viernes, 4 de julio de 2014

El cardenal Tauran se reúne con una delegación Hindú: promover el diálogo interreligioso para superar la pobreza y la injusticia. 03072014

El cardenal Tauran se reúne con una delegación Hindú: promover el diálogo interreligioso para superar la pobreza y la injusticia.




(RV).- (audio) RealAudioMP3 La verdad, el amor y la compasión son valores esenciales para todas las religiones y pueden transformar a cualquier persona en un constructor de paz. Este es en síntesis el mensaje del cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, que habló este miércoles en Roma a una representación hindú, presidida por Morari Bapu, conocido predicador del hinduismo.

Los representantes hinduistas están en Roma asistiendo a una reunión sobre el tema "El logro de la paz en el mundo a través de las enseñanzas de Jesucristo y comprender la influencia positiva de la Iglesia Católica", organizado por la Fundación caritativa británica Lord Dolar Popat.

En su discurso, el cardenal Tauran insistió en la importancia de la "espiritualidad interior" de los creyentes que lleva "naturalmente" al respeto del otro, considerado con la misma dignidad humana y no visto como un enemigo o un rival, sino como un hermano al que poder abrazar. El purpurado francés hizo hincapié en la necesidad de "construir puentes que pongan en contacto a las personas y creen relaciones basadas en el respeto", en la "comprensión recíproca de la herencia espiritual de cada uno", apreciando "los aspectos comunes y respetando las diferencias". "El diálogo interreligioso - señaló el cardenal Tauran - es una poderoso medio que hay que cultivar y promover."

"Creyentes de diferentes religiones - terminó diciendo el cardenal - pueden contribuir juntos al bien común, a la construcción de una sociedad justa y a una paz estable y duradera en el mundo", promoviendo "la cultura del encuentro y la solidaridad" y acabando con "las escandalosas situaciones de desigualdad, pobreza e injusticia".

ER - RV

Huesos para probar nuestra fe y po qué mueren las personas buenas (El canto del pájaro (Anthony de Mello))


HUESOS PARA PROBAR NUESTRA FE
 
 
Un intelectual cristiano que consideraba que la Biblia es literalmente verdadera hasta en sus menores detalles, fue abordado en cierta ocasión por un colega que le dijo: «Según la Biblia, la tierra fue creada hace cinco mil años aproximadamente. Pero se han descubierto huesos que demuestran que la vida ha existido en este planeta durante centenares de miles de años».

La respuesta no se hizo esperar: «Cuando Dios creó la tierra, hace cinco mil años, puso a propósito esos huesos en la tierra para comprobar si daríamos más crédito a las afirmaciones de los científicos que a su sagrada Palabra».
 
 
Una prueba más de que las creencias rígidas conducen a distorsionar la realidad.
 
POR QUÉ MUEREN LAS PERSONAS BUENAS
 
 
El predicador de la aldea se hallaba visitando la casa de un anciano feligrés y, mientras tomaba una taza de café, respondía las preguntas que la abuela no dejaba de hacerle.

«¡Por qué el Señor nos envía epidemias tan a menudo?», preguntaba la anciana. «Bien...», respondía el predicador, «a veces hay personas tan malas que es preciso eliminarlas, y por ello el Señor permite las epidemias».

«Pero», objetó la abuela «entonces, ¿por qué son eliminadas tantas buenas personas junto con las malas?».

«Las buenas personas son llamadas como testigos», explicó el predicador. «El Señor quiere que todas las almas tengan un juicio justo».
 
 
No hay absolutamente nada para lo que el creyente inflexible no encuentre explicación.

Santa Isabel de Portugal y Beato Pier Giorgio Frassati y San Cesidio Giacomantonio (04072014)

viernes 04 Julio 2014

Santa Isabel de Portugal



Santa Isabel de Portugal

S. XIV-  Nació en Zaragoza, en el hermoso palacio de la Aljafería. Era hija de Pedro III el Grande, nieta de Jaime el Conquistador y sobrina nieta de Santa Isabel de Hungría. Desde niña fue muy inclinada a la piedad y más atenta a las virtudes de su tía abuela que a las hazañas de su padre y abuelo.
 
