Sed (123)
Acabo de estar empapado por la lluvia que cae en Madrid. Lluvia suave y
constante. Justo la que se necesita y que creo que siempre sienta bien al aire
para su limpieza y a la tierra para su sustento, porque la tierra se alimenta
de agua.
Además de este empapamiento de la lluvia madrileña, experimento el empapamiento
de hacer estado con el comentario del domingo 17 de abril, día, fiesta y
celebración de la pascua de resurrección. La Pascua, la primera y principal de
las fiestas cristiano-católicas. Terminado y escrito en limpio el comentario
del Evangelio de este día me pasé tiempo sin cuento ni cuenta seleccionando el
libro para seguir enriqueciendo la 'biblioteca de los cincuenta y dos nuevos
libros de la Biblia'. Pensé en aquella preciosa y muy antigua publicación que
sólo eran ilustraciones de su autor. Una especie de 'tebeo' con mil
evocaciones. Luego pensé en aquella otra publicación titulada 'Sin pecado
concebido'. Excelente 'biografía' de tantos humanos que fueron, son y serán
como el protagonista que nos describe Javier Villán a modo de 'Gozos y
tribulaciones de un seminarista? Pero no acababa de estar a gusto y cómo con
estas oportunidades...Y sin saber muy bien cuándo, cómo y por qué la decisión
quedó fraguada. Recomendaré SED, de Amélie Nothomb con sus páginas de
lectura a modo de aperitivo como suelo hacer cada domingo.
Confieso que el libro no lo he leído aún, pero ya me ha atrapado y creo que no
dejará indiferente a todo el que lo lea. Y el asunto es tan sencillo como el
que plantea el primero de los Evangelios sobre Jesús de Nazaret: ¿Quién decís
vosotros que soy yo? (Marcos 8,27-30).
Amélie se toma la libertad, o el atrevimiento, de ponerse en los adentros de su
Jesús de Nazaret y nos deja escrito un bellísimo monólogo o diálogo de uno
mismo,con su mismo Jesús de Nazaret. Se trata, como dice alguno de sus
comentaristas, de 'un Jesús original, sagrado, feminista y juvenil'. Amélie se
siente Evangelista. Es esto, ¿un sacrilegio?, ¿una blasfemia? Es,
sencillamente, literatura, y de la buena. Y también teología. Y de la buena.
De mi poco leer aún diré que 'sed' es el imperativo del verbo 'ser'. Es decir,
'sed' es 'atreverse a ser', atreverse a meterse en la cabeza del propio Jesús
de Nazaret en la experiencia de la Pasión, la muerte y la resurrección. No se
trata de un 'Viacrucis'. Se trata de atreverse a ser Jesús de Nazaret. Nada más
y nada menos.
Y añado más aún ahora. 'Sed' es sobre todo un nombre o sustantivo, femenino,
'la sed', el deseo del agua; a un tiempo la sed del sediento de agua y la sed
del apasionado por algo o alguien. La sed es la propia Amélie y aquel Jesús de
Nazaret de los Evangelios y los Evangelistas.
Sed. Verbo y nombre a un tiempo. Y que no se me olvide lo del 123. Se trata del
número de páginas del librito en su edición castellana. Todo texto seguido,
como se escribieron los propios Evangelios originales. Todo letra, sin
títulos, pero con amplitud de espacios. Los números de los capítulos y
versículos de los originales llegaron después.
Espero que no se haya notado en exceso el empapamiento de esta lluvia final que
también lo es para mí este 'SED'.
A continuación se encuentran los comentarios.
Carmelo Bueno Heras
Domingo 5º
de Cuaresma C (03.04.2022): Juan 8,1-11. Así lo comparto
CONTIGO: ¿Era una religión falsa, ciega, vacía y deshumanizadora?
Desde que la iglesia de Roma inició su año eclesiástico el
día 28 del pasado noviembre hasta el día 3 de este mes de abril han
transcurrido diecinueve domingos con sus correspondientes semanas. Y en todo
este recorrido sólo en los días 2 y 16 de enero se nos leyó en su liturgia de
la santa misa eucaristía cena de Jesús un par de relatos del Evangelio de Juan.
Ambos relatos pertenecían uno al capítulo primero y el otro al capítulo segundo
de este Evangelio.
En este domingo primero de abril se nos leerá otro relato, el
tercero, de este mismo Evangelio: Juan 8,1-11. He escrito estos datos
para volver a afirmar que esta manera de leer este Evangelio de Juan nunca nos
permitirá comprender ni a este Jesús ni a su mensaje, tal y como nos lo deseó
presentar este Evangelista. En los veinte largos siglos de cristianismo nunca
se ha propuesto en la iglesia un modo de lectura comprensiva de esta buena
noticia del Evangelio. ¡Nunca es nunca!
“Por la mañana temprano Jesús regresó al templo y toda la
gente se reunió alrededor de él. Jesús se sentó y les enseñaba. En esto, los
maestros de la ley y los fariseos se presentaron con una mujer que había sido
sorprendida en adulterio... Entonces Jesús añadió: Tampoco yo te condeno.
Puedes irte” (Juan 8,2-11).
He transcrito el comienzo y el final del relato que el
celebrante nos va a proclamar a los oyentes. Confieso ahora que me he permitido
realizar, muy intencionadamente, un corte al comienzo y otro al final del
texto. Sugiero que el lector sea curioso y lo constate en su propia biblia.
