miércoles, 30 de septiembre de 2026

Mes del Santo Rosario

 

♥ Cristianos

Santificar el Año

Octubre

home

Mes del Santo Rosario


Octubre es, por tradición en la Iglesia Católica, el Mes del Santo Rosario, una costumbre establecida oficialmente por el papa san León XIII en 1883, aunque ya venía celebrándose desde antes.
Este mes se dedica especialmente a honrar y promover la devoción al Rosario de la Virgen María.
¿Por qué octubre? Principalmente por dos grandes acontecimientos históricos relacionados con la intercesión de la Virgen del Rosario:7 de octubre de 1571 - Batalla de Lepanto.
La flota cristiana de la Santa Liga derrotó abrumadoramente a la flota otomana, que amenazaba con invadir Europa.
El papa san Pío V pidió a todo el pueblo cristiano rezar el Rosario intensamente.
Tras la victoria, que se consideró milagrosa, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias (luego cambiada a Nuestra Señora del Rosario) el 7 de octubre.

13 de octubre de 1917 – El milagro del sol en Fátima En la última aparición de la Virgen en Fátima (Portugal), Ella se presentó como “Soy la Virgen del Rosario” y pidió insistentemente: «Que recen el Rosario todos los días».
El prodigio del sol, presenciado por más de 70.000 personas, confirmó sus palabras.

Por eso octubre quedó marcado como el mes para intensificar esta devoción.
¿Qué es el Santo Rosario y por qué es tan importante en la vida católica? El Rosario es mucho más que “repetir avemarías”.
Es una oración evangélica y contemplativa: Es evangélico porque sus misterios (Gozosos, Dolorosos, Gloriosos y Luminosos) recorren la vida de Jesús y de María: desde la Anunciación hasta la Coronación de la Virgen.
Mientras se rezan las avemarías, la mente y el corazón contemplan estos misterios de la salvación.

Es contemplativo porque, como decía san Juan Pablo II, “el Rosario es una escuela de contemplación y de silencio”.
Nos ayuda a mirar la vida con los ojos de María.
Es oración bíblica: el Padrenuestro viene del mismo Jesús, el Avemaría está formado casi totalmente por palabras del Evangelio (saludo del ángel y de santa Isabel), y la doxología final (“Gloria al Padre…”) es una alabanza trinitaria.

Los papas han sido unánimes en recomendarlo:León XIII escribió ¡11 encíclicas! sobre el Rosario.
San Juan Pablo II lo llamó “mi oración preferida” y añadió los misterios luminosos.
Benedicto XVI dijo: “El Rosario es la escuela de María”.


Frutos espirituales del Rosario.
Quien lo reza con devoción suele experimentar: Paz interior profunda (incluso en medio de grandes pruebas).
Mayor unión con María, que siempre lleva a Jesús.
Protección contra el mal (muchos santos y convertidos han testimoniado esto: san Padre Pío, el beato Bartolo Longo —ex sacerdote satánico convertido por el Rosario—, etc.).
Fortaleza en la lucha espiritual diaria.

Sugerencias prácticas para vivir octubre como Mes del Rosario Rezar al menos un misterio (o un Rosario completo) cada día.
Hacerlo en familia cuando sea posible (¡la Virgen lo pidió en Fátima!).
Ofrecerlo por la paz del mundo y la conversión de los pecadores.
Participar en el Rosario comunitario en la parroquia.
Si nunca lo has rezado con atención, prueba a meditar lentamente cada misterio; verás cómo cambia la experiencia.

En resumen: octubre es una invitación amorosa de la Iglesia y de la misma Virgen para que tomemos el Rosario como arma espiritual, como cadena dulce que nos une a Ella y, a través de Ella, a su Hijo Jesús.
Como decía el beato Alano de la Roche: «El que reza devotamente el Rosario llevará consigo, mientras viva, la bendición de Dios, y a la hora de la muerte tendrá parte en los méritos de los santos».
Que este mes sea una hermosa oportunidad de acercarse más a María y, con Ella, a Jesús.
Recuerda: cada Ave María es como una rosa que ofreces a la Virgen, y cada Rosario completo es un jardín de amor y confianza depositado en sus manos.
No importa cuán difícil sea tu día, el Rosario siempre será un refugio de paz y esperanza.
¡Que la Virgen del Rosario te bendiga abundantemente!

