Camino
El Camino, un Camino, de
Camino, por el Camino, en el Camino...
De manera oficial en la
semana del 20-26 de junio dejaremos para siempre la primavera de este 2022 y
comenzaremos el verano. Esto, según los patrones de funcionamiento del cosmos
en el hemisferio norte de nuestra casa del mundo llamada Tierra. En los lares
del Sur el clima será bien distinto. Sin embargo, también en esta página
virtual nos compartimos la mesa y mantel de la palabra, además del aire y
del agua, del día y de la noche, del sol y de la luna. Aunque los
ritmos vitales sean tan distintos, la vida del Evangelio se nos comunica por
igual a uno y a otros se sea del hemisferio que se sea.
Al igual que la propia
Tierra, también el Evangelio es la 'casa común'. Esta buena noticia de Jesús de
Nazaret nos pertenece a todos y nadie la debe poseer en exclusiva. Es uno,
entre muchos más, de los Bienes de Interés Cultural Mundial.
Dentro ya de nuestra realidad
eclesial y, en concreto, en la celebración de la liturgia del domingo último
del mes de junio se nos propone la lectura del primer paso o primera etapa de
un camino. El Camino de Jesús de Nazaret desde su Galilea natal en el
norte hasta Jerusalén la capital en el sur del país. Iremos viendo que se trata
de un camino muy peculiar. Este Camino nos lo cuentan los tres Evangelistas
Sinópticos, pero cada uno de ellos a su manera. En este año seguimos paso a
paso a Lucas.
La narración de Lucas
comienza este Camino que es su Jesús de Nazaret en 9,51. Que tengamos buena
lectura.
¿Se trata de un diario del
Camino? Creo que no. Aunque algo tendrá en común con esos diarios de caminos de
tantísimos caminantes. Los relatos evangélicos siempre nos sorprenden. Caeremos
en la cuenta desde los primeros pasos de este caminar con el galileo de
Nazaret. No es un diario de un camino...
Creo que quienes se ponen en
camino hacia 'algún punto o rincón concreto de esta Tierra' deberían en algún
momento empaparse de esta narración del Camino que es Jesús de Nazaret, según
nos los dejó escrito la mano de Lucas, el Evangelista identificado con un toro,
según la visión del Libro del Apocalipsis.
Desde ahora hasta finales del
mes de noviembre seremos unos muy peculiares caminantes con aquel Jesús que
llevamos dentro.
Me pareció oportuno sugerir
desde ahora, a tantos como vamos a sentirnos caminantes, la narración de unos
acontecimientos propios de tierras y sensibilidades 'afganas'. La mano
narradora de estos caminos de las gentes afganas nos han dejado el testimonio
de las 'Cometas en el cielo' y los 'Mil soles espléndidos'. Estas dos
narraciones impresionan por su inmensa delicadeza humana y su profunda denuncia
de las creencias y prácticas que nos apartan del camino que nos hace ser una
humanidad entrañable.
Y cuando escribo esto se me
viene a la mente aquel refrán de las gentes de antes, antropólogas sabias:
'Arrieros somos y en el camino nos encontraremos'. ¿Arrieros? Sí, porque
quienes ya comienzan a viajar hasta las estaciones espaciales también son
arrieros.
Hasta dentro de una semana y
ya muy conscientes de haber comenzado a dejar huellas.
A continuación se encuentran
los comentarios del domingo 26 de junio.
Domingo 13º del TO Ciclo C (26.06.2022): Lucas
9,51-62.
El Camino del Seguimiento. Lo comento y escribo CONTIGO,
Jesús de
Nazaret, dice el Evangelista Lucas, decidió subir a Jerusalén y envió a alguno
de sus seguidores por delante para ir preparando el camino. Después de los años
de Infancia (Lucas 1-2) y de los muchos años de silencio por su Nazaret y
alrededores; después de su encuentro con Juan el Bautista en el Jordán y de sus
tiempos del desierto (Lucas 3,1 a 4,11); y después de su no muy larga tarea
evangelizadora en la región de la Galilea en el norte de Israel (Lucas
4,12-9,50) inicia un largo camino sin retorno que tendrá su final en la ciudad
de Jerusalén, la capital judía.
