Hoy el reto del Amor es que vuelvas a ser niño. | ||||||
Año del Señor 2015
Lerma, 31 de Enero
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
MAGIA Y REALIDAD
El otro día nos hicieron un truco de magia. Era impresionante, sorprendente, maravilloso... y aun así, observando mucho, me daba cuenta de las distintas formas de mirar el truco de entre todas las que lo estábamos viendo.
Unas, entre las que me encuentro, mirábamos completamente convencidas de que la magia es pura ciencia, lógica y, por tanto, sólo buscábamos descubrir dónde se encontraba el truco.
Otras tenían "cara de niños", se iban asombrando más y más, emocionándose al ver en qué iba quedando la cosa. Realmente éstas sí que disfrutaron del truco. No pensaron más allá, simplemente se dejaron sorprender.
Me doy cuenta de que esta misma reacción la tengo muchas veces con el Señor, pues, cuando le entrego una cosa o una persona para que Él actúe, y de pronto, sin saber cómo, ocurre el milagro (a Su manera, claro), ya se ocupa en seguida mi razón de buscar "lógicamente" el porqué de las cosas: "Esto a ocurrido por esto y por aquello...", así como otros dirían:"Qué casualidad..."
Pero realmente, cuando dejo que mi razón tome el mando, no disfruto, no me dejo sorprender. Sin embargo, el darme cuenta de esto me ha impulsado a volver a ser niña, a dejarme sorprender, incluso, a esperar encontrarme sorpresas y carantoñas del Señor, porque Él nos las da continuamente.
Hoy el reto del Amor es que vuelvas a ser niño. Un niño que se sorprende y que sorprende, que ama, que disfruta de las cosas menos lógicas sin buscar el porqué, un niño que simplemente se deja deslumbrar. Hoy pídele al Señor que te sorprenda con algo y, cuando ocurra, sólo cree que realmente es Él.
Disfruta, sé feliz.
VIVE DE CRISTO
©Producciones es El- Vive de Cristo (Dominicas Lerma)
Prohibido cualquier reproducción para uso comercial. Solo se permite un uso para actividades de evangelización siempre que se publiquen sin ningún tipo de modificación.
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sábado, 31 de enero de 2015
Hoy el reto del Amor es que vuelvas a ser niño 31012015
María y una pregunta de Jesús (Meditación para hoy) 31012015
María y una pregunta de Jesús
¿Quién es mi Madre? Pues, la que hizo la Voluntad de mi Padre y si queréis ser realmente mi hermano, mi hermana y mi madre, debes hacerte, hijo de esta Madre.
Por: Marír Susana Ratero | Fuente: Catholic.net
Por: Marír Susana Ratero | Fuente: Catholic.net
Madre, en la Misa de hoy se ha leído una parte del Evangelio que mucho me cuesta comprender… y me quedo mirando tu imagen, buscando en ti las palabras que no hallo.
Más, Tu siempre eres respuesta a tus hijos cuando la búsqueda es sincera, llena de amor y confianza..
- Ven, hija- y te sigo… ya se hace costumbre al alma el seguirte, porque siempre tu compañía me deja mejor trazado el camino hacia Tu Hijo…
Llegamos a Cafarnaúm. Jesús está en casa. Se ha juntado tanta gente que ni siquiera puede comer.
Nos acercamos sin entrar. Nos quedamos junto a la puerta. Allí también se hallan los primos de Jesús (la palabra "hermano", en hebreo, abarca a los primos y parientes)
La gente reparó en ti. Es que tu presencia jamás pasa inadvertida para tus hijos.
La Llena de Gracia, la que ganó por humildad los más grandes regalos de amor del Padre.
La Llena de gracia y en la puerta… esperando, sin hacer ostentación de tus privilegios de Madre.
Y Jesús te ve… y saca de tu presencia una profunda enseñanza…
Le dice la gente "Tu Madre y tus hermanos te buscan, ahí afuera"
La escena es clara, la distancia prudente…
Y Jesús nos habla entonces acerca de ti…
- ¿Quién es mi Madre?- Y sus ojos brillan de manera especial… como haciendo eco a esta pregunta, como diciendo:
- ¿Sabéis vosotros quién es, realmente, esa simple mujer que todos conocen? ¿Sabéis acaso que Ella está en el Corazón del Padre desde antes de la Creación del mundo? ¿Sabéis que sólo en Ella hallé mi complacencia para venir del Padre hasta vosotros? ¿Conocéis que los días que habité en su purísimo vientre fueron los más serenos, los más parecidos a la Mansión del Padre de donde venía?
- ¿Quién es mi Madre?-repite tu Hijo, María, y veo tu mirada baja, humilde, sencilla…
Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, sentados esperando una palabra, un camino… si, Tu Hijo, Madre, les habla a los que se acercan a El y allí se quedan, en espera, Tu Hijo les muestra el camino. El camino que Tú has recorrido…
- Pues, la que hizo la Voluntad de mi Padre (y Jesús volvió a escuchar en su Corazón tus palabras de la Anunciación "Hágase en mi Su Voluntad") y si queréis ser realmente mi hermano, mi hermana y mi madre, debéis haceros, en vuestro corazón, hijos de esta Madre…
Extiendes tu Mano, Madrecita, buscando la mía, como siempre, como cada día aún cuando no lo noto, más aún cuando te creo ausente…
Miro a Jesús a los ojos y mi corazón susurra un "gracias" tembloroso y emocionado, un silencioso "gracias"" que Jesús escucha en las profundidades de mi alma…
Y me dejo llevar por Ti, María, para aprender, en Tu Corazón, el camino de la Voluntad del Padre…
Amiga mía, amigo mío que lees estas líneas. María tiende hacia ti su Mano. Tómala confiado, que Ella te llevará por un camino corto, perfecto, fácil y seguro, donde Jesús te espera para decirte "hermana mía, hermano mío"
Más, Tu siempre eres respuesta a tus hijos cuando la búsqueda es sincera, llena de amor y confianza..
- Ven, hija- y te sigo… ya se hace costumbre al alma el seguirte, porque siempre tu compañía me deja mejor trazado el camino hacia Tu Hijo…
Llegamos a Cafarnaúm. Jesús está en casa. Se ha juntado tanta gente que ni siquiera puede comer.
Nos acercamos sin entrar. Nos quedamos junto a la puerta. Allí también se hallan los primos de Jesús (la palabra "hermano", en hebreo, abarca a los primos y parientes)
La gente reparó en ti. Es que tu presencia jamás pasa inadvertida para tus hijos.
La Llena de Gracia, la que ganó por humildad los más grandes regalos de amor del Padre.
La Llena de gracia y en la puerta… esperando, sin hacer ostentación de tus privilegios de Madre.
Y Jesús te ve… y saca de tu presencia una profunda enseñanza…
Le dice la gente "Tu Madre y tus hermanos te buscan, ahí afuera"
La escena es clara, la distancia prudente…
Y Jesús nos habla entonces acerca de ti…
- ¿Quién es mi Madre?- Y sus ojos brillan de manera especial… como haciendo eco a esta pregunta, como diciendo:
- ¿Sabéis vosotros quién es, realmente, esa simple mujer que todos conocen? ¿Sabéis acaso que Ella está en el Corazón del Padre desde antes de la Creación del mundo? ¿Sabéis que sólo en Ella hallé mi complacencia para venir del Padre hasta vosotros? ¿Conocéis que los días que habité en su purísimo vientre fueron los más serenos, los más parecidos a la Mansión del Padre de donde venía?
- ¿Quién es mi Madre?-repite tu Hijo, María, y veo tu mirada baja, humilde, sencilla…
Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, sentados esperando una palabra, un camino… si, Tu Hijo, Madre, les habla a los que se acercan a El y allí se quedan, en espera, Tu Hijo les muestra el camino. El camino que Tú has recorrido…
- Pues, la que hizo la Voluntad de mi Padre (y Jesús volvió a escuchar en su Corazón tus palabras de la Anunciación "Hágase en mi Su Voluntad") y si queréis ser realmente mi hermano, mi hermana y mi madre, debéis haceros, en vuestro corazón, hijos de esta Madre…
Extiendes tu Mano, Madrecita, buscando la mía, como siempre, como cada día aún cuando no lo noto, más aún cuando te creo ausente…
Miro a Jesús a los ojos y mi corazón susurra un "gracias" tembloroso y emocionado, un silencioso "gracias"" que Jesús escucha en las profundidades de mi alma…
Y me dejo llevar por Ti, María, para aprender, en Tu Corazón, el camino de la Voluntad del Padre…
Amiga mía, amigo mío que lees estas líneas. María tiende hacia ti su Mano. Tómala confiado, que Ella te llevará por un camino corto, perfecto, fácil y seguro, donde Jesús te espera para decirte "hermana mía, hermano mío"
- Preguntas o comentarios al autor
- María Susana Ratero.