A los doce años (1283), fue entregada en matrimonio al rey Denís de Portugal, de quien tuvo una hija y un hijo. Su vida se vio señalada por múltiples pruebas, que soportó llena de fe. El rey, que la abandonó pronto, empezó a acusarla de mala conducta, mientras ella llevaba su abnegación hasta a educar a los hijos adulterinos de aquél.    Denís, acusador inveterado, entró en conflicto con su yerno, y más tarde con su hermano, en tanto que su propio hijo se alzaba contra él. A esto respondía Isabel multiplicando sus ayunos y esfuerzos cerca de los interesados a fin de reconciliarlos.

Después, sobrevinieron los duelos familiares: su hija y su yerno murieron jóvenes.   El rey murió en 1325. Delante del cadáver Isabel se viste el hábito de la Tercera Orden de San Francisco y empieza una vida completamente consagrada a Dios, a los pobres y a los enfermos. Se hace peregrina, llega a Compostela, y ante el Apóstol deja todas sus insignias reales.

Visita hospitales y mientras besa a los apestados va sembrando milagros.    Habiendo brotado de nuevo la guerra, en esta ocasión entre su hijo y uno de sus nietos; se puso en camino para reconciliarles, pero moriría en el transcurso del viaje en Estremoz (1336). Madura ya para el cielo, exhala el último suspiro invocando a la Virgen María.

Beato Pier Giorgio Frassati



Nació el 6 de abril de 1901. Su madre Adelaide Ametis era pintora, y su padre, Alfredo Frassati, agnóstico declarado, fue senador y embajador en Alemania, además de fundador del prestigioso periódico La Stampa, cuya tendencia no era precisamente afín a la Iglesia. Y aunque su entorno no proporcionó al beato una formación en la fe anclada en la vivencia, siguió los dictados de su corazón. No miró para otro lado, ni alojó en cómodo vacío la íntima persuasión que le instaba a buscar lo máximo, sino que se dispuso a vivir el Evangelio con todas sus consecuencias. Su hermana y él se formaron en un centro estatal y en el colegio de los jesuitas. En éste último Pier Giorgio se vinculó a la Congregación Mariana y al Apostolado de la Oración. A los 17 años se integró en la Sociedad de San Vicente de Paúl, y a los 19 se comprometió con la Federación de Estudiantes Católicos y con la Acción Católica.
 
Se matriculó en la Politécnica de Turín en la carrera de ingeniería de minas. Se había convertido en un joven de finas facciones, con innegable atractivo, un consumado montañero que hacía gala de su gran sentido del humor, apasionado e idealista, inclinado a defender siempre a los débiles; ni siquiera sus estudios pusieron coto a sus misericordiosas acciones que venía realizando anteriormente. La universidad era entonces caldo de cultivo para tendencias dispares; un entramado complejo en el que fácilmente germinaban conflictos ideológicos y políticos, dejando a la religión fuera de concurso. En este ambiente gravemente enrarecido y hostil a la fe, organizó acciones para despertar la dormida conciencia espiritual de sus compañeros. Y se le ocurrió invitarlos a una adoración nocturna. Los extremistas de fanáticos modales arrancaron los carteles en su presencia. La impresión ante ese signo de intolerancia le acompañaría hasta el fin. No se desanimó. No podía hacerlo porque se había abrazado a Cristo encarnando con su vida el Evangelio. Estaba entregado a la causa de auxiliar a los enfermos, atender a los huérfanos y a los que regresaban malheridos en el cuerpo y en el alma de la sangrienta guerra mundial. Era catequista en un barrio marginal en el que, además de formar a los niños, defendía al religioso dominico que estaba al frente del centro donde se reunían de las notorias agresiones verbales y físicas que le infligían ciertos comunistas. Era frecuente verle por las calles acarreando los humildes enseres de los pobres que no tenían donde ir, costeando el transporte público a quien lo precisara, dando limosnas, etc. Lo que fuera preciso, siempre con el objeto de socorrer a quienes lo necesitaban, a costa de quedarse sin dinero en su bolsillo. Su pudiente familia no lo comprendía. Sus padres nunca supieron que pensando en ellos renunció a un amor secreto.
 
