San Amando de Maastricht, obispo
fecha: 6 de febrero
†: c. 679 - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: c. 679 - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Elnon, también en la Galia Bélgica, sepultura de san Amando, obispo de
Maastricht, que predicó la palabra de Dios por diversas regiones y llegó incluso
al territorio de los eslavos. Finalmente, habiendo construido un monasterio,
terminó allí su vida.
patronazgo: patrono de la
región de Flandes, y de varias ciudades del norte de Europa, de los
comerciantes de vino y cerveza, y de los destiladores.
refieren a este santo: San Austregisilo
de Bourges, San Bavón, San Gisleno, San Mauronto, Santa Rictrudis, San Wilibordo de
Utrecht
Este
gran misionero nació en el bajo Poitou, alrededor del año 584. A la edad de
veinte años se retiró a un pequeño monasterio en la Isla de Yeu, cerca de la de
Re. No había estado allí más de un año, cuando su padre lo descubrió y trató de
persuadirlo para que regresara a su casa. Cuando lo amenazó con desheredarlo,
el santo alegremente respondió, "Cristo es mi única herencia." Amando
fue después a Tours, donde se ordenó, y luego a Bourges, donde vivió quince
años bajo la dirección del obispo san Austregisilo,
en una celda cerca de la catedral. Después de una peregrinación a Roma, retornó
a Francia y fue consagrado obispo sin sede fija en 629, y recibió el encargo de
enseñar la fe a los paganos. Predicó el Evangelio en Flandes y en el norte de
Francia, e hizo una breve visita a los eslavos de Carinthia y tal vez en
Gascuña. Reprendió al rey Dagoberto I por sus crímenes y por ese motivo fue
desterrado. Pero Dagoberto pronto lo llamó otra vez, y le pidió que bautizara a
su hijo recién nacido, Sigeberto,
que después fue rey y santo. La gente de Gante era tan ferozmente hostil, que
ningún predicador se aventuraba a ir entre ellos. Esto movió a Amando a tomar
aquella misión, durante la cual fue golpeado varias veces y arrojado al río. No
obstante, su labor perseverante, que por mucho tiempo pareció estéril, al fin
logró que la gente acudiera en multitudes a recibir de sus manos el bautismo.
Además
de ser un gran misionero, san Amando fue el padre del monaquismo en la antigua
Bélgica; se dice que fue fundador de una veintena de monasterios de la región.
De hecho, fundó casas en Elnone (Saint-Amand-les-Eaux), cerca de Tournai, que
se convirtió en su centro de operaciones; fundó también San Pedro en
Mont-Blandin en Gante, pero probablemente no fue el fundador de St. Bravo que
también está allí. Fundó además el de Nivelles, para monjas, con la beata Ida y
santa Gertrudis; Brisis-au-Bois, y probablemente tres más, incluyendo
Marchiennes. Se dice, aunque no con certeza, que en 646 fue elegido obispo de
Maestricht, pero que tres años más tarde presentó su renuncia a dicha sede en
favor de san Remaclus y volvió a sus misiones, que siempre tuvieron su
predilección. Continuó sus labores entre los paganos hasta avanzada edad,
cuando, quebrantado por las enfermedades, se retiró a Elnone. Allí estuvo como
abad por cuatro años, siempre preparándose para la muerte que le llegó al fin
poco después de 676. Ningún historiador serio pone en duda que san Amando haya
sido una de las figuras más imponentes de la época merovingia; no era desconocido
en Inglaterra, y la capilla de la familia Eyston de East Hendred, anterior a la
Reforma, en Berkshire, está dedicada en su honor.
El
Prof. Hauck en su Kirchengeschichte Deutschlands (vol. I, c. 5) da un
testimonio cordial de la impresión que el santo hizo en su generación. Al mismo
tiempo no tenemos material que sea muy de fiar sobre los detalles de su vida.
B. Krusch en MGH., Scriptores Merov., vol. V. pp. 395-485, publicó "Ínter
alia" la Vita Amandi, que muchos atribuyen (e.g. L. Van der Essen, Saints
mérovingiens, pp. 336-349) a su discípulo Baudemundo, pero Krusch rechaza esta
atribución y mantiene que la "vita" no puede haber sido escrita antes
de la segunda mitad del siglo octavo; sin embargo, el P. Moreau la coloca al
principio de dicho siglo a lo más (cf. la Analecta Bollandiana, vol. LXVII
(1949), pp. 447-454). El testamento de San Amando es sin duda un documento
auténtico; pero no por lo que toca al pasaje del mismo en que expresa su
voluntad de que sus restos permanezcan en Elnone y lanza una maldición al que
los mueva de allí; cf. lo que dice Mons. Lesne en DHG., vol. II, c. 944. Véase
el excelente libro por E. de Moreau, St. Amand (1927).
