martes, 1 de enero de 2019

El sí a Dios (Meditación para hoy) 01012018

El sí a Dios
En el cielo, en el mundo de lo eterno, el amor permanece como una estrella...


Por: Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net 



Dar un sí sin condiciones no es algo fácil ni frecuente. Dar un sí sin condiciones a Dios nos puede llenar de miedo o de sorpresas. Quizá alguno piense que Dios sea un poco despótico, y por eso muchos prefieren conservar su libertad a cualquier precio, tener entre sus manos el polvo de su historia antes que abandonarse para que Dios los conduzca hacia lo desconocido.

Pero es más fácil dar un sí incondicional a Dios si descubrimos que nos ama. La vida cristiana tiene dos momentos fundamentales. El segundo sin el primero está cojo de partida. ¿Cuál es el primer momento? Consiste en hacer una experiencia profunda, cordial, del Amor de Dios. Amor que inició con ese momento misterioso, inmenso, de nuestra concepción. Amor que continuó durante los meses de embarazo. Amor que nos ha mantenido hasta el día de hoy, a pesar de tantas enfermedades, accidentes, peligros, quizá hambres o abandonos. Seguimos en pie simplemente porque nos quiere, porque le importamos, porque somos para El hijos, aunque a veces un poco rebeldes o caprichosos.

Ese Amor de Dios creció de un modo misterioso y grande el día de nuestro bautismo. Tal vez sepamos por el catecismo que el bautismo es la puerta del cielo, que nos hace hijos de Dios, que nos permite ser parte de la Iglesia. Pero quizá no nos damos cuenta de lo que significa entrar en la familia del Dios que creó las montañas y el sol, el viento y las hormigas, las nubes y los maizales, la frescura del amor y la grandeza de la fidelidad. De ese Dios que conoce cada rincón de nuestros pulmones, cada válvula de nuestro corazón, cada cabello de nuestra cabeza, cada pensamiento de nuestra imaginación alocada. De ese Dios que escogió a Israel y que quiso llevar su amor a todos los hombres, los del sur y los del norte, los ricos y los pobres, los grandes y los pequeños, los generosos y los mezquinos...

Hay que imbuirse en el amor de Dios. Hay que mirarse al espejo para descubrir, más allá de nuestros ojos, la sonrisa de un Dios que nos ama locamente. Sólo desde esta experiencia se comprende la vida de un Francisco de Asís, un Ignacio de Loyola, un Juan Diego, una Madre Teresa de Calcuta o un Juan Pablo II.

Una vez que comprendemos lo mucho que Dios nos ama, entonces sí resulta fácil llegar al segundo momento de nuestra experiencia cristiana: dar un sí a Dios, entregar nuestros corazones a ese Cristo que nos quiere con locura. La vida cristiana empieza a ser verdaderamente cristiana cuando se imita el amor del Dios que nos perdona, que nos ama, que nos salva. Dios se nos da en Cristo, y en Cristo nos pide, simplemente, que amemos. No hay otra manera de ser católicos. No es posible ninguna entrega sin la experiencia del amor de Dios.

Por eso puede ser fácil dar un sí total a Dios. Lo saben los esposos que se aman cristianamente. Su sí es parte de su fe, su amor crece y se alimenta a partir del amor que Dios les da. Lo saben los diáconos, los sacerdotes y los obispos, que reciben con alegría la llamada de Dios para darse completamente a los demás. Lo saben los consagrados, hombres y mujeres de tantas órdenes y congregaciones religiosas, que siguen una vocación de amor en el corazón mismo de la Iglesia.

Una comunidad cristiana vive en plenitud su fe cuando en ella nacen entregas sin condiciones. Es hermoso ver cómo en una parroquia, de un pueblo o de una ciudad, surgen vocaciones, chicos y chicas que deciden dar sus vidas a Dios. Son personas normales, que saben lo que dejan, que quizá lloran por la incomprensión en la familia o entre los amigos, pero que miran con seguridad hacia adelante: si Dios llama, la única respuesta válida y alegre que podemos dar es la del sí por amor.

El tercer milenio sigue su camino. Mientras algunos se esfuerzan por construir un mundo sin Dios, los cristianos miramos a Cristo, y descubrimos en su Cruz y en su Resurrección el amor de Dios Padre. Nuestras vidas quieren ser una sinfonía de generosidad, de donación, sin límites. Querer guardar la vida es como querer atrapar vientos. Sólo vive en plenitud el que se da a Dios, como esposo o esposa, como sacerdote, como consagrado. Lo demás termina. En el cielo, en el mundo de lo eterno, el amor permanece, como una estrella que recoge su luz de la fuente inagotable del Dios que nos ama para siempre.

