Otro CCC: Comprar un Campo en el Cielo.
Comentario primero:
Domingo 2º después de Navidad A: Juan 1,1-18. ¿Por qué enmudeció aquella palabra creativa? Lo medito y escribo CONTIGO.
Primer domingo ya del nuevo año 2020. Caminamos por las semanas del Ciclo A en la Iglesia y, según esta programación de la Liturgia vaticana, tendríamos que leernos algún relato del Evangelista Mateo, pero no será así en este segundo domingo de Navidad. Nos invitan a escuchar y meditar la primera página del cuarto Evangelio, el de Juan, que después de casi dos milenios carece aún de Ciclo D, es decir, no se lee a lo largo de ningún año. ¡Qué injusticia! ¿Sirve de algo que el pueblo oiga esta primera página del Evangelio de Juan si nunca va a saber cómo sigue el relato sobre este Jesús de Nazaret que nos ha contado su Evangelista? Sirve de muy poco. Y seguro que confunde en vez de clarificar. Es algo muy parecido a la tarea de abandonar una semilla en la tierra de un tiesto de invernadero y confiar en la suerte del olvido a esa tierra con su semilla dentro, sin agua, sin luz y sin cuidado alguno.
El texto de Juan 1,1-18 es la semilla que lleva dentro todo el llamado ‘cuarto Evangelio’, el último que se escribió en los años finales del siglo primero de lo que entendemos como la historia del mundo, al menos en Occidente. Y según se nos leerá, todo comenzó por una palabra. Esta es la afirmación primera de la Biblia en el comienzo de su primer libro, el Génesis, cuando aquel Dios de entonces abrió su boca y habló para que nacieran de sus adentros todas las cosas con sus palabras. A esta manera de expresarse o escribir se le llamó siempre ‘el mito’.
He escrito ‘el mito’, no ‘la mentira’. Es decir, ‘la verdad’. En el mito, como en el corazón de las semillas, reside, habita, respira y vive la verdad. En el mito primero del Génesis se afirma que esta realidad que conocemos procede de la palabra creadora de su creador. Y es, justamente, esto mismo lo que se afirma en el mito primero que se nos ha quedado contado en el relato del Evangelio de Juan 1,1-18.
Este Evangelista habla de su Jesús de Nazaret como de una palabra creadora. Él fue en su vida un creador. Él, el escritor Juan, su Jesús de Nazaret, los lectores que le escuchan, acogen y meditan... y el Dios en quien creen todos ellos. Todo surge de una palabra que es, no mentira ni mentirosa, sino verdadera verdad. Palabra y palabras creadoras, las del mito y las de la fe.
Por eso nos ha dejado escrito este Evangelista, a lo largo de los más de veinte capítulos de su Evangelio, que esta palabra creadora es también agua limpia, pan sabroso, vino de vida, luz de calor y color, puerta abierta, camino de sentido y, sobre todo o más que todo... ‘amor’. Amor sin adjetivos. Éste será el único Evangelista que nos ha dejado esta luminosa claridad de vida, de fe y de espiritualidad: ‘Amaos unos a otros y en esto conocerán todos que sois como yo’.
Amaos unos a otros. Esta es la primera y buena semilla y tarea de la palabra creadora del Jesús del Evangelio de Juan. Cuando se lea cualquiera de sus páginas, desde la primera de este domingo hasta la última de su capítulo vigésimo primero, se debe leer en paralelo con el breve texto de Juan 13,35 puesto en boca de la primera palabra creadora. Ojalá me crean y espero que nadie les engañe. Estas afirmaciones del narrador Juan en su texto de 13,35 sólo se leen una sola vez en los tres Ciclos (A.B.C) de la liturgia dominical vaticana. Qué injusticia. Increíble.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 05.01.2020. Y también en Madrid, 04.01.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12). CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 6ª página del Evangelio de Mateo 4,12-25.
Escribí explícitamente en el comentario de Mateo 4,1-11 que ‘la tentación es decidir’. Y según este Evangelista su Jesús de Nazaret decidió ‘evangelizar toda la tierra de su Galilea’. Así queda constatado en el texto del Evangelio: “Recorría Jesús toda Galilea enseñando en sus sinagogas la buena noticia del Reino y curando toda enfermedad y dolencia en el pueblo” (Mt 4,23). Estas afirmaciones sobre el ‘decir y hacer’ de Jesús las encontramos en Mateo 4,23 y las volveremos a leer como buenos alumnos de su escuela de aprendizaje en Mateo 9,35. Estas dos referencias las encuentra en su Biblia todo atento lector de este Evangelista. Y esto quiere decirnos que este narrador Mateo nos ha contado desde este lugar del 4,23 hasta el 9,35 todo cuanto Jesús enseñó -alto y claro, que eso es su proclamación- y todo cuanto obró. Es decir, desde 4,23 hasta el 9,35 encontraremos todo dicho y todo hecho de Jesús en Galilea.
Lo explico de otra manera. El relato de Mateo que comenzamos a leer en 4,23 y que acabaremos de leerlo en 9,35 es un ‘Evangelio’. Completo. Sencillo. Directo. Sorprendente. Creo, según mi entender poco letrado, que este relato constituye una de las mejores aportaciones literarias y teológicas del Evangelista Mateo. Tendremos tiempo para dedicarnos a su lectura y a su comentario crítico.
Retomo el relato completo de esta página de comentario de Mateo 4,12-25. Todo lector constatará las tres partecitas de esta narración que explican con amplitud la decisión evangelizadora de Jesús de Nazaret. Primera parte en 4,12-17. Segunda parte en 4,18-22. Tercera parte en 4,23-35.
4,12-17 es la primera partecita. ¿Podría haberse olvidado Mateo de su recurso a la tradición de su viejo Israel que se cumple y supera en su Jesús de Nazaret? No. Había dejado escrito el profeta que yo llamo Isaías primero, en 8,23 y siguientes, que ‘el Israel de hacía más de setecientos años habitaba en tinieblas y en sombras de muerte’, pero que les llegó una luz. Las tinieblas y la muerte eran la presencia de los conquistadores asirios venidos desde sus tierras de Nínive. La luz les llegó en la retirada de estos conquistadores. Este Jesús de Mateo llega ahora como la nueva luz que ya encendió Juan el Bautista. Ambos anunciaban lo mismo.
4,18-22 es la segunda partecita. La luz liberadora de Juan encendida en su decisión de perdonar pecados debe llegar a todo el pueblo y más a las gentes del norte, de Galilea. Por eso Jesús no se queda con Juan y decide irse a su tierra y rodearse de otros galileos y laicos, hombres y mujeres. Su misión será iluminar y eso será posible si se acierta a ‘pescar hombres’; si se acierta a liberar al ser humano del mal que se arraiga en el mar de la Ley y del Templo.
4,23-25 es la tercera partecita en la que se sigue explicitando la decisión de Jesús de Nazaret. Es una explicación escrita a modo de resumen de todo cuanto anunció y obró este hombre y sus seguidores en los días de su vida y que se contará a lo largo de los siguientes capítulos. Aquí y ahora nos quedamos sólo con que la luz de la buena noticia de Jesús llegó a todos los rincones de Israel y hasta más allá del Jordán y a toda aquella Siria de Nínive y del profeta.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 06.01.2019. Y también en Madrid, o4.01.2026.
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