San Severino de Agaune, abad
fecha: 11 de febrero
†: s. VI - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
†: s. VI - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
En
Chateâu-Laudon, en la Galia, san Severino, abad del monasterio de Agaune.
San Severino vivió en una época en que en
las Galias aun no estaba perfectamente implantada la fe cristiana, y estaba muy
extendida la herejía arriana. Según parece, fue nativo de Borgoña
(Burgundia) de noble origen, y educado en la fe católica; como otros en la
época, sintió el llamado a retirarse del mundo, y fue a establecerse como
ermitaño a un valle que atraía a muchos candidatos a la vida solitaria de
penitencia y oración, se trataba del valle de Agaunum, limitado por escarpadas
montañas y el río Ródano. Perteneciente a la actual Suiza, se alza allí la
ciudad de Saint-Maurice, cuyo nombre evoca precisamente lo que hacía atractivo
el valle ya en el siglo V: según la tradición allí habían padecido el martirio san Mauricio y
sus compañeros de la legión tebana a inicios del siglo IV; el valle era
entonces un fuerte polo de atracción religiosa.
Cuando
san Severino se estableció allí, a fines del siglo V, no había aun una abadía
en sentido propio, sino más bien unas dispersas chozas de ermitaños, que poco
más tarde darían lugar a la primera fundación de la abadía de Agaunum, en el
515, unos pocos años después de la muerte de Severino. No se puede decir, por
tanto, que haya sido abad en el sentido propio y actual del término, porque no
había aun una comunidad monástica regular, pero la tradición oral ha conservado
el recuerdo de san Severino como abad, quizás porque fue él uno de los que
ayudó a que esa comunidad de dispersos eremitas se pusieran en movimiento para
la formaciónd e un monasterio.
En
el 502 el rey Clodoveo adoptó el cristianismo, y en el 504, habiendo oído la
fama de taumaturgo de Severino, lo hizo llevar a París para que lo curara de
una dolencia con la que los médicos no habían podido. Según parece, san
Severino supo que ese viaje sería el último de su vida, se despidió de sus
monjes y fue a cumplir el encargo del rey. En este punto la tradición adorna el
viaje de ida con varios milagros que corroboran su fama (y que posiblemente
sirven para resumir hechos cuyos detalles se nos han perdido), curación de un
sordomudo, curación de un leproso, y llega a París donde cura al rey Clodoveo
de su dolencia. En el viaje de vuelta, cuando estaba en la localidad de
Château-Landon, se detuvo junto a unos ermitaños de vida santa que había en el
lugar, y allí murió, corroborada su santidad por una luz celestal que lo
envolvió y acompaó el tránsito de su alma (motivo que suele aparecer en su
iconografía).
Es
difícil establecer los hechos de su vida porque nos han llegado narrados, o más
bien novelados, en un documento muy posterior, del siglo IX, carente de bases
documentales firmes. Sin embargo puede decirse con certeza que, aunque no
podamos estar ciertos de los detalles, este documento recoge una muy sólida
tradición local. El culto de san Severino es muy antiguo, e incluso el título
de la iglesia de San Severino de París se refiere a este santo. No debe
confundirse a san Severino abad con el san Severino ermitaño que recordamos el
23 de noviembre, y que vivió en París en el mismo siglo que el de hoy.
La
"Vita" del siglo IX está publicada en Acta Sanctorum, febrero II, pág
544ss, junto con las acostumbradas notas de los bolandistas. El Butler de
Thurston, S.J., tiene un artículo (ed. mexicana, tomo I, pág. 315) del todo
escéptico acerca de la vidaa del sant, donde se hallará bibliografía. Guerin,
en Les Petits Bollandistes, II, pág 455 resume en francés la Vita tradicional.
El fresco reproducido, que se encuentra en la abadía de Château-Landon,
representa la curación de Clodoveo.
Abel Della Costa
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o última modificación relevante: 10-2-2013
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=543
San Gregorio II, papa
fecha: 11 de febrero
n.: 669 - †: 731 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 669 - †: 731 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Roma, en la basílica de San Pedro,
sepultura de san Gregorio II, papa, el cual, en los difíciles tiempos bajo el
emperador León Isáurico, trabajó en defensa de la Iglesia y del culto de las
sagradas imágenes, y envió a san Bonifacio por tierras de Germania a predicar
el Evangelio.
refieren a este santo: San Bonifacio de
Maguncia, San Gregorio III
Gregorio nació en Roma; fue un hombre notable por su
piedad y observancia regular. Debido a esto, el papa san Sergio I lo
ordenó subdiácono. Bajo los cuatro papas siguientes fue tesorero de la iglesia,
y después bibliotecario encargado de comisiones importantes. Eran tan grandes
su sabiduría e ilustración, que fue elegido para acompañar al papa Constantino
a Constantinopla, cuando éste fue convocado para discutir con el emperador
Justiniano II ciertas dificultades y diferencias que se habían presentado en el
Concilio de Trullo, en 692. A la muerte de Constantino, Gregorio fue elegido
papa y consagrado en 715.
Dirigió su celo infatigable y vigilante a extirpar las
herejías que pululaban y llevar al cabo una reforma de costumbres. Convocó
varios sínodos en los cuales se formularon reglamentos disciplinares que
promovían la moralidad y reprimían toda clase de abusos. Hizo levantar
nuevamente gran parte de las murallas de Roma contra los lombardos, y restauró
muchas iglesias. Tenía sumo cuidado de los enfermos y ancianos; reconstruyó un
asilo de ancianos y el gran monasterio que está cerca de la iglesia de San
Pablo en Roma; después de la muerte de su madre en el 718, convirtió su casa en
el monasterio de Santa Águeda. Ayudó a restablecer la abadía de Monte Casino, a
la cual envió al abad san Petronax para que la gobernara, ciento cuarenta años
después de que la misma había sido reducida a escombros por los lombardos. San
Gregorio envió misioneros para predicar la fe de Cristo en Alemania, y consagró
obispos a san Corbiniano y san Bonifacio.
En su tiempo, los peregrinos ingleses que iban a Roma aumentaron a tal punto,
que fue necesario dedicar una iglesia, un cementerio y una escuela para ellos.
Sin embargo, en los asuntos con el emperador León III
fue donde Gregorio desplegó más su fuerza y magnanimidad. León ordenó la
destrucción de las sagradas imágenes y puso en vigor sus edictos de
persecución. San Germán y
otros prelados del Oriente trataron de disuadirlo, pero encontrándolo
obstinado, rehusaron obedecer y apelaron al papa. Gregorio por mucho tiempo
continuó empleando súplicas y razones, a la vez que animaba vigorosamente al
pueblo de Italia a mantenerse leal a su príncipe. Cuando estallaron las
rebeliones en Sicilia, Ravena y Venecia, se opuso eficazmente a ellas;
simultáneamente alentaba con sus cartas a los pastores de la Iglesia para que
resistieran la herejía que el emperador trataba de establecer por la violencia.
San Gregorio II fue papa por quince años; murió en el año 731.
Fuentes abundantes sobre la vida del papa Gregorio II,
se encuentran en Lives of the Popes, de H. K. Mann, vol. I, pt. 2, pp. 141-142.
El Líber Pontificalis, Pablo el Diácono, Beda, Teófanes y Andrea Dándolo, junto
con Juan el Diácono (Sagorninus) y las cartas de san Bonifacio, que son las más
importantes.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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2012
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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