can.: B: Francisco 27 sep 2015
país: Polonia - n.: 1863 - †: 1916
país: Polonia - n.: 1863 - †: 1916
En Cracovia, Polonia, beata Ludwika Szczesna, en religión Klara, virgen, cofundadora de la congregación de Siervas del Sagrado Corazón de Jesús.
Beatos Anselmo Polanco y Felipe Ripoll, mártires
fecha: 7 de febrero
†: 1939 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 1 oct 1995
hagiografía: Pbro. Jesús Martí Ballester
†: 1939 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 1 oct 1995
hagiografía: Pbro. Jesús Martí Ballester
En
Pont de Molins, pueblo de la provincia de Girona, en España, beatos mártires
Anselmo Polanco, obispo de Teruel, y Felipe Ripoll, presbítero, que, desdeñando
amenazas y promesas, mantuvieron firmemente su fidelidad a la Iglesia.
El
Padre Anselmo Polanco nació en Buenavista de Valdavia, pueblo de Palencia, en
una humilde familia de labradores, el año 1881. Cuando cumplió los once años
entró en Barriosuso donde estudió Humanidades durante tres años y en 1896,
ingresó en el colegio de Agustinos de Valladolid, del que un tío suyo era
rector y vistió el hábito de San Agustín. Allí enfermó y tuvo que regresar al
pueblo, donde viéndole tan ejemplar, sus paisanos llegaron a creer que «ser
fraile es lo mismo que ser santo». En Navidad de 1904 celebró su primera Misa
en el convento de La Vid. Viajó a Alemania, Filipinas. Hispanoamérica y Estados
Unidos. En 1921 alcanza el grado de Maestro en Sagrada Teología. Su madre, Ángela,
le dirá: «Siempre fuiste buen hijo para tus padres; ahora sé buen padre para
tus hijos.» Cargos, viajes, vivencias de religioso observante, pulieron el
carácter de fray Anselmo y dulcificaron su talante.
Don
Felipe Ripoll nació en Teruel el 14 de septiembre de 1878. De niño tenía que
recorrer diez kilómetros para ir al colegio. Estudió en el Seminario Conciliar
y fue ordenado sacerdote el 29 de Marzo de 1901. Su nombramiento de profesor de
los seminaristas, le hace continuar sus estudios. Diez años más tarde fue
nombrado Canónigo y Rector del Seminario. Le atraía la Compañía de Jesús y
durante dos años vivió con los Jesuitas, pero al resentirse su salud, regresó a
la diócesis. Siguió unos años entregado al apostolado seglar, promovió las
vocaciones sacerdotales y religiosas y dedicó mucho tiempo a la dirección
espiritual. En el 1935, el Obispo Polanco, recién llegado a la diócesis, lo
nombró Vicario General. Su fidelidad al obispo fue extraordinaria hasta permanecer
con él como un hermano hasta la muerte. El 8 de Enero de 1938 fue hecho
prisionero y conducido con el obispo Polanco a las cárceles de Valencia,
Barcelona, Figueras y Pont de Molins. El 7 de febrero de 1939 fue martirizado
en el Desfiladero de Can Tretze, a la edad de 61 años.
El
día 21 de junio de 1935 el Padre Polanco fue preconizado obispo de Teruel. Se
preparó con unos Ejercicios Espirituales en la Cartuja de Zaragoza y recibió la
consagración en la iglesia de los Filipinos de Valladolid. Como su padre estaba
enfermo, sólo pudo asistir a la consagración su madre, que cuando la
felicitaban respondía: «No son éstos los mejores tiempos para ser obispo: mas,
en fin, si le matan... ¡qué le vamos a hacer! También los mártires dieron su
sangre por Jesucristo.» «Mucho tendrá que sufrir, pero más sufrió el Hijo de la
Virgen.» En octubre de 1935 hizo su entrada en la diócesis de Teruel. Al tomar
posesión dijo: «He venido a dar la vida por mis ovejas». En el gobierno de la
Diócesis brilló por su celo pastoral, por la pureza y santidad de costumbres,
su amor a los pobres, su intensa vida de oración y austeridad, privándose de lo
necesario para dárselo a los más necesitados.