En 1921 organizó el primer congreso de Pax Romana en Rávena con la idea de involucrar a todos los universitarios del mundo en defensa de la paz. Cualquier situación la aprovechaba para hacer apostolado: la montaña, el teatro, la ópera, los museos. Había recibido una educación exquisita. Le agradaba el arte, la música, le apasionaba Dante, y tenía predilección por los escritos de Catalina de Siena que le indujeron a convertirse en terciario dominico en 1922. No estaba dispuesto a contemporizar con ningún «ismo». Y como observó que el totalitarismo del signo que fuera no contemplaba entre sus principios la defensa de la persona, ni el respeto a la fe católica, se enfrentó abiertamente a él. Primeramente, plantó cara al comunismo y luego al fascismo, sin comprender cómo personas conocidas, que se declaraban católicas, podían simpatizar con estas ideologías. Era un joven coherente, auténticamente comprometido con su ideal, y este sentimiento mal entendido por los exaltados, se tornó en un peligroso azote para su vida. No querían permitir que se saliera con la suya y agredieron bárbaramente su domicilio mientras almorzaba junto a su madre. Entonces el beato dio pruebas de su hombría, y valerosamente les arrebató el bastón, «arma» de los violentos, arremetiendo contra el grupo que escapó a toda prisa.
 
Para ejercitar su caridad se adentraba en barrios y viviendas faltas de higiene, corriendo un alto riesgo de contagio de muchas enfermedades; ese peligro era moneda de cambio habitual. Sus amigos, a quienes invitaba a seguirle, estaban amedrentados, pero él les recordaba que en esas personas se hallaba el rostro de Cristo. A finales de 1925 en una de estas acciones a domicilio, contrajo una poliomielitis. Tenía 24 años, ¿quién podía pensar en una muerte inminente? Su entorno siguió con su rutina habitual, sin prestarle atención. La abuela se hallaba en trance de muerte, y todas las inquietudes se polarizaron en ella. Cuando la familia se percató de su gravedad, ésta era irreversible. Ni siquiera el suero obtenido del instituto Pasteur de París sirvió para remediar lo inevitable. A punto de morir, pensando en aquellos por los que dio su vida, encomendó a su hermana que llevase una caja de sus inyecciones a otra persona que las precisaba anotando su dirección en ella y se ocupó de costear un seguro médico. Murió en Turín el 4 de julio de 1925. Unos días antes había escrito: «En este mundo que se ha alejado de Dios falta la paz, pero falta también la caridad, o sea el amor verdadero y perfecto. Quizá si San Pablo fuese escuchado por todos nosotros, las miserias humanas serían un poco disminuidas». Juan Pablo II lo beatificó el 20 de mayo de 1990. Lo denominó «el hombre de las ocho bienaventuranzas».

San Cesidio Giacomantonio



En la ciudad de Hengyang, en la provincia de Hunam, en China, san Cesidio Giacomantonio, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que en la persecución llevada a cabo por los seguidores del movimiento Yihetuan, al intentar proteger el Santísimo Sacramento de las turbas incontroladas, murió tras ser apedreado y quemado vivo, envuelto con un lienzo empapado en petróleo.



Su nombre de bautismo era Ángel. Nació en Fossa, Abruzzo, provincia de Aquila, el 30 de agosto de 1873. Ya desde jovencito a menudo se iba al solitario convento de Ocre, donde reposan los restos del beato Bernardino de Fossa y del Beato Timoteo de Monticchio. Orando ante aquellas urnas sintió germinar en su corazón la vocación religiosa y la idea de la vida franciscana.
El 21 de noviembre de 1891 fue recibido en la Orden de los Hermanos Menores, vistiendo el hábito franciscano con el nombre de Cesidio, en memoria de un jovencito mártir. Después de la profesión religiosa, en varios conventos completó sus estudios y fue ordenado sacerdote. Por algún tiempo ejerció el ministerio de la predicación. Luego fue enviado a Roma como candidato a las misiones. Después de que completó su formación misionera, junto con dos cohermanos partió para la China. Al llegar fue acogido con inmensa alegría por el Vicario Apostólico, el obispo Antonino Fantosati. A pesar del ambiente de persecución, en él persistía siempre el gran deseo de predicar, de convertir y de bautizar en el nombre del Señor el mayor número posible. Para esto aprendió bien la lengua china y su apostolado se vio colmado de satisfacciones.
En una carta a sus padres poco antes del martirio, describe su alegría de encontrarse en la China y pide oraciones por la conversión de muchos infieles. Luego añade: «Procuremos hacernos santos, si alcanzamos esta gracia podremos cantar en el cielo el eterno aleluya». El 4 de julio de 1900, la misión donde él se encontraba fue invadida por los bóxeres. El Padre Cesidio corrió a la capilla a consumir el Santísimo Sacramento y luego se enfrentó a la rabia de sus perseguidores. Fue asesinado a golpes de lanza y bastonazos. Tenía solamente 27 años y fue el primer mártir en la persecución de los boxers de 1900. Fue canonizado, con un numeroso grupo de mártires en China, el 1 de octubre del 2000.

