La nueva normalidad del
tiempo ordinario
El próximo domingo estaremos
por estas tierras fuera del estado de alarma. Es decir, des-alarmados.
Desescalados. Casi. Todavía habrá fases. Sí, pero todavía no, que se decía en
ciertos estudios de grado y máster. Falta poquito para llegar. Tocamos ya la normalidad
con la punta de los dedos. Con esa punta con la que pasamos las páginas en
los libros, estén o no leídas. Una cosa es leer, otra pasar páginas y otra
pararse a comprender. Lo bueno de leer es que no tienes detrás o de frente o
siempre, al 'organismo especializado del seguimiento'. Sea como sea vamos a
tener acceso a una nueva normalidad (NN, naná).
Creo que en los asuntos de la
liturgia de esta nuestra religión de siempre es lo que se llama 'el tiempo
ordinario', el TO. Acabamos de celebrar las fiestas de los dogmas universales y
nos toca celebrar ahora en el buen tiempo del verano occidental las fiestas de
los terruños patronales: san Juan y las hogueras, san Pedro, la Virgen del mar,
la Virgen del Río, la Virgen de la cima, de la peña, del pico, la de julio y la
de agosto. Todas las vírgenes y los patronos. El tiempo ordinario del
veraneo y la nueva normalidad. Retomamos la cultura de la danza para
recuperarnos de todo cuanto nos han robado a golpe de martillo: desde la
primavera completa hasta las reuniones celebrativas.
Llegamos al tiempo ordinario
y tengo que decir que me gusta. Tengo la oportunidad de leer al evangelista de
este curso, el nuevo Moisés sinaítico llamado Jesús, aquel laico de las tierras
del norte. A ver si por una primera vez me lo permiten leer completo sin
amputaciones deliberadas. Creo que va a ser que no. Pero en la nueva normalidad
(NN, naná) se podrá ser y actuar como persona libre de virus y liberadora de
mascarillas. Y para esta nueva etapa sanitaria, eclesiástica, sociodeportiva y
económicamalparada vienen como anillo al dedo las primeras palabras que
nos dejará escuchar la Palabra: ¡No tengáis miedo!
No tengáis miedo, pero espero
que llegue pronto una vacuna segura. Todo lo demás no pasa de ser una
cataplasma edulcorante edulcorada.
Domingo 12º del TO. Ciclo
A (21.06.2020): Mateo 10,26-33
Ahora es hora de hablar abiertamente. Lo medito y escribo CONTIGO,
Retomamos el Tiempo Ordinario y con él la lectura
contemplativa del Evangelio de Mateo por encontrarnos en el Ciclo A de la
liturgia eclesiástica. El pasado domingo 23 de febrero se nos leyó, y así lo
meditamos, el final del capítulo quinto de este Evangelio. En el primer paso de
esta reanudación de ‘la normalidad’ lectora se nos propone el acercamiento al
texto de Mateo 10,26-33. Y, ¿qué hacemos con los relatos de Mt 6,1
hasta Mt 10,25? ¿Por qué no se leerán?
El relato de Mateo 10,26-33 que
se nos leerá en la asamblea del domingo comienza así: “En aquel tiempo,
dijo Jesús a sus apóstoles: No tengáis miedo”. Si alguien se acerca a su
Biblia y lee en Mateo 10,26 constatará que sólo leerá la expresión ‘no tengáis
miedo’. ¿A quién o a quiénes y por qué? En algunas ediciones de la Biblia el
lector encontrará un título en negrita entre los versículos 25 y 26 de este
capítulo décimo. En una de las mías leo: ‘Hablar abiertamente’. Hablar sin
miedo. Hablar claro. Hablar como se piensa. Hablar como se vive...
Este mensaje sobre ‘la libertad de expresión’
forma parte del segundo discurso que este Evangelista Mateo pone en boca
de su Jesús de Nazaret. El primer discurso puede leerse en los capítulos
quinto, sexto y séptimo. Y el segundo discurso se debe leer completo en el
capítulo décimo en el que nos encontramos: “Cuando acabó Jesús su
discurso sobre la evangelización, abandonó aquel lugar...” (Mateo
11,1). Junto a estos dos discursos, Mateo pondrá en labios de su Jesús tres
más. ¿No eran cinco los libros de la Ley de Moisés? Este Jesús es el nuevo
Moisés.
Conviene constatar el contexto narrativo en el
que Mateo sitúa el segundo discurso de su galileo y laico Jesús: “Jesús
recorría todas las ciudades, enseñaba en sus sinagogas... Y al ver a la
muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos, como
ovejas que no tienen pastor... La mies es mucha y los obreros pocos...Y envió
Jesús a estos doce después de darles estas instrucciones...” (Mateo
9,35 a 10,5).