Un sí que dura hasta hoy (Evangelio meditado) 01012018

Un sí que dura hasta hoy
Santo Evangelio según San Lucas 2, 16-21. Santa María, Madre de Dios (Día octavo de la octava de Navidad)


Por: H. Alexis Montiel, L.C. | Fuente: www.missionkits.org 



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, abre mis labios para que pueda cantar todo el amor que me has mostrado al hacerte un pequeño niño, vulnerable, por amor a mí.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa hacia Belén y encontraron a María,  a José y al niño, acostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño y cuantos los oían quedaban maravillados.  María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.

Los pastores se volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.  

Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre  de Jesús, aquel mismo que había dicho el ángel, antes de que el niño fuera concebido.  

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Ocho días después de la fiesta de Navidad, la Iglesia nos propone celebrar a santa María, madre de Dios; pero ¿qué significa celebrar hoy a María? ¿No tendríamos que estar celebrando a Jesús por su circuncisión? En verdad podemos decir que celebramos el que María cumplió y aceptó ser Madre de Dios.

«Pero ¿qué no ya había aceptado ser la madre de Dios en el anuncio del ángel?» Realmente sí, desde aquel instante aceptó ser la madre de Dios, pero todas las palabras del mensajero de Dios se cumplieron cuando Jesús recibe su nombre, y viene a ser el Emmanuel, el Dios con nosotros. Es en el nombre que los judíos reciben su misión y es en el nombre de su Hijo que María recibe también una misión.

Como padres y hermanos, podemos no estar de acuerdo con la decisión que toman nuestros seres queridos, pero muchas veces no somos capaces de reconocerlo y aceptar la respuesta que otros quieren dar, pues sabemos que puede significar un adiós para nosotros. Veamos a María, ella como madre, desconocía el fin que tenía su Hijo, y, sin embargo, no dejó el camino, es más, le ayudó a seguirlo. María, dame la fuerza para caminar junto a quien me lo pida, a pesar que su respuesta no me agrade, pues es en el amor en que quiero dar un sí como el tuyo.

«El Evangelio de hoy nos reconduce al establo de Belén. Los pastores llegan a toda prisa y encuentran a María, José y el Niño; e informan del anuncio que les han dado los ángeles, es decir que ese recién nacido es el Salvador. Todos se sorprenden, mientras que “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”. La Virgen nos hace entender cómo acoger el evento de la Navidad: no superficialmente sino en el corazón. Nos indica el verdadero modo de recibir el don de Dios: conservarlo en el corazón y meditarlo. Es una invitación dirigida a cada uno de nosotros a rezar contemplando y gustando este don que es Jesús mismo.»
(Homilía de S.S. Francisco, 1 de enero de 2018).


Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Alentar a un amigo que no es comprendido por una decisión tomada y ayudarlo a encontrar su felicidad.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén. ¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
    
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Papa Francisco: Retrospectiva sobre las homilías del Papa en 2018 (31122018)

Misa del Papa en Santa Marta 24 abril 2018 © Vatican News
Misa Del Papa En Santa Marta 24 Abril 2018 © Vatican News

Papa Francisco: Retrospectiva sobre las homilías del Papa en 2018

Palabras que tocan los corazones
(ZENIT – 31 dic. 2018).- En el último día del año, el 31 de diciembre, las noticias del Vaticano ofrecen una retrospectiva de las homilías del Papa Francisco durante sus misas matutinas en la capilla de Santa Marta en 2018: homilías “breves, animadas, siempre improvisadas”, de amplia circulación en el mundo.
Este año el Santo Padre ha pronunciado 89 homilías, apunta la misma fuente: “El Papa Francisco sabe cómo decir palabras que tocan los corazones, con un lenguaje vivo y colorido, a veces mordaz para alentar la madurez en la vida cristiana”.
Las homilías de Santa Marta contienen “tres elementos: una idea, un sentimiento y una imagen, en el contexto de una predicación positiva que siempre da esperanza”, incluso cuando el tono es “más difícil… para sacudir” .
En 2018 –recuerda Vatican News– el Papa hizo “varias referencias a situaciones de acontecimientos actuales, del mundo y de la Iglesia”, pero el mensaje recurrente es escatológico, la expectativa del encuentro con Jesús, el examen final de lo que Francisco llama el “protocolo” de Mateo 25: “¡Porque tuve hambre, y me diste de comer; Tuve sed, y me disteis algo de beber; fui forastero, y me recibisteis; estuve desnudo, y me vestisteis; estuve enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y viniste a mí!”.
“En el atardecer de nuestra vida, seremos juzgados por el amor concreto que hemos experimentado en la tierra. Hoy, ya conocemos las preguntas de esta crítica crucial”.
Con una traducción de Hélène Ginabat

