, en el que apareció la Virgen. Como nativo de Higuey, recuerdo que detrás del templo hay un lugar donde siempre vi, desde pequeño, un naranjo. Cuando se secaba uno se sembraba el otro. Nadie sabe cuando ni quien empezó esta costumbre. Sólo se sabe que “así se había hecho siempre”, “de tiempo inmemorial”.

3. En un documento de 1650, escrito por el canónigo dominicano Jerónimo de Alcocer, se dice que es sabido por todos que la Imagen fue llevada a Higuey por los hermanos Antonio y Alonso Trejo. Consta por otra parte, que en 1914 los Trejo ya estaban en Higuey. Este documento fue encontrado en la Biblioteca Nacional de Madrid por el historiador Emilio Rodríguez Demorizi y publicado por él, en el 1942 (ver apéndice num. 1). El pueblo dominicano había perdido la conciencia de la relación de los Trejo con la Altagracia.

4. Se conservaba, sin embargo, en la memoria de los dominicanos una narración que se llama generalmente “la leyenda de la Altagracia”. Hay diferentes versiones de dicha leyenda, que no coinciden en todos los detalles, pero sí en sus afirmaciones de fondo.

He aquí el fondo del relato popular: la Imagen de la Altagracia le fue dada por un anciano, de manera casi milagrosa, a un padre para su hija, que le había pedido se la trajera de la Capital. La Imagen desapareció de la casa y se apareció en un naranjo. La retomaron a la casa, pero el hecho se repitió varias veces: desaparición de la casa y aparición en el naranjo.

La gente interpretó este acontecimiento como un deseo de la Virgen para que se le colocara en la ermita parroquial; y así se hizo. Al ir aumentando el número de peregrinos visitantes, se construyó un templo más grande, consagrado en 1572 (el llamado Santuario Antiguo) y luego la actual Basílica inaugurada en 1971 y consagrada en 1972.

La primera versión escrita que conservamos de la leyenda es de 1698. Este documento tampoco se conocía. Fue encontrado por el Lic. Bernardo Vega en los archivos del Museo Británico y hecho público por el en 1985. Las otras versiones escritas, recogidas de la tradición oral, son de principio de este siglo; entre ellas se pueden notar las de Rafael Deligne Juan Elías Moscoso (ver apéndice núm. 2). También Mons. Juan Felíx Pepén, nativo de Higuey y su primer obispo, la relata en su libro “Donde floreció el naranjo”.

5. La devoción altagraciana es conocida en España desde muy antiguo, en la región de Extremadura, donde hay santuarios en su honor. De Extremadura, precisamente son originarios los hermanos Trejo. Se sabe que muchos extremeños llevaron consigo la Altagracia donde quiera que iban; y de hecho a lo largo y a lo ancho de la geografía latinoamericana hay muchas capillas y parroquias dedicada a la Altagracia, que no nacieron por la influencia de la Altagracia de Higüey.


Conclusiones

La historia de los Trejo y la narración del anciano, el padre y la hija parecen contradecirse. ¿Cuál de ellas es la verdadera?

Juntándolas las dos podemos encontrar la verdad completa.

I. La historia de los Trejo aparece, aparece a todas luces, lógica: ellos vienen de Extremadura; allí es popular la Altagracia; se sabe que al dejar la patria cada uno lleva consigo la devoción popular de su región; estos dos hermanos se establecieron en el Higuey de la Isla Espa ñola; allí llevaron la imagen de su devoción, la Altagracia.

Los historiadores aceptan estos datos y en ellos encuentra el origen de la imagen de la Altagracia de Higuey.

Pero esta historia precisa y exacta es incompleta. No nos da razón de otro hecho también histórico: ¿Cómo se explica que habiendo otras imágenes de la Altagracia y de otras advocaciones en la isla precisamente la del lejano Higuey cautivara la devoción y el amor de los dominicanos? Hay aquí algo maravilloso, extraordinario, venido departe de Dios, que el pueblo dominicano conoce muy bien, que no es recogido por la historia de los Trejo, pero sí en la narración que se transmitió oralmente de generación a generación. Hay verdades de la vida de los pueblos que saben recoger mejor las leyendas que sus historias críticas.