Según este Evangelista que escribe hacia el año
80 del siglo primero, unos 50 años después de la muerte y sepultura de Jesús,
una inmensa mayoría de las gentes del pueblo y de la religión judías vivían,
mejor malvivían, esclavizadas por aquellos (varones y adultos) que tenían en
sus manos el poder de la autoridad, incluso en nombre de su Yavé-Dios. De
sinagoga en sinagoga y de sábado en sábado tanto Jesús de Nazaret como sus
seguidores después de él eligieron ponerse al lado de los esclavizados y
enfrente de quienes se creían presencia viva de Dios.
En este contexto se entiende bien el riesgo que
corre todo evangelizador que comparte una buena noticia con quien sólo
experimenta la deshumanización de quien se siente y cree enviado por Dios. La
Ley que se anuncia cada sábado y en cada sinagoga no es una luz que calienta e
ilumina, sino una mentira interesada que hiela y mata.
No tengáis miedo, decía aquel Jesús y seguimos
escuchándolo hoy. Hablad alto y claro, sin miedo y abiertamente. Nada es más
importante que cada persona. Nadie está por encima de cada persona.
Anunciar esta noticia fue la obra evangelizadora de Jesús. ¡Cómo resuena por
mis adentros aquel ‘habéis oído... Yo os digo... Haz lo que deseas que
te hagan’ (Mt 7,12).
Carmelo Bueno Heras
Domingo 30º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’
(21.06.2020): Hch 17,1-15
“Ellos sí escucharán” (Hechos
28,28-29)
El narrador Lucas se siente a gusto con la
aventura de la tarea de su Pablo de Tarso por tierras de la Macedonia de
Grecia. Después de Filipos, y siguiendo la vía Egnatia, los itinerantes
evangelizadores se detienen en la populosa ciudad de Tesalónica: “Atravesando
Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga judía.
Pablo, según su costumbre...” (Hch 17,1-2). Comienza así la vida de
una nueva iglesia que podríamos llamarla ‘La casa de Jasón’ en Tesalónica, la
capital de la Macedonia. Populosa ciudad del imperio de Roma.
En Hch 17,1-9 podemos leer la
síntesis de todo cuanto supuso la fundación y arraigo de la iglesia de
Tesalónica. Vuelvo a sugerir el ejercicio de la lectura en paralelo de dos
relatos nacidos de la mente del Evangelista Lucas. Por un lado, éste que acabo
de precisar en Hechos 17,1-9 y el otro, a su lado, para una lectora conjunta o
sinóptica, el de Lucas 4,16-30. Sólo esta lectura
contemplativamente crítica nos permite captar las diferencias significativas
del mensaje de Jesús en su sinagoga de Nazaret sobre la Buena Noticia de
su Evangelio frente al mensaje de Pablo en la sinagoga de Tesalónica sobre el
mesianismo de Jesús.
En el relato de Hechos se dice explícitamente que
Pablo anuncia su mensaje durante tres sábados, pero es casi impensable que en
tan solo este tiempo se llegue a constituir un grupo de personas con la
capacidad suficiente para constituir un grupo asentado y con un proyecto
duradero. Si ahí arraigó una iglesia, como se puede suponer por la lectura de
los dos escritos llamados ‘Cartas de Pablo a los Tesalonicenses’, la presencia
de Pablo, y de sus acompañantes casi silenciosos e inactivos, Silas y
Timoteo, tuvo que ser bastante más alargada que tres semanas con sus tres
sábados. ¿Por qué se ha conservado tan poca información de tanta obra?
En Hch 17,10-15 podemos leer la
síntesis de todo cuanto supuso la fundación y el arraigo de una nueva iglesia
en la ciudad de Berea. Esta ciudad, como bien se indica en este relato, es paso
adecuado para llegar desde Tesalónica hasta Atenas.
“Llegados [Pablo, Silas y
Timoteo] a Berea se dirigieron a la sinagoga...” (Hch 17,10).
Volvemos a constatar que el plan evangelizador de Pablo, según su cronista
Lucas, se mantiene inalterado. Comienza siempre por participar en la sinagoga.
Será en sábado y será para leer y comentar en este tiempo y lugar los relatos
de la Ley de Israel y de sus Profetas para acabar por asegurar que todo ello no
era otra cosa que el prólogo hasta llegar a la historia, persona, vida y mensaje
de Jesús de Nazaret, Mesías prometido y esperado, rechazado y ejecutado.
Desde aquella primera evangelización en Chipre
(de Pablo, Bernabé y Juan Marcos) la estrategia misionera, o como se desee
calificar a esta tarea, se ha mantenido constantemente igual. Y parece ser que
las respuestas y las consecuencias también fueron semejantes.
Conviene retener estos datos
que su autor y cronista Lucas nos escribe para nuestra lectura crítica. Y
conviene recordar en esta tarea de ahora aquello sobre lo que se habló y
decidió en la Asamblea de Jerusalén. La nitidez de la propuesta de Pedro y las
concesiones que podrían aceptarse. ¿Podrá aceptarse que
evangelizar-sacramentalizar fueran la misma misión eclesial?
Carmelo Bueno Heras
No hay comentarios:
Publicar un comentario