La tempestad calmada (Evangelio meditado) 31012015
La tempestad calmada
Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario
Marcos 4, 35-41. Tiempo Ordinario. Cristo está cerca de nosotros en cualquier tempestad de nuestra vida.
Por: Estanislao Mª García | Fuente: Catholic.net
Por: Estanislao Mª García | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41
Aquel día, al atardecer, les dice: Pasemos a la otra orilla. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe? Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?
Oración introductoria
Señor, aunque creo tener fe, necesito de tu gracia para acrecentarla porque me parezco a tus discípulos, ante los problemas y angustias me acobardo. Te suplico que esta oración me ayude a creer con fe viva en tu nombre, a actuar mi fe de manera filial, recordando que Tú eres un Padre que vela con infinita ternura sobre mí. Ayúdame a descubrir tu mano amorosa detrás de todo, porque Tú sólo buscas mi bien.
Petición
Señor, te pido me concedas caminar por la senda de una fe viva, operante y luminosa.
Meditación del Papa Francisco
El temor, sin embargo, no es un buen consejero. Jesús muchas veces, ha dicho: "¡No tengan miedo!" El miedo no nos ayuda. La cuarta actitud es la gracia del Espíritu Santo. Cuando Jesús trae la calma al agitado mar, los discípulos en la barca se llenaron de temor. Siempre, ante el pecado, delante de la nostalgia, ante el temor, debemos volver al Señor.
Mirar al Señor, contemplar al Señor. Esto nos da estupor, tan hermoso, por un nuevo encuentro con el Señor. "Señor, tengo esta tentación: quiero quedarme en esta situación de pecado; Señor, tengo la curiosidad de saber cómo son estas cosas; Señor, tengo miedo". Y ellos vieron al Señor: "¡Sálvanos, Señor, estamos perdidos!" Y llegó la sorpresa del nuevo encuentro con Jesús. No somos ingenuos ni cristianos tibios, somos valientes, valerosos. Somos débiles, pero hay que ser valientes en nuestra debilidad. Y nuestro valor muchas veces debe expresarse en una fuga y no mirar hacia atrás, para no caer en la mala nostalgia. ¡No tener miedo y mirar siempre al Señor!. (S.S. Francisco, 2 de julio de 2013, homilía en misa matutina en capilla de Santa Marta).
Reflexión
Han pasado más de dos mil años desde que Jesucristo fundó la Iglesia. Han pasado más de dos mil años de cristianismo y parece que todo se viene abajo; parece que las nuevas doctrinas religiosas están tomando el puesto de la Iglesia, pero no es así.
La Iglesia parece naufragar en la tempestad del mundo y en los problemas que se le presentan; pero cada vez que los hombres dudamos se alza una voz que parece despertar de un largo sueño: ¡No temáis, tened fe! Y el mar vuelve a la calma; la barca de Pedro sigue su rumbo a través de los años, los siglos y los milenios.
Cristo no está lejos de nosotros; duerme junto al timón, para que cuando nuestra fe desfallezca, cuando estemos tristes y desamparados, Él tome el timón de nuestra vida.
Además en el mar de nuestra vida brilla una estrella; relampaguea en el cielo de nuestra alma la estrella de María, para que no perdamos el rumbo.
Propósito
Ante las dificultades, preocupaciones y angustias, decir la jaculatoria: ¡Jesús, en ti confío!
Diálogo con Cristo
Señor, la tormenta más grande que debo combatir diariamente es el pecado. Necesito esforzarme constantemente para no caer en la tentación y decidirme, con entusiasmo y confianza, a conquistar la santidad mediante la caridad. Por eso te pido me ayudes a ser perseverante en mis propósitos.
Aquel día, al atardecer, les dice: Pasemos a la otra orilla. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe? Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?
Oración introductoria
Señor, aunque creo tener fe, necesito de tu gracia para acrecentarla porque me parezco a tus discípulos, ante los problemas y angustias me acobardo. Te suplico que esta oración me ayude a creer con fe viva en tu nombre, a actuar mi fe de manera filial, recordando que Tú eres un Padre que vela con infinita ternura sobre mí. Ayúdame a descubrir tu mano amorosa detrás de todo, porque Tú sólo buscas mi bien.
Petición
Señor, te pido me concedas caminar por la senda de una fe viva, operante y luminosa.
Meditación del Papa Francisco
El temor, sin embargo, no es un buen consejero. Jesús muchas veces, ha dicho: "¡No tengan miedo!" El miedo no nos ayuda. La cuarta actitud es la gracia del Espíritu Santo. Cuando Jesús trae la calma al agitado mar, los discípulos en la barca se llenaron de temor. Siempre, ante el pecado, delante de la nostalgia, ante el temor, debemos volver al Señor.
Mirar al Señor, contemplar al Señor. Esto nos da estupor, tan hermoso, por un nuevo encuentro con el Señor. "Señor, tengo esta tentación: quiero quedarme en esta situación de pecado; Señor, tengo la curiosidad de saber cómo son estas cosas; Señor, tengo miedo". Y ellos vieron al Señor: "¡Sálvanos, Señor, estamos perdidos!" Y llegó la sorpresa del nuevo encuentro con Jesús. No somos ingenuos ni cristianos tibios, somos valientes, valerosos. Somos débiles, pero hay que ser valientes en nuestra debilidad. Y nuestro valor muchas veces debe expresarse en una fuga y no mirar hacia atrás, para no caer en la mala nostalgia. ¡No tener miedo y mirar siempre al Señor!. (S.S. Francisco, 2 de julio de 2013, homilía en misa matutina en capilla de Santa Marta).
Reflexión
Han pasado más de dos mil años desde que Jesucristo fundó la Iglesia. Han pasado más de dos mil años de cristianismo y parece que todo se viene abajo; parece que las nuevas doctrinas religiosas están tomando el puesto de la Iglesia, pero no es así.
La Iglesia parece naufragar en la tempestad del mundo y en los problemas que se le presentan; pero cada vez que los hombres dudamos se alza una voz que parece despertar de un largo sueño: ¡No temáis, tened fe! Y el mar vuelve a la calma; la barca de Pedro sigue su rumbo a través de los años, los siglos y los milenios.
Cristo no está lejos de nosotros; duerme junto al timón, para que cuando nuestra fe desfallezca, cuando estemos tristes y desamparados, Él tome el timón de nuestra vida.
Además en el mar de nuestra vida brilla una estrella; relampaguea en el cielo de nuestra alma la estrella de María, para que no perdamos el rumbo.
Propósito
Ante las dificultades, preocupaciones y angustias, decir la jaculatoria: ¡Jesús, en ti confío!
Diálogo con Cristo
Señor, la tormenta más grande que debo combatir diariamente es el pecado. Necesito esforzarme constantemente para no caer en la tentación y decidirme, con entusiasmo y confianza, a conquistar la santidad mediante la caridad. Por eso te pido me ayudes a ser perseverante en mis propósitos.
LA TIERRA DEL AMOR (¡DESPIERTA! Charlas sobre la espiritualidad) Anthony de Mello
LA TIERRA DEL
AMOR
Si realmente
dejamos las ideas ilusorias acerca de algo que podría darnos o quitarnos,
estaríamos alertas, La consecuencia de no hacerlo es terrible e ineludible.
Perdemos nuestra capacidad de amar. Si usted quiere amar, debe aprender a ver
de nuevo, Y si quiere ver, debe aprender a renunciar a su droga. Así es de
sencillo. Renuncie a su dependencia. Rompa los tentáculos de la sociedad que lo
hayan rodeado y que han sofocado su ser. Renuncie a ellos. Externamente, todo seguirá
como antes, pero aunque usted continuará estando en el mundo, ya no será del
mundo. En su corazón, ahora será finalmente libre, aunque estará completamente
solo. Su dependencia de la droga morirá. No tiene que irse para el desierto;
está en medio de las personas, disfruta de ellas enormemente. Pero ya no tienen
el poder de hacerlo feliz o desdichado. Eso es lo que significa estar solo. En
esta soledad muere su dependencia. Nace la capacidad de amar, Ya no ve a los
demás como un medio de satisfacer la adicción. Solamente quien lo ha intentado
conoce los terrores del proceso. Es como invitarse a sí mismo a morir. Es como
pedirle al pobre drogadicto que renuncie a la única felicidad que ha conocido
¿Cómo cambiará por el sabor del pan y de la fruta y el sabor limpio del aire de
la mañana, la dulzura del agua de la fuente en la montaña? Mientras luche con
los síntomas de la abstinencia y el vacío que siente en su interior ahora que
la droga se ha acabado, nada puede llenar el vacío excepto la droga. ¿Puede usted
imaginar una vida en la cual usted se niega a disfrutar o a gozar con una sola
palabra de aprecio, o a reclinar la cabeza en el hombro de alguien buscando
apoyo? Piense en una vida en la cual usted no dependa de nadie emocionalmente,
de manera que nadie tenga el poder de hacerlo feliz o desgraciado. Usted se
niega a necesitar a una persona particular o a ser especial para alguien o a
sentir que alguien le pertenece. Las aves del cielo tienen sus nidos y los
zorros tienen sus madrigueras, pero usted no tendrá en dónde apoyar su cabeza
en su viaje por la vida. Si alguna vez llega a este estado, sabrá finalmente lo
que significa ver con una visión clara y sin nubes de temor o deseo. Allí cada
palabra se mide. Ver finalmente con una visión que es clara, y sin nubes de
temor o de deseo. sabrá lo que significa amar. Pero para llegar a la tierra del
amor, tiene que pasar por los dolores de la muerte, porque amar a las personas
significa morir a la necesidad de las personas, y estar completamente solo.