II. Hoy la mayoría de los científicos coinciden en afirmar que “las leyendas”y “los mitos”son maneras de contar la historia y que no se pueden rechazar simplemente como falsos. Hay en ellos verdades dichas de una manera diferente a la de la historia crítica y racional. No todos los detalles de una leyenda son verdaderos, sino su fondo y su conjunto. De ahí que hay que dar a cada leyenda su valor y descubrir en ellas í que hay que dar a cada leyenda su valor y descubrir en ellas las verdades que encierran con un estilo poético maravilloso, encantador y fascinante, que no es el propio de la historia exacta y precisa, a veces seca y fría.

Así en la narración popular de la Altagracia aparece el dato de su aparición en un naranjo. Detrás de la devoción altagraciana hay, pues, un hecho extraordinario que se va a expresar y a multiplicar en muchos y variados milagros a lo largo de toda la isla y toda la historia de los dominicanos. Todos los días llegan a la Basílica testimonios de estas acciones divinas extraordinarias. Son tantas que casi se han hecho normales y tal vez por ser muchas, la mayoría no se anotan.

La Altagracia de Higuey es, por tanto, una Imagen marcada por algo fuera de lo común, histórica y realmente milagrosa. Es la experiencia de todo un pieblo. La historia de los Trejo no explica este origen; la leyenda sí.

¿Y qué manera más hermosa de decir que la Altagracia es un regalo extraordinario de Dios al pueblo dominicano y a sus descendientes que aquella de la narración popular altagraciana?

He aquí una lectura apropiada de ella:

Un anciano misterioso, que nadie supo de donde vino y que se hizo invisible luego de su acción (es decir, Dios), regaló a un padre (es decir al pueblo dominicano) la Virgen de la Altagracia, que este padre, a su vez, entregó a su hija (es decir, a sus descendientes).El regalo (la Virgen de Dios) es milagroso: desapareció y apareció en un naranjo (es decir Dios hace maravillas a través de él). Llevado de nuevo a la casa de la familia, no se queda allí, repite su presencia en el naranjo: es decir, la Altagracia no es de una sola familia, sino de todas. Es la madre espiritual de los dominicanos, es la madre común que los acompaña, los unifica, los ama y les concede bienes (“milagros”).

Sin la leyenda, la historia de los Trejo, evidentemente, no nos explica por qué la Altagracia está tan profundamente enraizada en el alma de los dominicanos; pero sin los Trejo la leyenda carece de su fundamento último, el lógico y natural, que Dios siempre tiene en cuenta: la Imagen no bajó del cielo, sino que vino de alguna parte de la tierra.

Quedémonos, pues, con la historia de los hermanos Trejo y la leyenda popular. Las dos juntas nos pueden dar la historia completa del origen de la devoción y del culto altagraciano.

III. Valor e Importancia de las Imágenes

Las imágenes son tan antiguas como la humanidad. Son parte de la estructura básica del ser humano y no se puede prescindir de ellas. Más aún: cuando una determinada época se las menosprecia y deja de lado, los hombres de ese tiempo o una parte de ellos se empobrecen y se secan. Hay en las imágenes una riqueza, una frescura y una vida que no se encuentra en la sola palabra ni la razón llega a captar del todo.

Es una dimensión tan clara y tan fuerte en el ser humano que en transcurso de su historia, repetidas veces, él mismo ha elevado a la categoría de “dioses”a sus imágenes, como elevó a “dioses”a héroes y reyes, a criaturas irraciona-les e inanimadas (Romanos 1, 24-25), al dinero y a la codicia (colosenses 3,5). Esta desviación debió ser corregida en múltiples ocasiones para colocar la imagen en el puesto que le corresponde y darle el valor que Dios creador le ha asignado, como uno de los recursos con los que ha dotado a su criatura principal, el hombre. O, al revés, continuamente han existido corrientes iconoclastas que buscan destruir cada imagen. Eso siempre ha sido un error que ha terminado haciendo mucho daño a los pueblos e incluso a sus propios propulsores.

