sábado, 30 de mayo de 2026

Tres de Cuatro - Domingo de la Santísima Trinidad. Ciclo A (31.05.2026): Juan 3,16-18. Nicodemo comprendió a Jesús, ¿cuándo? y “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12) CINCO MINUTOS

 Tres de Cuatro

Dos han sido los domingos que hemos dedicado a celebrar el recuerdo y presencia de la fiesta de la Ascensión y de la Venida del Espíritu Santo o Pentecostés. La tercera celebración de esta serie es la dedicada a la Santísima Trinidad. Dogma central de la Religión Católica y Vaticana denominada Cristianismo.
Para las celebraciones de esta tercera fiesta se nos propone la proclamación del texto evangélico de Juan 3,16-18. Tres versículos y, curiosamente, no aparece alusión explícita a la Trinidad en este trocito seleccionado del relato único y completo de un encuentro de Jesús de Nazaret y de un importante judío de nombre Nicodemo que ninguno de los Evangelios sinópticos debió de conocer. Sólo este cuarto Evangelio, escrito en la última década de nuestra historia, se atrevió a legarnos un relato redactado en modo de ese género narrativo llamado 'realismo mágico'. No importa si tal encuentro y, aquello que en tiempo y lugar sucedió, fue real o imaginado, pero que contiene la realidad de aquello que el narrador y sus destinatarios creían y comprendían. 
Me gustaría que las posteriores opciones y decisiones de la autoridad litúrgica nos propusiera la proclamación y meditación del relato del encuentro completo del magistrado Nicodemo y el judío galileo Jesús de Nazaret en Jerusalén. Creo que sólo así se comprenderá la teología y mensaje de esta buena noticia a propósito de la fe-espiritualidad judía en relación con la fe-espiritualidad del judío de Nazaret.
Por esta razón transcribo este tal acontecimiento como lo he encontrado en la traducción apócrifa que comparto en su integridad para que cada lector de esta presentación lea, comprenda y valore el mensaje que nos atreveremos a confesar como palabra de Dios en palabra humana. Me pareció oportuno realzar en letra negrita las tres preguntas del sabio judío Nicodemo y que el propio, sabio judío también, Jesús de Nazaret responde con transparente y definitiva claridad. Y ahora, que cada oyente o lector tome nota, investigue y decida asumir o marginar esta buena noticia. Así, pues, leemos esta versión apócrifa:

Juan 3,1-21

1Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. 2Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».

 

3Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».

 

4Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». 5Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. 6Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. 7No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; 8el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

 

9Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?».

 

10Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? 11En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. La única manera de poder florecer es saber dónde echar raíces. 12Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? 13Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 

 

14Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15para que todo el que cree en él tenga vida, porque resucitar es vivir. 

 

16Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida. 17Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no será juzgado. 

 

21El que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios». 

 

Edición de Carlos Buendía Hervás con presencia de Sara González Manso.

Versión apócrifa del texto de la Biblia de la Conferencia Episcopal Española.


A continuación se encuentran los dos comentarios del domingo 31 de mayo.


Carmelo Bueno Heras


Comentario primero:

Domingo de la Santísima Trinidad. Ciclo A (31.05.2026): Juan 3,16-18. Nicodemo comprendió a Jesús, ¿cuándo? Medito y lo escribo CONTIGO,

En este domingo de mayo llegamos a la penúltima semana antes de comenzar el Tiempo Ordinario en las liturgias dominicales de la Iglesia católica. Y en este día volvemos a constatar las afirmaciones del dogma católico en torno a la santa, Santísima Trinidad. Dios único en tres personas: padre, madre, hijo. Ahora que escribo esto recuerdo a la persona de Patricio y su evangelización que le aupó hasta llegar a ser santo de peana en la historia de la verde Irlanda.

 

¿Quién no recuerda las hojas del trébol? Tres en uno. Uno y Trino. Persona. Naturaleza. Voluntad.  Procesión... Y todo ello tanto en singular, como en plural. Sucede, a veces, que uno se encuentra en donde menos se piensa un trébol de cuatro hojas y es posible que el andamiaje teológico, pastoral o sacramentalizador comience a hacer aguas en la barca eclesiástica. A menudo pienso que este trébol ‘rara avis’ no es otro que el Evangelio de Jesús.

 

Como digo, este trébol de cuatro hojas es en este domingo de la Trinidad el relato del cuarto Evangelio que se nos propone leer, escuchar, meditar y asumir. En el texto de Juan 3,16-18 no aparece citada explícitamente la Trinidad. Por ser tan breve, copio aquí la lectura completa: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.

 

Este es el mensaje completo. ¿Dónde y cómo se habla aquí de la s. Trinidad? Estoy convencido de mi equivocación si afirmo que ocho de cada diez participantes en la liturgia de este domingo saben perfectamente el contexto literario y teológico en el que se inserta este mensaje del cuarto Evangelio. Sea cierta o errónea esta estadística diré que el Evangelista pone estas palabras en boca de su Jesús de Nazaret que está en rigurosa y secreta entrevista, no contigo ni conmigo, sino con alguien de la alta magistratura religiosa y política de Israel.