¿Cómo podría
usted llegar allá algún día? Por medio de una consciencia incesante, por medio
de una paciencia y una compasión infinitas como las que tendría por el
drogadicto. Desarrollando el gusto por las cosas buenas de la vida para
contrarrestar la necesidad de la droga. ¿Cuáles cosas buenas? El amor al
trabajo que a usted le gusta hacer por el trabajo mismo; el amor a la risa y a
la intimidad con las personas a las cuales usted no se aferra y de las cuales
no depende emocionalmente pero cuya compañía usted disfruta. También ayudará
que usted realice actividades que pueda hacer con todo su ser, actividades que
a usted le gusten tanto que cuando se dedique a ellas, el éxito, el
reconocimiento y la aprobación sencillamente no signifiquen nada. También
ayudará que regrese a la naturaleza. Despida a las multitudes, suba a las
montañas, y comulgue en silencio con los árboles y las flores y los animales y las aves, con
el mar y las nubes y el cielo y las estrellas. Ya le dije que mirar las cosas ,
ser consciente de las cosas que nos rodean es un gran ejercicio espiritual.
Confiemos en que las palabras desaparecerán, los conceptos desaparecerán, y
usted, ya lo verá, entrará en contacto con la realidad. Ésa es la cura para la
soledad. Generalmente, tratamos de curar nuestra soledad dependiendo
emocionalmente de la gente, y por medio de la sociabilidad y el ruido. Eso no
es una cura. Regrese a las cosas, regrese a la naturaleza, suba a las montañas.
Entonces sabrá que su corazón lo ha llevado al vasto desierto de la soledad,
allí no hay nadie a su lado, absolutamente nadie.
Al principio
esto parecerá insoportable. Pero es porque usted no está acostumbrado a estar
solo. Si logra permanecer allí por un tiempo, el desierto florecerá de pronto
en el amor. Su corazón estallará en cantos. Y siempre será primavera; la droga
desaparecerá; usted es libre. Entonces comprenderá lo que es el amor, lo que es
la felicidad, lo que es la realidad, lo que es la verdad, lo que es Dios. Usted
verá, usted sabrá más allá de los conceptos y los condicionamientos, de las
adicciones y los apegos. ¿Eso tiene sentido?
Voy a terminar
con una hermosa historia. Hubo un hombre que inventó el arte de producir fuego.
Tomó sus herramientas y fue a una tribu que residía en un lugar del norte en
que hacía mucho frío, un frío cortante. Les enseño a los de la tribu a producir
fuego. Ellos se interesaron muchísimo. Les enseño que el fuego era útil para
varias cosas: para cocinar, para calentarse, etc. Ellos estaban muy agradecidos
con él por haberles enseñado el arte de producir fuego. Pero antes de que
pudieran expresar su gratitud, el hombre desapareció. A él no le interesaba el
reconocimiento o la gratitud de la tribu; le interesaba el bienestar de ésta.
Fue a otra tribu, en la cual también se dedicó a enseñarles el valor de su
invento. Allí también la gente estaba interesada, un poquito demasiado
interesada para la paz mental de sus sacerdotes, quienes empezaron a notar que
este hombre congregaba multitudes mientras ellos perdían popularidad. De manera
que decidieron eliminarlo. Lo envenenaron, lo crucificaron, díganlo como
quieran. Pero temían que ahora la gente se volviera contra ellos, de manera que
fueron prudentes, incluso astutos, ¿Saben que hicieron? Mandaron hacer un
retrato del hombre y lo pusieron sobre el altar principal del templo. Enfrente
del retrato pusieron los instrumentos del fuego, lo cual hicieron debidamente
durante siglos. Siguieron la veneración y la adoración, pero no había fuego.
¿En dónde está
el fuego? ¿En dónde está el amor? ¿En dónde está la droga desarraigada de
usted? ¿En dónde está la libertad? De esto se trata la espiritualidad.
Trágicamente, tendemos a perder esto de vista, ¿no es así? De esto se trata
Jesucristo. Pero le dimos demasiado énfasis al "Señor, Señor", ¿no es
verdad? ¿En dónde está el fuego? Y si el culto no lleva al fuego, si la
adoración no lleva al amor, si la liturgia no lleva a una percepción más clara
de la realidad, si Dios no lleva a la vida, ¿de qué sirve la religión excepto
para crear más divisiones, más fanatismo, más antagonismo? No es por falta de
religión, en el sentido ordinario de la palabra, por lo que sufre el mundo; es
por falta de amor, de consciencia, y no de otro modo. Comprendan los obstáculos
que les ponen al amor, a la libertad, a la felicidad y la oscuridad
desaparecerá. La felicidad no es algo que se adquiere; el amor no es algo que
uno produce; el amor es algo que uno tiene; el amor es algo que lo tiene a uno.
Uno no tiene el viento, las estrellas y la lluvia. Uno no posee estas cosas;
uno se entrega a ellas. Y la entrega ocurre cuando uno toma consciencia de sus
ideas ilusorias, de sus adicciones, cuando uno tenga una consciencia de sus
deseos y sus temores. Como les dije antes, en primer lugar, la comprensión
psicológica es de gran ayuda, pero no el análisis. Uno de los grandes
terapeutas estadounidenses lo dijo muy bien: "Lo que cuenta es la
experiencia del "Ah, si", eso es visión. Eso es cambio. En segundo
lugar, la comprensión de su adicción es importante. Se necesita tiempo.
Desgraciadamente, se dedica mucho tiempo al culto y al canto de alabanzas y a
cantar canciones, tiempo que podría dedicarse con buenos frutos a la
comprensión de sí mismo. Las celebraciones litúrgicas comunes no producen
comunidad. Ustedes saben en el fondo del alma, y también lo sé yo, que esas
celebraciones solamente sirven para ocultar las diferencias. La comunidad se
produce comprendiendo los bloqueos que le ponemos a la comunidad, comprendiendo
los conflictos que surgen como resultado de nuestros temores y nuestros deseos.
En ese momento, surge la comunidad. Debemos tener cuidado, para no convertir el
culto en otra distracción en la importante empresa de vivir. Y vivir no
significa trabajar en el gobierno, o ser un gran hombre de negocios, o hacer
actos de caridad. Eso no es vivir. Vivir es descartar todos los impedimentos y
vivir en el momento presente con frescura. "Las aves del cielo... ellas no
trabajan ni hilan" -eso es vivir. Empecé diciendo que la gente está
dormida, muerta. Hay gente muerta gobernando, gente muerta dirigiendo los
grandes negocios, gente muerta educando a otros; ¡Vivan! El culto debe ayudar a
esto, o es inútil. Y progresivamente - ustedes saben esto y yo también- estamos perdiendo a los jóvenes en todas partes.
Ellos nos odian; no les interesa tener más temores y más culpas. No les
interesan más sermones y exhortaciones. Pero les interesa aprender sobre el
amor. ¿Cómo puedo ser feliz? ¿Cómo puedo estar realmente vivo? ¿Cómo puedo
tener la experiencia de esas cosas maravillosas de las que hablan los místicos?
De manera que eso es lo segundo - La comprensión. En tercer lugar, no se
identifique. Mientras venía hoy para acá alguien me preguntó: "Alguna vez
se ha sentido usted deprimido?" Realmente, a veces me deprimo. Me dan mis
ataques. Pero no duran, realmente no duran. ¿Qué hago? Primer paso: No me
identifico. Aquí tenemos un sentimiento de depresión. En lugar de ponerme
tenso, en lugar de irritarme conmigo mismo debido a eso, comprendo que estoy
deprimido, decepcionado, o lo que sea. segundo paso: Admito que el sentimiento
está en mí, no en la otra persona, es decir, en la persona que no me mandó una
carta, no en el mundo exterior, está en mí. Porque mientras piense que está
fuera de mi, considero justificado conservar mis sentimientos. No puedo decir
que todo el mundo se sienta así; en realidad, solamente los idiotas se
sentirían así, solamente las personas dormidas. Tercer paso: No me identifico
con el sentimiento. El "yo" no es ese sentimiento. El "yo"
no está solo, el "yo" no está deprimido, el "yo" no está
decepcionado. La decepción está allí, uno la observa. Ustedes se sorprenderán
con la rapidez con que desaparece. Cualquier cosa de la cual uno tenga
consciencia cambia continuamente; las nubes se mueven continuamente. cuando uno
logra eso, comprende de muchas maneras por qué había nubes.