Junto a la realidad y al concepto de la imagen se presentan otras realidades y conceptos estrechamente unidos a ella: signo, símbolos, lenguaje, comunicación.

En los tiempos modernos la importancia y valor de este conjunto de realidades han sido puesto sobre el tapete de manera vigorosa. Esa valoración se ha concretizado en la aparición de múltiples estudios sobre ellas y de la “semiótica”o “semiología,”como ciencia que se interesa de manera particular en los mismos.

Imágenes, signos, símbolos, lenguaje, comunicación no sólo importan a la “semiótica”o “semiología.”Otras muchas ciencias tienen que ver con ellos: la psicología, la religión, en fin, el conjunto de ciencia que tratan al hombre.

En cuanto a las imágenes sagradas pintadas, hay que decir que ellas comunican en colores aquello que la palabra anuncia en letras escritas. Son, en verdad, catequesis dichas en símbolo y con colores. Ya en el año 600 el Papa San Gregorio Magno insistía en el carácter didáctico de las pinturas de la iglesia, útiles para que los iletrados, mi- rándolas, puedan leer al menos en ellas lo que no pueden leer en los libros.

Toda imagen –también de la Virgen y de los santos- hace referencia a Cristo y habla de El, porque El es la “Imagen del Dios invisible”y porque El restauró la “imagen de Dios ”en el hombre, perdida por el pecado.

Hacemos Imágenes porque Cristo es Imagen de Dios, porque se ha hecho hombre, porque todo ser humano es imagen del hijo de Dios y porque esa imagen en el hombre, alterada desde Adán, ha sido restituida por Cristo.

En la Virgen y en los Santos es donde se da esa restauración de la imagen de Dios en los hombres en su más alto grado. En ellos Cristo es glorificado. Son muestras del triunfo del evangelio. Una imagen (icono) de la madre de Dios o de un Santo quiere ser, ante todo, una afirmación de la victoria del hijo de Dios encarnado, redimiendo, restaurando y recapitulando todas las cosas en El. Una Imagen, ciertamente, transmite otros muchos mensajes, pero todos ellos se refieren a Jesucristo. Al venerar cualquier imagen sagrada, veneramos siempre a Cristo.


HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II 
Higüey, República Dominicana Lunes 12 de octubre de 1992 
“Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer” (Ga 4, 4).

1. Estas palabras del apóstol san Pablo, queridos hermanos y hermanas, nos introducen en el misterio de aquella Mujer, llena de gracia y de bondad, a quien, generación tras generación, los dominicanos han venido a honrar a esta Basílica donde hoy nos congregamos.

Desde el lejano 1514, la presencia vigilante y amorosa de Nuestra Señora de la Altagracia ha acompañado ininterrumpidamente a los queridos hijos de esta noble Nación, haciendo brotar en sus corazones, con la luz y la gracia de su divino Hijo, la inmensa riqueza de la vida cristiana.

En mi peregrinación a esta Basílica, quiero abrazar con el amor que irradia de nuestra Madre del cielo, a todos y cada uno de los aquí presentes y a cuantos están unidos espiritualmente a nosotros a lo largo y a lo ancho del País. Mi saludo fraterno se dirige a todos mis Hermanos en el Episcopado que me acompañan y, en particular, a los queridos Obispos de la República Dominicana, que con tanta dedicación y premura han preparado mi visita pastoral.

Y desde esta Basílica mariana –que es como el corazón espiritual de esta isla, a la que hace quinientos años llegaron los predicadores del Evangelio– deseo expresar mi agradecimiento y afecto a los Pastores y fieles de cada una de las diócesis de la República, comenzando por la de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, donde nos hallamos. Mi reconocimiento, hecho plegaria, va igualmente a la Arquidiócesis de Santo Domingo, a su Pastor y Obispos Auxiliares. Mi saludo entrañable también a las diócesis de Bani, Barahona, La Vega, Mao–Monte Cristi con sus respectivos Obispos. Paz y bendición a los Pastores y fieles de San Francisco de Macorís, Santiago de los Caballeros y San Juan de la Maguana. Un recuerdo particular, lleno de afecto y agradecimiento, va a todos los sacerdotes, religiosos, religiosas y demás agentes de pastoral que, con generosidad y sacrificio, dedican sus vidas a la obra de la nueva evangelización.