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=476
Santa Renula, abadesa
fecha: 6 de febrero
†: c. 780 - país: Bélgica
otras formas del nombre: Reinula, Reinildis
canonización: culto local
hagiografía: Abel Della Costa
†: c. 780 - país: Bélgica
otras formas del nombre: Reinula, Reinildis
canonización: culto local
hagiografía: Abel Della Costa
En
Tongres, en la región de Brabante, en Austrasia, santa Renula o Reinildis,
abadesa del monasterio de Eiken.
De entre las santas belgas que florecieron
entre los siglos VIII y XII en las márgenes del Mosa, gozaron de gran
veneración dos abadesas, hermanas de sangre, que vivieron en el siglo VIII, y
fueron las fundadoras del monasterio de Eiken o Alden-Eiken; sus nombres eran
Harlindis y Renula o Reinildis. Por algún motivo, quizás por simple omisión o
porque estudios posteriores hayan determinado que se trataba sólo de una
duplicación del mismo santo, el Martirologio Romano actual no menciona a la
primera de ellas sino sólo a la segunda, siendo que los signos de santidad y la
tradición del culto local habla parejamente de una y de otra. En todo caso en
el presente artículo nos referiremos al mismo tiempo a las dos hermanas, ya que
la fuente de donde tomamos los datos, la «Vita» reproducida en Acta Sanctorum,
las presenta indisolublemente juntas.
En
cuanto a la fecha de la celebración, en su territorio de acostumbra celebrar a
las dos hermanas juntas el 22 de marzo, aniversario de dos traslaciones
solemnes de las reliquias (recuérdese que antes del siglo XVI, el traslado de
las reliquias solía equivaler a una canonización), no obstante, en algunos
martirologios aparecen en sus respectivas fechas de muerte: 12 de octubre
Harlindis y 6 (más frecuentemente) u 8 de febrero Reinildis (el nuevo
Martirologio Romano ha optado por el 6 de febrero).
El
22 de marzo del 860, menos de un siglo después de sus respectivas muertes, se
construyó la nueva iglesia del monasterio, y las reliquias fueron solemnemente
depositadas en el templo. La siguiente traslación tuvo lugar en 1171, cuando el
Colegio de Canónigos de Eiken se trasladó a Masacum, y llevaron consigo a sus
santas patronas. La primera de las dos fechas es importante, porque normalmente
cuando se realizaba la «traslatio» se escribía un opúsculo con la «Vita» del
santo (análogo a como se lee hoy un resumen de la vida antes de la ceremonia de
canonización). Muchos de esos opúsculos se han conservado, y son una parte
sustancial de lo que conocemos como Acta Sanctorum (actas de los santos),
recopiladas a partir del siglo XVII. El valor histórico y literario de ese tipo
de escritos es muy desigual; lamentablemente hay que decir que la mayor parte
de ellos son escritos adocenados, puramente de ocasión, donde simplemente un
autor copia a otro (o a sí mismo), aplicando a distintos santos los mismos
hechos... sin embargo en muchos casos nos encontramos con agradables sorpresas.
Es el caso, precisamente de la «Vita» de nuestras dos santas. En realidad la
que se conserva es obra de tres autores distintos a lo largo de tres siglos,
desde la época de la primera traslatio hasta aproximadamente el 1220.
Naturalmente, la memoria concreta de los hechos (incluso en una cultura
primordialmente oral) se había perdido, por lo que no podemos pedir gran
precisión, sin embargo los escritores se han esforzado por ser moderados en las
alabanzas a sus biografiadas, de modo que lo admirable de sus vidas surge de
los hechos mismos, no del mero entusiasmo del narrador.
Nos
cuentan que las santas eran de cuna noble, hijas de Adhalardo y Grinuara,
padres piadosos. Preocupados por el futuro de sus dos hijas decidieron de común
acuerdo darles una sólida formación, y no sólo fortuna, por lo que se
esforzaron para que las niñas aprendieran a leer. Llegada una edad conveniente
las enviaron (como fue práctica durante siglos) a vivir en un monasterio, no
como religiosas, sino como alumnas internas, y así es que toman contacto con
uno de los más famosos de la época, el de Valenciennes. Aprenden allí las
destrezas propias de un monasterio femenino: el canto, el bordado, pero también
la escritura y la pintura, en las que parece que destacó especialmente
Reinildis.
