viernes, 12 de febrero de 2016

Santa Eulalia de Barcelona, virgen y mártir - San Benito de Aniano, abad (!2 de febrero)

Santa Eulalia de Barcelona, virgen y mártir

fecha: 12 de febrero
país: España
hagiografía: Abel Della Costa

En la ciudad de Barcelona, en la Hispania Tarraconense, memoria de santa Eulalia, virgen y mártir (in. s. IV).
patronazgo: patrona de España, y en especial de Barcelona, de los navegantes y de la Armada, para pedir por un transporte marítimo seguro, para pedir contra la sequía.
tradiciones, refranes, devociones: «Por Santa Eulalia, siempre el tiempo cambia.»
Antes que nada hay que aclarar que esta santa mártir ya no está inscripta en el Martirologio Romano en su última edición, ha sido retirada en el 2004... esto significa que el estado actual del conocimiento histórico arroja muy serias dudas sobre la existencia histórica de la santa, y más aun, la certeza está casi totalmente del lado de que esta persona no existió. Desde que se comenzó la elaboración del Martirologio Romano, la Iglesia ha hecho un denodado esfuerzo por inscribir todo aquello que reflejara la realidad del culto, pero evitando la fantasía, la leyenda y el craso error de datos; sin embargo eso no siempre es posible: ocurren muchísimas equivocaciones que provienen de la escasa fiabilidad de algunas fuentes, sobre todo antiguas, de la mera duplicación de datos entre personas de nombre parecido, etc. Los datos históricos no son nunca objeto de definición infalible sino de examen histórico, con sus propias herramientas, así que no debería extrañar estas variaciones permanentes en el Calendario. Sin embargo, la fantasía de algunos creyentes y la escasa formación que se le imparte al gran público dejan creer muchas veces que la Iglesia es igual de infalible cuando declara un dogma que cuando inscribe a un personaje histórico en su catálogo de santos. Casos como éste, de una santa que tiene una gran influencia en la piedad popular pero que no puede ser avalada por la investigación histórica son, en el fondo, muy estimulantes para aprender, por ejemplo para aprender historia de la piedad cristiana, o para aprender los mecanismos de la fantasía humana, pero sobre todo para aprender a diferenciar entre el grado absoluto de verdad de un dogma, y el grado siempre relativo de un conocimiento histórico.
Pero si la cosa es así, ¿por qué la Iglesia la quita de su Calendario oficial, pero autoriza el culto local, lo que se llama "el calendario particular" (de una región, de un país, de una orden), etc? Pues precisamente porque del conocimiento histórico nunca existe el 100% que sí, pero tampoco el 100% que no, parece poco prudente, aunque se tenga la casi total certeza de que un personaje no ha existido, borrar todo aquello que ha dejado trazos en la historia, sobre todo en la historia de la piedad, en la "lex orandi". Hay algunos casos (recuerdo ahora el de los «Santos Cuatro Coronados», pero hay otros), que han sido retirados del Martirologio, pero luego ulteriores estudios permitieron que fueran vueltos a inscribir. Está claro que el talante de la Iglesia es siempre conservativo, tenderá a mantener las afirmaciones históricas tal como se las ha mantenido el mayor tiempo, y sólo retira santos del Martirologio llevada por la mayor certeza posible. Con el mismo criterio, no teme recuperar el culto de aquellos santos que nuevos estudios permiten validar. Mientras tanto el culto local mantiene en vigencia la piedad. Lo que nos debe quedar claro de todo esto es que cuando rezamos a los santos no "rezamos al aire", ni la Iglesia pretende que da lo mismo una historia que una leyenda; con prudencia, espiritu de conservación, deseo de afirmación, pero debemos alegrarnos -más que consternarnos- de que nadie pretenda "vendernos gato por liebre". Según parece, la aparición en la piedad de santa Eulalia de Barcelona no fue sino repetición en el ámbito local del culto más general de santa Eulalia de Mérida.
Ahora sí, algunos trazos de la leyenda de santa Eulalia -que será leyenda mientras no se pueda validar por el estudio histórico y documental- que copio tomándola de laWikipedia en español, que resume a su vez los datos tradicionales:
Eulalia de Barcelona vivió cerca de Barcino, Hispania (actual Barcelona, España) en los tiempos del emperador Diocleciano (284-305) durante el siglo III o IV, siendo papa Marcelino. Durante la persecución de los cristianos en la región, Eulalia, una muchacha de entre 13 y 15 años escapó de una casa de campo donde sus padres la habían encerrado para que no se entregase a las autoridades, abiertamente confesó su fe y fue entregada al martirio. Fue víctima de diferentes tormentos y murió en la cruz. De acuerdo con la tradición, uno de estos tormentos consistió en lanzarla rodando dentro de un tonel lleno de vidrios rotos por la calle (actualmente llamada Baixada de Santa Eulàlia -Bajada de Santa Eulalia-), donde hay una imagen de la santa en una pequeña capilla. Dice la leyenda que fue clavada desnuda en una cruz de forma de 'X' (forma conocida como cruz de Santa Eulalia). En aquel momento para preservar su intimidad le crecieron los cabellos y comenzó a nevar. Al final de su oración de que el Señor la tomara a Su Reino, la gente vio volar hacia el cielo de su boca una paloma blanca.
Imagen: Breviario de Martín I de Aragón, siglo XV, Bibliotheque Nationale de France, París.
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=556