Tengo aquí una
hermosa cita, unas pocas frases que yo escribiría en letras de oro. Las tomé
del libro de A.S. Neill, Summerhill. Antes, debo exponer algunos antecedentes.
Probablemente ustedes saben que Neill fue educador durante cuarenta años. Tenía
un colegio muy independiente. Recibía niños y niñas, y los dejaba ser libres.
¿Usted quiere aprender a leer y a escribir? Muy bien. ¿No quiere aprender a
leer y a escribir? Muy bien. Usted puede hacer lo que quiera con su vida,
mientras no se inmiscuya en los asuntos de otra persona. No interfiera la
libertad de otra persona; por lo demás, usted es libre. Dice Neill que los
peores casos le llegaban de colegios religiosos. Por supuesto, esto era en los
viejos tiempos. Dice que estos niños tardaban alrededor de seis meses en
sobreponerse a toda la ira y el resentimiento que habían reprimido. durante
seis meses se rebelaban, luchaban contra el sistema. El peor caso fue el de una
niña que montaba en su bicicleta y se iba para el pueblo, evitando las clases,
evitando el colegio, evitando todo. Pero una vez que superaban su rebeldía,
todos querían aprender; hasta empezaban a protestar: "¿por qué no tenemos
clase hoy?" Pero solamente estudiaban lo que les interesaba. Se transformaban.
Al principio, los padres temían mandar a sus hijos a este colegio; decían:
"¿Cómo puede usted educarlos si no se les impone disciplina? Hay que
enseñarles, orientarlos". ¿Cual fue el secreto del éxito de Niel? A él le
llegaban los peores niños, los que todo el mundo había dado por perdidos, y en
seis meses se transformaban. Escuchen lo que dijo, palabras extraordinarias,
palabras santas: "Cada niño tiene un dios en él. Nuestros intentos por
moldear al niño convertirán al dios en un demonio. Los niños llegan a mi
colegio, pequeños diablos, odian el mundo, son destructivos, maleducados,
mentirosos, ladrones, de mal humor. En seis meses se transforman en niños
felices, saludables, que no hacen ningún mal". éstas son palabras
sorprendentes en boca de un hombre cuyo colegio en la Gran Bretaña es
inspeccionado regularmente por personas del Ministerio de educación, por
cualquier director o directora o por cualquier persona que quiera ir.
Sorprendente. Ése era su carisma. Estas cosas no se hacen siguiendo un plan
predeterminado; hay que ser una persona especial. En algunas de sus
conferencias a directores y directoras, Neill les dice: "Vengan a
Summerhill, y verán que todos los árboles frutales están cargados de frutas;
nadie arranca las frutas de los árboles; no hay ningún deseo de atacar a la
autoridad; los niños comen bien y no hay resentimiento ni ira. Vengan a
Summerhill y nunca encontrarán a un niño lisiado que tenga sobrenombre (ustedes
saben cómo pueden ser de crueles los niños cuando alguien es tartamudo).
Ustedes nunca encontrarán a nadie burlándose de un tartamudo, nunca. En esos
niños no hay violencia porque nadie es violento con ellos". Escuchen esas
palabras de revelación, palabras sagradas. en el mundo hay personas así. A
pesar de lo que les puedan decir los sabios, los sacerdotes y los teólogos, en
el mundo hay personas que no tienen peleas, ni celos, ni conflictos, ni
guerras, ni enemistades. ¡Ninguna de esas cosas! En mi país existen, o, me da
tristeza decirlo, existieron hasta hace poco. Yo tenía amigos jesuitas que
vivían y trabajaban con personas que según me decían eran incapaces de robar o
mentir. Una hermana me dijo que cuando ella fue al noreste de la india a
trabajar con algunas tribus, la gente no cerraba, o guardaba nada con llave. Nunca
se robaban nada y nunca decían mentiras - hasta que llegaron el gobierno y los
misioneros.
Cada niño tiene
en él un dios; nuestros intentos por moldearlo convertirán al niño en un
demonio.
Hay una hermosa
película italiana dirigida por Federico Fellini, llamada 81/2. En una escena
aparece un hermano cristiano en una excursión con un grupo de muchachos de ocho
a diez años. Están en la playa, caminando, mientras el hermano viene detrás con
tres o cuatro muchachos a su alrededor. Se encuentran con una mujer mayor que
es prostituta, y le dicen:
- Hola.
Ella contesta:
- Hola.
Ellos
preguntan:
¿Quién eres tú?
Y ella dice
- Yo soy una
prostituta.
Ellos no saben
qué es eso, pero fingen saberlo. Uno de los muchachos que sabe más que los
otros dice:
- Una prostituta
es una mujer que hace ciertas cosas si uno le paga.
Ellos
preguntan:
-¿Haría ella
esas cosas si le pagamos?
¿Por qué no?
fue la respuesta.
De manera que
hacen una colecta, le dan el dinero y le dicen:
-¿Haría ciertas
cosas ahora que te hemos dado el dinero?
Ella responde:
- Por supuesto
muchachos, ¿qué quieren que haga?
Lo único que se
les ocurre a los muchachos es que ella se quite la ropa. Y ella lo hace. Bueno,
la miran; nunca habían visto a una mujer desnuda. No saben qué más hacer, de
modo que le dicen:
-¿Quieres
bailar?
ella dice:
-Por supuesto
Ellos se reúnen
alrededor de ella cantando y batiendo palmas; la prostituta mueve el trasero, y
ellos se divierten de lo lindo. El hermano ve todo esto. Corre por la playa y
le grita a la mujer. La hace vestir, y el narrador dice: "En ese momento,
los niños se corrompieron, hasta entonces eran inocentes, hermosos".
Éste no es un
problema infrecuente. En la India, conozco a un misionero muy conservador, un
jesuita, quien asistió a uno de mis talleres. Mientras yo desarrollaba este
tema durante dos días, él sufría. La segunda noche vino a buscarme y me dijo:
- Tony, no
puedo explicarte cuanto sufro cuando te escucho.
-¿Por qué,
Stan? - le pregunté
Me contestó:
- Tú estás
reviviendo una pregunta que he reprimido durante veinticinco años, una horrible
pregunta. una y otra vez me he preguntado: ¿Habré corrompido a mi gente
convirtiéndola al cristianismo?
Este jesuita no
era uno de esos progresistas, era ortodoxo. Devoto, piadoso, conservador. Pero
sentía que corrompía a una gente feliz, amable, sencilla, sin malicia,
convirtiéndola al cristianismo.
Los misioneros
estadounidenses que fueron a las islas de los Mares del Sur con sus esposas se
horrorizaron cuando vieron que las mujeres nativas iban a la iglesia con los
pechos descubiertos. Las esposas insistieron en que las mujeres estuvieran
decentemente vestidas. De modo que los misioneros les dieron camisas para que
se las pusieran. Al domingo siguiente, las mujeres llegaron con las camisas
puestas, pero con dos grandes huecos para estar cómodas y ventilarse. Ellas
tenían la razón; los misioneros estaban equivocados.
Ahora ...
regresemos a Neill, quien dice: "Yo no soy un genio, soy sencillamente un
hombre que se niega a guiar los pasos de los niños". Pero entonces, ¿qué
pasa con el pecado original? Neill dice que cada niño tiene un dios en él;
nuestros intentos por moldearlo convierten al dios en un demonio. Él permite
que los niños formen sus propios valores, y los valores son invariablemente
buenos y sociales. ¿pueden ustedes creerlo? Cuando un niño se siente amado (lo
que significa: cuando un niño siente que usted está de su lado), estará bien.
El niño ya no experimenta la violencia. No hay temor, por eso no hay violencia.
El niño empieza a tratar a los demás como lo tratan a él. Ustedes tienen que
leer ese libro, es un libro sagrado, realmente lo es. Léanlo; revolucionó mi
vida y mi manera de relacionarme con la gente. Empecé a ver milagros. Empecé a
ver la insatisfacción conmigo mismo que me habían inculcado, la competición,
las comparaciones, el "eso no es suficientemente bueno", etc. Ustedes
podrían objetar que si no me hubieran presionado, no sería lo que soy.
¿Necesitaba toda esa presión? Y de todas maneras, ¿quién quiere ser lo que yo
soy? Quiero ser feliz, quiero ser santo,
quiero amar, quiero estar en paz, quiero ser libre, quiero ser humano.
