Adiós inspirado, despedida íntima, bendición profética al final de la última Eucaristía que ofrecimos todos juntos en agradecimiento sentido al grupo entero, a Tony y a Dios.
Era la última noche del último día, 13 de abril de 1987, lunes de Semana Santa. La Eucaristía estaba a punto de terminar en aquel mismo salón y con aquellas 'mismas sillas que habían sido testigos de tantos bellos e intensos momentos en aquellos benditos quince días. Estábamos saboreando con cariño y sin prisas el profundo silencio marcado por la patena y el cáliz al pasar de mano en mano con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que nos unía sacramentalmente en aquel momento en el abrazo de su presencia y de su amor. En medio de aquel silencio sagrado, Tony habló, y éstas fueron sus palabras:
"No cambiéis. El deseo de cambiar es enemigo del amor.
No os cambiéis a vosotros mismos: amaos a vosotros mismos tal como sois.
No hagáis cambiar a los demás: amad a todos tal como son.
No intentéis cambiar el mundo: el mundo está en manos de Dios, y él lo sabe. Y si lo hacéis así... todo cambiará maravillosamente a su tiempo y a su manera."
Hizo una pequeña pausa, y añadió las últimas palabras:
"DEJAOS LLEVAR POR LA CORRIENTE DE LA VIDA... LIGEROS DE EQUIPAJE." Así se fue él.
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