Egipto: El Papa lamenta el atentado terrorista, un acto “sin sentido y brutal” 31122018

El Papa en oración © Vatican Media
El Papa En Oración © Vatican Media

Egipto: El Papa lamenta el atentado terrorista, un acto “sin sentido y brutal”

Y ora por los fallecidos y heridos
(ZENIT – 31 dic. 2018).- Al conocer la noticia del atentado terrorista cerca de Giza (en Egipto), en el que murieron 4 personas, el Papa Francisco lamentó este “acto sin sentido y brutal” y aseguró su oración por las víctimas y sus familias, por los heridos y por el personal de emergencia que “generosamente” acudió en su ayuda.
La Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó el pasado 29 de diciembre de 2018 el telegrama de condolencias para las víctimas del ataque terrorista ayer cerca de Giza, enviado en nombre del Santo Padre Francisco al Presidente de la República Árabe de Egipto, Abdel Fattah Al Sisi, a través del Secretario de Estado del Cardenal Pietro Parolin.
“Su Santidad, el Papa Francisco, se entristeció profundamente al enterarse del reciente ataque con bomba cerca de Giza”, señala el Card. Parolin. “Confiando en que todos trabajarán para superar la violencia con solidaridad y paz, el Papa Francisco invoca bendiciones divinas sobre Egipto y su gente”, dice el comunicado.
Al menos cuatro personas murieron y otras diez han resultado heridas por la explosión de una bomba casera colocada en el trayecto de un autobús de turistas en la zona de las pirámides de Guiza, a las afueras de El Cairo, informó Vatican News en español.
Los fallecidos son tres turistas vietnamitas y el guía del grupo, de nacionalidad egipcia, mientras que han resultado heridos nueve turistas del mismo país asiático y el conductor del vehículo, ha informado el fiscal general egipcio, Nabil Ahmed Sadeq, en un comunicado.