jueves, 3 de julio de 2014

Presentado logo y oración de la JMJ Cracovia 2016 3072014

Presentado logo y oración de la JMJ Cracovia 2016




(RV).- Este jueves el cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo metropolitano de Cracovia (Polonia), presentó en rueda de prensa el logotipo y la oración oficial de la XXXI Jornada Mundial de la Juventud. En el simbolismo del logo se combinan tres elementos: el lugar, los principales protagonistas, y el tema de la celebración. El logo de la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia 2016 ilustra el pasaje de Mateo 5,7: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" elegido como tema del encuentro. La imagen se compone de los límites geográficos de Polonia, dentro de los cuales se encuentra la Cruz, símbolo de Cristo, que es el alma de la JMJ. El círculo amarillo marca la ubicación de Cracovia en el mapa de Polonia y es también símbolo de los jóvenes. Desde la cruz nace la llama de la Divina Misericordia, cuyos colores recuerdan la imagen de Jesús, en Ti confío. Los colores utilizados en el logotipo - azul, rojo y amarillo – son los colores oficiales que recuerdan la ciudad de Cracovia y su escudo.

La autora del logo -creado después de la canonización de san Juan Pablo II- es Monika Rybczyńska, una joven de 28 años proveniente de Ostrzeszów, una pequeña ciudad del centro-oeste de Polonia. Durante la rueda de prensa se dio también a conocer la oración oficial de la JMJ 2016 con la que se pide al Señor por la humanidad y los jóvenes, por la gracia de un alma misericordiosa y por la intercesión de la Virgen María y de san Juan Pablo II, patrono de la Jornada Mundial de la Juventud. (RC-RV)

Oración de la JMJ Cracovia 2016


''Dios, Padre misericordioso,
que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo
y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador,
te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre''.
Te encomendamos en modo particular
los jóvenes de toda lengua, pueblo y nación.
Guíales y protégeles en los complejos caminos de hoy
y dales la gracia de poder cosechar abundantes frutos
de la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia.
Padre celestial,
haznos testigos de tu misericordia.
Enséñanos a llevar la fe a los que dudan,
la esperanza a los desanimados,
el amor a los indiferentes,
el perdón a quien ha obrado el mal
y la alegría a los infelices.
Haz que la chispa del amor misericordioso
que has encendido dentro de nosotros
se convierta en un fuego que transforma los corazones
y renueva la faz de la tierra.
María, Madre de Misericordia, ruega por nosotros.
San Juan Pablo II, ruega por nosotros''.

No al restablecimiento de la pena de muerte: mensaje de los Obispos filipinos 03072014