Ave María Purísima
Cristiano Católico 8-09-2025   Año de la Fe
Sea Bendita la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de la Santísima Virgen María

Aclamación

¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
✝️ 💔 🌹

Octubre: Mes del Rosario (La Iglesia ha dedicado un mes, el de Octubre, para honrar a María con el rezo del Santo Rosario)

 Octubre: Mes del Rosario

La Iglesia ha dedicado un mes, el de Octubre, para honrar a María con el rezo del Santo Rosario

Por: Tere Vallés | Fuente: Catholic.net

Origen e historia de esta devoción:

En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses, como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra “rosario” significa "corona de rosas".

Siguiendo esta tradición, las mujeres  cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los  cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires.


La Iglesia recomendó entonces rezar el rosario, el cual consistía en recitar los 150 salmos de David, pues era considerada una oración sumamente agradable a Dios y fuente de innumerables gracias para aquellos que la rezaran. Sin embargo, esta recomendación sólo la seguían las personas cultas y letradas pero no la mayoría de los cristianos. Por esto, la Iglesia sugirió que aquellos que no supieran leer, suplantaran los 150 salmos por 150 Avemarías, divididas en quince decenas. A este “rosario corto” se le llamó “el salterio de la Virgen”.


Cuenta la Historia que un día, a finales del siglo XII, Santo Domingo de Guzmán quien sufría mucho al ver que la gravedad de los pecados de la gente estaba impidiendo la conversión de los albigenses, decidió ir al bosque a rezar. Estuvo en oración tres días y tres noches haciendo penitencia y flagelándose hasta perder el sentido. En este momento, se le apareció la Virgen con tres ángeles y le dijo que la mejor arma para convertir a las almas duras no era la flagelación, sino el rezo de su salterio. Santo Domingo se dirigió en ese mismo momento a la catedral de Toulouse, sonaron las campanas y la gente se reunió para escucharlo. Cuando iba a empezar a hablar, se soltó una tormenta con rayos y viento muy fuerte que hizo que la gente se asustara. Todos los presentes pudieron ver que la imagen de la Virgen que estaba en la catedral alzaba tres veces los brazos hacia el Cielo. Santo Domingo empezó a rezar el salterio de la Virgen y la tormenta se terminó.


En otra ocasión, Santo Domingo tenía que dar un sermón en la Iglesia de Notre Dame en París con motivo de la fiesta de San Juan y, antes de hacerlo, rezó el Rosario. La Virgen se le apareció y le dijo que su sermón estaba bien, pero que mejor lo cambiara y le entregó un libro con imágenes, en el cual le explicaba lo mucho que gustaba a Dios el rosario de Avemarías porque le recordaba ciento cincuenta veces el momento en que la humanidad, representada por María, había aceptado a su Hijo como Salvador.

Santo Domingo cambió su homilía y habló de la devoción del Rosario y la gente comenzó a rezarlo con devoción, a vivir cristianamente y a dejar atrás sus malos hábitos.

Santo Domingo murió en 1221, después de una vida en la que se dedicó a predicar y hacer popular la devoción del Rosario entre las gentes de todas las clases sociales para el sufragio de las almas del Purgatorio, para el triunfo sobre el mal y prosperidad de la Santa Madre de la Iglesia.

El rezo del Rosario mantuvo su fervor por cien años después de la muerte de Santo Domingo y empezó a ser olvidado.

En 1349, hubo en Europa una terrible epidemia de peste a la que se le llamó ¨la muerte negra” en la que murieron muchísimas personas.

Fue entonces cuando el fraile Alan de la Roche, superior de los dominicos en la misma provincia de Francia donde había comenzado la devoción al Rosario, tuvo una aparición, en la cual Jesús, la Virgen y Santo Domingo le pidieron que reviviera la antigua costumbre del rezo del Santo Rosario. El Padre Alan comenzó esta labor de propagación junto con todos los frailes dominicos en 1460. Ellos le dieron la forma que tiene actualmente, con la aprobación eclesiástica. A partir de entonces, esta devoción se extendió en toda la Iglesia.

¿Cuándo se instituyó formalmente esta fiesta?

