domingo, 18 de enero de 2026

El crepúsculo - Domingo 2º del T.O. Ciclo A: Juan 1,29-34. JESÚS: Jesús de Nazaret de Galilea’ y “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12). CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 8ª página del Evangelio de Mateo 5,17-48

 El crepúsculo.

El domingo día 30 del mes de noviembre del año 2021 se comenzaba en la catolicidad el tiempo de adviento y con él el 'nuevo año eclesiástico'. Y, justamente entonces, inicié en el apartado 'CINCO MINUTOS' la presentación de un libro a modo de propuesta para cada uno de los 52 domingos de aquel año. 
En aquella presentación propuse la lectura de la novela titulada 'El archipiélago del perro'. El mismo autor de aquella novela nos ha regalado una nueva obra suya que me acabo de leer y deseo recomendar su lectura. Una buena amiga me puso entre manos 'El crepúsculo' allá por el pasado mes de septiembre. En ella, 
"Philippe Claudel nos sorprende de nuevo con una hermosa novela alegórica que aborda, con lirismo y humor, cuestiones de candente actualidad, nos invita a reflexionar sobre alguno de nuestros desafueros contemporáneos y nos sumerge en las zonas más sombrías del alma humana.
En las fronteras del Imperio se extiende una provincia desnuda y mineral donde el frío, la escarcha y el ritmo lento de los largos inviernos parecen adormecer a los habitantes de un pequeño pueblo. Sin embargo, ese estado apacible se trastoca de golpe cuando el párroco es descubierto una mañana con la cabeza destrozada por una piedra. ¿Cuál es el móvil del crimen? ¿Quien podría guardar tanto rencor en un lugar donde las comunidades religiosas siempre han vivido en armonía? El caso es confiado a Nurio, un policía que con demasiada frecuencia se deja llevar por sus pasiones y que en compañía de su fiel asistente Baraj, un gigante distinguido con alma de poeta, deberá desenmascarar al culpable, que podría estar escondido entre la población musulmana. Pero, ¿tiene interés acaso el Imperio en desenmascarar al verdadero asesino?...
Philippe Claudel nos ofrece un relato tan escalofriante como cautivador sobre las inquietudes del mundo presente y futuro. Con la apariencia de una investigación policial y la fuerza irresistible de un imán, El crepúsculo nos mantiene atrapados desde el principio hasta el final." 

Se trata, sin duda, de una novela, pero tan viva y actual como la realidad en la que nos movemos. Incluso, me parece a mí, podría decir que esta realidad de la novela viene a ser como un espejo en el que se contempla aquella realidad pasada que solemos imaginarnos cuando nos adentramos en las páginas de cualquiera de los cuatro Evangelios. 

Y dicho ya todo esto, a continuación podemos leer los dos comentarios para el domingo 18 de enero.


Carmelo Bueno Heras 


Comentario primero:

Domingo 2º del T.O. Ciclo A:  Juan 1,29-34. JESÚS: Jesús de Nazaret de Galilea’. Lo medito y escribo CONTIGO.

En este domingo del nuevo año 2026 se nos lee en la liturgia del Ciclo dedicado a Mateo un brevísimo texto del Evangelio de Juan: 1,29-34. Ya saben los lectores de este comentario que no me parece oportuna esta decisión de la autoridad litúrgica vaticana. Por dos motivos. El primero, por abandonar la lectura del relato de Mateo. Y el segundo...

 

El segundo motivo es más curioso de explicar. Lo voy a intentar. Quien lea en su propia biblia Juan 1,29-34 caerá en la cuenta de que el relato comienza con estas tres palabras: “Al día siguiente”. Estas tres mismas palabras las encontrará el lector en Juan 1,35 y más tarde en Juan 1,43. Es decir, el Evangelista Juan ha organizado su relato en tres apartados perfecta e intencionadamente delimitados por la expresión anafórica ‘Al día siguiente’. Las gentes de la celebración nunca escucharemos toda la narración completa de Juan 1,29-51. ¿Me engañan?

 

¿Alguien pretende ocultar al pueblo mensajes del Evangelio? Nadie lo pretende, creo yo, pero el hecho es que se silencia la voz de muchos relatos evangélicos. Me he vuelto a leer tres veces este precioso texto evangelizador escrito por el cuarto Evangelista en Juan 1,29-51 y me sigue admirando la capacidad creativa para presentar a Jesús de Nazaret y hablar de él.

 

Y el primero que se atreve a presentar a este laico de Galilea llamado Jesús de Nazaret es Juan el Bautista. Ningún otro Evangelista lo hace así. En los versículos que nos toca meditar críticamente (1,29-34) el escritor y Evangelista llama a Jesús por su nombre, ‘Jesús’.  Puede sonar a una simple simplicidad, pero es toda una declaración de sus evidentes intenciones.

 

Inmediatamente después, Juan el Bautista llama a este ‘Jesús’ del Evangelista Juan con un nombre que es preciso explicar si no se desean decir cosas improcedentes. El Bautista llama ‘Cordero de Dios’ a quien fue en sus días sencillamente Jesús.  ¿No se celebraba la Pascua judía como una comida de familia en torno a ‘un cordero’ para recordar la liberación de la esclavitud del pueblo en Egipto? No hay otra Pascua que ser  y vivir con y como Jesús: ¡Y me leo Jn 13,35!