Tendremos
que leer ahora en Lucas 19,29-30 estas palabras: “Y sucedió que, al
acercarse a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a
dos de sus discípulos, diciendo: Id al pueblo que está enfrente”. Así,
pues, 9,51 a 19,28 es una narración completa a propósito del camino recorrido
por Jesús de Nazaret y sus seguidores. A partir de la experiencia física de
recorrer este camino, trata el narrador de presentar el ‘camino del Evangelio de
Jesús’.
Puedo
imaginarme también y ‘bautizar’ este camino como: De Galilea a Jerusalén, el
Camino de la Subida, el Camino del Evangelio, el Camino del Seguimiento o, como
se atrevió a escribir el cuarto Evangelio mientras hablaba de Jesús de Nazaret:
‘Yo soy el camino’. Y a todo esto habría que añadirle otro dato más: El
Reino o Reinado de Dios, que está dentro de cada uno de aquellos caminantes
y de cuantos se atrevieron a serlo desde entonces (leer despacio en Lc 17,21).
Me voy a
decidir en estos momentos por llamar a este relato de Lucas 9,51 a 19,28
‘El Camino del Seguimiento de Jesús de Nazaret’. Un camino que no es para curas
o sacerdotes, monjes, frailes, religiosas, hermanas, consagradas, consagrados o
bautizados. Este Camino del Seguimiento de Jesús de Nazaret es para aquellas
personas que desean vivir como lo hizo aquel hombre de Galilea, es para
aquellas personas que hablan de la humanidad entrañable y la practican. Tan
elemental, tan sencillo, tan humano y tan de sentido común.
Por esta
razón, nunca dejaré de recordar las primeras palabras que pone este Evangelista
Lucas en labios de los dos atronadores seguidores de Jesús. Éstas son las
primeras palabras de los primeros seguidores del laico y galileo Jesús: “Santiago
y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los
consuma?” (Lucas 9,54). ‘Atronadores terriblemente deshumanizados y
deshumanizadores’. Suena increíble e intragable. ¿Se puede expresar más alto y
más claro el proyecto de estos discípulos? Las gentes del idioma de Cervantes
lo dirían rica y simbólicamente así: ‘Al enemigo, ni agua’. ¿Cuál fue la
respuesta de Jesús? Lc 9,55 y ver notas.
Este
relato del Evangelio de la liturgia del domingo 26 de junio es sólo el primer
paso de este Camino del Seguimiento de Jesús de Nazaret. ¿Será posible
desmontar todo el argumentario que sostiene una concepción de la RELIGION
verdadera como la que anida en Santiago y Juan?
Todo será
posible para quienes comprenden y aceptan que la utopía es inalcanzable, porque
ella sólo sirve para caminar atraídos por ella, la utopía del nazareno Jesús,
la utopía de la humanidad entrañable, el proyecto de comprender y aceptar que
este mundo es la casa de todos, en la que todos tienen un lugar, mesa, comida,
mantel, cama, descanso, sosiego, felicidad, paz y salud. Y desde aquí cuanto
más de esto, mejor que mejor. Esto es el REINO.
El
Seguimiento y el Reino. Y como decía antes, a este Camino del Seguimiento le
podemos llamar por fin, también, ‘el Camino del Reino’, que ni es una iglesia
ni es ningún cielo. El Reino es ese Camino de los caminantes por los surcos de
los… ¡Mil soles espléndidos! Carmelo Bueno Heras.
MINUTOS con la otra
Biblioteca de la BIBLIA entre las manos
Tú y yo, entre otras muchas actividades, solemos
también leer. En ocasiones, quedamos sorprendidos por lo que leemos. Es más, y
nos ocurre a veces, llegamos a pensar que lo que leemos nos hubiera gustado
haberlo escrito nosotros mismos. Por esta sola razón, me he decidido a
compartir CONTIGO, semana a semana, durante este año eclesiástico, 52 libros.