El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto en la cual los  cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla su religión podía peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios, a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota. En Roma estaba el Papa despachando asuntos cuando de pronto se levantó y anunció que sabía que la flota  cristiana había sido victoriosa. Ordenó el toque de campanas y una procesión. Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo  cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre.

Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de Octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.

La fuerza del Rosario

A lo largo de la historia se ha visto como el rezo del Santo Rosario pone al demonio fuera de la ruta del hombre y de la Iglesia. Llena de bendiciones a quienes lo rezan con devoción. Nuestra Madre del Cielo ha seguido promoviéndolo, principalmente en sus apariciones a los pastorcillos de Fátima.

El Rosario es una verdadera fuente de gracias. María es medianera de las gracias de Dios. Dios ha querido que muchas gracias nos lleguen por su conducto, ya que fue por ella que nos llegó la salvación.

Todo cristiano puede rezar el Rosario. Es una oración muy completa, ya que requiere del empleo simultáneo de tres potencias de la persona: física, vocal y espiritual. Las cuentas favorecen la concentración de la mente.

Rezar el Rosario es como llevar diez flores a María en cada misterio. Es una manera de repetirle muchas veces lo mucho que la queremos. El amor y la piedad no se cansan nunca de repetir con frecuencia las mismas palabras, porque siempre contienen algo nuevo. Si lo rezamos todos los días, la Virgen nos llenará de gracias y nos ayudará a llegar al Cielo. María intercede por nosotros sus hijos y no nos deja de premiar con su ayuda. Al rezarlo, recordamos con la mente y el corazón los misterios de la vida de Jesús y los misterios de la conducta admirable de María: los gozosos, los dolorosos, los luminosos y los gloriosos. Nos metemos en las escenas evangélicas: Belén, Nazaret, Jerusalén, el huerto de los Olivos, el Calvario, María al pie de la cruz, Cristo resucitado, el Cielo, todo esto pasa por nuestra mente mientras nuestros labios oran.

Las Letanías

El Rosario no es una oración litúrgica, sino sólo un ejercicio piadoso. Las Letanías forman una parte oficial de la liturgia en cuanto que las invocaciones reciben permiso de la Santa Sede. Se cree que su origen fue, probablemente, antes del siglo XII.

La forma actual en la que las rezamos se adoptó en el santuario mariano de Loreto, en Italia y por eso se llama Letanía lauretana. En 1587, el Papa Sixto V la aprobó para que la rezaran todos los cristianos. Todos los cristianos hemos recurrido a la Virgen en momentos de alegría llamándola “Causa de nuestra alegría”, en momentos de dolor diciéndole “Consoladora de los afligidos”, etc.

Podemos rezar las Letanías con devoción, con amor filial, con gozo de tener una Madre con tantos títulos y perfecciones, recibidos de Dios por su Maternidad divina y por su absoluta fidelidad. Al rezarlas, tendremos la dicha de alabar a María, de invocar su protección y de ser ayudados siempre ya que la Virgen no nos deja desamparados.

Como rezar el Rosario

Como se trata de una oración, lo primero que hay que hacer es saludar, persignarnos y ponernos en presencia de Dios y de la Santísima Virgen.

Luego, se enuncian los misterios del día que se van a rezar y comenzamos a meditar en el primero de estos cinco misterios. Durante la oración de cada misterio, trataremos de acompañar a Jesús y a María en aquellos momentos importantes de sus vidas. Aprovechamos de pedirles ayuda para imitar las virtudes y cualidades que ellos tuvieron en esos momentos. Al meditarlos frecuentemente, estas guías pasan a formar parte de nuestra conciencia, de nuestra vida. Podemos ofrecer cada misterio del rosario por una intención en particular y se puede leer una parte del Evangelio que nos hable acerca del misterio que estamos rezando.

Cada misterio consta de un Padrenuestro seguido de diez Avemarías y un Gloria. Usamos nuestro rosario pasando una cuenta en cada Avemaría. Así seguimos hasta terminar con los cinco misterios.

Al terminar de rezar los cinco misterios, se reza la Salve y se termina con las Letanías.