 

Me suelo preguntar por qué sólo este cuarto Evangelio nos ha transmitido este encuentro de Jesús con Nicodemo, autoridad que deseó pasar desaperciba en todo tiempo y lugar. Nada ni nadie advirtió a los tres Evangelistas anteriores, Marcos, Mateo y Lucas, sobre la importantísima conversación de su Jesús con el representante del Sanedrín judío a propósito de Dios. Sí, a propósito de Dios, del Dios judío Yavé-YOSOY y que el Jesús de Juan dice que no es uno y único, sino familia, amor, tres, padre-madre-hijo.

 

Creo que Nicodemo quedó ‘seriamente’ tocado o alterado en sus dogmas de la Ley de Moisés. ¿Cómo un judío laico y de Galilea hablaba tan abiertamente de un Dios que es familia? Este Jesús de Juan no habla de Trinidad, al menos de la Trinidad de la Tradición Católica. Este diosfamiliaydelamor del que se nos habla en este capítulo tercero del cuarto Evangelio es bastante más humano, cercano y natural que, con perdón, elgalimatíastrinitario que desencadenó, en la iglesia de Jesús en los primeros siglos, enfrentamientos irreconciliables que aún duran. Este Nicodemo de Jn 3 estuvo también en la cena de Jn 13. Ahí comprendió a Jesús.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid 07.06.2020. Y también en Madrid 31.05.2026. 


Comentario segundo:

“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)

CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 27ª página del Evangelio de Mateo 15,1-20.

El narrador Mateo está contando a sus lectores las últimas tareas de su evangelizador Jesús de Nazaret por las tierras de la región de Galilea, la región del gran Lago de Genesaret. Una de estas últimas tareas es un encuentro de este Jesús con fariseos y letrados llegados explícitamente desde Jerusalén, por un lado (Mt 15,1-9); con la gente que le acompaña, por otro (Mt 15,10-11) y con sus propios seguidores, en tercer lugar (Mt 15,12-20). El relato está tan clarito que no sería necesario ningún comentario. Cuantas más veces se lea el texto del Evangelista mejor se caerá en la cuenta de la fuerza revolucionadora que le ha imprimido el autor a su Jesús de Nazaret. Una vez más, en este encuentro se denuncia el vacío de la Religión de Israel. Una Religión que se ha quedado en el rito de prácticas sin sentido.

 

El asunto, pues, que nos propone el Evangelista es contemplar a su Jesús de Nazaret, el judío galileo y laico, comprometido con la tarea de quitar las máscaras y engaños con las que la autoridad de una Religión pretende servirse interesadamente de los practicantes de la misma. Esta realidad de una Religión de ‘postureo’, diríamos hoy, siempre estuvo y estará presente en las pretensiones y proyectos de todo movimiento religioso. Nuestro narrador Mateo reconoce, por boca de su Jesús, que las denuncias del vacío y sin sentido de toda práctica externa de una Religión, en este caso la Religión judía de Moisés y del Templo, vienen de muy lejos. Vienen desde el tiempo de las personas con el sentido común despierto que fueron los profetas. Estos profetas siguen escandalizando a los fariseos (15,12).

 

La cita de la denuncia que Mateo nos selecciona pertenece al gran Isaías, el primero, el del siglo octavo antes de aquel tiempo del siglo primero (Is 29,13 que se lee en Mt 15,8-9). Y al releerlo ahora y constatar la vigencia de su mensaje, uno se pregunta ¿por qué nos falta a los seres humanos tanta sensibilidad, ternura, acogida, humanización y libertad?

 

Creo no estar demasiado despistado si afirmo que las palabras que este Jesús de Nazaret le dice a la gente son el centro de su mensaje evangelizador. Estas palabras son, en síntesis, la semilla de su buena noticia: Escuchad y entended: No mancha a la persona lo que entra por su boca. Lo que sale de su boca es lo puede manchar a la persona” (Mt 15,11). En imperativo.

 

Y cómo no me voy a recordar ahora, lector despierto, de aquella otra semilla sembrada por el Evangelista en el corazón del primer discurso de su Evangelizador Jesús: “Cuanto deseas que te hagan los demás, házselo a ellos. Esta es toda la Ley y todos los Profetas” (Mt 7,12). Estos deseos nacen desde dentro, nadie los impone desde fuera a no ser que sea una falsa Religión.

        

Reconozco sentir un cierto alivio consolador al constatar cuánta ignorancia o incapacidad habita en Pedro, y en los demás, para comprender esta buena noticia de la evangelización de Jesús. “Explícanos la parábola”, pide Pedro, en plural, a Jesús (Mt 15,15). Obedecer normas externas es la fuerza esclavizadora de toda Religión. En cambio, decidir desde dentro de uno mismo libera, compromete y humaniza. La Religión es cumplimiento. Sólo quien decide cree.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 02.06.2019. Y también en Madrid, 31.05.2026.


 

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