sábado, 6 de febrero de 2016

San Amando de Maastricht, obispo - Santa Renula, abadesa (6 de febrero)

San Amando de Maastricht, obispo

fecha: 6 de febrero
†: c. 679 - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Elnon, también en la Galia Bélgica, sepultura de san Amando, obispo de Maastricht, que predicó la palabra de Dios por diversas regiones y llegó incluso al territorio de los eslavos. Finalmente, habiendo construido un monasterio, terminó allí su vida.
patronazgo: patrono de la región de Flandes, y de varias ciudades del norte de Europa, de los comerciantes de vino y cerveza, y de los destiladores.
Este gran misionero nació en el bajo Poitou, alrededor del año 584. A la edad de veinte años se retiró a un pequeño monasterio en la Isla de Yeu, cerca de la de Re. No había estado allí más de un año, cuando su padre lo descubrió y trató de persuadirlo para que regresara a su casa. Cuando lo amenazó con desheredarlo, el santo alegremente respondió, "Cristo es mi única herencia." Amando fue después a Tours, donde se ordenó, y luego a Bourges, donde vivió quince años bajo la dirección del obispo san Austregisilo, en una celda cerca de la catedral. Después de una peregrinación a Roma, retornó a Francia y fue consagrado obispo sin sede fija en 629, y recibió el encargo de enseñar la fe a los paganos. Predicó el Evangelio en Flandes y en el norte de Francia, e hizo una breve visita a los eslavos de Carinthia y tal vez en Gascuña. Reprendió al rey Dagoberto I por sus crímenes y por ese motivo fue desterrado. Pero Dagoberto pronto lo llamó otra vez, y le pidió que bautizara a su hijo recién nacido, Sigeberto, que después fue rey y santo. La gente de Gante era tan ferozmente hostil, que ningún predicador se aventuraba a ir entre ellos. Esto movió a Amando a tomar aquella misión, durante la cual fue golpeado varias veces y arrojado al río. No obstante, su labor perseverante, que por mucho tiempo pareció estéril, al fin logró que la gente acudiera en multitudes a recibir de sus manos el bautismo.
Además de ser un gran misionero, san Amando fue el padre del monaquismo en la antigua Bélgica; se dice que fue fundador de una veintena de monasterios de la región. De hecho, fundó casas en Elnone (Saint-Amand-les-Eaux), cerca de Tournai, que se convirtió en su centro de operaciones; fundó también San Pedro en Mont-Blandin en Gante, pero probablemente no fue el fundador de St. Bravo que también está allí. Fundó además el de Nivelles, para monjas, con la beata Ida y santa Gertrudis; Brisis-au-Bois, y probablemente tres más, incluyendo Marchiennes. Se dice, aunque no con certeza, que en 646 fue elegido obispo de Maestricht, pero que tres años más tarde presentó su renuncia a dicha sede en favor de san Remaclus y volvió a sus misiones, que siempre tuvieron su predilección. Continuó sus labores entre los paganos hasta avanzada edad, cuando, quebrantado por las enfermedades, se retiró a Elnone. Allí estuvo como abad por cuatro años, siempre preparándose para la muerte que le llegó al fin poco después de 676. Ningún historiador serio pone en duda que san Amando haya sido una de las figuras más imponentes de la época merovingia; no era desconocido en Inglaterra, y la capilla de la familia Eyston de East Hendred, anterior a la Reforma, en Berkshire, está dedicada en su honor.
El Prof. Hauck en su Kirchengeschichte Deutschlands (vol. I, c. 5) da un testimonio cordial de la impresión que el santo hizo en su generación. Al mismo tiempo no tenemos material que sea muy de fiar sobre los detalles de su vida. B. Krusch en MGH., Scriptores Merov., vol. V. pp. 395-485, publicó "Ínter alia" la Vita Amandi, que muchos atribuyen (e.g. L. Van der Essen, Saints mérovingiens, pp. 336-349) a su discípulo Baudemundo, pero Krusch rechaza esta atribución y mantiene que la "vita" no puede haber sido escrita antes de la segunda mitad del siglo octavo; sin embargo, el P. Moreau la coloca al principio de dicho siglo a lo más (cf. la Analecta Bollandiana, vol. LXVII (1949), pp. 447-454). El testamento de San Amando es sin duda un documento auténtico; pero no por lo que toca al pasaje del mismo en que expresa su voluntad de que sus restos permanezcan en Elnone y lanza una maldición al que los mueva de allí; cf. lo que dice Mons. Lesne en DHG., vol. II, c. 944. Véase el excelente libro por E. de Moreau, St. Amand (1927).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=476