Los Misterios

Los veinte misterios que se rezan nos recuerdan la vida de Jesús y, dependiendo del día, se rezan de la siguiente forma:

LUNES Y SÁBADO

MISTERIOS GOZOSOS VIRTUD (sugerida)

1. La Anunciación del ángel a la Virgen. La obediencia.

2. La Visita de la Virgen a su prima Isabel. Amor al prójimo.

3. El Nacimiento del Hijo de Dios. Desprendimiento

4. La Presentación del niño Jesús en el templo. Pureza de intención.

5. El Niño Jesús perdido y hallado en el templo Sabiduría en cosas de Dios.


MARTES Y VIERNES

MISTERIOS DOLOROSOS VIRTUD (sugerida)

1. La Oración de Jesús en el huerto. Verdadero arrepentimiento de los pecados.

2. La flagelación de nuestro Señor Jesucristo. Espíritu de sacrificio

3. La coronación de espinas. Desapego a lo material

4. Jesucristo es cargado con la Cruz. Paciencia por mi cruz.

5. La crucifixión de nuestro Señor Jesucristo. Generosidad


MIERCOLES Y DOMINGOS.

MISTERIOS GLORIOSOS VIRTUD (sugerida)

1. La Resurrección de Jesucristo. Fe, Esperanza y Caridad

2. La Ascensión del Señor a los Cielos. Deseo de ir al Cielo

3. La venida del Espíritu Santo. Deseo de vivir en Gracia

4. La Asunción de la Virgen a los Cielos. Amor a María

5. La Coronación de la Virgen en los Cielos. Perseverancia


JUEVES.

MISTERIOS LUMINOSOS

1. El Bautismo de Jesús en el Jordán 2 Co 5, 21; . Mt 3, 17.

2. Las bodas de Caná; Jn 2, 1-12.

3. El anuncio del Reino de Dios Mc 1, 15; Mc 2. 3-13; Lc 47-48.

4. La Transfiguración; Lc 9, 35.

5. La Institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual. Jn13, 1.


Visita nuestro sitio http://rosario.catholic.net del Santo Rosario

  Religión y creencias

San Jerónimo, el hombre de la Biblia, un día Cristo lo acusó de ser ciceroniano

 

San Jerónimo, el hombre de la Biblia, un día Cristo lo acusó de ser ciceroniano

Un día vio a Jesucristo, que lo acusaba de amar más a Cicerón que a Él. Y fue entonces que se dedicó de lleno a las ciencias divinas.

San Jeronimo Convento de la Observancia Siena IT

Redacción (30/09/2026, Gaudium Press) ¿Quién fue San Jerónimo?

Decir que fue un hombre escogido por Dios para hacer entender mejor la Biblia, no es poca cosa. Ese es San Jerónimo, pero también mucho más.

Nace en el 342, en la ciudad de Stridon, Dalmacia, probablemente en lo que hoy es Croacia. Su familia era noble y rica, pero sobre todo cristiana.

Viendo su padre la genialidad del chico, lo mandó a Roma con una pequeña fortuna, que usó para educarse muy bien, comenzando por estudiar gramática, retórica y latín, esto último con un sabio pagano llamado Donato.

También estudió griego.

Obsesionado con los clásicos

Cicerón, Virgilio, Horacio, Tácito… los clásicos romanos encontraron buen espacio en su mente, y también Homero y Platón. Llegó a aprender trechos de sus libros de memoria, e incluso hizo copias a mano de algunos de ellos. Pero estos autores tomaban todo su tiempo, restándoselo a lecturas más piadosas, las que mejor harían bien a su alma.

Se mezcló con el ambiente decadente de la Roma de su tiempo, más por mundanismo que por otra cosa. Pero Jerónimo no se había olvidado completamente de Dios y poco a poco la gracia fue trabajando su alma, hasta que se hizo catecúmeno.

Comenzó a visitar catacumbas en la capital del imperio, veneraba las reliquias de los mártires, pensaba en sus vidas. La gracia, de forma discreta, continuaba haciendo su labor.

Hasta que un día fue bautizado por el propio Papa Liberio, y luego en un viaje de estudios por las Galias, en Tréveris, tomó la decisión de dedicarse de lleno al servicio de Dios. Entonces se dirigió a una región desértica en las cercanías de Antioquía, donde vivió durante tres años en entera soledad.