¿Saben de dónde
vienen las guerras? Vienen de proyectar hacia afuera el conflicto que tenemos
dentro. Muéstrenme un individuo que no tenga un conflicto interno y yo les
mostraré a un individuo que no es violento. Sus acciones serán eficaces,
incluso duras, pero estará libre de odio. Cuando actúa, actúa como el cirujano;
cuando actúa, actúa como el maestro amante de los niños que tienen retardo
mental. Uno no los culpa, los comprende; pero se lanza a la acción. Por otra
parte, si uno se lanza a la acción con su propio odio y su propia violencia sin
resolver, el error se agrava. Trató de apagar el fuego con más fuego. Trató de
controlar una inundación echando más agua. Repito lo que dijo Neill: "Cada
niño tiene un dios en él. Nuestros intentos por moldear al niño convertirán al
dios en un demonio. Los niños llegan a mi colegio como pequeños demonios,
odiando el mundo, destructivos, maleducados, mentirosos, robando, de mal humor.
A los seis meses son niños felices y saludables que no hacen ningún mal. Y yo
no soy un genio, simplemente un hombre que se niega a dirigir los pasos de los
niños. Yo les permito formar sus propios valores y los valores son
invariablemente buenos y sociales. La religión que vuelve buena a la gente la
vuelve mala, pero la religión conocida como libertad hace que todas las
personas sean buenas, porque destruye el conflicto interno (yo agregué la
palabra "interno") que convierte a las personas en demonios".
Neill dice
también: "Lo primero que hago cuando un niño llega a Summerhill es
destruir su conciencia". Supongo que ustedes saben a qué se refiere,
porque yo sé a qué se refiere. No se necesita conciencia cuando se tiene
consciencia*; no se necesita la conciencia cuando se tiene sensibilidad. No se
es violento, no se es temeroso.
* Conciencia:
Facultad de discriminar entre el bien y el mal
Consciencia:
Conocimiento intuitivo que tiene el individuo de sí mismo y del medio que lo
rodea (N. del Ed).
Probablemente
ustedes piensen que éste es un ideal inalcanzable. Bien, lean ese libro. Me he
encontrado aquí y allá con individuos que de repente se tropiezan con esta
verdad; la raíz del mal está dentro de uno mismo. A medida que uno comprenda esto, va dejando
de forzase, y uno comprende. Nútranse con alimentos sanos, con alimentos sanos
y bueno, no me refiero al alimento en el sentido literal; me refiero a puestas
de sol, a la naturaleza, a una buena película, a un buen libro, a un trabajo
agradable, a la buena compañía, y se podrá esperar que ustedes rompan sus
adicciones a esos otros sentimientos.
¿Qué
sentimiento tienen ustedes cuando están en contacto con la naturaleza, o cuando
están absortos en un trabajo que aman? ¿O cuando conversan con alguien cuya
compañía disfrutan en la sinceridad y en la intimidad sin apegarse? ¿Qué clase
de sentimientos tienen? comparen esos sentimientos con los que tienen cuando
ganan una discusión, o cuando ganan una
carrera, o cuando son populares, o cuando todo el mundo los aplaude. A éstos
últimos los llamo sentimientos mundanos; a los primeros los llamo sentimientos
del alma. Muchas personas ganan el mundo y pierden su alma. Muchas personas
viven una vida vacía, sin alma, porque se alimentan de la popularidad, el
aprecio, la alabanza, el "yo estoy bien, tú estás bien", de mírenme,
préstenme atención, apóyenme, aprécienme; de ser el jefe, de tener poder, de
ganar la carrera. ¿Se alimentan ustedes de eso? Si así es, están muertos.
Perdieron su alma. Aliméntense del otro material más nutritivo. entonces verán
la transformación. Les di todo un programa de vida, ¿no es verdad?.
FIN DEL LIBRO
San Juan Bosco 31012015
San Juan Bosco | |
San Juan Bosco, presbítero y fundador
Memoria de san Juan Bosco, presbítero, el cual, después de una niñez dura, fue ordenado sacerdote, y en la ciudad de Turín se dedicó esforzadamente a la formación de los adolescentes. Fundó la Sociedad Salesiana y, con la ayuda de santa María Domènica Mazzarello, el Instituto de Hijas de María Auxiliadora, para enseñar oficios a la juventud e instruirles en la vida cristiana. Lleno de virtudes y méritos, voló al cielo, en este día, en la misma ciudad de Turín, en Italia.
En su vida, lo sobrenatural se hizo casi natural y lo extraordinario, ordinario. Tales fueron las palabras que el Papa Pío XI dijo sobre Don Bosco.
Juan Melchor había nacido en 1815, y era el menor de los hijos de un campesino piamontés. Su padre murió cuando Juan sólo tenía dos años. Su madre, santa y laboriosa mujer, que debió luchar mucho para sacar adelante u sus hijos, se hizo cargo de su educación. A los nueve años de edad, un sueño que el rapazuelo no olvidó nunca, le reveló su vocación. Más adelante, en todos los períodos críticos de su vida, una visión del cielo le indicó siempre el camino que debía seguir. En aquel primer sueño, se vio rodeado de una multitud de chiquillos que se peleaban entre sí y blasfemaban; Juan Bosco trató de hacer la paz, primero con exhortaciones y después con los puños. Súbitamente apareció una misteriosa mujer que le dijo: «¡No, no; tienes que ganártelos por el amor! Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas». Cuando la señora pronunció estas palabras los niños se convirtieron, primero en bestias feroces y luego en ovejas. El sueño terminó, pero desde aquel momento Juan Bosco comprendió que su vocación era ayudar a los niños pobres, y empezó inmediatamente a enseñar el catecismo y a llevar a la iglesia a los chicos de su pueblo. Para ganárselos, acostumbraba ejecutar ante ellos toda clase de acrobacias, en las que llegó a ser muy ducho. Un domingo por la mañana, un acróbata ambulante dio una función pública y los niños no acudieron a la iglesia; Juan Bosco desafió al acróbata en su propio terreno, obtuvo el triunfo, y se dirigió victoriosamente con los chicos a la misa. Durante las semanas que vivió con una tía que prestaba servicios en casa de un sacerdote, Juan Bosco aprendió a leer. Tenía un gran deseo de ser sacerdote, pero hubo de vencer numerosas dificultades antes de poder empezar sus estudios. A los dieciséis años, ingresó finalmente en el seminario de Chieri y era tan pobre, que debía mendigar para reunir el dinero y los vestidos indispensables. El alcalde del pueblo le regaló el sombrero, el párroco la chaqueta, uno de los parroquianos el abrigo y otro, un par de zapatos. Después de haber recibido el diaconado, Juan Bosco pasó al seminario mayor de Turín y allí empezó, con la aprobación de sus superiores, a reunir los domingos a un grupo de chiquillos y mozuelos abandonados de la ciudad.
San José Cafasso, cura de la parroquia anexa al seminario mayor de Turín, confirmó a Juan Bosco en su vocación, explicándole que Dios no quería que fuese a las misiones extranjeras: «Desempaca tus bártulos -le dijo-, y prosigue tu trabajo con los chicos abandonados. Eso y no otra cosa es lo que Dios quiere de ti». El mismo Don Cafasso le puso en contacto con los ricos que podían ayudarle con limosnas para su obra, y le mostró las prisiones y los barrios bajos en los que encontraría suficientes clientes para aprovechar los donativos de los ricos. El primer puesto que ocupó Don Bosco fue el de capellán auxiliar en una casa de refugio para muchachas, que había fundado la marquesa di Barola, la rica y caritativa mujer que socorrió a Silvio Pellico cuando éste salió de la prisión. Los domingos, Don Bosco no tenía trabajo de modo que podía ocuparse de sus chicos, a los que consagraba el día entero en una especie de escuela y centro de recreo, que él llamó «Oratorio Festivo». Pero muy pronto, la marquesa le negó el permiso de reunir a los niños en sus terrenos, porque hacían ruido y destruían las flores. Durante un año, Don Bosco y sus chiquillos anduvieron «de Herodes a Pilatos», porque nadie quería aceptar ese pequeño ejército de más de un centenar de revoltosos muchachos. Cuando Don Bosco consiguió, por fin, alquilar un viejo granero, y todo empezaba a arreglarse, la marquesa, que a pesar de su generosidad tenía algo de autócrata, le exigió que escogiera entre quedarse con su tropa o con su puesto en el refugio para muchachas. El santo escogió a sus chicos.
En esos momentos críticos, le sobrevino una pulmonía, cuyas complicaciones estuvieron a punto de costarle la vida. En cuanto se repuso, fue a vivir en unos cuartuchos miserables de su nuevo oratorio, en compañía de su madre, y allí se entregó, con toda el alma, a consolidar y extender su obra. Dio forma acabada a una escuela nocturna, que había inaugurado el año precedente, y como el oratorio estaba lleno a reventar, abrió otros dos centros en otros tantos barrios de Turín. Por la misma época, empezó a dar alojamiento a los niños abandonados. Al poco tiempo, había ya treinta o cuarenta chicos, la mayoría aprendices, que vivían con Don Bosco y su madre en el barrio de Valdocco. Los chicos llamaban a la madre de Don Bosco «Mamá Margarita». Pero Don Bosco cayó pronto en la cuenta que todo el bien que hacía a sus chicos se perdía con las malas influencias del exterior, y decidió construir sus propios talleres de aprendizaje. Los dos primeros: el de los zapateros y el de los sastres, fueron inaugurados en 1853.