P. Antonio Rivero: “Tres hombres, dos caminos, una estrella” 01012018

© Cathopic

© Cathopic

P. Antonio Rivero: “Tres hombres, dos caminos, una estrella”

Comentario a la Solemnidad de la Epifanía del Señor
SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA
Ciclo C
Textos: Is 60, 1-6; Ef 3, 2-3.5-6: Mt 2, 1-12
Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos.
Idea principal: Tres hombres, dos caminos, una estrella.
Síntesis del mensaje: Tres hombres, dos caminos y una estrella nos invitan hoy a la fe. La palabra que hoy resuena es “luz”, que esconde una gran realidad, la fe. Tanto en Roma como en Egipto y Oriente, las fiestas del 25 de diciembre y del 6 de enero tenían mucho que ver con la luz: la luz cósmica que, por estas fechas, empieza en nuestras latitudes a “vencer” a la noche, después del solsticio de invierno que es el 21 de diciembre. De ahí es fácil el paso a la luz de Cristo, el verdadero Sol que ilumina nuestras vidas. Y esos tres hombres –y tantos otros- se encontraron con ese Sol y fueron iluminados con la luz de la fe. Y esa luz cambió su vida y se fueron por otro camino, el de la fe en Cristo.
Puntos de la idea principal:
En primer lugartres hombres, que la tradición popular ha puesto nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar. Tres reyes magos, legendarios, simbólicos, representantes de todos los hombres y mujeres de buena voluntad divina, que buscan a Dios, cruzan mil penalidades y le encuentran. Éstos son los reyes magos en quien creo. Los tres aventureros del desierto, de Dios y las estrellas; en cuanto la estrella les hizo el primer guiño nocturno, se ponen en camino, desamarran el camello y se echan al desierto, con sus noches y alboradas. Los tres, representativos de todos los hombres y mujeres, que en la vida apuestan a divino contra humano, a espiritual contra material, Dios contra egocentrismo. Ni saben por quépero van, que es lo grande. Ni saben adónde pero van, que es lo bueno. Ni saben a quépero van, que es lo divino. Es la nostalgia de Dios que todo hombre tiene en lo profundo del corazón, invitándonos a la fe en ese Dios, hecho hombre, hecho carne, hecho niño.
En segundo lugardos caminos. Los caminos de la vida son dos: el que va y llega, y el que ni llega ni va a Dios. El que va y llega es el camino del hombre honesto que busca la felicidad y el sentido de la vida más allá de sus satisfacciones inmediatas y materiales. Este camino no está exento de asaltos y peligros, de oscuridad, pues la estrella se ocultó. Pero es un camino que, cuando el hombre es sincero consigo mismo y mira la trascendencia, llegará al portal de Belén y se encontrará con ese Dios paradójico, hecho carne, que les esperaba y les sonríe. El otro camino es triste, pues ni llega ni va a Dios. Es el camino del desenfreno egoísta, idolátrico y ambicioso, representado en el rey Herodes, que en vez de acompañar a esos magos y ponerse en camino, se quedó sentado en su sillón real, temeroso que alguien se lo usurpase, y nadando en sus placeres materiales.
¿Cómo terminó este Herodes? Según Flavio Josefo en sus “Las Antigüedades de los judíos” Libro XVII, caps. VI al VIII: La enfermedad de Herodes se agravaba día a día, castigándole Dios por los crímenes que había cometido. Una especie de fuego lo iba consumiendo lentamente, el cual no sólo se manifestaba por su ardor al tacto, sino que le dolía en el interior. Sentía un vehemente deseo de tomar alimento, el cual era imposible concederle; agréguese la ulceración de los intestinos y especialmente un cólico que le ocasionaba terribles dolores; también en los pies estaba afectado por una inflamación con un humor transparente y sufría un mal análogo en el abdomen; además una gangrena en las partes genitales que engendraba gusanos. Cuando estaba de pie se hacía desagradable por su respiración fétida. Finalmente en todos sus miembros experimentaba convulsiones espasmódicas de una violencia insoportable”.
