Hoy celebramos a Santa Elena, madre del emperador Constantino. Tanto amor tenía a Jesucristo que no podía resitir que el instrumento de nuestra salvación, la Cruz, permaneciera enterrado y no dignamente venerado por los cristianos. En el siglo IV decidió viajar a Jerusalén para buscar la Santa Cruz sobre la cual murió Cristo. Los operarios que acompañaron a Elena realizaron excavaciones en el monte Calvario y encontraron tres cruces. Para saber cuál era la de Jesús, trajeron hasta el Monte Calvario a una mujer muy enferma. Al tocarla con dos de las cruces ella empeoró. Sin embargo, con la tercera cruz, la enferma se recuperó instantáneamente. Macario, entonces Obispo de Jerusalén, Santa Elena y miles de fieles llevaron la cruz en procesión por las calles de la ciudad.
Hoy te propongo que pidas a Santa Elena saber llevar dignamente tus cruces de cada día.
La reflexión En bicicleta con Dios nos enseña a dejarnos llevar por Dios y a confiar en Él.
La vida es como andar en bicicleta... te caes, solo si dejas de pedalear.
Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el Cielo o el infierno cuando muriera. Era como un presidente, reconocía su foto cuando la veía, pero realmente no lo conocía.
Pero luego reconocí a mi Poder Superior; parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos plazas, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.
No sé cuando sucedió, no me di cuenta cuándo fue, que Él sugirió que cambiáramos de lugares. Lo que sí sé es que mi vida no ha sido la misma desde entonces.
Mi vida con Dios es muy emocionante. Cuando yo tenía el control, yo sabía a dónde iba. Era un tanto aburrido, pero predecible. Era la distancia más corta entre dos puntos. Pero cuando Él tomó el liderazgo, Él conocía otros caminos, caminos diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, velocidades increíbles. Lo único que podía hacer era sostenerme; aunque pareciera una locura, Él sólo me decía: "¡Pedalea!"
Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba, "¿A dónde me llevas?" Él solo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en Él.
Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía "estoy asustado", Él se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.
Él me llevó a conocer gente con dones, dones de sanidad y aceptación, de gozo. Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje; nuestro viaje, de Dios y mío.
Y allá íbamos otra vez. Él me dijo: "Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra". Y así lo hice... a la gente que conocimos, encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera.
No confié mucho en Él al principio, en darle el control de mi vida. Pensé que la echaría a perder, pero Él conocía cosas que yo no sabía acerca de andar en bici... secretos.
Él sabía como girar para dar vueltas cerradas, saltar para librarnos de obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.
Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por los más extraños lugares. Estoy aprendiendo a disfrutar de la vista y de la suave brisa en mi cara y sobre todo de la increíble y deliciosa compañía de mi Dios.
Y cuando estoy seguro que ya no puedo más, Él solo sonríe y me dice: "¡Pedalea!"