Confieso también que el 18 de mayo del año 2016 ya comenté este texto y esto
cito ahora de él:
“Este
relato dice muy explícitamente lo que se va a anunciar aquí y en cada una de
las otras cuatro piezas de este capítulo octavo de Juan: la RELIGION judía
de la Ley de Moisés, del Templo y del Sacerdocio es una RELIGION falsa, ciega,
vacía y deshumanizadora. Todos hablan de ella y nadie la cumple. Es una
RELIGION paralizada y paralizadora. Es una RELIGION en la que todos sus
seguidores son pecadores. Si una religión hace que todos sus seguidores sean
pecadores, ¿qué religión es esa? ¿Qué sentido tiene? ¿Sólo sirve para hacernos
a todos pecadores y condenados, aquí y luego y siempre? Todos condenados a
pagar y ofrecer sacrificios costosísimos a un dios-vampiro insaciable.
Jesús de
Nazaret se levantó del suelo donde escribía y recorrió con el cariño de su
mirada a aquella mujer, abandonada por todos, desde los pies a la cabeza. Y
mirada con mirada, abrió sus brazos y ambos se fundieron en el abrazo del amor
que lo comprende, lo explica, lo sana, lo humaniza… ¡todo! En este gesto se
está adelantando ya la única LEY de la RELIGION única que parece estar
despertándose en este mundo de todos los mundos, épocas y tierras: Amaos unos a
otros. Lo repito, amaos
unos a otros (Juan 13,34-35)”.
Esto
sucedió con la ‘mujer adúltera’ como suelen decir las biblias, pero me seguiré
preguntando, ¿y qué hacemos con el ‘hombre adúltero’? Porque todo adulterio es
cosa de dos. Y escucho a Jesús que me vuelve a decir: Tampoco yo te condeno;
puedes irte. Carmelo Bueno Heras.
CINCO MINUTOS con la otra Biblioteca de la BIBLIA entre las
manos
Tú y yo,
entre otras muchas actividades, solemos también leer. En ocasiones, quedamos
sorprendidos por lo que leemos. Es más, y nos ocurre a veces, llegamos a pensar
que lo que leemos nos hubiera gustado haberlo escrito nosotros mismos. Por esta
sola razón, me he decidido a compartir CONTIGO, semana a semana, durante este
año eclesiástico, 52 libros. Creo que, en la inmensa BIBLIA de todos los
textos, como en el cuerpo de toda persona, ¡todo está relacionado!
Ahora, Semana 19ª: 03.04.2022. Cita de: Gerhart Lohfink,
Ahora entiendo la Biblia, Ediciones Paulinas, Madrid, 1977, 253 páginas.
IV. ¿CÓMO LEER LAS FORMAS BÍBLICAS?
En la tercera parte de esta obra hemos visto que en la Biblia
hay una gran variedad de géneros literarios y formas estereotipadas. La
parábola de la oveja del pobre difiere en su forma de la narración de la
rebelión de Absalón; el relato de Jonás difiere, en su forma, de la saga del
sacrificio de Isaac; la narración del prendimiento de Jesús difiere muchísimo
de la historia de la Anunciación; los discursos de revelación, según el
Evangelio de san Juan, en nada se parecen a los discursos que los Evangelios
Sinópticos ponen en boca del mismo Jesús; y, en fin, una sentencia profética no
debe confundirse con una sentencia jurídica.
Podríamos proseguir largo tiempo nuestro viaje a través del
mundo de las formas bíblicas [...] Nos interesaba más palpar a fondo el hecho
mismo de la existencia de las formas bíblicas.
Y a lo largo de nuestra empresa hemos comprobado la
importancia que tiene el conocimiento de la estructura e intencionalidad
literaria de un texto para su recta inteligencia. Recordemos una vez más la
sentencia de Jesús: “Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”. Quien
tome este texto como una información fría, como un cálculo de porcentajes,
caerá de bruces en el desaliento y se sentirá oprimido. En cambio, quien lo
entiende como debe entenderse, como una llamada, provocativa a la conversión,
no lo tomará menos seriamente, y sabrá ajustar su vida a los deseos de Jesús.
Si uno interpreta la narración de Jonás como una noticia histórica, arrojará
indignado la Biblia de sus manos, o tendrá que vivir en una esquizofrenia
mental. Pero sabiendo que se trata simplemente de una elocuente afirmación del
amor y de la paciencia de Dios para con los hombres, tesis presentada en la
forma de una narración didáctica, la leerá a gusto y la meditará con frutos
siempre nuevos.
Subsiste, empero, una grave dificultad. ¡Cuántos detalles
exegéticos para esclarecer la estructura literaria del escaso número de textos
analizados en este libro! ¿Qué hacer para entender los demás textos, que son
legión, y que ni siquiera hemos mentado? ¿Y cómo arreglárselas con otros
géneros y formas que, si los hemos mencionado, no han sido objeto de un comentario
directo? ¿Habrá que ser un especialista, todo un exegeta, para leer
adecuadamente la Biblia? ¿Habrá que dedicarse a largos estudios sobre los
géneros literarios para acertar en la inteligencia de los textos sagrados? No
comparto esta opinión [...]
Cuanto más maneje la Biblia, con mayor claridad notará los
diversos géneros y con más rapidez percibirá su aplicación y la intención
literaria que se esconde tras ellos. Nada agudiza tanto este sentido y nada es
tan insustituible como la lectura frecuente y periódica [...]
Pero, para una correcta interpretación de la Biblia ha de
añadirse otra cosa muy distinta, algo infinitamente más profundo [...] Es
imposible entender una sola línea si no se tiene la intención de ponerla en
práctica (Reinhold Schneider). Texto completo, en las páginas 221-226.
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