San Néstor de Magido, obispo y
mártir
fecha: 25 de febrero
fecha en el calendario anterior: 26 de febrero
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 26 de febrero
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Perge, en Panfilia, pasión de san Néstor, obispo de Magido y mártir, que en la
persecución bajo el emperador Decio fue condenado por el prefecto de la
provincia a morir en una cruz, para que sufriese la misma pena del Crucificado
a quien confesaba.
refieren a este santo: Santos Papías,
Diodoro y Claudiano
Polio,
gobernador de Panfilia y Frigia durante el reinado de Decio, trató de ganarse
el favor del emperador, aplicando cruelmente su edicto de persecución contra
los cristianos. Néstor, el obispo de Magido, gozaba de gran estima entre los
cristianos y los paganos. Aunque comprendió que el martirio no se haría
esperar, no pensó en sí mismo, sino en su grey y se dedicó a buscar sitios de
refugio para sus fieles, pero él mismo no se ocultó, aguardando tranquilamente
su hora. Cuando se hallaba orando, le avisaron que los oficiales de justicia le
buscaban. Tras recibir sus respetuosos saludos, el obispo les dijo: «¿Qué os
trae por aquí, hijos míos?» Ellos replicaron: «El irenarca y los magistrados de
la curia desean veros». San Néstor hizo la señal de la cruz, se cubrió la
cabeza y les siguió hasta el foro. Cuando el obispo entró, toda la corte se
puso de pie como señal de respeto. Los oficiales le hicieron sentar en un
sitial frente a los magistrados. El irenarca le preguntó:
-Señor, ¿estáis al tanto de la orden del emperador?
-Yo sólo conozco la orden del Todopoderoso, no la del emperador- respondió el obispo.
El magistrado replicó:
-Os aconsejo que procedáis con calma para que no tenga yo que condenaros.
Como San Néstor se mostrase inflexible, le amenazó con la tortura, pero el obispo replicó:
-La única tortura que temo es la que Dios pueda infligirme. Puedes estar seguro de que, en el tormento y fuera de él, no dejaré de confesar a Dios.
-Señor, ¿estáis al tanto de la orden del emperador?
-Yo sólo conozco la orden del Todopoderoso, no la del emperador- respondió el obispo.
El magistrado replicó:
-Os aconsejo que procedáis con calma para que no tenga yo que condenaros.
Como San Néstor se mostrase inflexible, le amenazó con la tortura, pero el obispo replicó:
-La única tortura que temo es la que Dios pueda infligirme. Puedes estar seguro de que, en el tormento y fuera de él, no dejaré de confesar a Dios.
Contra
su voluntad, la corte tuvo que enviarle ante el gobernador. El irenarca le
condujo, pues, a Perga. Aunque no tenía amigos en esa ciudad, su fama le había
precedido de suerte que los magistrados empezaron por rogarle amable y
cortésmente que abjurase de su religión. Néstor se negó con firmeza. Entonces
Polio ordenó que le tendiesen en el potro. En tanto que el verdugo le
desgarraba con garfios los costados, Néstor cantaba: «En todo tiempo daré
gracias al Señor y mi boca no se cansará de alabarle». El juez le preguntó si
no se avergonzaba de poner su confianza en un hombre que había muerto
crucificado. Néstor contestó:
-Bendita sea entonces mi vergüenza y la de todos los que invocan al Señor.
Polio le dijo:
-¿Vas a ofrecer sacrificios, o no? ¿Estás con Cristo o con nosotros?
El mártir replicó:
-Con Cristo ahora y siempre: con Él estoy ahora y con Él estaré eternamente.
-Bendita sea entonces mi vergüenza y la de todos los que invocan al Señor.
Polio le dijo:
-¿Vas a ofrecer sacrificios, o no? ¿Estás con Cristo o con nosotros?
El mártir replicó:
-Con Cristo ahora y siempre: con Él estoy ahora y con Él estaré eternamente.
Entonces
Polio le sentenció a morir crucificado. Desde la cruz, san Néstor exhortó y
alentó a los cristianos que le rodeaban. Su muerte fue un verdadero triunfo,
pues, cuando el obispo pronunció sus últimas palabras: «Hijos míos, postrémonos
y oremos a Dios por Nuestro Señor Jesucristo», cristianos y paganos se
arrodillaron a orar, en tanto que el mártir exhalaba el último suspiro.