En
plena guerra civil, al caer la ciudad de Teruel, en enero de 1938, fue evacuado
de la ciudad, hecho prisionero y conducido a Valencia. Allí lo tuvieron ocho
días en el penal de San Miguel de los Reyes. La prensa le denostaba. El 17 de
enero lo llevaron a Barcelona, al «cuartel Pi y Margall», situado en el
monasterio de las Dominicas de Monte Sión, en la Rambla de Cataluña-Rosellón.
Continuaban las campañas difamatorias. En mayo de 1938 se le enjuició por haber
firmado la carta colectiva del Episcopado Español. Sobre ella, manifestó al
oratoniano padre Torrent, que ejerciendo en Barcelona las veces de Ordinario
por haber sido martirizado el Dr. Irurita, le visitaba en su prisión, que en su
juicio su defensa sería: «En punto a doctrina, nada puedo rectificar, es la
doctrina de la Iglesia. En cuanto a hechos, si hay algún error, lo rectificaré
con gusto, mas en el hueco del dato erróneo, eliminado y rectificado, yo puedo
colocar otros de los que fui testigo, como los crímenes de los rojos de
Albarracín, que no puedo ni debo silenciar.» Estuvo en prisión hasta finales de
1938, cuando, terminada la batalla del Ebro, comenzó la «ofensiva de Cataluña»
y los pueblos eran liberados por las fuerzas nacionales. El 25 de enero de
1939, víspera de la entrada de los nacionales en Barcelona, salieron con
dirección a Puigcerdá. El obispo Polanco fue alojado en un cine, otros en la
iglesia. La noche del 26 la pasaron en el tren, el día 27 fueron a Ripoll y
desde allí a pie a San Juan de las Abadesas bajo un aguacero torrencial. El día
31 de enero los prisioneros mayores fueron conducidos a Figueras hasta Pont de
Molins.
El
día 7 de febrero, a las 10 de la mañana, llegó a Molíns un camión con treinta
hombres armados con fusiles-ametralladores, un teniente y varios suboficiales
que se hicieron cargo de los presos y, después de robarles lo que llevaban, los
ataron de dos en dos por las muñecas con muy malos tratos. El camión tomó la
carretera de Les Escaules. A unos 1200 metros se detuvo y los presos fueron
obligados a subir monte arriba por el cauce seco del barranco. Allí fueron
acribillados. El cadáver del obispo de Teruel tenía la llamada actitud del
gladiador, de los que mueren quemados. Tal vez fue quemado vivo. El espectáculo
macabro que ofrecían los restos destrozados y medio consumidos por el fuego de
42 víctimas, con sus pertenencias esparcidas alrededor, fue presenciado por el
pastor Pere, de Can Salellas. Fue tal la impresión que recibió que cuando llegó
a casa no podía articular palabra, demudado y tembloroso. Sólo pudo decir:
«íCuántos muertos!»... Fueron enterrados en el cementerio de Molíns. El cadáver
del padre Polanco no ofrecía señales de putrefacción y el forense quedó
enormemente sorprendido al ver brotar sangre fresca de las encías cuando las
punzó para reconocer la dentadura. A ruegos de las autoridades de Teruel, los
restos mortales del padre Polanco fueron trasladados a la capital de su
diócesis. Hoy reposan en la cripta de la catedral de Teruel. Fue Beatificado
junto a don Felipe Ripoll por el Papa Juan Pablo II, el 1 de Octubre de 1995.
Sintetizado
del largo escrito que
les dedica el P. Jesús Martí Ballester en su web.
fuente: Pbro.
Jesús Martí Ballester
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ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
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biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
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