Cinco meses por delante
Comentario primero:
Domingo 11º del T O A (14.06.2026): Mateo de 9,36 a 10,8. Así lo comento y comparto CONTIGO: ¿IMPORTA CONOCER LOS ‘DICHOS’ Y ‘HECHOS’ DE JESÚS DE NAZARET?
Ante ciertos acontecimientos de la vida, pequeños o grandes, se dice a veces aquello de ‘las aguas vuelven a su cauce’. Y ya era hora. Desde el comienzo del tiempo de la Cuaresma allá por el mes de febrero hasta ahora, en pleno junio, la liturgia parece que se había olvidado de Mateo y de su Evangelio. Concretamente, aquel pasado domingo de febrero se nos proclamó el texto final del capítulo quinto de este Evangelio. Desde entonces le hemos dejado al Jesús de Nazaret de Mateo con ‘la palabra en la boca’.
Él había comenzado el primero de sus cinco discursos. Recordaremos, si es posible después de tantos domingos, aquello de ‘habéis oído que se dijo…, pero, en cambio, yo os digo’. Este discurso llamado de las Bienaventuranzas quedó cortado entonces y para siempre, porque jamás se volverá a leer la continuación en la liturgia de la eucaristía. Jamás se nos ha proclamado a la Asamblea del Pueblo el relato, ordenado y completo, de Mateo 5,1 hasta 7,29. Jamás. Nunca.
Y algo más, también grave, según mi comprender, este año tampoco se nos leerá el relato, también ordenado y completo, de Mateo 8,1 a 9,34 donde se ha recogido por parte del inspirado autor de este Evangelio ‘los hechos significativos’ (llamados milagros) de su Jesús de Nazaret. Y me digo con tristeza contenida que es pecado grave del dicasterio vaticano silenciar tan olímpicamente, desde la tenida como ‘cátedra de la palabra de Dios’, la mitad de los ‘dichos’ y la totalidad de los ‘hechos’ de este Jesús del Evangelista Mateo. ¿Se le tiene miedo al Evangelio?
Ahora comprendo muy a las claras la denuncia que aquel Jesús hizo de las autoridades religiosas judías y que hoy se nos leerán con el mismo sentido, valor y actualidad: “al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Otras traducciones, en vez de los calificativos extenuadas y abatidas, escriben ‘vejadas y abatidas’. Existe semejanza, pero hay matices significativos. Si se desea constatarlo, consúltense otras traducciones y se sorprenderán. Hay ideologías que orientan las traducciones.
Dicho esto, llego a la convicción de que debo recomendar a quien esto está leyendo que se tome en serio la lectura personal, ordenada, completa y hasta crítica del largo relato de este Evangelio de Mateo desde 4,23 hasta 9,35. Es todo un relato del ‘decir’ y del ‘hacer’ de este Evangelizador llamado Jesús de Nazaret. Mateo nos lo ha contado de manera excelente. Y la pedagogía de la Iglesia y de sus liturgias dogmáticas nos siguen cerrando el acceso a este ‘evangelio’.
Mateo 9,35 a 10,8 es el relato que se nos anunciará en las eucaristías de este domingo. Y me estoy imaginando un elevado puñado de homilías en las que se hablará de los DOCE, de su identidad y de sus sucesores. Y hasta se citarán sus nombres y apellidos y debo decir, con el susurro de mi voz de hormiga, que ese DOCE y sus sucesores tiene que ver con el inmenso pueblo de los creyentes en Jesús y casi nada con la estructura jerárquica del sacerdocio, desde el papado hasta el último diácono recién ordenado.
Este Jesús del Evangelista Mateo ha comenzado a desgranar su segundo discurso que tiene como centro de interés la misión de toda aquella persona que se ha encontrado con aquel judío y laico de Galilea llamado Jesús de Nazaret y ha escogido hacerse presencia, palabra y práctica de este Jesús viviente que nunca se fue de este mundo de los humanos, sino que eligió permanecer en los adentros de sus seguidores (cfr. Mt 28,16-20, leído hace poco en la asamblea de la misa). De este segundo discurso del Moisés de Mateo hablaré en una semana.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 18.06.2023. Y también en Madrid, 14.06.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 29ª página del Evangelio de Mateo 16,1-12.