2. Celebramos, amados hermanos y hermanas, la llegada del mensaje de salvación a este continente. Así estaba predestinado en el designio del Padre que, al llegar la plenitud de los tiempos, nos envió a su Hijo, nacido de mujer (cf. Ga 4, 4), como hemos oído en la segunda lectura de la Santa Misa.

Dios está fuera y por encima del tiempo, pues Él es la eternidad misma en el misterio inefable de la Trinidad divina. Pero Dios, para hacerse cercano al hombre, ha querido entrar en el tiempo, en la historia humana; naciendo de una mujer se ha convertido en el Enmanuel, Dios–con–nosotros, como lo anunció el profeta Isaías. Y el apóstol Pablo concluye que, con la venida del Salvador, el tiempo humano llega a su plenitud, pues en Cristo la historia adquiere su dimensión de eternidad.

Como profesamos en el Credo, la segunda persona de la Santísima Trinidad “se encarnó por obra y gracia del Espíritu Santo”. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti –dice el ángel a María– y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1, 35). Con el “sí” de la Virgen de Nazaret llega a su plenitud y cumplimiento la profecía de Isaías sobre el Enmanuel, el Dios–con–nosotros, el Salvador del mundo.

Junto con el ángel Gabriel proclamamos a María llena de gracia en este Santuario de Higüey, que está bajo la advocación de la Altagracia, y que es el primer lugar de culto mariano conocido erigido en tierras de América. Todo cuanto se ve en el cuadro bendito que representa a nuestra Señora de la Altagracia es expresión limpia y pura de lo que el Evangelio nos dice sobre el misterio de la encarnación del Hijo de Dios.

A la sombra de este templo se ha formado un pueblo en fusión de razas y culturas, de anhelos y esperanzas, de éxitos y de fracasos, de alegrías y tristezas. El pueblo dominicano ha nacido bajo el signo de la Virgen Madre, que lo ha protegido a lo largo de su caminar en la historia. Como consta en los anales de esta Nación, a este lugar santo han acudido a buscar valor y fuerza los forjadores de la nacionalidad; inspiración los poetas, los escritores y los sabios; aliento los hombres de trabajo; consuelo los afligidos, los enfermos, los abandonados; perdón los arrepentidos; gracia y virtud los que sienten la urgencia de ser santos. Y todos ellos, bajo el manto de la Altagracia, la llena de gracia.

3. Este Santuario, amadísimos dominicanos, es la casa donde la Santísima Virgen ha querido quedarse entre vosotros como madre llena de ternura, dispuesta siempre a compartir el dolor y el gozo de este pueblo. A su maternal protección encomiendo todas las familias de esta bendita tierra para que reine el amor y la paz entre todos sus miembros. La grandeza y la responsabilidad de la familia están en ser la primera comunidad de vida y amor; el primer ambiente donde los jóvenes aprenden a amar y a sentirse amados. Cada familia ha recibido de Dios la misión de ser “la célula primera y vital de la sociedad” (Apostolicam actuositatem, 11) y está llamada a construir día a día su felicidad en la comunión. Como en todo tejido vivo, la salud y el vigor de la sociedad depende de cómo sean las familias que la integran. Por ello, es también responsabilidad de los poderes públicos el favorecer la institución familiar, reforzando su estabilidad y tutelando sus derechos. Vuestro país no puede renunciar a su tradición de respeto y apoyo decidido a aquellos valores que, cultivados en el núcleo familiar, son factor determinante en el desarrollo moral de sus relaciones sociales, y forman el tejido de una sociedad que pretende ser sólidamente humana y cristiana.