No al restablecimiento de la pena de muerte: mensaje de los Obispos filipinos




(RV).- (Con audio) RealAudioMP3
La Conferencia episcopal de Filipinas en un mensaje hecho público este miércoles 2 de julio, ha manifestado su absoluta contrariedad ante el intento de restaurar la pena de muerte en el país. En la nota enviada a la Agencia Fides, los Obispos recuerdan el pasaje del Evangelio en el que Jesús dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” y afirman: “Nuestra posición no puede ser diferente: predicamos el Evangelio de la vida”. Pero esta posición, explican, puede ser compartida con motivaciones diversas de las religiosas.
De hecho, “la finalidad de la justicia no es imponer la pena de muerte. Un sentido de la justicia maduro lleva lo más lejos que sea posible del castigo”, hacia “la restauración de las relaciones rotas y de la coherencia social infringida por el acto criminal”. “La ejecución de una persona - dicen - no contribuye a ninguno de los objetivos de la justicia”, es más sólo “un sistema jurídico débil y represivo pide la ejecución de los delincuentes con una venganza”.
Los obispos definen la pena capital “cruel e inhumana”, sobre todo por la terrible ansiedad que asalta los que esperan la ejecución, una espera “más terrible que una tortura”. En segundo lugar, los miembros de la familia de las personas condenadas, quedan “estigmatizadas, llevando con ellos el precio de un crimen que nunca cometieron”.
El texto recuerda que cada sistema judicial “es, como todos los sistemas humanos, propenso a errores, pero la pena de muerte, una vez ejecutada, es irreversible y nada puede compensar el horrible acto de una persona ejecutada por error”.
La agencia Fides recuerda que las Filipinas firmaron el Segundo Protocolo Facultativo de la Convención de Naciones Unidas sobre Derechos Civiles y Políticos, comprometiéndose a abolir la pena de muerte. Los obispos afirman que están “consternados por la naturaleza atroz de algunos delitos cometidos hoy” y subrayan que “la respuesta moral, cristiana y madura para este desafío social es la prevención de la delincuencia”, tener la “certeza del castigo” en el Estado de Derecho, y cultivar de forma constructiva la educación en relación con la vida y la dignidad de toda persona.
(MCM-RV)

Oración a Jesús en el Sagrario 03072014


Oración a Jesús en el Sagrario

.
 .
JESÚS, VENGO A VERTE,
¿POR QUÉ NO VENDRÉ MÁS?
¡Qué bien se está contigo,
Señor, junto al Sagrario!
¡Qué bien se está contigo…!
¿Por qué no vendré más?
Desde hace muchos años
vengo a verte a diario
y aquí te encuentro siempre,
amante solitario…
solo, pobre, escondido
pensando en mí quizás…
Tú no me dices nada
ni yo te digo nada,
si ya lo sabes todo,
¿qué te voy yo a decir?
Sabes todas mis penas,
todas mis alegrías,
sabes que vengo a verte
con las manos vacías
y que no tengo nada
que te pueda servir.
Siempre que vengo a verte,
siempre te encuentro solo.
¿Será que nadie sabe,
Señor, que estás aquí?
¡No sé! pero sé, en cambio,
que aunque nadie te amara
ni te lo agradeciera
aquí estarías siempre
esperándome a mí…
¿Por qué no vendré más…?
¡Qué ciego estoy, qué ciego!
Si sé por experiencia
que cuando a Ti me llego
siempre vuelvo cambiado,
siempre salgo mejor…
¿A dónde voy, Dios mío,
cuando a mi Dios no vengo?
Si Tú me esperas siempre,
si a Ti siempre te tengo,
si jamás me has cerrado
las puertas de tu amor…
Por otros se recorren
a pie largos caminos;
acuden de muy lejos
cansados peregrinos
o pagan grandes sumas
que no han de recobrar.
Por Ti nadie pregunta,
de Ti nadie hace caso,
aquí, si alguno entra,
sólo es como de paso…
Aquí eres Tú quien paga
si alguno quiere entrar…
¿Por qué no vendré más,
si sé que aquí a tu lado
puedo encontrar, Dios mío,
lo que tanto he buscado?
Mi luz, mi fortaleza,
mi paz, mi único bien…
Si jamás he venido
que no te haya encontrado.
Si jamás he sufrido,
si jamás he llorado,
Señor, sin que conmigo
llorases Tú también…
¿Por qué no vendré más?
Si Tú lo estás deseando
si yo lo necesito…
Si sé que no sé nada
cuando no vengo aquí.
Si aquí me enseñarías
la ciencia de los santos,
esa ciencia bendita
que aquí aprendieron tantos
que fueron tus amigos
y gozan ya de Ti…
¿Por qué no vendré más?,
si sé yo, carmelita,
que tú eres el modelo
que mi alma necesita,
que nada se hace duro
mirándote a Ti aquí.
El Sagrario es la celda
donde estás encerrado.
¡Qué pobre!, ¡qué obediente!
¡qué manso!, ¡qué callado!
¡Qué solo!, ¡qué escondido!
¡Nadie se fija en Ti!
¿Por qué no vendré más,
oh Bondad infinita?
¡Riqueza inestimable
que nada necesita
y que te has humillado
a mendigar mi amor!
¡Ábreme ya esa puerta,
sea ya esa mi vida
olvidada de todos,
de todos escondida!
¡Qué bien se está contigo!
¡Qué bien se está, Señor!
(Este poema lo conservaba Don Álvaro del Portillo entre las páginas de su breviario. El texto es de un carmelita).
 
