Beato Alfonso María Fusco, presbítero
y fundador
fecha: 6 de febrero
n.: 1839 - †: 1910 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 7 oct 2001
hagiografía: Vaticano
n.: 1839 - †: 1910 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 7 oct 2001
hagiografía: Vaticano
En
Angri, cerca de Salerno, también en Campania, beato Alfonso María Fusco,
presbítero, que incansablemente ejerció su ministerio entre los agricultores,
se preocupó sobre todo por la formación de los jóvenes pobres y huérfanos, y
fundó la congregación de Hermanas de San Juan Bautista.
refieren a este santo: Beato Tomás
María Fusco
Alfonso
María Fusco, primogénito de cinco hijos, nació el 23 marzo 1839 en Angri,
provincia de Salerno, diócesis de Nocera-Sarno, del matrimonio Aniello Fusco y
Giuseppina Schiavone, ambos de origen campesino y educados desde el nacimiento
en sanos principios de vida cristiana y el santo temor de Dios. El niño
demostró rápidamente un carácter suave, dulce, amable, amante de la oración y
de los pobres. En la casa paterna tuvo profesores sacerdotes eruditos y santos
que lo instruyeron y lo prepararon para su primer encuentro con Jesús. A los
siete años recibió la Primera Comunión y en seguida la Confirmación. A los once
años manifestó a sus padres el deseo de hacerse sacerdote y el 5 noviembre 1850
«espontáneamente y solamente con el deseo de servir a Dios y a la Iglesia»,
como él mismo declaró mucho tiempo después, entró en el Seminario Episcopal de
Nocera de Pagani. El 29 mayo 1863 fue ordenado sacerdote por el Arzobispo de
Salerno, Mons. Antonio Salomone, entre el regocijo de su familia y el
entusiasmo del pueblo de Angri. Se distinguió bien pronto entre los sacerdotes
de la Colegiata de San Juan Bautista de Angri por su celo, por su dedicación al
servicio litúrgico y por la diligencia en administrar los sacramentos,
especialmente la confesión, donde mostraba toda su paternidad y comprensión por
el penitente. Se dedicaba a la evangelización del pueblo con una predicación
profunda, sencilla e incisiva.
La
vida diaria de don Alfonso era la de un sacerdote diligente que llevaba en su
corazón un viejo sueño. En los últimos días de seminario, una noche había
soñado que Jesús Nazareno le había pedido, apenas fuese ordenado sacerdote,
fundar un Instituto de religiosas y un orfanato para niños y niñas. Fue el
encuentro con Maddalena Caputo en Angri, una joven de carácter fuerte y
decidido, que aspiraba a la vida religiosa, lo que empujó a don Alfonso a
acelerar el tiempo para la fundación del Instituto. El 25 septiembre, la
señorita Caputo y otras tres jóvenes se retiraron al oscurecer, a una casa
destartalada de Scarcella, en el distrito de Ardinghi en Angri. Las jóvenes
querían dedicarse a su propia santificación, a través de una vida de unión con
Dios, de pobreza y de caridad, y a través del cuidado e instrucción de los
huérfanos pobres. Así fue fundada la Congregación de las Hermanas Bautistinas
del Nazareno; la semilla cayó en buena tierra, en aquellos cuatro corazones
ardientes y generosos y a través de privaciones, luchas, oposiciones, y pruebas
el Señor la hizo desarrollar abundantemente. La Casa Scarcella fue conocida
rápidamente como la Pequeña Casa de la Providencia.
Empezaron
a llegar otras postulantes y las primeras huérfanas y, con ellas, las primeras
dificultades. El Señor, que hace sufrir mucho a quien ama mucho, no ahorró
penas ni sufrimientos al Fundador y a sus hijas. Don Alfonso aceptó siempre las
pruebas, a veces muy duras, manifestando una completa conformidad a la voluntad
de Dios, una heroica obediencia a los superiores y una inmensa confianza en la
Providencia. La tentativa injusta del Obispo diocesano, Mons. Saverio
Vitagliano, de remover, por culpa de una serie de acusaciones falsas, a don
Alfonso como director de la obra; la negativa a abrirle la puerta de la casa en
Via Germanico a Roma, de parte de sus mismas hijas, causado por un deseo de
división; las palabras del Cardenal Respighi, Vicario de Roma: «Ha fundado una
comunidad de hermanas competentes que han hecho su deber. ¡Ahora retírese!»;
entre otros, fueron para él momentos de gran sufrimiento. Lo vieron rezar con
un corazón angustiado, como Jesús en el huerto, en la capilla de la Casa Madre
en Angri y en la Iglesia de S. Joaquín en Prati (Roma).