Finalmenteuna estrella. Yo no sé si la estrella de este evangelio estuvo alguna vez colgada en el firmamento –tal vez sí-; o fue la conjunción luminosa de los planetas Júpiter y Saturno allá por los años en que nació Jesús –bien posible-; o fue una inspiración potente y divina que sonó en el corazón estos paganos –que eso creo- y los citó al encuentro con Dios. Yo creo en la estrella de los magos, que fue inspiración divina; yo creo en los magos de la estrella, que reaccionaron a la inspiración de Dios. Yo creo en la estrella de los hombres, que es impulso divino, y creo en los hombres de la estrella, que, oír a Dios y ponerse en camino, todo es uno. ¡Pobre corazón humano y cómo te cuesta alzar de la vulgaridad, amar lo invisible y latir por la trascendencia! Y como estos magos, hay muchos hombres buscadores y halladores de Dios: esos son los magos en que yo creo. Estos magos trataban de leer la «firma» de Dios en la creación.  Pero, al ser hombres sabios, sabían también que no es con un telescopio cualquiera, sino con los ojos profundos de la razón en busca del sentido último de la realidad y con el deseo de Dios, suscitado por la fe, como es posible encontrarlo, más aún, como resulta posible que Dios se acerque a nosotros.Y yo quiero ser uno de ellos, todos los días, en búsqueda de Dios, con mi fe, mi esperanza y mi amor. Con mi fe, como faro para el camino. Con mi esperanza, como cayado para sostenerme. Con mi amor, como fuego que me anima y calienta mi corazón para calentar al que está a mi lado y también yo camino hacia ese Dios encarnado en Cristo. Y todos los días quiero darle en mi oración el oro de mi libertad, el incienso de mi adoración y la mirra de mis sufrimientos y penalidades. Al final, para los Magos fue indispensable escuchar la voz de las Sagradas Escrituras: sólo ellas podían indicarles el camino. La Palabra de Dios es la verdadera estrella que, en la incertidumbre de los discursos humanos, nos ofrece el inmenso esplendor de la verdad divina.
Para reflexionar: ¿Cómo está la luz de mi fe en Cristo? ¿Todos los días camino hacia Jesús iluminado por esa luz? ¿Trato de que la luz de mi fe ilumine mis pasos para que otros que caminan a mi lado se beneficien del resplandor  de mi buen ejemplo y lleguen a Cristo? Con el papa emérito Benedicto XVI les invito a esto: Dejémonos guiar por la estrella, que es la Palabra de Dios; sigámosla en nuestra vida, caminando con la Iglesia, donde la Palabra ha plantado su tienda. Nuestro camino estará siempre iluminado por una luz que ningún otro signo puede darnos. Y también nosotros podremos convertirnos en estrellas para los demás, reflejo de la luz que Cristo ha hecho brillar sobre nosotros. Amén”(6 de enero 2011).
Para rezar:
¡Oh Santos Reyes que desde el oriente
supisteis, iluminados por la luz de la fe,
encontrar en el cielo el camino de Belén!,
alcanzadnos de aquel Niño Divino que adorasteis primero,
el vernos libres de las hechicerías de la falsa ciencia
y de los caminos tortuosos del mundo,
para que, a través del conocimiento de los cielos,
los mares y la tierra,
y de todo lo que hay en ellos,
alcancemos al que lo creó todo de la nada,
para facilitar el camino de la salvación a todos,
y así poder ofrecer el fruto de nuestro saber y de nuestro amor,
como oro al Rey de reyes
y como incienso
y mirra al Dios
y hombre verdadero.
Amén.
Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, arivero@legionaries.org