En Cizico, en el Helesponto, san Mirón, presbítero y mártir, que, según una tradición, durante el imperio de Decio, y bajo el prefecto Antípatro, fue decapitado tras sufrir numerosos tormentos. († s. III)
En Cesarea de Capadocia, san Mamante o Mameto, mártir, que, siendo pastor de condición muy humilde, vivió solitario en los bosques con la máxima frugalidad y, por haber proclamado su fe en Cristo, consumó el martirio bajo el emperador Aureliano. († 273/274)
can.:pre-congregación país: Italia - †: 310 hagiografía:«Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En la región de Sicilia, muerte de san Eusebio, papa, valeroso testigo de Cristo, que fue deportado por el emperador Majencio a esta isla, donde dejó la patria terrena para merecer la celestial; trasladado su cuerpo a Roma, fue enterrado en el cementerio de Calixto. († 310)
En Tesalónica, de Macedonia, muerte de san Elias el Joven, que fue monje según las reglas de los Padres Orientales, y después de haber sufrido mucho por parte de los sarracenos a causa de la fe, con una fortaleza de ánimo invencible llevó una vida rigurosa de oración y austeridad, tanto en Calabria como en Sicilia. († 903)
En Montefalco, de la Umbría, santa Clara de la Cruz, virgen de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que rigió el monasterio de Santa Cruz y expresó extremo amor por la pasión de Cristo. († 1308)
En Toledo, ciudad de España, santa Beatriz de Silva Meneses, virgen, que fue dama noble en la corte de la reina Isabel, pero después, prefiriendo una vida de mayor perfección, se retiró a las religiosas de la Orden de Santo Domingo durante muchos años y finalmente fundó una nueva institución con el título de Orden de la Concepción de la Bienaventurada Virgen María. († 1490)
En Nagasaki, en Japón, santos mártires Jacobo Kyuhei Gorobioye Tomonaga, presbítero de la Orden de Predicadores, y Miguel Kurobioye, que en tiempo del emperador Tokugawa Yemitsu fueron condenados a muerte por su fe en Cristo. († 1633)
En la localidad de Saumur, cerca de Angers, en Francia, santa Juana Delanoue, virgen, que, confiada totalmente en la ayuda de la divina Providencia, acogió primeramente en su casa a huérfanas, ancianas y mujeres enfermas y de mala vida, y después fundó con algunas compañeras compañeras, el Instituto de Hermanas de Santa Ana y de la Providencia. († 1736)
En el mar frente a Rochefort, en Francia, beato Natal Hilario Le Conte, mártir, que, clérigo de la catedral de Bourges y encargado de la música, durante la persecución desencadenada por quienes odiaban la religión fue confinado en una nave, donde murió, por Cristo, consumido por la enfermedad. († 1794)
En Rimouski, Québec, en Canada, beata María Elisabeth Turgeon, virgen, fundadora de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora del Santo Rosario. († 1881)
En Castellfullit de la Roca, cerca de Girona, en España, beato Enrique Canadell, presbítero de la Orden de Clérigos Regulares de las Escuelas Pías y mártir, que sufrió la muerte a manos de quienes odiaban la Iglesia. († 1936)
En Chamartín de la Rosa, Madrid, beato Aniceto Lizasoain Lizaso, religioso de la Congregación del Santísimo Redentor, misionero redentorista y mártir, que dio su vida por la fe que profesaba en tiempos de la guerra civil española. († 1936)
En Salobreña, Granada, beato Ramón Cervilla Luis, presbítero y mártir, víctima de la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil Española. († 1936)
En parroquia de Santa Eulalia de Miño, La Tejera, beato Gregorio Díez Pérez, de la Orden de Predicadores, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Llavorsí, Lleida, beato Antonio Carmaníu y Mercader, de la Congregación de la Misión, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Madrid, beatos Aurelio de Ocejo Escanciano Tejerina, en el siglo Facundo, y José María de Manila Saz-Orozco Mortera, en el siglo Eugenio, de la Orden de Frailes Menores Capuchinos, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Málaga, beatos Salustiano Alonso Antonio, en el siglo Florentino, Honorio Ballesteros Rodríguez, en el siglo Pedro Eusebio, Baltasar del Charco Horques, en el siglo Antonio Ramón Diego, Raimundo García Moreno, en el siglo Juan Antonio de San León, Segundo Pastor García, en el siglo Pedro, Estanislao de Jesús Peña Ojea, en el siglo Isidro Valentín, Silvestre Pérez Laguna, y Gumersindo Sanz Sanz, en el siglo Manuel, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Maspujols, Tarragona, beatos Magí Civit Roca, Miquel Rué Gené, y Josep Mañé March, presbíteros diocesanos, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En La Higuerra del Conejo, Turre, Almería, beato Florencio López Egea, presbítero diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Vic, Barcelona, beatos Josep Puigdeséns Pujol y Julio Aramendía Urquía, presbíteros, de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Montmaneu, Barcelona, beato Joan Prats Gibert, presbítero, de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Paracuellos de Jarama, Madrid, beato Agustín Fernández Vázquez, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Santa Eufemia, Córdoba, beato Alfonso López Morales, presbítero, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Zarza-Capilla, Badajoz, beato Diego Balmaseda López, presbítero, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)