Quince Razones y más.
Comentario primero:
Domingo 6º de Pascua. Ciclo A (10.05.2026): Juan 14,15-21. Amaos unos a otros. Y nada más. Así lo escribo CONTIGO,
En la primera línea de esta página se nos informa de que estamos en la sexta semana del tiempo de pascua. Seis semanas ya desde aquel ‘primer día’ después de la fiesta de Pascua de la que nos dejó constatación escrita el Evangelista Juan. Y ahora, los responsables de las lecturas del Evangelio en la liturgia nos proponen, como el domingo pasado, un relato de la sobrecena de la pascua judía de Jesús y sus seguidores en el Cenáculo de Jerusalén (Jn 14,15-21). Un nuevo despropósito, me digo. ¿Podremos así entender el mensaje de este Evangelista?
Volveré a decirlo: esta pedagogía de la liturgia eucarística se sirve del Evangelio al que llega incluso a manipular, tal vez, por ignorancia. La liturgia se sirve, o aprovecha, del Evangelio para sus propios intereses. Y lo expreso así porque debe entenderse que todo texto dice lo que dice siempre dentro del contexto en el que se escribe. Sólo así podrá ser luz para otros contextos.
Escribo esto después de leerme un largo texto sobre la realidad del Covid-19 y su presencia en la vida cuaresmal de la Iglesia y de su liturgia: ‘Ánimo, no tengáis miedo’ (Mc 6,50) (Carta a todas las mujeres y hombres viri-coronables). Pliego de Vida Nueva 3170. La carta es muy sugerente y nada despreciable, pero en ningún momento se comenta nada a propósito de la cita expresa de Marcos. Ni una leve alusión. A la mente creadora del Evangelio le han robado la expresión sin detenerse a contemplar la luz de su mensaje. No se lo explican mis neuronas.
Lo lamento mucho en esta ocasión, José Ignacio González Faus, teólogo y jesuita, que sabes de la centralidad de cada uno de los libros de la Biblia en las reflexiones de los servidores del Evangelio. Este silencio en tu documento no me lo puedo callar, porque no me ha dejado saborear en paz lo que has escrito. Al evangelizar, ¿no debe tratarse a la Biblia con más cariño?
Al comentar ahora el relato de Juan 14,15-21 me recuerdo que se trata de una de las teselas del mosaico de este simposio elaborado por su narrador en el capítulo decimotercero y decimocuarto del cuarto Evangelio. Y con más precisión, estas palabras que se le ponen en boca a Jesús de Nazaret están dirigidas a Felipe (14,8) que le preguntó explícitamente por ‘el Padre’: “Preséntanos al Padre” (14,8). ¡Qué atrevimiento, desear ver al Padre nuestro! En este impresionante mosaico del simposio de Juan atrae y atrapa mi atención la tesela del único mandamiento de aquel Jesús de Galilea. Ella es la luz que todo lo ilumina en este mensaje tan sencillo como plenamente humano y humanizador. Un mandamiento que lo escribe dos veces para que nunca nadie lo malinterprete: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos (amigos, de Jesús, seguidores, cristianos, personas, humanos, mujeres, varones), si os amáis unos a otros” (Jn 13,35). Es el único mandamiento de este Jesús. Toda su religión.
¿Quién es el Padre? Sea quien sea o esté donde esté, sólo se le comprenderá o se le verá si os amáis unos a otros. ¿Quién es Jesús? Sea quien sea y esté donde esté, sólo se le comprenderá o se le verá si os amáis unos a otros. ¿Quién es el Espíritu? Sea quien sea y esté donde esté, sólo se le comprenderá o se le verá si os amáis unos a otros. Esto que acabo de escribir y que acabas de leer, ¿no es una manera de expresar el mismo mensaje de Jn 14,15-21? Así lo creo.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 17.05.2020. Y también en Madrid, 10.05.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 24ª página del Evangelio de Mateo 13,53-58.
El texto de Mateo 13,53-58 completa la tercera parte de la palindromía que había comenzado en Mateo 12,46-50. Y ya adelanté que se trata de una palindromía tanto literaria como teológica sobre ‘la familia de Jesús’. Según mi propia comprensión este asunto de ‘la familia de Jesús’ es otra forma de responder a la pregunta que me hago: ¿Qué significa ser Jesús de Nazaret y pertenecer a su familia?
Después de contar las parábolas a las gentes reunidas en la orilla del mar de Galilea se fue Jesús a su cercana tierra de Nazaret y allí “enseñaba en su sinagoga” (Mt 13,54). ¿Qué enseñaba en aquella sinagoga de su pueblo? Enseñaba lo que había enseñado hasta ahora y que he tenido la oportunidad de leer desde Mateo 4,23 hasta 13,52. Y seguramente que entre estas enseñanzas no faltó jamás hablar de ‘el reino-reinado’. Este reino, ¿no era una semilla?
La enseñanza de Jesús despertaba comentarios maravillados en aquellas gentes de su tierra y su pueblo que le oían expresarse en la sinagoga. Es más, apunta este narrador Mateo, estas gentes reconocen la sabiduría y los milagros de este paisano suyo. ¿Cómo no iba a llamar la atención la enseñanza de Jesús si enseñaba a desobedecer la Ley o, al menos, a dejarla de lado y vivir de otra manera? ¿Acaso se pueden olvidar aquellos ‘se os dijo... pero yo os digo’ (Mt 5)?
¿Cómo no iba a llamar la atención su mensaje si se atrevía a reemplazar toda la tradición religiosa de Israel por el deseo que se despierta en el interior de cada persona y que le invitaba a ser ella misma toda la LEY y los PROFETAS? Jesús enseñaba a vivir sin una religión que les dijera a las personas qué debían hacer o no hacer, creer o no creer, orar no orar. Para este Jesús, y de ello hablaba abiertamente, no era necesaria una Ley, unos Profetas, un Templo, un Sacerdocio y unas Tradiciones que hablaban de comer así o asá, de beber así o asá, de vestir de tal o cual manera...
Si al leer esto que escribo sientes que me sobrepaso o soy parcial o trato de engañar, te invito a que medites muy despacio la síntesis de toda la enseñanza de este Jesús que nos ha transmitido el narrador Mateo en el primer discurso llamado de las bienaventuranzas y que dice lo que ya recuerdas tan acertadamente: “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás. En esto consiste toda la Ley y los Profetas” (Mt 7,12).
Aquellas gentes se hacían una gran pregunta. Y creo que también se la han hecho muchas personas lectoras de sus mensajes. Y tú y yo nos hacemos estas grandes preguntas: ¿Dónde aprendió aquel Jesús estas cosas? ¿Quién se las enseñó? ¿Participó en cursos de formación teológico-catequética inicial, avanzada y de investigación por medio de doctorados y másteres de sublime creación universitaria a lo divino?: ¿De dónde le vino aquella sabiduría suya? Cuando pienso en estas cosas vuelvo a releer el discurso de las parábolas y comprendo que aquel Jesús, tan humano como tú y yo, se pasó la vida como un contemplativo de la realidad y desde ella aprendió a estar y mirar a las personas y cuanto les dolía, alegraba y necesitaban...
Carmelo Bueno Heras. Madrid, 12.05.2019. Y también en Madrid, 10.05.2026.
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