Allí estudió hebreo con un judío convertido, pues ya había nacido en él el deseo de profundizar en las Escrituras en su lengua original. Toda su enorme capacidad natural y sobrenatural de estudio se concentró en esa vía.

Sin embargo, esto tampoco fue fácil: “Las fatigas que esto me causó y los esfuerzos que me costaron, sólo Dios lo sabe. Cuantas veces desanimé y cuantas veces volví atrás, y volví a comenzar por el deseo de saber. Lo sé yo que pasé por eso, y lo saben los que vivían en mi compañía. Ahora doy gracias al Señor pues recojo los sabrosos frutos de las raíces amargas de los estudios”. Interesante: nada en la vida es fácil, tampoco en las vidas de los santos. Tampoco los buenos estudios; pero después se recoge la cosecha.

2 2

Dios permitió que el demonio lo torturase, y así es representado en algunas pinturas históricas, agobiado por tentaciones particularmente contra el sexto mandamiento. Ayuno y oración eran sus armas entonces: “Después de llorar mucho y contemplar el cielo, me sucedía por veces ser introducido dentro de los coros de los ángeles. Loco de alegría yo cantaba”. Dios lo sostenía, no lo abandonaba. Permitía que el demonio lo atormentase, pero después lo consolaba: Dios permite que se le apriete, no que se le ahorque.

Al inicio el estilo de la Biblia le parecía demasiado simple, acostumbrado como estaba a ese más pomposo de los clásicos griegos y romanos. Su alma aún no sentía, no profundizaba y no se deleitaba en los abismos de la sabiduría divina.

Pero entonces, estando en Antioquía tuvo una visión. En ella había sido llevado delante del Tribunal del Juez Supremo.

Jesucristo le pregunta sobre su fe:

–Soy cristiano, le responde Jerónimo.

–¡Mentira!, le dice el Señor. No eres cristiano, sino ciceroniano.

Y entonces este Juez Supremo mandó que fuera azotado. Los asistentes pidieron clemencia, alegando que era muy joven aún y podía enmendarse.

Entonces Jerónimo recibió el perdón en la visión: “Desde aquella hora yo me entregué con tanta diligencia y atención a leer las cosas divinas, como jamás lo había hecho con las cosas humanas”.

Fue entonces a Chalcis, en el desierto de Siria, donde pasó 4 años.

Luego viajó a Constantinopla, a escuchar a San Gregorio Nacianzeno. Allí se quedó tres años estudiando junto a él. Trabó también ahí amistad con otro gigante, San Basilio.

Secretario del Papa

Tenía más de 30 años cuando fue hecho sacerdote.

Pero el Papa convocó un concilio, del que el secretario debía ser San Ambrosio. Sin embargo, San Ambrosio enfermó y fue escogido como secretario el ya sabio Jerónimo. Entretanto, después de terminar el concilio el Papa no quiso soltarlo y lo hizo su secretario personal.

El Papa deseaba una traducción de la Escritura más acorde a los textos originales. Y ahí estaba, el hombre preparado por Dios para esta labor, Jerónimo. De ahí nació lo que se conoce como la Vulgata, la Biblia en latín para el vulgo, pues en ese entonces el lenguaje del pueblo era el latín. Posteriormente el Papa Clemente VIII dijo que en ese trabajo San Jerónimo estaba asistido por el Espíritu Santo.

Muerto el Papa San Dámaso se creó un ambiente contra San Jerónimo que lo hizo irse a Jerusalén, donde fue a vivir en la Gruta del Pesebre. De su celo nacieron dos monasterios, uno masculino y otro femenino.

7 8

Una tarde, rezando las horas canónicas con otros monjes, todos salieron corriendo, menos él. Un león había hecho su aparición. El enorme animal usaba sólo tres patas para caminar, pues en la cuarta tenía una herida, infectada, llena de espinas. Junto con el monje menos miedoso el Santo cuidó de esa herida, y el león agradecido, y transformado en fiera pacífica, pasó a caminar tranquilamente por el monasterio. Él caminaba al lado de San Jerónimo, como manso perrito, como un corderillo, y por eso con frecuencia se representa al Santo junto a un león.

Son hechos de una gran vida, de un gran hombre, que los siglos recordarán por siempre.

Con información de Arautos.org

¿Es posible ser feliz en esta Tierra?

 

¿Es posible ser feliz en esta Tierra?

