Beato Natal Pinot, presbítero y
mártir
fecha: 21 de febrero
n.: 1747 - †: 1794 - país: Francia
otras formas del nombre: Noël Pinot
canonización: B: Pío XI 31 oct 1926
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1747 - †: 1794 - país: Francia
otras formas del nombre: Noël Pinot
canonización: B: Pío XI 31 oct 1926
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Angers, población de Francia, beato Natal Pinot, presbítero y mártir, el cual,
en tiempo de la Revolución Francesa, mientras se preparaba para celebrar Misa
como párroco que era, fue detenido y, revestido con los ornamentos litúrgicos a
modo de burla, le llevaron al patíbulo como al altar del sacrificio.
La
causa del beato Noël (o Natal) se introdujo independientemente de las de los
otros mártires de la Revolución; esto le ha distinguido particularmente entre
las múltiples víctimas del «Reinado del Terror». El beato fue un humilde
sacerdote que pasó su vida en el trabajo parroquial. Había nacido en Angers en
1747, donde hizo los estudios ordinarios del clero diocesano. Después de
trabajar como vicario en una o dos parroquias, en las que se distinguió por la
solicitud con que asistió a los enfermos de un hospital de incurables, fue
nombrado cura de una parroquia del pueblecito de Louroux Béconnais, en 1788.
Con su celo y devoción obtuvo abundantes frutos entre sus feligreses.
En
1790, la Asamblea Constituyente obligó a Luis XVI a aprobar la «Constitución
Civil del Clero», que atacaba los principios fundamentales del gobierno de la
Iglesia y exigía que los sacerdotes prestasen un juramento condenado por la
Santa Sede. Como tantos otros buenos sacerdotes, el beato se negó a hacer
semejante juramento. Fue por eso arrestado y el tribunal de Angers le condenó a
abandonar el gobierno de su parroquia, durante dos años. Pero ello no impidió
que el P. Pinot ejerciera secretamente el ministerio sacerdotal y trabajase
ardientemente por ayudar a corregirse a muchos sacerdotes que no se habían
mostrado tan firmes como él.
Cuando
la región de la Vendée se rebeló contra el gobierno, el P. Pinot tomó
inmediatamente las riendas de su parroquia, con gran alegría de los fieles; y
aun cuando las fuerzas republicanas recuperaron la región, el beato continuó su
trabajo pastoral, desafiando a las autoridades civiles y militares. Durante
algún tiempo logró evitar la prisión, pero finalmente fue entregado a las
autoridades por un hombre con quien se había mostrado especialmente bondadoso.
Fue capturado en el momento en que se estaba revistiendo para celebrar la misa.
Los soldados le arrastraron por las calles, revestido con los ornamentos
sacerdotales, entre los gritos del populacho. Pasó doce días en la prisión,
donde fue tratado brutalmente. Como se negase firmemente a prestar el
juramento, fue condenado a la guillotina. El 21 de febrero de 1794, fue
conducido al cadalso, revestido todavía con los ornamentos que llevaba cuando
le apresaron; en el camino repitió varias veces en voz alta el verso del salmo,
que se utilizaba como oración del principio de la misa: «Introibo ad altare
Dei...» (subiré al altar del Señor). Fue beatificado en 1926.
Todos
los hechos esenciales se hallan resumidos en los decretos publicados en Acta
Apostolicae Sedis, vol. XI (1919) y vol. XVIII (1926). Ver también A. Crosnier,
Le b. Noël Pinot (1926).
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
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al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=650
San Pedro Damiani, obispo y
doctor de la Iglesia
fecha: 21 de febrero
fecha en el calendario anterior: 23 de febrero
n.: c. 1007 - †: 1072 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: León XII 1828
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 23 de febrero
n.: c. 1007 - †: 1072 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: León XII 1828
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Memoria
de san Pedro Damiani, cardenal obispo de Ostia y doctor de la Iglesia. Habiendo
entrado en el eremo de Fonte Avellana, promovió denodadamente la vida
religiosa, y en los tiempos difíciles de la reforma de la Iglesia, trabajó para
que los monjes se dedicasen a la santidad de la contemplación, los clérigos a
la integridad de vida, y para que el pueblo cristiano mantuviese la comunión
con la Sede Apostólica. Falleció el día veintidós de febrero en la ciudad de
Favencia, de la Romagna.
patronazgo: protector contra
dolores de cabeza.
refieren a este santo: Santo Domingo
Loricato, San Gregorio VII, San Hugo de
Cluny, San León IX, San Romualdo, Beato Urbano II
oración:
Dios todopoderoso, concédenos seguir con fidelidad los
consejos y ejemplos de san Pedro Damiani, obispo, para que, amando a Cristo
sobre todas las cosas, y dedicados siempre al servicio de tu Iglesia,
merezcamos llegar a los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los
siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
San
Pedro Damiani es una de esas figuras severas que, como san Juan Bautista,
surgen en las épocas de relajamiento para apartar a los hombres del error y
traerles de nuevo al estrecho sendero de la virtud. Pedro Damiani nació en
Ravena. Habiendo perdido a sus padres cuando era muy niño, quedó al cuidado de
un hermano suyo, quien le trató como si fuera un esclavo. Para empezar, le
mandó a cuidar los puercos en cuanto pudo andar. Otro de sus hermanos, que era
arcipreste de Ravena, se compadeció de él y decidió encargarse de su educación.
