Santa Germana, virgen
fecha: 15 de junio
n.: 1579 - †: 1601 - país: Francia
canonización: B: Pío IX 7 may 1854 - C: Pío IX 29 jun 1867
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1579 - †: 1601 - país: Francia
canonización: B: Pío IX 7 may 1854 - C: Pío IX 29 jun 1867
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Pibrac, en la región de Toulouse,
santa Germana, virgen, que, hija de padres desconocidos, desde niña fue
sometida a una vida servil pese a sus enfermedades, pero todo lo aguantó con
ánimo decidido y rostro risueño, hasta fallecer con sólo veintidós años.
patronazgo: patrona de las pastoras.
«Una muchacha sencilla, humilde, de pobre
cuna, pero tan extraordinariamente iluminada por los dones de la sabiduría y el
entendimiento y tan notable por sus trascendentales virtudes, que brilló como
una estrella de gran magnitud, no sólo en su Francia natal, sino en toda la
Iglesia católica». Tal es la descripción de Santa Germana Cousin asentada en el
breve apostólico que la colocó en el número de los bienaventurados.
Fue la hija de Lorenzo Cousin, un
labrador. Nació alrededor del año 1579, en la localidad de Pibrac, un villorrio
cercano a Toulouse. Su madre, María Laroche, murió antes de que la pequeña
diera sus primeros pasos. Desde la infancia sufrió continuas enfermedades: era
escrofulosa y tenía la mano derecha deformada y sin fuerzas. Su padre no la
amaba y su madrastra la detestaba sinceramente. La segunda esposa de Lorenzo
trataba a su hijastra con desprecio, desde un principio, pero después del
nacimiento de sus propios hijos, el desprecio se transformó en crueldad.
Germana vivía en la casa como una criada, o mejor dicho, como una esclava,
enteramente separada de sus hermanastros y hermanastras. La pobre muchacha se
veía obligada a dormir en el establo, a alimentarse con las sobras de la comida
y, como no querían tenerla cerca, la mandaban a cuidar las ovejas, desde el alba
hasta el ocaso. Parecía destinada a ser pastora durante el resto de su vida.
Germana aceptaba aquel destino que le
había tocado en suerte como si lo mereciera, y Dios se valió de su resignación
y su humildad para conducirla a la máxima perfección. En la soledad de los
campos, ante la naturaleza, aprendió a comunicarse con su divino Creador y por
Él supo todo lo que necesitaba. Dios hablaba a su alma, como habla siempre a
los pobres y limpios de corazón, y ella vivía conscientemente en Su presencia.
Por nada de este mundo hubiese perdido la misa. Si oía repicar las campanas
cuando estaba en los campos, plantaba su cayado en el suelo, confiaba el
cuidado del rebaño a su ángel custodio y corría hacia la iglesia. Y nunca
sucedió que, durante su ausencia, alguna oveja se hubiese apartado del rebaño,
o que alguno de los lobos que merodeaban en el vecino bosque de Boucône, se
hubiera atrevido a devorar un cordero. Comulgaba con la mayor frecuencia
posible, y todos los habitantes de ln aldea se admiraban de su fervor. A pesar
de que no tomaba parte en la vida social de sus vecinos y nunca alternó con las
muchachas de su edad, solía reunir en torno suyo a los niños pequeños para
enseñarles las sencillas verdades de la religión y hacerles amar a Dios. Las
gentes del lugar tomaron, al principio, el partido de la familia de Germana y
se mostraron dispuestas a despreciarla y burlarse de ella; pero gradualmente
comenzaron a circular rumores, cada vez más insistentes, sobre cosas
sobrenaturales que le sucedían y que llenaban de admiración a todo el mundo.
Para llegar a la iglesia, desde los campos de pastoreo, tenía que cruzar la
muchacha un arroyo que muchas veces venía crecido a causa de las lluvias. En
cierta ocasión, el arroyo, convertido en torrente, cerraba el paso a hombres
fuertes y valientes que no se atrevían a vadearlo; en la aldea, las gentes
aguardaban ante la iglesia y corría de boca en boca esta noticia: «¡Germana no
vendrá hoy a la misa! ¡Es imposible que venga!». Sin embargo, la muchacha
apareció a tiempo para el santo sacrificio y dos campesinos que vigilaban junto
al arroyo, afirmaron que la habían visto cruzar y que las aguas se habían
abierto ante ella, lo mismo que las del Mar Rojo se abrieron para dar paso a
Moisés y al pueblo de Israel.
Sin duda se pensará que, para alguien tan
pobre como Germana, era materialmente imposible realizar obras físicas de
misericordia; sin embargo, el amor siempre encuentra la manera de mostrarse, y
el escaso alimento que se le daba era compartido siempre con los mendigos. Y aun
eso se le reprochó. Cierta fría mañana de invierno, la madrastra persiguió a
Germana con un palo en la mano y gritando que era una ladrona, porque llevaba
escondidos unos mendrugos de pan en su delantal. Cuando la mujer le dio
alcance, todos los vecinos que se habían congregado, vieron que Germana dejó
caer su delantal y lo que había en él no eran trozos de pan, sino flores
blancas y frescas. A partir de entonces, el desprecio se convirtió en
veneración, y todos los habitantes de Pibrac cayeron en la cuenta de que vivía
entre ellos una santa. Hasta su padre y su madrastra modificaron su proceder y
pidieron a Germana que ocupase el lugar que le correspondía en el hogar; pero
la muchacha prefirió continuar su vida como hasta entonces. Pero ya no vivió mucho
tiempo más. Su cuerpo frágil estaba agotado; su trabajo en la tierra se había
cumplido; y una mañana se encontró su cadáver que yacía sobre la paja, bajo el
hueco de la escalera. Acababa de cumplir veintidós años. Su cuerpo, sepultado
en la iglesia de Pibrac, fue accidentalmente exhumado en 1644, cuarenta y tres
años después de su muerte y se le encontró perfectamente bien conservado.