Entre aquel que vende su conciencia por millones y aquel que entrega su propia vida por algunos instantes de placer, existe una multitud

shaurya sagar A4wa3SpyOsg unsplash

Redacción (20/09/2026 10:39, Gaudium Press) Hay algo que acerca a todos los hombres, independientemente de su origen, condición social, cultura o religión: todos desean ser felices. Podemos discrepar sobre casi todo, elegir caminos completamente diferentes e incluso antagónicos, pero, en el fondo de nuestras decisiones, permanece ese deseo.

El problema no está, por tanto, en desear la felicidad. Está en dónde decidimos buscarla.

No todo hombre que hace el mal se despertó por la mañana deseando volverse peor. Evidentemente, existen actos deliberadamente perversos, crueldades y decisiones tomadas conscientemente contra el bien. En muchas decisiones erróneas, se puede encontrar un deseo legítimo, aunque se busque satisfacerlo de manera desordenada.

Creados por Dios, fuimos originalmente hechos para el bien. El pecado, sin embargo, introdujo el desorden en la naturaleza humana. Desde la caída de Adán y Eva, cargamos con esa inclinación que nos hace reconocer el bien muchas veces y, aun así, elegir aquello que nos aleja de él.

A lo largo de la vida, caemos y nos levantamos. Podemos crecer en virtud y luego retroceder; vencer un vicio y sucumbir a otro; acercarnos a Dios y, algún tiempo después, percibir que nos hemos alejado nuevamente. Y seguimos buscando algo que finalmente pueda satisfacernos.

El mismo deseo, caminos opuestos

Pensemos en dos hombres aparentemente muy diferentes. Uno de ellos ocupa una posición privilegiada; tiene casa, prestigio, comodidad, tal vez una familia. Un día, sin embargo, se deja seducir por la posibilidad de ganar millones mediante la corrupción. Sabe que aquello es incorrecto, pero imagina todo lo que el dinero podría proporcionar: seguridad, poder, comodidad, reconocimiento, placer.

En el otro extremo se encuentra un hombre dominado por la dependencia química. Quizás también tuvo hogar, familia, trabajo y bienestar. Ahora vive en la calle, pasa hambre, viste ropa sucia y llega a rebuscar en la basura para comer. Aun así, es capaz de sacrificar casi todo por unos instantes de alteración de la conciencia producidos por una droga.

¿Qué podría haber en común entre ambos? Más de lo que parece.

El primero imagina encontrar en el dinero algo que lo satisfaga. El segundo busca en una sustancia algunos momentos de placer, alivio u olvido. Uno recibe millones; el otro tal vez solo tenga unas pocas monedas en las manos. Sin embargo, ambos buscan, por caminos profundamente desordenados, alguna forma de felicidad. Y ambos se engañan.

Entre estos extremos existe una inmensa variedad de comportamientos humanos. Hay quienes buscan la felicidad en la vanidad, el poder, la lujuria, el reconocimiento, el consumo o el éxito profesional. Hay quienes la buscan en la familia, la amistad, el servicio a los demás, la religión, la oración y la caridad.

El deseo puede ser semejante. Los caminos y sus consecuencias, evidentemente, no lo son.

¿Por qué nunca es suficiente?

Tal vez ahí resida una de las grandes tragedias humanas: exigimos a las cosas aquello que no pueden ofrecernos. El dinero es útil, pero no puede darnos la felicidad. El placer es un bien cuando se vive de manera ordenada, pero es pasajero.

El reconocimiento de los demás cambia. La juventud termina. La belleza se transforma. Las personas que amamos se marchan. La salud puede faltar. Los bienes pueden perderse. Incluso aquello que es verdaderamente bueno en esta vida sigue siendo limitado.

Podemos tener una familia amorosa, amigos fieles, un trabajo digno, salud, un hogar agradable y momentos de enorme alegría. Debemos agradecer a Dios por todo ello y disfrutar de estos bienes. El cristianismo no nos pide que despreciemos la vida.

Sin embargo, ninguno de estos bienes logra llenar por completo el corazón humano. Por eso, cuando depositamos en algo terreno la esperanza de una felicidad absoluta, comenzamos a preparar nuestra propia frustración; no necesariamente porque aquello sea malo, sino porque estamos exigiendo a un bien finito una respuesta infinita.