Don
Alfonso no dejó mucho escrito. Preferiría hablar con su testimonio de vida. Las
breves frases, ricas de sabiduría evangélica, que se pueden sacar de sus
escritos y de los testimonios de los que lo conocían, son rayos que iluminan su
vida sencilla, su gran amor por la Eucaristía, por la Pasión de Jesús y su
filial devoción a la Virgen Dolorosa. Repetía frecuentemente a sus Religiosas:
«Hagámonos santos siguiendo a Jesús de cerca... Hijas, si viven en la pobreza,
en la castidad y en la obediencia, resplandecerán como estrellas arriba en el
cielo».
En
el tiempo en que la instrucción era un privilegio de pocos, negada para los
pobres y las mujeres, don Alfonso no ahorraba ningún sacrificio con tal de dar
a los niños una vida tranquila, el estudio y la preparación necesarias para una
ocupación digna, de manera que, una vez adultos, pudieran vivir como ciudadanos
honrados y cristianos comprometidos. Quería también que sus religiosas
empezaran pronto a estudiar, para estar preparadas para enseñar a los pobres y,
a través de la instrucción y evangelización, preparar los caminos de Jesús,
especialmente en los corazones de los niños y jóvenes.
El
5 febrero 1910 se sintió mal durante la noche. Pidió y recibió los Sacramentos,
y la mañana del domingo 6 febrero, después de haber bendecido, con brazo
tembloroso, a sus hijas que lloraban alrededor de su cama, exclamó: «Señor, te
doy gracias, he sido un siervo inútil». Después se volvió hacia las religiosas
y dijo: «Del cielo no os olvidaré, rezaré siempre por vosotras». Y se quedó
dormido tranquilamente en el Señor. Rápidamente se difundió la noticia de su
muerte, durante todo ese día, se formó una fila de personas que lloraban
diciendo: «¡Ha muerto el padre de los pobres, ha muerto el santo!». Su
testimonio ha sido una fuente de vida y de gracia en particular para las
religiosas, hoy difundidas en cuatro continentes. SS Juan Pablo II lo proclamó
beato el 7 octubre de 2001.
fuente: Vaticano
accedida 667 veces
ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=481
Beato Francisco Spinelli, presbítero
y fundador
fecha: 6 de febrero
n.: 1853 - †: 1913 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 21 jun 1992
n.: 1853 - †: 1913 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 21 jun 1992
En
Rivolta d'Adda, en el territorio de Cremona, en Italia, beato Francisco
Spinelli, presbítero, el cual, a pesar de persistentes vejaciones y
dificultades, soportadas siempre con paciencia, fundó y dirigió una
congregación de Hermanas dedicadas a la adoración del Santísimo Sacramento.
refieren a este santo: Santa Gertrudis
Comensoli
Nació en Milán, Italia. Desde pequeño se
interesó por los niños y organizó espectáculos públicos gratuitos de
marionetas. Con el beneplácito de sus padres visitó a pobres y enfermos, a los
cuales brindó apoyo moral y económico; esta generosidad fue una característica
de su vida. Estudió en Pérgamo, y pronto decidió consagrar su vida a Dios, para
lo cual ingresó en el seminario; se ordenó de sacerdote en 1875.
En
su tierra natal se dedicó con celo y amor a la tarea educativa, y para ello se
estableció en un local anexo al oratorio de don Palazzolo, su tío; así inició
un apostolado en favor de los pobres. Simultáneamente, fue profesor del seminario,
guía espiritual y consejero de varias comunidades femeninas de religiosas. En
1882 conoció a Catalina
Comensoli, con quien fundaría la congregación de las Hermanas
Adoratrices del Santísimo Sacramento (Hermanas Sacramentionas de Bérgamo, no
debe confundirse con las Adoratrices de Santa María Micaela, más conocidas en
el mundo hispano), para lo cual fijó este objetivo: alimentar en el Santísimo
Sacramento la llama de la caridad para con el prójimo. Recomendaba a sus hijas
espirituales: «Caminad en la caridad; que se encienda por fin el fuego de la
caridad en vuestras almas; amad a vuestro Dios, y no pongáis nada a Su nivel o
por encima de Él». En diciembre de ese año ingresaron las primeras aspirantes.
Inspirado
en el amor a Jesús en la Eucaristía, supo vencer adversidades y la oposición de
quienes no creían en la consecución de su ideal e intentaron boicotear su obra
calumniándolo; él es un modelo de cómo los cristianos debemos hacernos fuertes
con la oración para soportar las injurias. Dejó una estela de amor y servicio
al prójimo, además de ejemplar devoción al Santísimo Sacramento. Entregó su
alma al Creador en Rivolta, Italia. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1992.
Lamento
no poder ofrecer una fuente para esta hagiografía, que hallé en internet, sin
mención de autor, ni bibliografía. En el sitio del Vaticano puede leerse la homilía del papa en la misa de beatificación (en
italiano).
accedida 477 veces
ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=482
No hay comentarios:
Publicar un comentario