El siguiente paso fue construir una iglesia, consagrada a San Francisco de Sales. Después vino la construcción de una casa para la enorme familia. El dinero no faltaba, a veces, por verdadero milagro. Don Bosco distinguía dos grupos entre sus chicos: el de los aprendices, y el de los que daban señales de una posible vocación sacerdotal. Al principio iban a las escuelas del pueblo; pero con el tiempo, cuando los fondos fueron suficientes, Don Bosco instituyó los cursos técnicos y los de primeras letras en el oratorio. En 1856, había ya 150 internos, cuatro talleres, una imprenta, cuatro clases de latín y diez sacerdotes. Los externos eran 500. Con su extraordinario don de simpatía y de leer en los corazones, Don Bosco ejercía una influencia ilimitada sobre sus chicos, de suerte que podía gobernarles con aparente indulgencia y sin castigos, para gran escándalo de los educadores de su tiempo. Además de este trabajo, Don Bosco se veía asediado de peticiones para que predicara, la fama de su elocuencia se había extendido enormemente a causa de los milagros y curaciones obradas por la intercesión del santo. Otra forma de actividad, que ejerció durante muchos años, fue la de escribir libros para el gusto popular, pues estaba convencido de la influencia de la lectura. Unas veces se trataba de una obra de apologética, otras de un libro de historia, de educación o bien de una serie de lecturas católicas. Este trabajo le robaba gran parte de la noche y al fin, tuvo que abandonarlo, porque sus ojos empezaron a debilitarse.
El mayor problema de Don Bosco, durante largo tiempo, fue el de encontrar colaboradores. Muchos jóvenes sacerdotes entusiastas, ofrecían sus servicios, pero acababan por cansarse, ya fuese porque no lograban dominar los métodos impuestos por Don Bosco, o porque carecían de su paciencia para sobrellevar las travesuras de aquel tropel de chicos mal educados y frecuentemente viciosos, o porque perdían la cabeza al ver que el santo se lanzaba a la construcción de escuelas y talleres, sin contar con un céntimo. Aun hubo algunos que llevaron a mal que Don Bosco no convirtiera el oratorio en un club político para propagar la causa de «La Joven Italia». En 1850, no quedaba a Don Bosco más que un colaborador y esto lo decidió a preparar, por sí mismo, a sus futuros colaboradores. Así fue como santo Domingo Savio ingresó en el oratorio, en 1854.
Por otra parte, Don Bosco había acariciado siempre la idea, más o menos vaga, de fundar una congregación religiosa. Después de algunos descalabros, consiguió por fin formar un pequeño núcleo. «En la noche del 26 de enero de 1854 -escribe uno de los testigos- nos reunimos en el cuarto de Don Bosco. Se hallaban allí además, Cagliero, Rocchetti, Artiglia y Rúa. Llegamos a la conclusión de que, con la ayuda de Dios, íbamos a entrar en un período de trabajos prácticos de caridad para ayudar a nuestros prójimos. Al fin de ese período, estaríamos en libertad de ligarnos con una promesa, que más tarde podría transformarse en voto. Desde aquella noche recibieron el nombre de Salesianos todos los que se consagraron a tal forma de apostolado. Naturalmente, el nombre provenía del gran obispo de Ginebra. El momento no parecía muy oportuno para fundar una nueva congregación, pues el Piamonte no había sido nunca más anticlerical que entonces. Los jesuitas y las Damas del Sagrado Corazón habían sido expulsados; muchos conventos habían sido suprimidos y, cada día, se publicaban nuevas leyes que coartaban los derechos de las órdenes religiosas. Sin embargo, fue el ministro Rattazzi, uno de los que más parte había tenido en la legislación, quien urgió un día a Don Bosco a fundar una congregación para perpetuar su trabajo y le prometió su apoyo ante el rey.
En diciembre de 1859, Don Bosco y sus veintidós compañeros decidieron finalmente organizar la congregación, cuyas reglas habían sido aprobadas por Pío IX. Pero la aprobación definitiva no llegó sino hasta quince años después, junto con el permiso de ordenación para los candidatos del momento. La nueva congregación creció rápidamente: en 1863 había treinta y nueve salesianos; y a la muerte del fundador, eran ya 768. Don Bosco realizó uno de sus sueños al enviar sus primeros misioneros a la Patagonia. Poco a poco, los Salesianos se extendieron por toda la América del Sur. Cuando san Juan Bosco murió, la congregación tenía veintiséis casas en el Nuevo Mundo y treinta y ocho en Europa. Las instituciones salesianas en la actualidad comprenden escuelas de primera y segunda enseñanza, seminarios, escuelas para adultos, escuelas técnicas y de agricultura, talleres de imprenta y librería, hospitales, etc. sin omitir las misiones extranjeras y el trabajo pastoral.
El siguiente paso de Don Bosco fue la fundación de una congregación femenina, encargada de hacer por las niñas lo que los Salesianos hacían por los niños. La congregación quedó inaugurada en 1872, con la toma de hábito de veintisiete jóvenes a las que el santo llamó Hijas de Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos. La nueva comunidad se desarrolló casi tan rápidamente como la anterior y emprendió, además de otras actividades, la creación de escuelas de primera enseñanza en Italia, Brasil, Argentina y otros países. Para completar su obra, Don Bosco organizó a sus numerosos colaboradores del exterior en una especie de tercera orden, a la que dio el título de Colaboradores Salesianos. Se trataba de hombres y mujeres de todas las clases sociales, que se obligaban a ayudar en alguna forma a los educadores salesianos.
El sueño o visión que tuvo Don Bosco en su juventud marcó toda su actividad posterior con los niños. Todo el mundo sabe que para trabajar con los niños, hay que amarlos; pero lo importante es que ese amor se manifieste en forma comprensible para ellos. Ahora bien, en el caso de Don Bosco, el amor era evidente, y fue ese amor el que le ayudó a formar sus ideas sobre el castigo, en una época en que nadie ponía en tela de juicio las más burdas supersticiones acerca de ese punto. Los métodos de Don Bosco consistían en desarrollar el sentido de responsabilidad, en suprimir las ocasiones de desobediencia, en saber apreciar los esfuerzos de los chicos, y en una gran amistad. En 1877 escribía: «No recuerdo haber empleado nunca un castigo propiamente dicho. Por la gracia de Dios, siempre he podido conseguir que los niños observen no sólo las reglas, sino aun mis menores deseos». Pero a esta cualidad se unía la perfecta conciencia del daño que puede hacer a los niños un amor demasiado indulgente, y así lo repetía constantemente Don Bosco a los padres. Una de las imágenes más agradables que suscita el nombre de Don Bosco es la de sus excursiones domingueras al bosque, con una parvada de rapazuelos. El santo celebraba la misa en alguna iglesita de pueblo, comía y jugaba con los chicos en el campo, les daba una clase de catecismo, y todo terminaba al atardecer, con el canto de las vísperas, pues Don Bosco creía firmemente en los benéficos efectos de la buena música.
El relato de la vida de Don Bosco quedaría trunco, si no hiciéramos mención de su obra de constructor de iglesias. La primera que erigió era pequeña y resultó pronto insuficiente para la congregación. El santo emprendió entonces la construcción de otra mucho más grande, que quedó terminada en 1868. A ésta siguió una gran basílica en uno de los barrios pobres de Turín, consagrada a San Juan Evangelista. El esfuerzo para reunir los fondos necesarios había sido inmenso; al terminar la basílica, el santo no tenía un céntimo y estaba muy fatigado, pero su trabajo no había acabado todavía. Durante los últimos años del pontificado de Pío IX, se había creado el proyecto de construir una iglesia del Sagrado Corazón en Roma, y el Papa había dado el dinero necesario para comprar el terreno. El sucesor de Pío IX se interesaba en la obra tanto como su predecesor, pero parecía imposible reunir los fondos para la construcción. «Es una pena que no podamos avanzar -dijo el papa al terminar un consistorio-; la gloria de Dios, el honor de la Santa Sede y el bien espiritual de muchos fieles están comprometidos en la empresa. Y no veo cómo podríamos llevarla adelante».
-Yo puedo sugerir una manera de hacerlo -dijo el cardenal Alimonda. -¿Cuál? -preguntó el papa. -Confiar el asunto a Don Bosco. -¿Y Don Bosco estaría dispuesto a aceptar? -Yo le conozco bien -replicó el cardenal-; la simple manifestación del deseo de Vuestra Santidad será una orden para él.