¿Entonces no podemos ser felices?

Podemos experimentar felicidad en esta Tierra, y debemos procurar vivir bien. Debemos cultivar relaciones sanas, alejarnos de aquello que nos conduce al vicio, trabajar honestamente, cuidar de quienes nos han sido confiados, practicar la caridad, buscar la paz, apreciar la belleza y agradecer por las alegrías que Dios pone en nuestro camino.

Existe, por tanto, una felicidad posible en esta vida. Sin embargo, es imperfecta, relativa y pasajera. La felicidad completa, aquella que ya no puede verse amenazada por la pérdida, la enfermedad, el pecado o la muerte, no pertenece a este mundo.

Es por eso que el cristiano no convierte la vida terrenal en un fin último. La convierte en camino.

Hechos para una felicidad mayor

Si fuimos creados para Dios, solo en Él nuestro deseo encontrará finalmente aquello que busca. Y entonces cambia también la manera de vivir aquí.

Seguimos las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, miramos el ejemplo de Nuestra Señora y de los santos y buscamos el camino de la santidad no porque deseemos una existencia fácil a cambio de una recompensa futura, sino porque comenzamos a ordenar nuestra vida hacia el fin para el cual fuimos creados.

En ese camino, caeremos muchas veces. Nos levantaremos otras tantas. Tendremos alegrías, pérdidas, logros y frustraciones. Podremos experimentar momentos verdaderamente felices y brindar felicidad a quienes nos rodean. Sin embargo, no le pediremos a la Tierra aquello que solo el Cielo puede ofrecer.

Tal vez gran parte de nuestras frustraciones nazca precisamente de esta equivocación: buscamos una felicidad infinita en cosas que tienen fin.

La vida presente puede ser buena. Puede ser bella. Puede ser fecunda y llena de alegría. Debe vivirse con gratitud. Pero nuestra felicidad perfecta no está aquí; está en Dios.

Por Alfonso Pessoa

Que sepa ser buen viejo (Reflexión de valores)

 

Que sepa ser buen viejo

anciano jugando con su nietoSeñor, que has dividido la vida del hombre en etapas y que has hecho la vejez; no permitas que yo me convierta en uno de esos viejos gruñones, siempre dispuestos a denigrar, a protestar, a gruñir, a refunfuñar, que se entristecen a sí mismos y resultan insoportables a los demás.

Consérvame la sonrisa y la risa aunque muestre mi boca  desdentada o mis dientes postizos.

Consérvame el sentido del humor, que sabe poner las cosas, las personas -y a mí mismo- en su justo lugar, que nos permite reírnos de nuestros propios males y transformar nuestras penas en objeto de simpáticas bromas.

Haz de mí, Señor, un viejo sonriente, que no pudiendo ya dar grandes cosas a mis hermanos, les dé, al menos, un poco de alegría. Señor, que has plantado en mi pecho un corazón de carne para amar y ser amado, un corazón semejante al Corazón traspasado de tu Hijo, no permitas que me convierta en un viejo egoísta, acurrucado y encapsulado sobre mí pequeño yo, encerrado en mis limitaciones como entre cuatro paredes, azarado continuamente por el temor de lo que me falta, de lo que me puede faltar y de las corrientes de aire.

Consérvame un corazón abierto, y unas manos dispuestas a apretar otras manos y a abrirse para dar.

Santos del día 1 de octubre

                                Santos del día 1 de octubre


calendario anterior: 3 de octubre
patronazgo: patrona de Francia y de las misiones.
can.: B: Pío XI 29 abr 1923 - C: Pío XI 17 may 1925
país: Francia - n.: 1873 - †: 1897
formas del nombre: Teresita de Lisieux
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
 
Memoria de santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, que entró aún muy joven en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Lisieux, en Francia, y llegó a ser maestra de santidad en Cristo por su inocencia y simplicidad. Enseñó el camino de la perfección cristiana por medio de la infancia espiritual y demostró una mística solicitud en bien de las almas y del incremento de la Iglesia. Terminó su vida a los veinticinco años de edad, el día treinta de septiembre. († 1897)

