Nuevos actores políticos en el
escenario brasilero
2016-06-07
Ocurren
cosas extrañas en el reino, que no es el de Dinamarca sino el de Brasil: una
presidenta es depuesta por errores menores de administración financiera que
ocurren en todos los gobiernos del mundo sin que sean motivo de destitución,
por el simple hecho de que no hay proporción entre el eventual error y la pena
máxima. Es pretexto para otra cosa.
Recientemente
se descubrió a través de grabaciones entre líderes de la oposición,
concretamente del PMDB y del PSDB con uno de los directores de Petrobrás, que
el motivo real de la destitución de la presidenta no era tanto la alegada
irresponsabilidad fiscal. Era necesaria retirarla para cerrar la investigación
en la Petrobrás, el famoso Lava-Jato, que implicaba a corruptos no sólo del PT
sino también de los principales partidos: ministros, senadores y diputados de
la oposición. Para escapar de los procesos y de las prisiones, necesitaban
cerrar aquella “sangría desatada” (R. Jucá) de millones y millones de dólares,
amenazando a los políticos.
Esta
es la razón pura y simple del proceso de impeachment contra la
Presidenta. Bien dijo Noam Chomsky que vive con una brasilera, se trata de “una
banda de ladrones acusando a una mujer inocente, contra la cual ni siquiera hay
indicios de delito”. Esa banda se unió con el conspirador mayor, el
vicepresidente Michel Temer, con sectores del propio STF, connivente y omiso,
con la PF y el MP para escapar ilesos de sus delitos y salvar sus carreras
políticas. La intención originaria y perversa era desestabilizar el gobierno
del PT, lo que consiguieron en parte apoyados por una prensa conservadora y
calumniosa, de las más concentradas del mundo. Se buscaba deconstruir la figura
carismática de Lula. Élites regresivas, nostálgicas de la Casa Grande, buscan
el poder que perdieron en las elecciones y consideran inaceptable la ascensión
de los pobres en la vida social y universitaria.
El
vicepresidente, un hombre débil y sin ningún tipo de liderazgo, olvidó que era
vice y que debía sustituir a la presidenta mientras durase el proceso contra
ella, manteniendo la máquina gubernamental. Secuestró el cargo como si fuese
presidente, con un proyecto político no mostrado al pueblo, montando todo un
gobierno nuevo con otros ministros, gente de la peor especie política, algunos
acusados por corrupción, todos blancos y ricos. Los ministerios que tenían alma
(como Cultura, Derechos Humanos, el de las Mujeres, el de la Diversidad racial,
Negros e Indios y otros) fueron reducidos o abolidos quedando solamente
aquellos que son el esqueleto de la administración (planeamiento, hacienda y
otros).
Como
es sabido y la periodista canadiense Noemi Klein explicitó hace días en una
entrevista sobre la situación de Brasil: en momentos de crisis y de caos
político, los propulsores del proyecto radical del neoliberalismo, proyectado
por los “chicagoboys” (Milton Friedman), aplican sin piedad la “Doctrina del
Choque”. Aprovechan la debilidad de las instituciones y del poder central para
imponer su proyecto absolutamente anti-popular y anti-social, que privatiza
bienes públicos, corta beneficios sociales y beneficia todo lo que puede a las
clases adineradas. Pues ese proyecto descaradamente liberal está siendo
impuesto al pueblo brasilero.
José
Serra, ministro de relaciones exteriores, sin calificación para ese cargo y
bronco en las relaciones, está recorriendo el mundo para vender parte de
Brasil, especialmente la privatización de bienes públicos y el pre-Sal.
Hay
que recordar que la población ya se ha dado cuenta de las tramoyas golpistas.
Allí donde aparecen diputados o senadores, en los aeropuertos o en las calles,
son abucheados como golpistas o ridiculizados. El vicepresidente ni siquiera
puede salir de casa en São Paulo o del palacio en Brasilia pues las multitudes
gritan “fuera Temer”. Su popularidad tiene un 1% de aceptación. Sólo la vanidad
lo mantiene en el poder, pues no pasa de ser un figurante de fuerzas que lo
manejan, como el grupo del mafioso, corrupto y chantajista Eduardo Cunha. El
silencio del STF está en la tradición de 1964, como apoyadores del golpe contra
cualquier ética jurídica e imparcialidad, como es el caso innegable del
ministro Gilmar Mendes.
Pero
un nuevo sujeto político ha surgido en las últimas semanas: las multitudes en
las calles gritando a favor de la democracia y “fuera Temer”. Están siendo
protagonistas los miles y miles de mujeres, rebeladas contra la cultura del
estupro y también en solidaridad con la mujer Dilma, contra el inveterado
machismo brasilero.
Otro
protagonista nuevo son los jóvenes de todas las edades, distanciados
conscientemente de los partidos, que reclaman democracia, ocupan escuelas
pidiendo mejor educación y exigen reformas. Todos los días hay miles y miles
llenando las calles con sus banderas y músicas. Seguramente quien va a derribar
el impeachment serán las calles. Los senadores pro impeachment, muchos
de ellos acusados, difícilmente se librarán durante toda su vida del epíteto de
golpistas.
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