 
  

Características de un evangelizador 03072014

Autor: Tiempos Nuevos
            
Características de un evangelizador
 
El mundo necesita apóstoles de la Nueva Evangelización de todas las edades, razas, nacionalidades y oficios
 
Características de un evangelizador
Características de un evangelizador
Desde los primeros años del cristianismo, pasando por la Edad Media y hasta principios de este siglo, la tarea de evangelización estuvo reservada únicamente a la rama sacerdotal de la Iglesia. Pero los tiempos han cambiado y ahora se hace necesario que todos y cada uno de nosotros, sacerdotes y laicos, jóvenes y viejos, respondamos al llamado de Jesús de ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a todos los hombres.

El mundo necesita apóstoles de la Nueva Evangelización de todas las edades, razas, nacionalidades y oficios, que promulguen con su propia vida, en todos los ambientes, que el cristianismo es el camino a la salvación y que puede vivirse plenamente en todas las realidades terrenas.

Un apóstol de la Nueva Evangelización debe poseer ciertas características:

• Militante. La tarea de transformar al hombre no es una labor fácil ni hay fórmulas mágicas para lograrlo. El apóstol de la Nueva Evangelización concibe su vida como una lucha constante contra las fuerzas del mal.

• Magnánimo. El apóstol sabe que ha sido elegido para cosas grandes y que no tiene tiempo de detenerse en pequeñeces o lamentaciones. Tiene un corazón grande en el que cabe todo el mundo, pues a todo el mundo está enviado a predicar. En su corazón caben todas las necesidades, miserias, dolores y alegrías de los hombres. Siente la Iglesia y el mundo como tierra fecunda de su trabajo. Sus aspiraciones son grandes, así como grandes son sus deseos de lucha, su capacidad de amar y de entregarse.

• Tenaz, fuerte y perseverante. La lucha será continua. La victoria no se logra en un día, ni en una semana, ni en un año: habrá que luchar toda la vida. Por ello, se necesitan apóstoles convencidos para que no desistan, para que combatan sin desmayo, para que no se dejen vencer por la pereza, la cobardía, la falsa prudencia o la lamentación.

• Realista. El apóstol debe construir sobre roca, conocerse a sí mismo con todas sus cualidades y limitaciones, y conocer el campo donde tiene que evangelizar y las dificultades a las que se va a enfrentar. De esta manera podrá hacer planes y programas que vayan directamente a la raíz de los problemas. El apóstol no puede vivir de sueños, debe luchar en la realidad.

• Eficaz en su labor. El apóstol de la Nueva Evangelización pone todo lo que está de su parte en la tarea de evangelizar. No se detiene ante costos ni sacrificios. Busca siempre nuevos caminos para lograr lo que se le ha encomendado.

• Organizado. Trabaja de manera sistemática, de acuerdo con un programa que él mismo ha trazado. Sabe que sin orden no puede haber eficacia. Reflexiona antes de actuar, traza objetivos, analiza dificultades, planea estrategias, propone soluciones, las pone en acción y evalúa los resultados.

• Atento a las oportunidades. Sabe que a todas horas se presentan oportunidades de evangelizar. Vive con esta conciencia y no pierde la más mínima oportunidad para difundir el mensaje de Cristo. Tiene mentalidad de vendedor y aprovecha toda ocasión para ofrecer sus productos.

• Sobrenatural en sus aspiraciones. Sus criterios no son los de este mundo. Por eso, es capaz de emprender obras de envergadura con la confianza de que Dios suplirá sus limitaciones y le concederá la gracia para llevarla a buen término. Sabe que el protagonista de la misión es Dios y él es sólo un instrumento dócil en las manos de Dios.