Viéndose tratado como un hijo, Pedro tomó de su hermano el nombre de Damiani
(es decir «de Damián»). Éste le mandó a la escuela, primero a Faenza y después
a Parma. Pedro fue un buen discípulo y, más tarde, un magnífico maestro. Desde
joven se había acostumbrado a la oración, la vigilia y el ayuno. Llevaba debajo
de la ropa una camisa de cerdas (cilicio) para defenderse de los atractivos del
placer y de los ataques del demonio. Hacía grandes limosnas, invitaba
frecuentemente a los pobres a su mesa y les servía con sus propias manos.
Algún
tiempo después, Pedro decidió abandonar enteramente el mundo y abrazar la vida
monacal en otra región. Un día en que se hallaba reflexionando sobre su
proyecto, se presentaron en su casa dos benedictinos de la reforma de san
Romualdo, que pertenecían al convento de Fonte Avellana. Pedro les hizo muchas
preguntas sobre su regla y modo de vida. Sus respuestas le dejaron satisfecho,
e ingresó en esa comunidad de ermitaños, que gozaba entonces de gran
reputación. Los ermitaños habitaban en celdas separadas, consagraban la mayor
parte del tiempo a la oración y lectura espiritual, y vivían con gran
austeridad. Las vigilas excesivas hicieron que Pedro enfermase de insomnio; la
curación fue larga, pero esto le enseñó a ser más prudente. Aleccionado por esa
experiencia, se dedicó con mayor ahínco a los estudios sagrados, y llegó a ser
tan versado en la Sagrada Escritura, como antes lo había sido en las ciencias
profanas. Los ermitaños le eligieron unánimemente para suceder al abad cuando
éste muriese; como Pedro se resistiera a aceptar, el propio abad se lo impuso
por obediencia. Así pues, a la muerte del abad, hacia el año 1043, Pedro tomó
la dirección de la comunidad, a la que gobernó con gran prudencia y piedad.
Igualmente fundó otras cinco comunidades de ermitaños, al frente de las cuales
puso a otros tantos priores bajo su propia dirección. Su principal cuidado era
fomentar entre los monjes el espíritu de retiro, caridad y humildad. Muchos de
los ermitaños llegaron a ser lumbreras de la Iglesia; entre otros, santo Domingo
Loricato y san Juan de Lodi,
quien sucedió a san Pedro en la dirección del convento de la Santa Cruz,
escribió su biografía y fue más tarde obispo de Gubio. Varios papas emplearon a
san Pedro Damiani en el servicio de la Iglesia: Esteban IX le nombró, en 1057,
cardenal y obispo de Ostia, a pesar del rechazo del santo. Pedro rogó muchas
veces al papa Nicolás II que le permitiese renunciar al gobierno de la diócesis
y volver a su vida de ermitaño, pero el Sumo Pontífice se negó a ello.
Alejandro II, que amaba mucho al santo, accedió finalmente a sus súplicas, pero
se reservó el poder de emplearle en el servicio de la Iglesia, en caso de
necesidad. San Pedro Damiani se consideró desde ese momento libre, no sólo del
gobierno de su diócesis, sino también de la supervisión de las diversas
comunidades, y volvió al convento como simple monje.
