miércoles, 24 de febrero de 2016

De la Leyenda Negra y los Estados Unidos de Norteamérica 25022016


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De la Leyenda Negra y los Estados Unidos de Norteamérica

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25 febrero 2016


            Siempre que de la Leyenda Negra española se trata, se piensa invariablemente en ingleses por encima de todo, luego en franceses y holandeses, y algo menos en alemanes e italianos. Hay, sin embargo, un agente difusor de nuestra Leyenda Negra, al día de hoy tal vez el más potente por su condición de superpotencia y particularmente por la capacidad y difusión de su industria cinematográfica, que no es otro que un país tan lejano y tan distante como los Estados Unidos de Norteamérica, país con el que hemos compartido mucha más historia de la que acostumbramos a creer. Y la verdad es que si se conocen adecuadamente los hechos, se piensa un poco y se aplica cierta lógica, no tiene nada de particular que así sea, ni tiene a nadie por qué extrañarle.

            Más allá del hecho incontrovertible de que los primeros exploradores de los Estados Unidos son los españoles tan pronto como en los inicios del s. XV, y de que casi dos tercios del territorio estadounidense fue jurisdiccionalmente español (pinche aquí si le interesa el tema), la verdad es que cuando ya con una identidad claramente anglosajona nacen los Estados Unidos, toda su posible expansión no tiene otro horizonte que una serie inacabable de territorios con una cosa en común a todos: en todos ellos se habla español, se piensa “en español”. Y aún a pesar de la importante aportación española a la independencia de las trece colonias originarias que por fin comienza ahora a reconocerse, el enemigo a batir durante el primer siglo y medio de la historia estadounidense no será otro que España y sus territorios.

            La gigantesca expansión estadounidense se produce durante algo más de un siglo en tres grandes oleadas: la primera coincide con la invasión napoléonica de España y los movimientos secesionistas criollos en América: cede entonces España a la incipiente nación norteamericana los inmensos territorios de Florida y la Luisiana, lo que no es baladí, pues abre las fronteras a la futura expansión hacia el sur y hacia el oeste.

            La segunda oleada, bien es verdad que con las tropas realistas fuera ya del continente lo que no es óbice de que permaneciera en él la viva impronta hispana, tiene lugar contra el inmenso imperio mejicano, en las guerras que finalizan con el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 y con él, la sustracción a Méjico de nada menos que dos millones de kilómetros cuadrados de su territorio, los que forman hoy los estados de Tejas, Nuevo Méjico, Colorado, California y varios más.

            Y la tercera oleada es la que representó el duro 98, del que a lo mejor somos los españoles más deudores aún hoy de lo que creemos, en el que Estados Unidos, arrebatan a España territorios tan profunda e intensamente españoles como Cuba, Puerto Rico y, algo menos hispanizada, también Filipinas.

            Y Vd. me dirá, de acuerdo Antequera, hasta ahí todo correcto, ahora bien, ¿qué tiene que ver lo que nos cuenta Vd. con la leyenda Negra? Pues tiene que ver, querido amigo, que si algo caracteriza el planteamiento antropológico e historiológico norteamericano es esa aversión a aceptar que su inagotable expansionismo obedece a una vocación territorial al uso, como la que ha caracterizado la historia de la Humanidad desde los tiempos de los egipcios como poco, y todo el empeño de los forjadores del pensamiento en Estados Unidos desde el mismo momento en que nace la nación no es otro que el de presentar la imparable expansión tanto dentro como fuera del continente americano como producto y resultado una lucha denodada por la implantación de los principios de la libertad y de los derechos humanos en el mundo. Y dado que hasta el año 1898 todos los territorios que en su inagotable afán por crecer territorialmente se han encontrado los norteamericanos se hablaba español y se pensaba “en español”, resulta de manera inexorable que la expansión territorial norteamericana no podía hallar otra justificación que la barbarie que la civilización hispana imponía en cuantos territorios ocupaba. Algo que como digo, rezuma de cuantas manifestaciones culturales, y particularmente el cine, emanan del gigante norteamericano.

            Lástima que la realidad se condiga poco con los hechos y que, sólo a modo de ejemplo, mientras que en los inmensos territorios hoy día norteamericanos los indios puros no superen el 1% de la población y el mestizaje sea inexistente, en los territorios hispanoamericanos los indios puros superen el 20% de la población total y los mestizos el 70. Pero eso es otra cuestión que no interesa a nadie… ¿o sí? Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Mañana por aquí estaremos, con el Día cualquiera.


            ©L.A.
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