Terminado
el tiempo de formación, volvieron al hogar paterno, sin embargo el tiempo
pasaba y no encontraban candidatos a la altura de ellas para darlas en
matrimonio. Estaban ya desvelados (y el autor dice que ese desvelo era literal,
es decir, que dormían cuando el sueño los vencía, orando para que Dios les
abriese un camino para sus hijas). Y, nos dice el narrador, Dios se dignó
visitar la tristeza y angustia de los padres: Adalhardo recordó que era dueño
de unos terrenos incultivados junto al río Mosa, y que los árboles del lugar no
daban frutos: entendió que era una señal para que ese terreno fuera utilizado
con otro propósito; el terreno era espacioso, y contaba con un manantial de
agua que podía, con la adecuada canalización, convertirse en muy fecundo.
«Lleno de alegria, dio gracias a Dios en su corazón, teniendo para sí que el
Señor mismo preparó el terreno para que el pudiera cumplir con los deseos de su
corazón...» Se pusieron entonces manos a la obra: construir un monasterio, al
que confluyeron trabajadores enseguida, y mujeres dispuestas a ingresar como
hermanas. Bendecida la obra por Dios, se acabó a gran velocidad. En cuanto el
monasterio de Eike -que así lo llamaron- comenzó a prosperar, Dios llamó a sí a
los padres de las vírgenes, cuyos cuerpos fueron enterrados en el propio
monasterio.
Las
dos hermanas llevaron allí una vida de penitencia, mortificación, trabajo y
alabanza a Dios. Dirigían el monasterio, pero no sólo por ser fundación
familiar y tradición paterna, sino porque Dios mismo manifestó esa voluntad, al
consagrarlas como abadesas los propios santos Willibrordo y Bonifacio,
asiduos visitantes del lugar. El monasterio prosperó, por lo que no sólo
afluían discípulas para consagrarse, e hijas de nobles para ser educadas hasta
el matrimonio, sino que también iban prosperando en donaciones. LLegó a ser un
importante centro de cultura local, donde se confeccionaban ornamentos
litúrgicos, se fabricaban cirios, y se copiaban textos en el scriptorium.
El
autor de la vita, con la misma honestidad narrativa que desplegó en los
primeros capítulos, aborda ahora, en el tercero, la cuestión de los milagros:
«no pretendo ser juez en esto, sino sólo transmitir lo que viene por
tradición», efectivamente: las dos santas se caracterizaban por ser muy
milagreras, ya en vida, y así, por ejemplo, una vez en que confluyeron en lugar
los santos Willibrordo y Bonifacio, las hermanas se encontraron con que no
quedaba suficiente vino, y al igual que en el Evangelio, Dios se compadeció de
los hombres y por la oración de las santas abundó tanto el vino, que nunca más
faltó en el monasterio.
Pero
les llegó, como a toda carne, el tiempo de devolver el espíritu a Dios. La
primera fue Harlindis: preparadas por una vida de santidad, dio consejos y
exhortaciones a sus discípulas, y atacada por unas fiebres, murió el 12 de
octubre de un año que no podemos precisar. Reinildis, en cambio, continuó
dirigiendo el monasterio hasta una edad muy avanzada, y un 6 de febrero, según
dicen algunas tradiciones, o un 8 de febrero, según el biógrafo, de un año que
posiblemente fue el 780, entregó el alma a Dios.
Pero
aun después de muertas Dios quiso manifestar su poder por medio de ellas, y
así, el primer milagro que se verificó en su tumba fue el de una mujer de
nombre Hiltwig que había quedado ciega, pero oró fervorosamente en la tumba de
las santas y recobró la vista. Esto fue sólo el comienzo, ya que la cuestión se
supo, y la tumba se convirtió en meta de peregrinación y lugar donde se
multiplicaron los milagros. La devoción a las santas fue creciendo, alimentada
por la fama de los milagros. Las reliquias fueron expuestas anualmente a la
devoción d elso fieles durante siglos, siendo 1566 el último año en que se
cumplió ese rito, ya que fueron quemadas por los calvinistas. Recién con ello
disminuyó, aunque no desapareció, la devoción a las santas.
Ver
Acta Sanctorum, marzo, III, (22 de marzo), pág 386-392.
Abel Della Costa
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=477
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