El
texto menos incorrecto del martirio de san Néstor es el latino que se encuentra
en Acta Sanctorum, febrero, vol. III. No existe el original griego. Pío Franchi
de Cavalieri, Note Agiografiche, en Studi e Testi, vol. XXII, p. 97, está de
acuerdo con Allard en que el documento "tiene un sabor de gran
antigüedad," aunque no se puede afirmar con certeza que se trate de la
relación auténtica de un contemporáneo. En la misma obra, Franchi publicó otra
recensión griega. Cf. también, Biblioteca Hagiográfica Griega 2a. edic., n.
1328.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=680
Beata María Ludovica De Angelis, virgen
fecha: 25 de febrero
n.: 1880 - †: 1962 - país: Argentina
canonización: B: Juan Pablo II 3 oct 2004
hagiografía: Vaticano
n.: 1880 - †: 1962 - país: Argentina
canonización: B: Juan Pablo II 3 oct 2004
hagiografía: Vaticano
En
City Bell, Argentina, beata María Ludovica (Antonina) De Angelis, virgen de las
Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia.
Nacida
el 24 de octubre de 1880 en Italia (en San Gregorio, pueblito de los Abruzzos,
no lejano de la ciudad de L'Aquila), Sor María Ludovica De Angelis, con su
llegada, primera de ocho, había colmado de alegría a sus padres quienes en la
misma tarde del día del nacimiento, en la fuente bautismal, habían elegido,
para su primogénita, el nombre de Antonina. Con el correr de los años, en
contacto con la naturaleza y la dura vida del campo, la niña, crecida límpida,
abierta, trabajadora y ricamente sensible, se había transformado en una joven
fuerte y al mismo tiempo, delicada, activa y reservada, como toda la gente de
aquella espléndida tierra.
El
7 de diciembre del mismo año del nacimiento de Antonina, fallecía en Savona la
hermana Santa María Josefa Rossello, que había dado vida en 1837, en el mismo
Savona, al Instituto de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia.
Antonina sintió en su corazón que sus sueños encontraban eco en los sueños que
habían sido los de la Madre Rossello. Ingresó con las Hijas de la Misericordia
el 14 de noviembre de 1904; en la Vestición Religiosa toma el nombre de Sor
María Ludovica y tres años después de su ingreso, el 14 de noviembre de 1907,
zarpa hacia Buenos Aires, donde arriba el 4 de diciembre siguiente. Desde este
momento se da en ella un florecer ininterrumpido de humildes gestos silenciosos
en una entrega discreta y emprendedora.
Sor
Ludovica no posee una gran cultura, al contrario. Sin embargo, es increíble
cuánto logra realizar ante los ojos asombrados de quiénes la circundan. Y, si
su castellano es simpáticamente italianizado, con algún toque pintoresco de
"abruzzese", no le cuesta entender ni hacerse entender. No formula
programas ni estrategias, pero se dona con toda el alma. El Hospital de Niños,
al cual es enviada, y que inmediatamente adopta como familia suya, la ve,
primero, solícita cocinera, luego, convertida en responsable de la Comunidad,
infatigable ángel custodio de la obra que, en torno a ella, se transforma
gradualmente en familia unida por un único fin: el bien de los niños.
Serena,
activa, decidida, audaz en las iniciativas, fuerte en las pruebas y
enfermedades, con la inseparable corona del Rosario entre las manos, la mirada
y el corazón en Dios y la infaltable sonrisa en los ojos, Sor Ludovica llega a
ser, sin saberlo ella misma, a través de su ilimitada bondad, incansable
instrumento de misericordia, para que a todos llegue claro el mensaje del amor
de Dios hacia cada uno de sus hijos. El único programa expresamente formulado
es la frase recurrente: «Hacer el bien a todos, no importa a quién». Y se
realizan así -con subvenciones que solo el cielo sabe cómo Sor M. Ludovica
consigue obtener- salas de cirugía, salas para los pequeños yacentes, nuevas
maquinarias, un edificio en Mar del Plata destinado a la convalecencia de los
niños, una capilla -hoy parroquia-, y una floreciente chacra para que sus
protegidos tuviesen siempre alimento genuino.
Durante
54 años Sor M. Ludovica será amiga y confidente, consejera y madre, guía y
consuelo, de cientos y cientos de personas de toda condición social en City
Bell, Buenos Aires. El 25 de febrero de 1962 concluye su camino, pero quienes
permanecen, el personal médico en particular, no olvidan, y el Hospital de
Niños toma el nombre de «Hospital Superiora Ludovica». Fue beatificada el 3 de
octubre de 2004.
fuente: Vaticano
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biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
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