 

Más de un entendido me recordará que este calificativo de ‘Cordero’ aplicado a Jesús de Nazaret evoca la realidad penitencial que se vivía en el pueblo de Israel. Una vez al año se escogía en Jerusalén un cordero, carnero o cabrito y se descargaban simbólicamente sobre él todos los pecados del pueblo. Luego, este animal con todos los pecados era abandonado en el desierto de Judea para que desapareciera, él y toda su universal carga pecadora.

 

En Juan 1,29-34 se anuncian otros varios asuntos más, no menos importantes. Este cuarto Evangelista pone en labios de su Juan el Bautista la confesión pública de que Jesús de Nazaret fue un hombre sobre quien reposaba el Espíritu Santo (1,32 y 1,33). Y acaba diciendo también que su Jesús era el Hijo de Dios o el Elegido (1,34), según se lean unos u otros manuscritos. Sé que mis lectores me dejarán confesar, creer con consciencia, que todo ser humano nacido en la realidad de este mundo es un hijo, un viviente y un elegido por la Vida que siempre permanece inagotable como el amor: ‘Amaos unos a otros, es mi único mandamiento’ (13,35).

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 19.01.2020. Y también en Madrid, 18.01.2026.


Comentario segundo

“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12).

CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 8ª página del Evangelio de Mateo 5,17-48

El Evangelista Mateo continúa poniendo palabras en el discurso de su Jesús.  Después de habernos regalado, Mateo y Jesús, sus nueve bienaventuranzas de la sal y de la luz (5,1-16) nos invita a acoger la segunda parte de este discurso del nuevo Moisés en el nuevo Sinaí donde se encuentra con las gentes de su pueblo. Esta segunda parte empieza en 5,17 y acaba en 5,48.

 

Insinúa el narrador Mateo que más de uno de aquellos oyentes pudo sorprenderse de las radicales novedades del mensaje de Jesús. Creo que ésta puede ser la razón de estas palabras: “No penséis [decía Jesús] que he venido a abolir la Ley y los Profetas”. Así comienza 5,17. Pero será conveniente leer -precisamente ahora- estas otras palabras de este mismo Jesús en 7,12: “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás, porque ésta es la Ley y los Profetas”. Ante estas afirmaciones que leo y medito, no dejo de preguntarme esto otro: ¿qué o cuál es esta Ley y estos Profetas? ¿Es la Ley la letra escrita en aquellas tablas y acuñada para siempre en aquellos diez mandamientos y sus aplicaciones que Yavé Dios entregó a Moisés? ¿Esta Ley y estos Profetas están fuera de mí? ¿Esta Ley y estos Profetas están dentro de mí, son mis deseos, mi luz, mi sal?

 

Y si no me traiciono, entiendo que aquí hay dos caminos. La Ley y los Profetas, por un lado y en la otra senda, el camino de mis deseos. Esta es la razón por la que he seleccionado estas palabras de Mateo 7,12 para encabezar los ocho primeros comentarios de este Evangelio y todos los demás comentarios hasta completar los cincuenta y dos de este año evangélico. En esta conclusión me reafirmo al leer una tras otra la anáfora de los cinco versículos siguientes: 5,21; 5,27 con 5,31; 5,33; 5,38 y, por fin, el 5,43. Escribo esta preciosa anáfora que el pedagogo narrador Mateo nos reitera como un mantra en sus dos partes: “Habéis oído que se os dijo..., en cambio yo os digo...”. ¿Se puede expresar con más precisión y claridad que existen dos caminos? El camino de las viejas enseñanzas de la Ley y de los Profetas. Y el camino de las nuevas enseñanzas de Jesús de Nazaret.

 

Como lector que lee, me toca comprender qué es cada uno de estos dos caminos y decidir por donde encaminar mis pasos. Son dos caminos diferentes y divergentes. Ni buenos ni malos. Distintos. No hay camino derecho ni camino izquierdo. No hay camino ascendente ni camino descendente. No hay camino del cielo ni camino del infierno. Son dos, me lo repetiré, diferentes y divergentes. Por eso, es preciso decidir. Y esto es lo que hizo Jesús: Decidir-ser.

 

Pude escribir ‘decidirse’, pero he dejado escrito ‘decidir-ser’. Decidió ser frente a obedecer sin más. Creo que este Jesús del Evangelista Mateo decidió ser de una manera muy explícitamente distinta a como orientaban la vida las ordenanzas de la Ley de Moisés y sus interpretaciones orales y escritas actualizadas por los sacerdotes y maestros (rabinos) de la religión y del templo de los judíos. Este Jesús de Mateo tiene ahora ‘unos treinta años’. Está en la plenitud de su vida. Conoce el camino de su Religión ‘de buen judío’ y no desea caminar por él. Lleva dentro otros deseos que desea compartir contigo-conmigo: haz cuanto deseas que te hagan. Es todo.

Carmelo Bueno H

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