sábado, 23 de mayo de 2026

Dos de cuatro - Domingo de Pentecostés. Ciclo A (24.05.2026): Juan 20,19-23. El Aire es el Espíritu. Respiramos y “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12) CINCO MINUTOS

 Dos de cuatro

Segundo domingo ya sin presencia de la Pascua y antes de dar comienzo al largo tiempo ordinario con el que se acabará el año eclesiástico.
Este 'dos de cuatro' lleva los sellos notariales de la presencia del Espíritu, que no es otro que el aire de la vida y todos aquellos otros dogmas que le acompañan. Todo ello, al parecer, cabe dentro de una palabra llamada 'pentecostés' y de la que brotan otras como luz y fuego. Y, cómo no, la tradición de los siete dones, que bien pudieran ser diez, o doce, o ciento cuarenta y cuatro, por ejemplo.
La fuerza del aire o del espíritu es imposible retenerlos, porque lo superan todo, lo humanizan todo y lo comparten todo.
Para esta presentación de los comentarios del Evangelio del 24 de mayo, el cuerpo me está pidiendo hablar de muchos asuntos de los que suceden en la casa de nuestro planeta, sean aireados o silenciados, según los patronos que patrocinan las noticias y sus comentarios.
En concreto, me gustaría comentar esta expresión que nunca aparece en el tejido evangélico, pero que no deja de extender su perfume. Me estoy refiriendo a la expresión 'Alianza de comisiones'. ¿De comisiones? Sí, de comisiones. De esas comisiones que son misiones, envíos, responsabilidades, encargos, mandatos, gestiones... Y toda aquella tarea que nada tenga que ver con el asunto de 'las mordidas', o tantos por ciento en pago por esto o por cualquier asunto sea en pasta o en especie...
Las tareas o comisiones del espíritu o del aire son siempre gratuitas y para todos... Así es este milagro humano de la humanización: una utopía, una auténtica alianza de comisiones.
Hasta aquí y muy buen fin de hoy, sábado; y de mañana, domingo.
A continuación se encuentran los dos comentarios del relato evangélico dominical.
También se encuentran en el archivo adjunto ambos comentarios.
Carmelo Bueno Heras.

Comentario primero

Domingo de Pentecostés. Ciclo A (24.05.2026): Juan 20,19-23. El Aire es el Espíritu. Respiramos. Y lo escribo CONTIGO,

Después de actualizar el domingo pasado la memoria de ‘La Ascensión’, se nos propone año tras año la celebración de ‘Pentecostés’ o ‘Venida del Espíritu Santo’ y a la que voy a llamar, en otro lenguaje, ‘experiencia del aire’. Puede escribirlo cada cual como ‘aire’, ‘Aire’ o ‘AIRE’. La altura o bajura de las letras importa poco. En esta época de confinamiento mundial sabemos todos muy acertada y precisamente qué es ‘aire’ y qué significa ‘respirar’. ¿No es esto el E.S.?

 

Anticipada ya la pregunta, me invito a leer el relato que nos ofrece la liturgia católica en Pentecostés y que siempre y sin alteración alguna es Juan 20,19-23. Por ser ya el quinto año que dedico a comentar los textos del Evangelio de cada domingo, se comprenderá que sea ahora la quinta vez que comento este mensaje de Juan que tanto parece encantarle a la autoridad vaticana responsable del Culto. Los cuatro comentarios anteriores los escribí y compartí contigo en estas fechas: 15/05/2016, 04/06/2017, 20/05/2018 y 09/06/2019.

 

Seguramente que me repetiré más que el frío del cierzo o el rojo fuego de las amapolas de los campos de tantas tierras cultivadas o baldías. Los hechos que leemos en este relato de Juan no dicen absolutamente nada de ‘pentecostés’, nada que suceda cincuenta días después. Al contrario, para este Evangelista los hechos que se nos leen suceden “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana”  (Jn 20,19). ¿Por qué existen estas diferencias entre los Evangelistas?

 

Mi moderada intuición de lector crítico me dice que estos narradores no pretendieron describir ‘hechos’ de constatación material, sino contarnos ‘una experiencia compartida’. ¿Puedo añadir que se trata de ‘la experiencia compartida de respirar’ para luego poder comer, para luego crecer, para luego pensar, para luego decidir, para luego servir... ¡¡y amar!! (Jn 13)?

 

Con la libertad de saber que ‘no hay quinto malo’ (comentario, quiero decir) me dejo atrapar por esta sugerencia explícita del cuarto Evangelista: “Se presentó Jesús en medio de ellos... sopló sobre ellos y les dijo: recibid el espíritu santo...” (Jn 20,19.22).