San Benito de Aniano, abad

fecha: 12 de febrero
n.: c. 750 - †: 821 - país: Alemania
otras formas del nombre: Benito de Aniane
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En el monasterio de San Cornelio de Indam, en Germania, tránsito de san Benito, abad de Aniano, que propagó la Regla benedictina, confeccionó un Consuetudinario para uso de monjes y trabajó con empeño en la instauración de la liturgia romana.
Benito fue hijo de Aigulfo de Maguelone; servía de escanciador al rey Pipino y a su hijo Carlomagno. A la edad de veinte años resolvió buscar el Reino de Dios con todo su corazón. Tomó parte en la campaña de Lombardía, pero, después de haberse casi ahogado en Tesino, cerca de Pavía, tratando de salvar a su hermano, hizo voto de abandonar el mundo por completo. A su vuelta a Languedoc, confirmó su determinación por consejo de un ermitaño llamado Widmar, y fue a la abadía de Saint-Seine, a veinticuatro kilómetros de Dijon, donde lo admitieron como monje. Pasó allí dos años y medio aprendiendo la vida monástica y llegó al dominio de sí mismo por medio de severas austeridades. No satisfecho con guardar la regla de san Benito, practicaba otros puntos de perfección que encontró prescritos en las reglas de san Pacomio y san Basilio. Cuando el abad murió, los hermanos estaban dispuestos a elegirlo para que lo substituyera, pero no quiso aceptar el cargo, porque sabía que había monjes que se oponían a todo lo que fuera reforma sistemática.
Con este motivo, Benito abandonó Saint-Seine y, al regresar a Languedoc, construyó una pequeña ermita junto al arroyo Aniane, en sus propias tierras. Aquí vivió algunos años en privación voluntaria, orando continuamente a Dios para que le enseñara a hacer su voluntad. Algunos ermitaños, de los cuales uno era el santo Widmar, se pusieron bajo su dirección. Ganaban su sustento con el trabajo manual, vivían a pan y agua, excepto los domingos y grandes fiestas, cuando añadían un poco de vino o leche, si se los daban de limosna. El superior trabajaba con ellos en los campos y algunas veces se dedicaba a copiar libros. Cuando el número de sus discípulos aumentó, Benito dejó el valle y construyó un monasterio en un sitio más espacioso. Amaba tanto la pobreza, que por mucho tiempo utilizó cálices de madera o vidrio o peltre para celebrar la misa, y si le daban ornamentos valiosos de seda, los obsequiaba a otras iglesias. Sin embargo, posteriormente, cambió su modo de pensar sobre este punto, y construyó un claustro y una majestuosa iglesia adornada con pilares de mármol, y la dotó de cálices de plata, ricos ornamentos; además compró libros para la biblioteca. En breve tuvo muchos religiosos bajo su dirección. Al mismo tiempo, llevaba al cabo la inspección general de todos los monasterios de Provenza, Languedoc y Gascuña, y llegó a ser, con el tiempo, el director y supervisor de todos los monasterios del imperio; reformó a muchos con tan buen tino, que no encontró gran oposición. El que principalmente recibió su influencia fue el monasterio de Gellone, fundado por san Guillermo de Aquitania en 804.