P. Antonio Rivero: “María es Madre de Dios, de la Iglesia y nuestra” 01012018


© Cathopic

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P. Antonio Rivero: “María es Madre de Dios, de la Iglesia y nuestra”

Comentario a la Solemnidad de María, Madre de Dios
COMENTARIO A LA LITURGIA DOMINICAL
SOLEMNIDAD DE LA MADRE DE DIOS
1 de enero 2019
Ciclo C
Textos: Nm 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21
Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos.
Idea principal: Hoy la Iglesia nos propone admirar a María Santísima, la Madre de ese Jesús Salvador, que en estos días de Navidad estuvo contemplando silenciosa a su Hijo en la cuna de Belén.
Síntesis del mensaje: el 1 de enero tiene varios motivos de festejo. Primero, es el comienzo del año civil. Segundo, seguimos en la octava de Navidad, día en que Jesús fue circuncidado, como todo israelita. Tercero, la jornada de oración por la paz. Y finalmente celebramos la solemnidad de Santa María Madre de Dios. 
Puntos de la idea principal[1]:
En primer lugarcontemplemos a María Santísima, como Madre de Dios. Dios quiso tener una madre humana, recibir los cariños y experimentar la ternura y los besos de una madre. Y por eso, quiso escoger a esa mujer de Nazaret. Cuenta la historia que cuando murió Filipo de Macedonia (382-336 a.C.), padre de Alejandro Magno, el orador que pronunció el panegírico, al llegar el momento culminante, exclamó: “Baste decir esto para tu gloria, que tuviste por hijo a Alejandro”. Con mucha más razón podríamos decir para exaltar la dignidad de esta Madre: “Baste para tu gloria afirmar que tuviste por Hijo a Jesús”. Este honor único e inconmensurable hace de María la mujer más bendita de la humanidad y de todos los tiempos. Santo Tomás de Aquino, admirado por esta grandeza, no dudó en decir que era “quasi infinita”. Dios la vinculó a su Hijo con una maternidad toda especial. Todos los otros privilegios de María Santísima son consecuencia de esta Maternidad divina: Inmaculada, Virgen perpetua, Asunta a los cielos. Ella es el nuevo Paraíso donde habitó el nuevo Adán: Cristo Jesús. Paraíso lleno de flores  por sus virtudes, y de frutos, por sus méritos. ¿Por qué Dios escogió a esta mujer y no a otras más famosas, reinas, princesas de las culturas más importantes de aquel entonces? Dios la escogió por su humildad y sencillez. Dios al humilde le bendice y le llena de bienes y de dones. María es la delicia de Jesús, a punto tal que el Hijo puede decir con sus labios humanos: esta Paraíso es mío, porque es mi Madre.
En segundo lugarcontemplemos a María Santísima, como Madre de la Iglesia. Pablo VI proclama Madre de la Iglesia a María en la clausura de la tercera etapa conciliar (21.11.1964): “…para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, NOS PROCLAMAMOS A MARÍA SANTÍSIMA, MADRE DE LA IGLESIA, es decir, Madre de todo el Pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa y queremos que de ahora en adelante, sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título”. María es Madre del Cristo Total, esto es, de la Cabeza y de sus miembros. Enseña san Agustín: “María es verdaderamente la Madre de sus miembros, porque colaboró con su amor a que nacieron en la Iglesia los creyentes, miembros de aquella Cabeza”. La Virgen María es la Madre de todos los hombres y especialmente de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, desde que es Madre de Jesús por la Encarnación. Jesús mismo lo confirmó desde la Cruz antes de morir, dándonos a su Madre por madre nuestra en la persona de san Juan, y el discípulo la acogió como Madre; nosotros hemos de tener la misma actitud que el discípulo amado. Por eso, la piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano. Vamos cumpliendo así la profecía de la Virgen, que dijo: “Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones”(Lc 1,48).
Finalmentecontemplemos a María Santísima, como madre nuestra. Es propio de una madre colaborar en el orden de la vida, del alimento y de la educación. María colabora en el orden de la vida sobrenatural, porque nos ofrece a Cristo, Cabeza del Cuerpo místico, principio de la vida sobrenatural. Porque nos ofrece el conocimiento y el amor de Cristo Redentor, como lo ofreció a los pastores, a los magos, en Caná, en la Cruz. Porque al ofrecernos a Cristo, nos ofrece la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo. María colabora en el orden de los alimentos, porque al ofrecernos a Cristo y a la Iglesia, nos está ofreciendo el alimento de la vida sobrenatural que son los sacramentos. María colabora en el orden de la educación,porque nos enseña cómo acoger, meditar, contemplar la Palabra de Dios y guardarla en nuestro corazón, siguiendo su ejemplo. Ella lo guardaba y lo meditaba todo en su corazón (cf. Lc.2,19). Nos enseña a caminar fieles a Cristo, y a la Iglesia según nuestra vocación y misión: en la infancia, en la juventud, en la familia, en la vida sacerdotal y consagrada.
Para reflexionar:Somos hijos de María.  Ella se porta como Madre con nosotros, sus hijos. Nosotros, hemos de portarnos como hijos buenos con esa madre. Tratemos de conocerla, de amarla, de imitarla, de invocarla en las necesidades espirituales y materiales. Ella, como Madre, nos pide que dejemos el pecado, que perseveremos en la gracia y que pongamos, para ello, los medios que Ella misma nos ofrece.
Ella nos pide con solicitud de Madre que recordemos, meditemos y contemplemos la vida de su Hijo con el Rosario. 
Para rezar: Recemos esta conocida oración: “Acuérdate, oh Piadosísima Virgen María, que JAMÁS se ha oído decir que NINGUNO de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Virgen Madre, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu Presencia Soberana; no deseches, oh Purísima y Santísima Madre de Dios mis humildes súplicas, antes bien escúchalas y atiéndelas favorablemente. Amén”.
Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, arivero@legionaries.org
***
[1]Para este comentario, me inspiré en el libro del padre Alfredo Sáenz, S.I, titulado “Palabra y Vida” ciclo C,ed. Gladius, Buenos Aires, 1994.