Creo que, en la inmensa BIBLIA de todos los textos, como en el cuerpo de toda
persona, ¡todo está relacionado!
Ahora,
Semana 31ª: 26.06.2022: Cita de Khaled Hosseini, Mil soles espléndidos,
Salamandra, Barcelona, 2009, 414 páginas.
Este
libro está dedicado a Haris y Fará, ambos la nur de mis ojos, y a las mujeres
afganas.
Primera
parte. 1.
Mariam
tenía cinco años la primera vez que oyó la palabra harami.
Fue un jueves.
Tenía que ser un jueves, porque Mariam recordaba que había estado nerviosa y
preocupada ese día, como sólo le ocurría los jueves, cuando Yalil la visitaba
en el kolba. Para pasar el rato hasta que por fin llegara el momento de
verlo cruzando el claro de hierba que le llegaba hasta la rodilla y agitando la
mano, Mariam se había encaramado a una silla y había bajado el juego de té
chino de su madre. El juego de té era la única reliquia que la madre de Mariam,
Nana, conservaba de su propia madre, muerta cuando Nana tenía dos años. Nana
adoraba cada una de las `piezas de porcelana azul y blanca, la grácil curva del
pitorro de la tetera, los pinzones y los crisantemos pintados a mano, el dragón
del azucarero, que protegía de todo mal.
Fue esta
última pieza la que le resbaló de los dedos a Mariam, cayó al suelo de madera
del kolba y se hizo añicos.
Cuando
Nana vio el azucarero, enrojeció y el labio superior empezó a temblarle, y sus
ojos, tanto el perezoso como el bueno, se clavaron en Mariam, fijos, sin pestañear.
Parecía tan furiosa que Mariam temió que el yinn volviera a apoderarse
del cuerpo de su madre. Pero el yinn no apareció esa vez. Nana agarró a
Mariam por las muñecas, la atrajo hacia sí, y con los dientes apretados le
dijo:
-Eres una
harami torpe. Ésta es mi recompensa por todo lo que he tenido que
soportar. Una harami torpe que rompe reliquias.
Mariam no
lo entendió entonces. No sabía lo que significaba la palabra harami,
‘bastarda’. Tampoco tenía edad suficiente para reconocer la injusticia, para
pensar que los culpables son quienes engendran a la harami, no la harami,
cuyo único pecado consiste en haber nacido. Pero, por el modo en que Nana
pronunció la palabra, Mariam dedujo que ser una harami era algo malo,
aborrecible, como un insecto, como las cucarachas que corretean por el kolba y
su madre andaba siempre aborreciendo y echando a escobazos.
Mariam lo
comprendió al crecer, cuando se hizo mayor. Fue la manera de pronunciar la
palabra, o más bien de escupirla, lo que más le dolió. Entendió entonces a qué
se refería Nana, que una harami era algo no deseado, que Mariam era una
persona ilegítima que jamás tendría derecho legítimo a las cosas que
disfrutaban otros, cosas como el amor, la familia, el hogar, la aceptación.
Yalil
nunca llamaba a Mariam por este nombre. Para Yalil ella era su pequeña flor. Le
gustaba sentarla sobre su regazo y relatarle historias, como el día que le
contó que Herat, la ciudad donde Mariam había nacido en 1959, fue en otro tiempo
la cuna de la cultura persa, hogar de escritores, pintores y sufíes.
-No
podías estirar una pierna sin darle a un poeta un puntapié en el trasero -dijo
entre risas.
Yalil le
refirió la historia de la reina Gauhar Shad, que en el siglo XV había erigido los
famosos minaretes como tierna oda a Herat. Le describió los verdes trigales de
la ciudad, los huertos, las vides cargadas de uvas maduras, los atestados
bazares amparados bajo los soportales.
Texto
completo, en las páginas 7-12.
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