Leer
Comentario primero:
Domingo 12º del TO Ciclo A (21.06.2026): Mateo 10,26-33. Ahora es hora de hablar abiertamente. Lo medito y escribo CONTIGO,
Seguimos en el Tiempo Ordinario y con él la lectura contemplativa del Evangelio de Mateo por encontrarnos en el Ciclo A de la liturgia eclesiástica. El pasado domingo se nos leyó Mateo 9,36 hasta 10,8. Y nada se nos leerá de Mateo 10,9-25. ¿Por qué ese silencio manifiesto? Nunca sabremos las razones verdaderas. Y a esto que hace nuestra autoridad eclesiástica, ¿se le puede llamar Evangelizar o Evangelización? ¿Quiénes cambiarán esta liturgia?
El relato de Mateo 10,26-33 que se nos leerá en la asamblea del domingo comienza así: “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: No tengáis miedo”. Si alguien se acerca a su Biblia y lee en Mateo 10,26 constatará que sólo leerá la expresión ‘no tengáis miedo’. ¿A quién o a quiénes y por qué? En algunas ediciones de la Biblia el lector encontrará un título en negrita entre los versículos 25 y 26 de este capítulo décimo. En una de las mías leo: ‘Hablar abiertamente’. Hablar sin miedo. Hablar claro. Hablar como se piensa. Hablar como se vive...
Este mensaje sobre ‘la libertad de expresión’ forma parte del segundo discurso que este Evangelista Mateo pone en boca de su Jesús de Nazaret. El primer discurso puede leerse en los capítulos quinto, sexto y séptimo. Y el segundo discurso se debe leer completo en el capítulo décimo en el que nos encontramos: “Cuando acabó Jesús su discurso sobre la evangelización, abandonó aquel lugar...” (Mateo 11,1). Junto a estos dos discursos, Mateo pondrá en labios de su Jesús tres más. ¿No eran cinco los libros de la Ley de Moisés? Este Jesús es el nuevo Moisés.
Conviene constatar el contexto narrativo en el que Mateo sitúa el segundo discurso de su galileo y laico Jesús: “Jesús recorría todas las ciudades, enseñaba en sus sinagogas... Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor... La mies es mucha y los obreros pocos...Y envió Jesús a estos doce después de darles estas instrucciones...” (Mateo 9,35 a 10,5).
Según este Evangelista que escribe hacia el año 80 del siglo primero, unos 50 años después de la muerte y sepultura de Jesús, una inmensa mayoría de las gentes del pueblo y de la religión judías vivían, mejor malvivían, esclavizadas por aquellos (varones y adultos) que tenían en sus manos el poder de la autoridad, incluso en nombre de su Yavé-Dios. De sinagoga en sinagoga y de sábado en sábado tanto Jesús de Nazaret como sus seguidores después de él eligieron ponerse al lado de los esclavizados y enfrente de quienes se creían presencia viva de Dios.
En este contexto se entiende bien el riesgo que corre todo evangelizador que comparte una buena noticia con quien sólo experimenta la deshumanización de quien se siente y cree enviado por Dios. La Ley que se anuncia cada sábado y en cada sinagoga no es una luz que calienta e ilumina, sino una mentira interesada que hiela y mata. No tengáis miedo, decía aquel Jesús y seguimos escuchándolo hoy. Hablad alto y claro, sin miedo y abiertamente. Nada es más importante que cada persona. Nadie está por encima de cada persona. Anunciar esta noticia fue la obra evangelizadora de Jesús. ¡Cómo resuena por mis adentros aquel ‘habéis oído... Yo os digo... Haz lo que deseas que te hagan’ (Mt 7,12).
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 21.06.2020. Y también en Madrid, 21.06.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 30ª página del Evangelio de Mateo 16,13-20.
El Evangelista nos ha traído hasta Cesarea de Filipo (Mt 16,13-20), el norte de Galilea donde nace el Jordán. Y aquí nos presenta a su Jesús de Nazaret, en el centro de su narración. Ha concluido su Evangelización a las gentes de su tierra y va a iniciar la etapa que le conducirá hasta Jerusalén. Este Evangelista sigue muy de cerca la narración que nos dejó Marcos de este ‘acontecimiento’ (Mc 8,27-30), pero sus diferencias nunca se deben olvidar ni menospreciar.
Para comenzar, en el versículo 16,13 Mateo no desea escribir la palabra ‘camino’, como lo había hecho el primer escritor del Evangelio, fuera Marcos o María Magdalena. Para él, la imagen de ‘el camino’ (Mc 8,27) evoca la decisión de Jesús de subir a ‘evangelizar’ en/a Jerusalén. Y a la vez, seguir ‘evangelizando’ a sus seguidoras y seguidores, tan duros de cabeza. Así pues, al acabar de anunciar su buena noticia en Galilea y antes de comenzar las etapas hasta llegar a Jerusalén, este Jesús de Mateo nos deja en el aire para respiración de nuestras neuronas un par de preguntas claras, directas, grupales y personales a la vez: “¿Quién dice la gente que soy yo?... ¿Quién decís vosotros que soy yo?” (Mt 16,13-15). Cada una de ellas tiene su respuesta explícita y escrita en el texto. Las gentes opinan de él una cosa y los suyos otra.
Mateo 16,16 (cita sencilla de recordar siempre) recoge la respuesta de Simón llamado Pedro: “Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo”. Y a partir de ahora, en Mt 16,17-20 encontramos dos respuestas contrapuestas que este Evangelista puso en boca de su Jesús galileo. El Jesús de Nazaret de Marcos y de Lucas no habló como lo está haciendo aquí el Jesús de Mateo. El análisis crítico y exigente, claramente, reconoce que las primeras palabras que aquí salen de la boca de este Jesús (Mt 16,17-19) son una añadidura de este narrador Mateo. Es muy posible que en los años ochenta del siglo primero hubiera seguidores de Jesús que creyeran en la centralidad de la persona de Pedro entre ellos. Pero desde ahí a creer que este Jesús, y en este momento, fundó e institucionalizó la iglesia y que ésta fuera una y católica y apostólica y romana media un abismo inexplicable.
En cambio, los tres Evangelios sinópticos atestiguan la prohibición explícita de hablar o proclamar que Jesús fuera el Mesías que ellos pensaban, deseaban y esperaban que viniera como había sido anunciado desde sus escritos más esperanzadores como lo fue el Libro del profeta y sabio Daniel. Pocos habían olvidado en el Israel de los tiempos de Jesús a Daniel 7-9.
Este mesianismo del nacionalismo judío no fue el mesianismo que deseó Jesús de Nazaret: “Y prohibió terminantemente a los discípulos decirle a nadie que él era el Mesías” (Mt 16,20). Estas palabras deberían escribirse siempre allá donde se escriban las palabras anteriores: “Tu eres Piedra y sobre esta roca voy a edificar mi iglesia” (Mt 16,18). Si no nos acostumbramos a hacerlo así nunca comprenderemos por qué, enseguida en la narración de Mateo, Jesús de Nazaret llama a Pedro, explícita y enérgicamente, ‘Satanás’ (Mt 16,21-23). Este asunto del mesianismo nacionalista unido a la proclamación de Pedro como ‘Piedra eclesiástica’ me lleva a recordar que esto no es la religión de Jesús, sino aquello de ‘cuanto deseas que...’ (Mt 7,12).
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 23.06.2019. Y también en Madrid, 21.06.2026.
No hay comentarios:
Publicar un comentario