La tarea fue propuesta a Don Bosco, quien la aceptó al punto. Cuando ya no pudo obtener más fondos en Italia, se trasladó a Francia, el país en que había nacido la devoción al Sagrado Corazón. Las gentes le aclamaban en todas partes por su santidad y sus milagros y el dinero le llovía. El porvenir de la construcción de la nueva iglesia estaba ya asegurado; pero cuando se aproximaba la fecha de la consagración, Don Bosco repetía que, si se retardaba demasiado, no estaría en vida para asistir a ella. La consagración de la iglesia tuvo lugar el 14 de mayo de 1887, y san Juan Bosco celebró allí la misa poco después. Pero sus días tocaban a su fin. Dos años antes, los médicos habían declarado que el santo estaba completamente agotado y que la única solución era el descanso; pero el reposo era desconocido para Don Bosco. A fines de 1887, sus fuerzas empezaron a decaer rápidamente; la muerte sobrevino el 31 de enero de 1888, cuando apenas comenzaba el día, de suerte que algunos autores escriben, sin razón, que Don Bosco murió al día siguiente de la fiesta de San Francisco de Sales (que en aquel momento se celebraba el 29 de enero). Cuarenta mil personas desfilaron ante su cadáver en la iglesia, y sus funerales fueron una especie de marcha triunfal, porque toda la ciudad de Turín salió a la calle a honrar a Don Bosco por última vez. Su canonización tuvo lugar en 1934.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Oremos Señor Dios nuestro, que has dado a la Iglesia, en el presbítero San Juan Bosco, un padre y un maestro de la juventud, concédenos que, movidos por un amor semejante al suyo, nos entreguemos a tu servicio, trabajando para la salvación de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Calendario de fiestas marianas: Apariciones de Nuestra Señora a la Beata Angela de Foligny (1285).
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viernes, 30 de enero de 2015
Reflexión sobre la castidad (Virtudes y Valores)
Reflexión sobre la castidad
En el Cantar de los cantares, ese gran poema divino de amor, hay un versículo que me cautivó desde la primera vez que lo leí. Lleva en sí la frescura más radical de una auténtica declaración de amor; es la afirmación de querer entregar libre y totalmente
Por: Jorge Enrique Mújica, LC | Fuente: GAMA-Virtudes y valores
Por: Jorge Enrique Mújica, LC | Fuente: GAMA-Virtudes y valores
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Hoy por hoy, al referirse o al escuchar hablar de la castidad pareciera hacerse alusión a una de esas virtudes destinadas a la extinción. Apenas se escucha la palabra “castidad” y parece sonar, para una gran mayoría, a residuo de tiempos pretéritos vivida por algunos que no acaban de adaptarse a los tiempos que corren. Sí, la castidad está a la baja, pero no es la fama lo que le confiere valor a la virtud.
Ciertamente conviene hacer una distinción entre la castidad y ese grupo de virtudes que, digámoslo así, son parte de la misma familia y, en el lenguaje popular, se toman como equivalentes. Es el caso de la virginidad, la pureza, la continencia y el celibato. ¿No son palabras sinónimas? Estrictamente no. En el fondo guardan implicaciones comunes pero no significados idénticos.
Virgen es la persona que jamás ha tenido relaciones sexuales; puro es aquello libre y exento de toda mezcla de otra cosa (se dice por ejemplo que es oro puro cuando no tiene mezcla con otro mineral y se aplica por analogía al ser humano); continente es aquel que modera sus pasiones y sentimientos, quien se abstiene sexualmente; célibe es aquel que no ha tomado matrimonio; casto es aquel que se abstiene de todo goce carnal, esté casado o no. En el fondo subyace un elemento común: el físico relacionado con la sexualidad.
En el Cantar de los cantares, ese gran poema divino de amor, hay un versículo que me cautivó desde la primera vez que lo leí. Lleva en sí la frescura más radical de una auténtica declaración de amor; es la afirmación de querer entregar libre y totalmente el don más absoluto de sí mismo a la persona amada de una vez y para siempre: “Todos mis frutos deliciosos los he guardado para ti, oh Amado mío” (Ct 7, 14). Cómo no penetrar en la riqueza guardada en este minúsculo verso.
“Todos mis frutos deliciosos…”
Le sucedió a san Bernardo, muy joven, cuando todavía no entraba en la vida monástica. En cierta ocasión, cabalgando lejos de su casa con varios amigos, les sorprendió la noche, de forma que tuvieron que buscar hospitalidad en una casa. La dueña les recibió bien, e insistió en que Bernardo, como jefe del grupo, ocupase una habitación separada. Durante la noche, la mujer se presentó en la habitación con intenciones deshonestas. Bernardo, en cuanto se percató de lo que se avecinaba, fingió con gran presencia de ánimo creer que se trataba de un intento de robo, y con todas sus fuerzas empezó a gritar: “¡ladrones, ladrones!” La intrusa se alejó rápidamente.
Al día siguiente, cuando el grupo se marchaba cabalgando, sus amigos empezaron a bromear acerca del imaginario ladrón; pero Bernardo contestó con toda tranquilidad: –“No fue ningún sueño; el ladrón entró indudablemente en la habitación, pero no para robarme el oro y la plata, sino algo de mucho más valor”.
Algo de mucho más valor… mis frutos deliciosos… Sólo se da todo lo más valioso a quien en verdad lo merece. Sólo se puede dar lo más valioso de una vez y para siempre. Y darlo todo de una vez y para siempre implica que jamás se ha dado nada a nadie, ni una parte.
"...los he guardado…”
Angela Ellis Jones, abogada británica de poco más de 47 años, no puede sentirse en desventaja ante lo que suele llamarse una mujer “liberada”. Ha dirigido una asociación universitaria, ha intervenido muchas veces en programas de televisión y es activista política. No es creyente. El 12 de diciembre de 1996 escribió en el “Daily Telegraph”: “Hoy día, la mayoría de las mujeres sostiene su derecho a la libertad sexual. Pero la única libertad sexual que yo he deseado es la de estar felizmente casada. Desde mi adolescencia sabía que había de guardarme para el matrimonio, y nunca he tenido la más mínima duda sobre mi decisión”.
Darlo todo de una vez y para siempre significa que se ha ido acumulando eso que se desea dar porque quiere entregarse como el mejor y más pleno regalo en su momento; darlo todo de una vez y para siempre lleva en sí el plus del esfuerzo, las fatigas, la fidelidad, las luchas y combates por velar y defender íntegramente aquello que se ha guardado con tanto esmero para ofrecerlo sin mancilla.
“…para Ti, oh Amado mío.”
Se atribuye al pianista y compositor Isaac Albéniz un hecho que demuestra cómo se ha de guardar el corazón para impedir la infidelidad, cueste lo que cueste. Se encontraba en París cuando envió a su mujer, que se hallaba en España, un telegrama que decía: “Ven pronto. Estoy gravísimo”. Cuando la esposa llegó a toda prisa a la capital francesa, encontró al marido en la estación esperándola, y parecía a primera vista rebosar de salud por todos los poros. Un tanto indignada preguntó:
– “¿Pero no estabas enfermo?”
– “Sí –contestó el músico–, gravísimo. Estaba empezando a enamorarme
Darlo todo de una vez y para siempre es el culmen del amor. No es “a ti y a ti y a ti y a ti” sino a esa persona Amada y sólo a ella.
***
Históricamente la castidad ha estado muy vinculada a la opción de vida que muchos hombres y mujeres hacen en la Iglesia católica. Ciertamente no es únicamente el elemento externo el que prima aquí.
Podemos decir que aunque la virtud es siempre la misma, el modo de actuarla es distinto en un matrimonio que para un consagrado a Dios. Indiferentemente podemos afirmar que es una virtud a la cual estamos llamados todos.
Para los consagrados a Dios, la institución de este estado se encuentra descrita en el capítulo 19 del Evangelio de san Mateo: “Porque hay eunucos que nacieron así en del vientre de su madre, los hay que fueron hechos por los hombres y los hay que se hicieron a sí mismo tales por el Reino de los cielos. El que pueda entender que entienda”.
La palabra “eunuco” (hombre castrado que se destinaba en los serrallos a la custodia de las mujeres) suena algo dura a nuestros oídos actuales y efectivamente también lo era a los oídos de los hombres de los tiempos de Jesús. Pero para Jesús la palabra “eunuco” adquiere un significado diverso, no físico sino moral. Nació así la carta magna de la castidad, un estado de vida hasta entonces inexistente en el ambiente judío –y en muchos otros ambientes– e instituido por el mismo Jesús.
La castidad no significa esterilidad sino máxima fecundidad. El pueblo cristiano lo sabe bien al grado de haber atribuido espontáneamente el título de “padre” a los sacerdotes y de “madre” a las religiosas. Para los religiosos (as) y sacerdotes católicos no se trata de renunciar a un amor “concreto” por un amor “abstracto”, a una persona real por una persona imaginaria; se trata de renunciar a un amor “concreto”, a una persona real por otra Persona infinitamente más real.