Es responsabilidad vuestra, padres y madres cristianos, formar y mantener hogares donde se cultiven y vivan los valores del Evangelio. Pero, ¡cuántos signos de muerte y desamor marcan a nuestra sociedad! ¡Cuántos atentados a la fidelidad matrimonial y al misterio de la vida! No os dejéis seducir, esposos cristianos, por el fácil recurso al divorcio. No permitáis que se ultraje la llama de la vida. El auténtico amor dentro de la comunión matrimonial se manifiesta necesariamente en una actitud positiva ante la vida. El anticoncepcionismo es una falsificación del amor conyugal que convierte el don de participar en la acción creadora de Dios en una mera convergencia de egoísmos mezquinos (Familiaris consortio, 30 y 32). Y, ¿cómo no repetir una vez más en esta circunstancia que si no se pueden poner obstáculos a la vida, menos aún se puede eliminar impunemente a los aún no nacidos, como se hace con el aborto?

Por su parte, los esposos cristianos, en virtud de su bautismo y confirmación y por la fuerza sacramental del matrimonio, tienen que transmitir la fe y ser fermento de transformación en la sociedad. Vosotros, padres y madres de familia, habéis de ser los primeros catequistas y educadores de vuestros hijos en el amor. Si no se aprende a amar y a orar en familia, difícilmente se podrá superar después ese vacío. ¡Con cuánto fervor imploro a Dios que las jóvenes y los jóvenes dominicanos encuentren en sus hogares el testimonio cristiano que avive su fe y les sostenga en los momentos de dificultad o de crisis!

4. ¡Jóvenes dominicanos!, pido a Nuestra Señora de la Altagracia que os fortalezca en la fe, que os conduzca a Jesucristo porque sólo en Él encontraréis respuesta a vuestras inquietudes y anhelos; sólo Él puede apagar la sed de vuestros corazones. La fe cristiana nos enseña que vale la pena trabajar por una sociedad más justa; que vale la pena defender al inocente, al oprimido y al pobre; que vale la pena sacrificarse para que triunfe la civilización del amor. Sois los jóvenes del continente de la esperanza. Que las dificultades que os toca vivir no sean un obstáculo al amor, a la generosidad, sino más bien un desafío a vuestra voluntad de servicio. Habéis de ser fuertes y valientes, lúcidos y perseverantes. No os dejéis seducir por el hedonismo, la evasión, la droga, la violencia y las mil razones que aparentan justificarlas. Sois los jóvenes que caminan hacia el tercer milenio cristiano y debéis prepararos para ser los hombres y mujeres del futuro, responsables y activos en las estructuras sociales, económicas, culturales, políticas y eclesiales de vuestro país para que, informadas por el espíritu de Cristo y por vuestro ingenio en conseguir soluciones originales, contribuyáis a alcanzar un desarrollo cada vez más humano y más cristiano.

5. Encontrándome en esta zona rural de la República, mi pensamiento se dirige de modo particular a los hombres y mujeres del campo. Vosotros, queridos campesinos, colaboráis en la obra de la creación haciendo que la tierra produzca los frutos que servirán de alimento a vuestras familias y a toda la comunidad. Con vuestro sudor y esfuerzo ofrecéis a la sociedad unos bienes que son necesarios para su sustento. Apelo, por ello, al sentido de justicia y solidaridad de las personas responsables para que pongan todos los medios a su alcance en orden a aliviar los problemas que hoy aquejan al sector rural, de tal manera que los hombres y las mujeres del campo y sus familias puedan vivir del modo digno que les corresponde a su condición de trabajadores e hijos de Dios. La devoción a la Santísima Virgen, tan arraigada en la religiosidad de los trabajadores del campo, marca sus vidas con el sello de una rica humanidad y una concepción cristiana de la existencia, pues en María se cifran las esperanzas de quienes ponen su confianza en Dios. Ella es como la síntesis del Evangelio y “nos muestra que es por la fe y en la fe, según su ejemplo, como el pueblo de Dios llega a ser capaz de expresar en palabras y de traducir en su vida el misterio del deseo de salvación y sus dimensiones liberadoras en el plano de la existencia individual y social” (Congr. pro Doctrina Fidei, Instructio Libertatis conscientia, 97).

6. “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer” (Ga 4, 4).