Para tenerlo a la mano, el emperador Luis el Piadoso obligó a Benito primero a habitar en la abadía de Maurmünster, en Alsacia, y después, como todavía quería tenerlo más cerca, construyó un monasterio en el Inde, conocido más tarde como Cornelimünster, a unos 11 kilómetros de Aquisgrán, residencia del emperador y su corte. Benito vivió en el monasterio, pero continuó ayudando a la restauración de la observancia monástica por toda Francia y Alemania. A él se debe principalmente, la redacción de los cánones para la reforma de los monjes del concilio de Aquisgrán en 817. En ese mismo año presidió la asamblea de abades para poner en vigor el restablecimiento de la disciplina. Su estatutos, los Capitula de Aquisgrán, fueron añadidos a la regla de san Benito e impuestos a todos los monjes del imperio. Benito también escribió el «Codex Regularum» (Códice de Reglas), una colección de todas las reglas monásticas existentes en su tiempo; compiló asimismo un libro de homilías para uso de los monjes, sacado de las obras de los Padres de la Iglesia; pero su obra más importante fue la «Concordia Regularum» (Concordancia de Reglas), en la cual compara las reglas de san Benito de Nursia con las de otros patriarcas de la observancia monástica para mostrar su semejanza. Este gran restaurador del monasticismo en el occidente, agotado por las mortificaciones y fatigas, sufrió mucho de continuas enfermedades en sus últimos días. En 821 murió tranquilamente, en Inde, a la edad de setenta y un años. Grande como era la energía e influencia de san Benito de Aniano, hay que admitir que su plan para una revolución pacífica de la vida monástica no pudo ser llevado al cabo como él había proyectado. De acuerdo con Edmund Bishop, la idea que tenía Benito y su patrono, el emperador Luis, era ésta: Todas las casas habían de reducirse a una uniformidad absoluta de disciplinas, observancia, y aun hábito, de acuerdo con el modelo de Inde; se nombrarían visitadores para que vigilaran la observancia de la regla según las constituciones. El nuevo plan sería lanzado en la asamblea de abades en Aquisgrán en 817. «Pero planear es una cosa» -agrega Bishop- «y llevar al cabo es otra. Es claro que en la asamblea general de abades, Benito, respaldado como estaba por el emperador para conservar la paz y poder llevar a cabo reformas substanciales, tuvo que renunciar a muchos detalles de observancia que él estimaba mucho. Parece que esto mismo afirma su biógrafo y amigo Ardo, quien había observado todo personalmente. Sin embargo, los decretos de esta asamblea, de la cual era Benito al mismo tiempo autor, alma y vida fueron un punto decisivo en la historia de los benedictinos, porque éstos formaron la base de la legislación y práctica posterior. Después del gran fundador, Benito de Nursia, ningún otro hombre ha influido tanto en el monasticismo occidental como lo hizo el segundo Benito, el de Aniano» («Liturgia Histórica», 1918, pp. 212-213).
Pocos de los entendidos en esta materia tienen tanto derecho para opinar sobre la historia monástica del siglo nueve, como Edmud Bishop. Estas palabras suyas forman un tributo notable a la obra que el gran reformador monástico llevó al cabo; pero, como ha señalado Dom David Knowles, su influencia fue bastante diferente de la de Benito de Nursia: «Benito de Aniano nunca fue un guía espiritual para monjes».
La primera autoridad para la vida de san Benito es la biografía en latín escrita por un discípulo y amigo san Ardón Esmaragdo. El mejor texto es el que está en el Monumenta Germaniae Historica, Scriptores vol. XV. Véase también el Acta Sanctorum, febrero, vol. II; de Hauck, Kirchengeschichte Deutschlands, vol. II, pp. 528 ss.; de P. J. Nicolai, Der Hl. Benedikt Gründer von Aniane; de J. Narberhaus, Benedikt von Aniane (1930); de W. Williams en la Downside Review, vol. LIV (1936), pp. 357-374, de J. Winandy en Mélanges bénédictines (1947), pp. 235-258; y de D. Knowles, The Monastic Order in England, (1949), pp. 25-30.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=551

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