Todos los motivos para escoger la castidad se resumen en la expresión: “Por el Reino de los cielos” que es lo mismo que por el Reino de Dios. No se escoge la castidad para entrar en el Reino de los cielos sino porque el Reino ha entrado en uno.
Pero en la enseñanza de Jesús no todo queda reducido a la parte física externa de la sexualidad, como habíamos señalado. También mira a la parte afectiva. Así, podemos hablar de una castidad en los afectos; una castidad con la misma importancia y valor que la física y a la que también están llamados los matrimonios. La castidad afectiva es una manifestación de la fidelidad.
***
La castidad es una virtud muy humana que el tiempo no podrá despojar de su valor. Como todas las virtudes no viene nunca sola sino acompañada de algunas que le preceden (humildad -hay una gran afinidad entre soberbia y lujuria: la lujuria es el orgullo de la carne y el orgullo la lujuria del espíritu-, generosidad y amor) y otras que le nacen como fruto (dominio de sí, fidelidad, coherencia, etc.). En todo caso, la castidad siempre es un don de Dios que está en nuestras manos cultivar o dejar se marchite. Digo, si la dejamos marchitar algún día nos presentáremos ante el juez que nos pedirá cuenta de los donde recibidos, ¿qué le responderemos entonces? No está de sobra recordar que nuestras respuestas se construyen ahora, no luego.
Ciertamente conviene hacer una distinción entre la castidad y ese grupo de virtudes que, digámoslo así, son parte de la misma familia y, en el lenguaje popular, se toman como equivalentes. Es el caso de la virginidad, la pureza, la continencia y el celibato. ¿No son palabras sinónimas? Estrictamente no. En el fondo guardan implicaciones comunes pero no significados idénticos.
Virgen es la persona que jamás ha tenido relaciones sexuales; puro es aquello libre y exento de toda mezcla de otra cosa (se dice por ejemplo que es oro puro cuando no tiene mezcla con otro mineral y se aplica por analogía al ser humano); continente es aquel que modera sus pasiones y sentimientos, quien se abstiene sexualmente; célibe es aquel que no ha tomado matrimonio; casto es aquel que se abstiene de todo goce carnal, esté casado o no. En el fondo subyace un elemento común: el físico relacionado con la sexualidad.
En el Cantar de los cantares, ese gran poema divino de amor, hay un versículo que me cautivó desde la primera vez que lo leí. Lleva en sí la frescura más radical de una auténtica declaración de amor; es la afirmación de querer entregar libre y totalmente el don más absoluto de sí mismo a la persona amada de una vez y para siempre: “Todos mis frutos deliciosos los he guardado para ti, oh Amado mío” (Ct 7, 14). Cómo no penetrar en la riqueza guardada en este minúsculo verso.
“Todos mis frutos deliciosos…”
Le sucedió a san Bernardo, muy joven, cuando todavía no entraba en la vida monástica. En cierta ocasión, cabalgando lejos de su casa con varios amigos, les sorprendió la noche, de forma que tuvieron que buscar hospitalidad en una casa. La dueña les recibió bien, e insistió en que Bernardo, como jefe del grupo, ocupase una habitación separada. Durante la noche, la mujer se presentó en la habitación con intenciones deshonestas. Bernardo, en cuanto se percató de lo que se avecinaba, fingió con gran presencia de ánimo creer que se trataba de un intento de robo, y con todas sus fuerzas empezó a gritar: “¡ladrones, ladrones!” La intrusa se alejó rápidamente.
Al día siguiente, cuando el grupo se marchaba cabalgando, sus amigos empezaron a bromear acerca del imaginario ladrón; pero Bernardo contestó con toda tranquilidad: –“No fue ningún sueño; el ladrón entró indudablemente en la habitación, pero no para robarme el oro y la plata, sino algo de mucho más valor”.
Algo de mucho más valor… mis frutos deliciosos… Sólo se da todo lo más valioso a quien en verdad lo merece. Sólo se puede dar lo más valioso de una vez y para siempre. Y darlo todo de una vez y para siempre implica que jamás se ha dado nada a nadie, ni una parte.
"...los he guardado…”
Angela Ellis Jones, abogada británica de poco más de 47 años, no puede sentirse en desventaja ante lo que suele llamarse una mujer “liberada”. Ha dirigido una asociación universitaria, ha intervenido muchas veces en programas de televisión y es activista política. No es creyente. El 12 de diciembre de 1996 escribió en el “Daily Telegraph”: “Hoy día, la mayoría de las mujeres sostiene su derecho a la libertad sexual. Pero la única libertad sexual que yo he deseado es la de estar felizmente casada. Desde mi adolescencia sabía que había de guardarme para el matrimonio, y nunca he tenido la más mínima duda sobre mi decisión”.
Darlo todo de una vez y para siempre significa que se ha ido acumulando eso que se desea dar porque quiere entregarse como el mejor y más pleno regalo en su momento; darlo todo de una vez y para siempre lleva en sí el plus del esfuerzo, las fatigas, la fidelidad, las luchas y combates por velar y defender íntegramente aquello que se ha guardado con tanto esmero para ofrecerlo sin mancilla.
“…para Ti, oh Amado mío.”
Se atribuye al pianista y compositor Isaac Albéniz un hecho que demuestra cómo se ha de guardar el corazón para impedir la infidelidad, cueste lo que cueste. Se encontraba en París cuando envió a su mujer, que se hallaba en España, un telegrama que decía: “Ven pronto. Estoy gravísimo”. Cuando la esposa llegó a toda prisa a la capital francesa, encontró al marido en la estación esperándola, y parecía a primera vista rebosar de salud por todos los poros. Un tanto indignada preguntó:
– “¿Pero no estabas enfermo?”
– “Sí –contestó el músico–, gravísimo. Estaba empezando a enamorarme
Darlo todo de una vez y para siempre es el culmen del amor. No es “a ti y a ti y a ti y a ti” sino a esa persona Amada y sólo a ella.
***
Históricamente la castidad ha estado muy vinculada a la opción de vida que muchos hombres y mujeres hacen en la Iglesia católica. Ciertamente no es únicamente el elemento externo el que prima aquí.
Podemos decir que aunque la virtud es siempre la misma, el modo de actuarla es distinto en un matrimonio que para un consagrado a Dios. Indiferentemente podemos afirmar que es una virtud a la cual estamos llamados todos.
Para los consagrados a Dios, la institución de este estado se encuentra descrita en el capítulo 19 del Evangelio de san Mateo: “Porque hay eunucos que nacieron así en del vientre de su madre, los hay que fueron hechos por los hombres y los hay que se hicieron a sí mismo tales por el Reino de los cielos. El que pueda entender que entienda”.
La palabra “eunuco” (hombre castrado que se destinaba en los serrallos a la custodia de las mujeres) suena algo dura a nuestros oídos actuales y efectivamente también lo era a los oídos de los hombres de los tiempos de Jesús. Pero para Jesús la palabra “eunuco” adquiere un significado diverso, no físico sino moral. Nació así la carta magna de la castidad, un estado de vida hasta entonces inexistente en el ambiente judío –y en muchos otros ambientes– e instituido por el mismo Jesús.
La castidad no significa esterilidad sino máxima fecundidad. El pueblo cristiano lo sabe bien al grado de haber atribuido espontáneamente el título de “padre” a los sacerdotes y de “madre” a las religiosas. Para los religiosos (as) y sacerdotes católicos no se trata de renunciar a un amor “concreto” por un amor “abstracto”, a una persona real por una persona imaginaria; se trata de renunciar a un amor “concreto”, a una persona real por otra Persona infinitamente más real.
Todos los motivos para escoger la castidad se resumen en la expresión: “Por el Reino de los cielos” que es lo mismo que por el Reino de Dios. No se escoge la castidad para entrar en el Reino de los cielos sino porque el Reino ha entrado en uno.
Pero en la enseñanza de Jesús no todo queda reducido a la parte física externa de la sexualidad, como habíamos señalado. También mira a la parte afectiva. Así, podemos hablar de una castidad en los afectos; una castidad con la misma importancia y valor que la física y a la que también están llamados los matrimonios. La castidad afectiva es una manifestación de la fidelidad.
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La castidad es una virtud muy humana que el tiempo no podrá despojar de su valor. Como todas las virtudes no viene nunca sola sino acompañada de algunas que le preceden (humildad -hay una gran afinidad entre soberbia y lujuria: la lujuria es el orgullo de la carne y el orgullo la lujuria del espíritu-, generosidad y amor) y otras que le nacen como fruto (dominio de sí, fidelidad, coherencia, etc.). En todo caso, la castidad siempre es un don de Dios que está en nuestras manos cultivar o dejar se marchite. Digo, si la dejamos marchitar algún día nos presentáremos ante el juez que nos pedirá cuenta de los donde recibidos, ¿qué le responderemos entonces? No está de sobra recordar que nuestras respuestas se construyen ahora, no luego.
¡Vence el mal con el bien!
El servicio es gratuito
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