 

Leo esto varias veces y me quedo colgado de las evocaciones que me despierta esta manera de contar de Juan. ¿Cómo voy a olvidar que este Juan habla de su Jesús como el YO SOY y aquí este Jesús sopla como se recuerda que JHVH-YOSOY sopló sobre aquella ‘adamá-arcilla’ modelada para que tuviera la vida de un viviente y... de todo viviente según Génesis  2,4-7?

 

Tanto JHVH-YOSOY como el JESÚS-YOSOY de este ‘cuarto Evangelio’ soplaron, airearon, metieron aire en los adentros de la arcilla original y de aquellos confinados por el ‘miedo a los judíos’ y tanto la arcilla como los confinados gritaron y comenzaron a respirar la vida que estaba en el aire. ¿En el aire? En el aire de los orígenes, en el aire de Israel, en el aire de Jesús de Nazaret, en el aire que airea la casa común de este mundo y de todos los seres vivientes. Respirar es vivir. Pentecostés no es cincuenta días después, ni antes. Pentecostés es siempre. Y otro dato: este aire (este pneuma, en griego) es gratis, abundante y para todos. Y no tengo más espacio para el comentario. Dejo para el predicador el hablar del perdón de los pecados.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 31.05.2020. Y también en Madrid, 24.05.2026. 


Comentario segundo

“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)

CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 26ª página del Evangelio de Mateo 14,13-36.

A Herodes el títere, según vimos en el comentario anterior, parece que no le interesó demasiado la persona y las tareas de Jesús de Nazaret. Informado este Jesús de Mateo de cuanto le sucedió a Juan, el perdona pecados, abandonó el lugar en el que se encontraban y, una vez más, se retiró en barca hacia algún lugar solitario. Sin embargo, las gentes saben qué hace y dónde va este Jesús que se preocupa de sus heridas, dolores y enfermedades: “Sintió compasión de ellos” (Mt 14,14).

 

Creo que ese Herodes es una de las causas de tales sufrimientos. La presencia de este Herodes recuerda al lector crítico la presencia deshumanizadora de aquellos faraones egipcios de los tiempos de Moisés: Tiempos de esclavitud y de hambre, pero tiempos también de esperanzas y de liberación. Y, ¿no es esto mismo lo que este Mateo cuenta de su Jesús de Nazaret? Una comida multiplicada (14,15-21) y un nuevo paso del mar a través de la tempestad calmada (14,22-33). Este Jesús de Mateo es un Moisés liberador nuevo, humanizado y humanizador.

 

Este Evangelista nos relata aquí dos acontecimientos de la evangelización de su Jesús de Nazaret en Galilea. Uno de estos acontecimientos es la llamada ‘primera multiplicación de los panes’, que parece que tuvo lugar en la orilla oriental del Lago-Mar de Genesaret, y el otro acontecimiento es el apaciguamiento de este embravecido Mar que tanto me recuerda al mar Rojo de la memoria de este pueblo de Jesús. A este conjunto de experiencias se le llamaba en la tradición de Israel ‘la pascua judía’ con la que se inició el éxodo hacia la tierra nueva donde alimentarse del pan de la libertad.

 

De este par de relatos tan evocadores de la historia pasada y siempre actual de este pueblo me gustaría subrayar dos expresiones en las que parece concentrarse la mejor semilla del mensaje del narrador. “Dadles vosotros de comer” (14,16), sería la primera frase. “¡Qué poca fe!” (14,31), sería la segunda expresión. Este espacio del comentario se queda escuálido para tantas realidades de la vida y experiencia de Jesús y de sus seguidores evocadas por la narración del autor y creyente que escribe unos cuarenta años después de que viviera y muriera su protagonista Jesús, al que ya se le comienza a divinizar muy descaradamente (Mt 14,33).

 

Sin embargo, ese ‘dadles vosotros de comer’ y esa ‘qué poca fe’ nos están gritando que es posible ser, pensar, decidir y actuar como lo hizo aquel Jesús sepultado y resucitado en los adentros de las personas de los Doce que son, lo recordaré siempre, todas las personas que entonces y siempre estuvieron al lado de este Jesús y en su seguimiento.  Estas personas de entonces y de siempre conocemos a este Jesús porque nos hablaron de él. Y porque, luego..., ella, tú, él, yo... (14,34-36) cada uno hemos llegado a tocar a este Jesús en nuestros adentros donde quedó sembrado y vivo mientras nos atrevemos cada uno a ser como él fue: una persona liberada, de cualquier hambre o tempestad, y liberadora... de toda divinización. La tentación de sus seguidores de entonces fue divinizar a Jesús... Y esta tentación sigue viva.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 26.06.2019. Y también Madrid, 24.05.2026

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