En
ese retiro edificó a la Iglesia con su humildad, penitencia y compunción; con
sus escritos ayudó a mantener la observancia de la moral y de la disciplina. Su
estilo es vehemente, y todas sus obras llevan la huella de su espíritu
estricto, particularmente cuando se trata de los deberes de los clérigos y
monjes. El santo reprendió severamente al obispo de Florencia por haber jugado
una partida de ajedrez; el prelado reconoció humildemente que san Pedro Damiani
tenía razón, recibió la reprimenda con gran humildad, y aceptó como penitencia
recitar tres veces el salterio, lavar los pies a doce pobres y darles una
moneda de limosna. El santo escribió un tratado al obispo de Besançon, en el
que atacaba la costumbre que tenían los canónigos de esa diócesis de cantar
sentados el oficio divino. San Pedro Damiani recomendaba el uso de la
disciplina más que los ayunos prolongados. Escribió cosas muy severas sobre las
obligaciones de los monjes y protestó contra la costumbre de las
peregrinaciones, pues consideraba que el retiro era la condición esencial del
estado monacal. Como decía, con razón: «Es imposible restaurar la disciplina
una vez que ésta decae; si nosotros, por negligencia, dejamos caer en desuso
las reglas, las generaciones futuras no podrán volver a la primitiva
observancia. Guardémonos de incurrir en semejante culpa y transmitamos
fielmente a nuestros sucesores el legado de nuestros predecesores». El santo
combatió con gran vigor la simonía y predicó el celibato eclesiástico. Como
quería que los monjes llevaran una severa vida ascética y semi-eremítica, así
pedía que el clero diocesano viviese en comunidad. Su carácter vehemente se
manifestaba en todos sus actos y palabras. Se ha dicho de él que «su genio
consistía en exhortar y mover al heroísmo, en predicar acciones extraordinarias
y recordar ejemplos conmovedores...; en sus escritos arde el fuego de una
extraordinaria fuerza moral».
A
pesar de su severidad, san Pedro Damiani sabía tratar a los pecadores con
bondad e indulgencia, cuando la caridad y la prudencia lo pedían. Enrique IV de
Alemania se había casado con Berta, la hija de Otón, marqués de las Marcas de
Italia; pero dos años más tarde, había pedido el divorcio, alegando que el
matrimonio no había sido consumado. Con promesas y amenazas logró ganar para su
causa al arzobispo de Mainz, quien convocó un concilio para anular el
matrimonio; pero el papa Alejandro II le prohibió cometer semejante injusticia
y envió a san Pedro Damiani a presidir el sínodo. El anciano legado se reunió
en Frankfurt con el rey y los obispos, les leyó las órdenes e instrucciones de
la Santa Sede y exhortó al rey a guardar la ley de Dios, los cánones de la Iglesia
y su propia reputación y también, a reflexionar sobre el escándalo y el mal
ejemplo que daría, si no se sometiera. Los nobles se unieron al santo para
rogar al joven monarca que no manchase su honor. Ante tal oposición, Enrique
tuvo que renunciar a su proyecto de divorcio, aunque interiormente no cambió de
actitud y concibió un odio todavía más profundo por su esposa.
Pedro
retornó, en cuanto pudo, a su retiro de Fonte Avellana. Practicó todas las
austeridades que predicaba a otros hasta el fin de su vida. En los ratos en que
no se hallaba absorto en la oración o el trabajo, acostumbraba hacer cucharas
de madera y otros utensilios, para no estar ocioso. El papa Alejandro II envió
a san Pedro Damiani a arreglar el asunto del arzobispo de Ravena, que había
sido excomulgado por las atrocidades que había cometido. Cuando san Pedro
llegó, el arzobispo ya había muerto; pero el santo pudo convertir a sus
cómplices, a los que impuso justa penitencia. Éste fue el último servicio
público que el santo prestó a la Iglesia. A su vuelta a Roma, se vio atacado
por una aguda fiebre en un monasterio de las afueras de Faenza, donde murió al
octavo día, el 22 de febrero de 1072, mientras los monjes recitaban los
maitines alrededor de su lecho.
San
Pedro Damiani fue uno de los predecesores del monje Hildebrando, es decir
Gregorio VII. Fue un elocuente predicador y un escritor fecundo. Aunque nunca
hubo una canonización formal, la declaración en 1828 (otros dicen 1823), por
SS. León XII, como doctor de la Iglesia, confirma el culto que se le venía
tributando desde antiguo.
Aunque
la biografía escrita por su discípulo Juan (casi seguramente Juan de Lodi, que
fue más tarde arzobispo de Gubio), constituye un relato coherente de la vida
del santo, su historia puede reconstruirse a base de las crónicas de la época y
de los sermones y cartas de san Pedro Damiani. La biografía escrita por Juan se
halla en Acta Sanctorum, febrero, vol. III, y también en Mabillon. Ver el
excelente estudio de R. Biron, St. Pierre Damiani, en la colección Les Saints,
y Capecelatro, Storia di San Pietro Damiano. En Lives of the Popes de Mons.
Mann (vols. V y VI) se encontrarán muchos datos complementarios. Cf. O. J.
Blum, St Peter Damiani (1947), que estudia las enseñanzas del santo; y D.
Knowles, The Monastic Order in England (1949), pp. 193-197, donde hay muchas
referencias.
El
Oficio de Lecturas utiliza tres lecturas del santo a lo largo del año
litúrgico: en la memoria de san Jorge, mártir, en la de san Romualdo, abad, y hoy mismo, en la del propio santo.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=645
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