San Vicente María Strambi, 1 de enero

San Vicente María Strambi
San Vicente María Strambi

San Vicente María Strambi, 1 de enero

Canonizado por Pío XII en 1950
Eran tan grandes las virtudes de este prelado pasionista, que su fundador, san Pablo de la Cruz, le encomendó la fundación con la certeza de que haría obras más grandes que la suyas. Fue estimado por los pontífices de su tiempo.
En esta solemnidad de María Santísima, Madre de Dios, entre otros santos, la Iglesia aclama al pasionista Vicente María Strambi, prelado de Macerata y Tolentino, insigne discípulo de san Pablo de la Cruz que cuando lo conoció ya vio en él a un gran santo.
Nació en Civitavecchia, Italia, el 1 de enero de 1745. Fue el único superviviente de los cuatro hijos nacidos en el matrimonio del farmacéutico Giuseppe Strambi y Eleonora Gori. El celo de su padre por mantenerlo junto a él y ver cumplidos en su heredero los sueños que fraguó para su futuro no fue impedimento para que el joven defendiese firmemente su vocación. Ambos progenitores le transmitieron su fe y generosidad con los necesitados que Vicente aún superó con creces al punto de ser frenado en sus ansias de donación.
La madre, comprensiva y gozosa al conocer su inclinación al sacerdocio, le dio su bendición. Se formó en el seminario de Montefiascone. Inteligencia y piedad marcaron estos años en los que su amor a Cristo crucificado presidía su acontecer. Antes de recibir el sacramento del orden fue prefecto y luego rector del seminario de Bagnoregio. Ya se advertían sus numerosos dones y celo pastoral. Fue ordenado sacerdote unos meses antes de cumplir 23 años. Pero se sentía inclinado a la vida religiosa. Contra la voluntad del padre, llamó primero a las puertas de los padres de la Misión y luego las de los capuchinos. No era su lugar. Unos lo rechazaron por su débil salud y otros por su condición de hijo único hasta que conoció a Pablo de la Cruz en una misión, y quedó seducido por su ardor apostólico y virtud.
Cuando le pidió ingreso en los pasionistas, Pablo le abrió los brazos. Y a Giuseppe, que rogó y acudió no solo a él sino a quienes pensaba que podrían disuadir a su hijo, le respondió: «Debería alegrarse sumamente al ver que el Señor elige a su hijo para hacerlo un gran santo». Profesó en 1769. Unos años más tarde,después de haber encendido muchos corazones con su predicación, partió a Roma para ocuparse de los jóvenes estudiantes formándoles en todos los ámbitos. En 1775 Clemente XIV, sabedor de sus virtudes y dotes apostólicas que ya le precedían, le encomendó predicar en Santa María en Trastévere, convirtiéndose él mismo en uno de sus oyentes. Desde entonces, asiduamente y a petición del papa, el que ya era reconocido como «el predicador pasionista santo»impartió retiros a la curia pontifical, y otros estamentos del clero.
Sus dotes diplomáticas hicieron de él un valioso instrumento para la conciliación que llevó a cabo a petición de los pontífices. Hombre humilde, sencillo, abnegado, de intensa oración y penitencia, fue incluido en el cónclave que eligió a Pío VII y votado por una parte de los cardenales. No quiso distinguirse nunca de sus hermanos, y lejos de aceptar prebenda alguna por razón de su oficio: superior, provincial, consultor general, efectuaba las labores cotidianas en la huerta y en la cocina como uno más. Fue agraciado con el don de profecía y de penetración de espíritus; en sus predicaciones acaecieron hechos prodigiosos.
Pablo de la Cruz al sentir cercana su muerte le encomendó la Congregación:«Harás cosas grandes, harás mucho bien»Vicente tenía 30 años y había sido fidelísimo al fundador en los seis que llevaba como pasionista. Luego sería también su biógrafo. Escribió la vida de Pablo de rodillas en la celda que aquél había ocupado. Y más tarde fue su postulador. Muy devoto de la preciosísima Sangre de Jesús le dedicó su primer trabajo. Fue autor de obras escolares y espirituales. En 1801 Pío VII lo nombró prelado de Macerata y Tolentino y aceptó el nombramiento aunque su deseo habría sido vivir como simple religioso pasionista. El papa valoraba sus muchas virtudes y capacidad para regir, enseñar y santificar, y lo tranquilizó: «Sábete que nadie se ha interesado para elegirte; lo he hecho yo espontáneamente, por mi personal conocimiento, por inspiración divina».
A Vicente se deben grandes conversiones, como la de la hermana de Napoleón, emperador que lo envió al exilio al constatar que no podía vencer su fidelidad al Santo Padre. Los pobres, sin excluir a los demás necesitados, fueron objeto de su predilección. Decía: «Los pobres son mis patrones. Yo no soy sino su ecónomo»Como pastor dosificó la firmeza y la comprensión. Fue un gran renovador. León XII, que lo mantuvo en su oficio hasta 1823, afirmó: «Es suficiente su sombra para gobernar la diócesis». El pontífice lo retuvo junto a él. Cuando enfermo de muerte fue a administrarle el viático, manifestó: «Vicente mío, yo creía hacerte santo, pero algún otro pontífice lo hará»El humilde pasionista ofreció su vida por la del papa que se hallaba enfermo, y éste sanó de improviso, muriendo él repentinamente en el curso de una semana el 1 de enero de 1824. Fue beatificado por Pío XI el 26 de abril de 1925, y canonizado por Pío XII el 11 de junio de 1950.