Entonces se le puso dentro de un sarcófago que se colocó en la sacristía;
dieciséis años más tarde, se conservaba intacto y flexible. Esta circunstancia
y los muchos milagros que se le atribuyeron, fueron las razones por las que se
pidió un reconocimiento oficial de su culto. Sin embargo, debido a la
Revolución Francesa y otros obstáculos, se postergaron su beatificación y su
canonización hasta el pontificado de Pío IX. El 15 de junio, día de la fiesta
de santa Germana, se realiza cada año una peregrinación a la iglesia de Pibrac,
donde aún se conservan sus reliquias.
Louis Veuillot escribió una cuidadosa
biografía, que fue revisada para la serie de Les Saints por Frangois Veuillot,
sobrino del autor. Véase también el interesante esbozo de H. Géon, La Bergére
au pays des Loups (1923). La fuente de informaciones más auténticas es la obra
de D. Bartolini, Comentarium actorum omnium canonizationis... Germanae Cousin
... (2 vols. 1868).
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2030
Beato Luis María Palazzolo, presbítero
y fundador
fecha: 15 de junio
n.: 1827 - †: 1886 - país: Italia
canonización: B: Juan XXIII 19 mar 1963
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1827 - †: 1886 - país: Italia
canonización: B: Juan XXIII 19 mar 1963
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Bérgamo, ciudad de Italia, beato Luis
María Palazzolo, presbítero, que fundó la Congregación de Hermanitas de los
Pobres y la de Hermanos de la Sagrada Familia.
Nació en Bérgamo, el día 10 de diciembre
de 1827, hijo de Octavio y Teresa Antonia. Fue el último de los doce hijos de
este ejemplar matrimonio. Recibió las aguas bautismales en la iglesia de San
Alejandro de su ciudad natal. Su piadosa madre fue la que tuvo el cuidado de su
primera instrucción. Después pasó al colegio de San Alejandro, bajo el cuidado
del P. Valsecchi, nombrado poco después obispo, quien lo dirigió
espiritualmente por cuarenta años. Desde tierna edad, mostró tanto afecto por
los pobres y enfermos, que su madre tenía que irle a la mano para que no se
excediera. Gustaba mucho de ir a la iglesia. Pronto sintió el llamado al estado
sacerdotal e ingresó al seminario, donde hizo sus estudios con notable aprovechamiento.
Fue ordenado sacerdote el día 23 de junio de 1850.
Entonces tuvo oportunidad de dar rienda
suelta a su fervor para propagar la doctrina cristiana en el oratorio de la
calle Foppa. Ahí instituyó obras sociales y asistenciales para los rudos y analfabetas.
Construyó la iglesia y amplió la casa; tuvo especial cuidado de los niños que
mostraban vocación a quienes sostenía con limosnas, hasta que se ordenaban
presbíteros. El éxito de su oratorio llegó a ser encomiado por las autoridades
civiles. Sin embargo, en el año 1859, por razones políticas, tuvo que clausurar
tan benéfica obra. Incansable en su trabajo, el P. Luis María volvió a abrir
dos años después otro oratorio, cercano al anterior. Lo dedicó a san Felipe
Neri y construyó iglesia, con escuela, atrios, teatro y casa para los pobres.
Poco después, en 1863, recibida la
herencia de su madre, adaptó la villa «Torre Boldone» para huérfanos y niños
abandonados. Para el cuidado de ellos, fundó el instituto de los «Hermanos de
la Sagrada Familia». No quiso que las niñas quedaran sin cuidado. El día 6 de
enero de 1864, fundó una obra que pronto transformó en un oratorio para niñas;
obras que entregó después a las «Hermanas de los Pobres». El mismo hizo las
reglas del nuevo instituto, que fue aprobado por el ordinario en 1886 y por la
Santa Sede en 1912. Su familia de huérfanos creció rápidamente. Para el año
1886, había alimentado e instruido a 1204 pequeños. De ahí el título que le
dieron de "Padre de los Pobres". Su labor fue amplia en todos sentidos.
Su humildad profunda; no quería que le llamaran fundador. Siguió siempre el
consejo de los que le dirigían espiritualmente. Abrió sus puertas a los más
desgraciados entre los pobres: huérfanos, deformados, idiotas, ulcerosos. Por
fin, más bien cargado de dolores que de años, después de recibir los últimos
auxilios, descansó en el Señor el día 15 de junio del año 1886, a la edad de 59
años. Fue beatificado por el Papa Juan XXIII.
Los datos biográficos están tomados del
decreto de beatificación, Acta Apostolicae Sedis, 23 de marzo de 1963, p. 181,
vol. IV.
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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