María es la mujer que acogiendo con fe la palabra de Dios y uniendo indisolublemente su vida a la de su Hijo, se ha convertido en “la primera y más perfecta discípula de Cristo” (Marialis cultus, 35). Por ello, en unas circunstancias como las actuales, cuando el acoso secularizante tiende a sofocar la fe de los cristianos negando toda referencia a lo transcendente, la figura de María se yergue como ejemplo y estímulo para el creyente de hoy y le recuerda la apremiante necesidad de que su aceptación del Evangelio se traduzca en acciones concretas y eficaces en su vida familiar, profesional, social (Christifideles laici, 2). En efecto, el laico dominicano está llamado, como creyente, a hacer presente los valores evangélicos en los diversos ámbitos de la vida y de la cultura de su pueblo. Su propia vocación cristiana le compromete a vivir inmerso en las realidades temporales como constructores de paz y armonía colaborando siempre al bien común de la Nación. Todos deben promover la justicia y la solidaridad en los diversos campos de sus responsabilidades sociales concretas: en el mundo económico, en la acción sindical o política, en el campo cultural, en los medios de comunicación social, en la labor asistencial y educativa. Todos están llamados a colaborar en la gran tarea de la nueva evangelización.

Hoy como ayer María ha de ser también la Estrella de esa nueva evangelización a la que la Iglesia universal se siente llamada, y especialmente la Iglesia en América Latina, que celebra sus quinientos años de fe cristiana. En efecto, el anuncio del Evangelio en el Nuevo Mundo se llevó a cabo “presentando a la Virgen María como su realización más completa” (Puebla, 282). Y a lo largo de estos cinco siglos la devoción mariana ha demostrado sobradamente ser un factor fundamental de evangelización, pues María es el evangelio hecho vida. Ella es la más alta y perfecta realización del mensaje cristiano, el modelo que todos deben seguir. Como afirmaron los Obispos latinoamericanos reunidos en Puebla de los Ángeles, “sin María, el Evangelio se desencarna, se desfigura y se transforma en ideología, en racionalismo espiritualista” (Puebla, 301).

7. “Porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso” (Lc 1, 49).

Así lo proclama María en el Magníficat. Ella, la Altagracia, nos entrega al Salvador del mundo y, como nueva Eva, viene a ser en verdad “la madre de todos los vivientes” (Gn 3, 20). En la Madre de Dios comienza a tener cumplimiento la “plenitud de los tiempos” en que “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer,... para que recibiéramos la filiación adoptiva” (Ga 4, 4-5). El Enmanuel, Dios–con–nosotros, sigue siendo una nueva y maravillosa realidad que nos permite dirigirnos a Dios como Padre, pues María nos entrega a Aquel que nos hace hijos adoptivos de Dios: “hijos en el Hijo”.

“La prueba de que sois hijos –escribe san Pablo– es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios” (Ibíd., 4, 6-7). Ésta es la gran verdad que nos proclama el Apóstol en nuestra celebración eucarística: la filiación adoptiva al recibir la vida divina. Por eso, nuestros labios pueden repetir las mismas palabras: “Padre..., Padre nuestro”, porque es el Espíritu Santo quien las inspira en nuestros corazones.

8. ¡Altagracia! La gracia que sobrepuja al pecado, al mal, a la muerte. El gran don de Dios se expande entre los pueblos del Nuevo Mundo, que hace cinco siglos oyeron las palabras de vida y recibieron la gracia bautismal. Un don que está destinado a todos sin excepción, por encima de razas, lengua o situación social. Y si algunos hubieran de ser privilegiados por Dios, éstos son precisamente los sencillos, los humildes, los pobres de espíritu.

Todos estamos llamados a ser hijos adoptivos de Dios; pues “para ser libres nos libertó Cristo” (Ga 5, 1): ¡libres de la esclavitud del pecado!

¡Madre de Dios! ¡Virgen de la Altagracia! Muestra los caminos del Enmanuel, nuestro Salvador, a todos tus hijos e hijas en el Continente de la esperanza para que, en este V Centenario de la Evangelización, la fe recibida se haga fecunda en obras de justicia, de paz y de amor.

Amén.

(fuente: www.basilicahiguey.com)