Estamos leyendo las últimas tareas de la misión de Jesús de Nazaret por Galilea que nos está compartiendo el Evangelista Mateo: “Se acercaron los fariseos y saduceos y le pidieron a Jesús con mala idea: Muéstranos una señal que venga del cielo. Él les respondió... Los dejó plantados y se marchó” (Mateo 16,1-4).
Antes de comentar el asunto de esta señal que se le pide a Jesús quiero indicar que el relato del Evangelista continúa con otro asunto relacionado con varios temas de los que ya escribió este narrador. Este va a ser el penúltimo o el último mensaje de la evangelización en sus tierras de Galilea: “Jesús les dijo a sus seguidoras y seguidores: ¡Atención! Mucho cuidado con la levadura del pan de los fariseos y saduceos...” (Mt 16,5-12).
Quiero también recordar aquí que conviene leerse ahora el capítulo vigesimotercero completo de este mismo Evangelio. Las personas de las que se habla y con quienes se habla en estos contextos son las mismas. Y los mensajes de estos relatos se acaban comprendiendo con la sola lectura de los mismos y sin otro criterio de interpretación que la relación de los textos como si se tratara de la relación entre las personas. Relacionar relatos es relacionar personas...
Situados ya en este contexto de relaciones, comento la cuestión de ‘la señal y de la levadura’. Si el lector se siente curioso y crítico constatará que el Evangelista Marcos ya habló de este asunto de ‘la señal’ que le piden a Jesús gentes perversas e idólatras (Mc 8,11-13). En Marcos, Jesús no comenta ni comparte señal alguna. En Mateo se nos dice: “No existe otra señal que la de Jonás” (Mt 16,4). Y para mí lector de ahora, ¿cuál fue entonces esta señal de Jonás?
El motivo de esta pregunta que acabo de hacerme ha despertado en muchos investigadores bíblicos el proyecto de su tesis doctoral en asuntos de estudios bíblicos. Y hay respuestas bien diversas. La señal de Jonás es el barco, ‘multirreligioso’, en el que viajaba rumbo a España (la Tarsis del occidente y del acabamiento de la tierra, para los judíos). La señal de Jonás es el embravecimiento del mar que sólo se calmó cuando Yavé Dios quiso. La señal de Jonás es su pez salvador del naufragio... La señal de Jonás es la predicación de la conversión, el ricino que nace y se seca... Pero hay otra señal desconcertante en el viejo mito del Jonás de este Israel.
La señal de Jonás es la utopía de un judío herético que piensa y cree, desde su humanidad de creyente, que su enemigo el conquistador opresivo y ninivita, también es persona, hijo de hombre, hijo de Dios y por lo tanto ‘otro yo’ humano, amigo, hermano, cercano, prójimo, en definitiva. Así lo ha experimentado Jesús en su encuentro con la mujer cananea (Mt 15,21-28).
¿No es esta ‘señal’ de Jonás la comida que alimenta la experiencia de la fe de Jesús de Nazaret, según nos cuenta el Evangelista Mateo? ¿No es esta misma ‘señal’ la que impulsa a este Jesús a gritar por dos veces a los suyos aquel profético y humanizador ‘dadles vosotros de comer’ de las dos multiplicaciones de la comida que nos cuenta el Evangelista?
¿No es esta señal de Jonás la levadura que ha fermentado la evangelización de Jesús en su tierra de Galilea y que está encontrando la incomprensión entre sus propios seguidores de ayer, de hoy y de siempre? La señal de Jonás es la utopía de un judío herético.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 16.06.2019. Y también en Madrid, 14.06.2026.
No hay comentarios:
Publicar un comentario