La CSD
Comentario primero:
Domingo 6º del T. O. A (15.02.2026): Mateo 5,17-37. “Os han enseñado…, pero yo os digo…”. Y yo lo escribo… ¡CONTIGO!
Hemos llegado a un nuevo domingo del mes de febrero y llevamos ya tres semanas de meditación del llamado ‘Discurso de las Bienaventuranzas’ que el narrador Mateo puso en boca de su Jesús de Nazaret tal como acertadamente nos propone la liturgia. Ojalá nos permitiera hacerlo con el discurso completo. Ya veremos como no será así.
El relato de Mateo 5,17-37 debería alargarse hasta Mateo 5,38-48. Literaria y teológicamente es una unidad completa. Así que en este domingo y en el siguiente me voy a leer unas cuantas veces este texto hasta llegar a comprenderlo en sus múltiples evocaciones. La primera y más directa cuestión es el paralelismo que el autor destaca y subraya: hay dos caminos delante de los pies de cada persona y sólo ella debe tener la libertad de elegir. Por ambos caminos a la vez no se puede caminar en la vida.
Uno de estos dos caminos es el llamado proyecto de la Ley del Dios Yavé de Israel: “Os han enseñado esto de esta manera”. Todo ‘esto’ se refiere a cinco cuestiones según se expresa en 5,21 (no matarás); 5,27(no adulterarás); 5,33 (no jurarás falsamente); 5,38 (Ojo por ojo) y 5,43 (ama a tu prójimo y odia a tu enemigo). Es el camino de la Ley que Moisés recibió directamente de Yavé, su Dios, y que suele identificarse como la Religión de los diez mandamientos y de la institución del Sumo Sacerdocio y de su Templo único de Jerusalén
El otro de los dos caminos, su alternativa, es el que propone este hombre del norte, el galileo y laico Jesús de Nazaret. Es un camino nuevo y bueno. Un Evangelio o, quizá, aquel Evangelio del que hablaba el profeta Isaías (52,7-12) pensando solo en la liberación definitiva de Israel y que Jesús amplía para todo ser humano liberado por la fuerza de la fe que no puede contenerse en ninguna estructura llamada Religión, faraónica o católica, azteca o tibetana, quechua o malgache, evangelista, catecumenal, cruzada o legionaria.
Y al acabar la meditación crítico-contemplativa de estos dos caminos del quinto capítulo hay que leer, como guinda del alimento del Evangelio de este Jesús de Nazaret, Mateo 7,12 y 7,13-14: “Esta es toda la Ley y los Profetas: todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás”. La Ley y los Profetas te dicen qué tienes que hacer, cuándo, cómo, dónde y con quién. Tú decisión es solo obedecer. Este camino está lleno de ‘obedientes’ seguidores. En cambio, cuando eres tú quien decide, quien hace así o asá, quien sabe qué le gusta y libera… Entonces, toda la Ley y sus Profetas están dentro de ti. Tú eres el único Sacerdote, el único Templo, la única Ley, la única Religión… Por este camino, senda pequeña, ya lo ves, camina poca gente. Con estas claves, que yo no me invento en ningún momento, releemos las tres cuestiones primeras del relato de Mateo 5,17-37: No matar, no jurar, no adulterar. Eran prohibiciones de la Ley, justas quizá. Sin embargo, qué humano y liberador es cultivar las relaciones que nos sanan, sostienen, iluminan y enriquecen a las personas con quienes compartimos la casa de este mundo.
Carmelo Bueno Heras. En Burgos, 12.02.2017. Y también en Madrid, 15.02.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12). CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 12ª página del Evangelio de Mateo 7,13-29.
El relato de Mateo 7,13-29 es el punto final al primero de los cinco discursos que este Evangelista pone en labios de su Jesús de Nazaret. Este relato explica con certera pedagogía profética el núcleo del mensaje de este Jesús sobre el reino-reinado de Dios. Este corazón del mensaje y misión de Jesús, vuelvo a recordarlo, es: “Todo cuanto deseáis que os hagan los demás, hacédselo a ellos. Ésta es toda la Ley y los Profetas” (Mt 7,12).
La certera explicación de esta propuesta la explica el propio Jesús de Nazaret por medio de tres parábolas que me arriesgo a titular como ‘los dos caminos’, ‘los dos árboles’ y ‘los dos cimientos’. Dos. Por un lado se explica y habla de la Ley y de los Profetas de Israel. Por otro lado se explica y habla del proyecto de Jesús. La Ley y los Profetas están explícitamente escritos en los libros que se dice y cree inspiró Yavé Dios a Israel, su pueblo. El proyecto de Jesús está sembrado y se identifica con los deseos que cada persona atesora en sus adentros.
En Mateo 7,13-14 encontramos la parábola de los dos caminos. El ancho y el estrecho. La autopista y la vereda. Cada uno de ellos llega hasta su puerta final. La autopista acaba en la puerta ancha. La vereda acaba en la puerta estrecha. ¿Todo lo ancho no es el camino de la Ley y de los Profetas? ¡Todo lo estrecho es el camino propuesto por este Jesús de Mateo! ¿Durante cuántos siglos la interpretación de estos dos caminos se identificó con el ‘Infierno tan
Temido’, el ancho; y con el Cielo, la verada con su puerta estrecha? Así lo creía Teresa de Ávila.
En Mateo 7,15-20 encontramos la parábola de los dos árboles. El árbol de los buenos frutos y el árbol de los malos frutos. ¿El árbol de los buenos frutos no es el árbol de Jesús y de su proyecto sembrado en los adentros de cada uno de sus seguidores? El árbol malo y de sus malos frutos es el árbol de Moisés y de su Ley de Yavé y de Israel. Esta denuncia crítica de la llamada ‘Ley de Dios’ creo que nunca se aceptó con esta radicalidad dentro de la Iglesia. Cuando leo despacio y sin apasionamientos engañosos el relato de Mateo 23 se me hace más nítida aún esta imagen de la Ley como árbol malo incapaz de producir frutos buenos.
En Mateo 7,21-26 encontramos la parábola de los dos cimientos de una casa. La arena y la roca. La casa de la persona prudente, paciente y sabia frente a la casa de la persona insensata, voluble y necia. Según estas imágenes que Mateo coloca en las palabras de su Jesús, se está identificando la Religión de Israel con su Templo, Sacerdocio y Tradiciones con la necedad e insensatez de un proyecto de persona despersonalizada. En cambio, para Jesús sólo es válida y personalizada una experiencia de fe arraigada en la roca de los propios adentros. ¿Se puede hablar más claro de la obediencia que somete y anula frente a la libertad que da vida?
“Y sucedió que cuando Jesús acabó este discurso...” (Mateo 7,28-29). Leo esta expresión por primera vez en este Evangelio. Más adelante lo recordaré: Mateo 11,1; 13,53; 19,1 y 26,1. Este dato del Evangelio que leemos no tiene nada de casual. Al contrario, su autor lo hizo así a propósito. Frente a los cinco libros de la Ley de Moisés, los cinco discursos del proyecto evangelizador de Jesús de Nazaret. Por si hubiera dudas, añade el Evangelista esto otro: Jesús “enseñaba a la gente como quien tiene autoridad y no como los escribas y fariseos” (7,28-29).
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 17.02.2019. Y también en Madrid, 15.02.2026.
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