En Séclin, en la Galia Bélgica, san Piatón, presbítero, que es venerado como evangelizador de Tournai y como mártir. († s. III/IV)
En Lisboa, en la Lusitania, santos Verísimo, Máxima y Julia, mártires. († s. III/IV)
En Constantinopla, san Romano, diácono, que mereció ser llamado «Mélodos» por su sublime arte en componer himnos sacros en honor del Señor y de los santos. († d. 555)
En Tréveris, en la Renania, en Austrasia, san Nicecio, obispo, que, según el testimonio de san Gregorio de Tours, era fuerte en la predicación, terrible en la argumentación y constante en la enseñanza. Sufrió el destierro bajo Clotario, rey de los francos. († 561)
En Gante, ciudad de Flandes, san Bavón, monje, el cual, discípulo de san Amando, dejó la vida seglar, distribuyó sus bienes entre los pobres y entró en el monasterio fundado en esta ciudad. († c. 659)
En Condé-sur-l’Escaut, en el Hainaut, de Austrasia, san Wasnulfo, monje, nacido en Escocia. († s. VII)
En Cantorbery, en Inglaterra, san Geraldo Edwards, presbítero y mártir, el cual fue ordenado en Francia, y al regresar a su patria, durante la persecución bajo el reinado de Isabel I, después de un largo encarcelamiento, consumó su martirio en el patíbulo. Con él fueron martirizados los presbíteros beatos Roberto Wilcox y Cristóbal Buxton, por su condición sacerdotal, y el beato Roberto Widmerpool, por ayudar a un sacerdote. († 1588)
En Chichester, también en Inglaterra, beatos Rodolfo Crockett y Eduardo James, presbíteros y mártires, que, formados en el Colegio de los Ingleses de Reims, al regresar a su patria fueron condenados al patíbulo por razón de su sacerdocio. († 1588)
En Ipswich, de la región de Suffolk, de nuevo en Inglaterra, beato Juan Robinson, presbítero y mártir, el cual, siendo padre de familia, al enviudar recibió, ya anciano, la ordenación sacerdotal, y por esta causa fue coronado con el martirio. († 1588)
En Nagasaki, en Japón, beatos Gaspar Hikojiro y Andrés Yoshida, mártires, que, siendo catequistas, fueron degollados por haber recibido en sus casas a unos sacerdotes. († 1617)
En Osma, de Soria, en España, beato Juan de Palafox Mendoza, obispo de Puebla de los Ángeles, en México y luego de Osma. († 1659)
En Saronno, cerca de Varese, en la Lombardía, región de Italia, beato Luis María Monti, religioso, quien, a pesar de mantener su condición laical, instituyó los Hijos de María Inmaculada, congregación que dirigió con espíritu de caridad hacia los pobres y los necesitados, ocupándose especialmente de los enfermos y huérfanos, y trabajando en favor de la formación de los jóvenes. († 1900)
En Nepi, Viterbo, beata Cecilia Eusepi, laica, miembro de la Tercera Orden de los Siervos de María, que alcanzó la santidad como catequista y al servicio de los demás en la vida de cada día. († 1928)
En el lugar de Rotglà y Corbera, en la región de Valencia, en España, beata Florencia Caerols Martínez, virgen y mártir, que en tiempo de persecución contra la fe alcanzó, por medio del martirio, la gloria de la vida eterna. († 1936)
En la ciudad de Villena, también en la región de Valencia, beato Alvaro Sanjuán Canet, presbítero de la Sociedad de San Francisco de Sales y mártir, que, en la misma difícil época, alcanzó por su combate la palma del martirio. († 1936)
En Barcelona, beatos Ildefonso Luis Casas Lluch, en el siglo José, y Adolfo Mariano Anel Andreu, en el siglo Mariano, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En las inmediaciones de Sotillo, Cantabria, beato Eugenio Andrés Amo, de la Orden de Predicadores, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Madrid, beatos Higinio De Mata Díez y Carmelo Pérez Rodríguez, de la Sociedad de San Francisco de Sales y Juan De Mata Díez, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
Cerca de Munich, en la región de Baviera, en Alemania, beato Antonio Rewera, presbítero y mártir, que, por su confesión en favor de Cristo, desde Polonia fue internado en el campo de concentración de Dachau, donde alcanzó la corona del martirio por medio de los tormentos que sufrió. († 1942)