Santa Renula, abadesa

fecha: 6 de febrero
†: c. 780 - país: Bélgica
otras formas del nombre: Reinula, Reinildis
canonización: culto local
hagiografía: Abel Della Costa
En Tongres, en la región de Brabante, en Austrasia, santa Renula o Reinildis, abadesa del monasterio de Eiken.
De entre las santas belgas que florecieron entre los siglos VIII y XII en las márgenes del Mosa, gozaron de gran veneración dos abadesas, hermanas de sangre, que vivieron en el siglo VIII, y fueron las fundadoras del monasterio de Eiken o Alden-Eiken; sus nombres eran Harlindis y Renula o Reinildis. Por algún motivo, quizás por simple omisión o porque estudios posteriores hayan determinado que se trataba sólo de una duplicación del mismo santo, el Martirologio Romano actual no menciona a la primera de ellas sino sólo a la segunda, siendo que los signos de santidad y la tradición del culto local habla parejamente de una y de otra. En todo caso en el presente artículo nos referiremos al mismo tiempo a las dos hermanas, ya que la fuente de donde tomamos los datos, la «Vita» reproducida en Acta Sanctorum, las presenta indisolublemente juntas.
En cuanto a la fecha de la celebración, en su territorio de acostumbra celebrar a las dos hermanas juntas el 22 de marzo, aniversario de dos traslaciones solemnes de las reliquias (recuérdese que antes del siglo XVI, el traslado de las reliquias solía equivaler a una canonización), no obstante, en algunos martirologios aparecen en sus respectivas fechas de muerte: 12 de octubre Harlindis y 6 (más frecuentemente) u 8 de febrero Reinildis (el nuevo Martirologio Romano ha optado por el 6 de febrero).
El 22 de marzo del 860, menos de un siglo después de sus respectivas muertes, se construyó la nueva iglesia del monasterio, y las reliquias fueron solemnemente depositadas en el templo. La siguiente traslación tuvo lugar en 1171, cuando el Colegio de Canónigos de Eiken se trasladó a Masacum, y llevaron consigo a sus santas patronas. La primera de las dos fechas es importante, porque normalmente cuando se realizaba la «traslatio» se escribía un opúsculo con la «Vita» del santo (análogo a como se lee hoy un resumen de la vida antes de la ceremonia de canonización). Muchos de esos opúsculos se han conservado, y son una parte sustancial de lo que conocemos como Acta Sanctorum (actas de los santos), recopiladas a partir del siglo XVII. El valor histórico y literario de ese tipo de escritos es muy desigual; lamentablemente hay que decir que la mayor parte de ellos son escritos adocenados, puramente de ocasión, donde simplemente un autor copia a otro (o a sí mismo), aplicando a distintos santos los mismos hechos... sin embargo en muchos casos nos encontramos con agradables sorpresas. Es el caso, precisamente de la «Vita» de nuestras dos santas. En realidad la que se conserva es obra de tres autores distintos a lo largo de tres siglos, desde la época de la primera traslatio hasta aproximadamente el 1220. Naturalmente, la memoria concreta de los hechos (incluso en una cultura primordialmente oral) se había perdido, por lo que no podemos pedir gran precisión, sin embargo los escritores se han esforzado por ser moderados en las alabanzas a sus biografiadas, de modo que lo admirable de sus vidas surge de los hechos mismos, no del mero entusiasmo del narrador.
Nos cuentan que las santas eran de cuna noble, hijas de Adhalardo y Grinuara, padres piadosos. Preocupados por el futuro de sus dos hijas decidieron de común acuerdo darles una sólida formación, y no sólo fortuna, por lo que se esforzaron para que las niñas aprendieran a leer. Llegada una edad conveniente las enviaron (como fue práctica durante siglos) a vivir en un monasterio, no como religiosas, sino como alumnas internas, y así es que toman contacto con uno de los más famosos de la época, el de Valenciennes. Aprenden allí las destrezas propias de un monasterio femenino: el canto, el bordado, pero también la escritura y la pintura, en las que parece que destacó especialmente Reinildis.
Terminado el tiempo de formación, volvieron al hogar paterno, sin embargo el tiempo pasaba y no encontraban candidatos a la altura de ellas para darlas en matrimonio. Estaban ya desvelados (y el autor dice que ese desvelo era literal, es decir, que dormían cuando el sueño los vencía, orando para que Dios les abriese un camino para sus hijas). Y, nos dice el narrador, Dios se dignó visitar la tristeza y angustia de los padres: Adalhardo recordó que era dueño de unos terrenos incultivados junto al río Mosa, y que los árboles del lugar no daban frutos: entendió que era una señal para que ese terreno fuera utilizado con otro propósito; el terreno era espacioso, y contaba con un manantial de agua que podía, con la adecuada canalización, convertirse en muy fecundo. «Lleno de alegria, dio gracias a Dios en su corazón, teniendo para sí que el Señor mismo preparó el terreno para que el pudiera cumplir con los deseos de su corazón...» Se pusieron entonces manos a la obra: construir un monasterio, al que confluyeron trabajadores enseguida, y mujeres dispuestas a ingresar como hermanas. Bendecida la obra por Dios, se acabó a gran velocidad. En cuanto el monasterio de Eike -que así lo llamaron- comenzó a prosperar, Dios llamó a sí a los padres de las vírgenes, cuyos cuerpos fueron enterrados en el propio monasterio.
Las dos hermanas llevaron allí una vida de penitencia, mortificación, trabajo y alabanza a Dios. Dirigían el monasterio, pero no sólo por ser fundación familiar y tradición paterna, sino porque Dios mismo manifestó esa voluntad, al consagrarlas como abadesas los propios santos Willibrordo y Bonifacio, asiduos visitantes del lugar. El monasterio prosperó, por lo que no sólo afluían discípulas para consagrarse, e hijas de nobles para ser educadas hasta el matrimonio, sino que también iban prosperando en donaciones. LLegó a ser un importante centro de cultura local, donde se confeccionaban ornamentos litúrgicos, se fabricaban cirios, y se copiaban textos en el scriptorium.
El autor de la vita, con la misma honestidad narrativa que desplegó en los primeros capítulos, aborda ahora, en el tercero, la cuestión de los milagros: «no pretendo ser juez en esto, sino sólo transmitir lo que viene por tradición», efectivamente: las dos santas se caracterizaban por ser muy milagreras, ya en vida, y así, por ejemplo, una vez en que confluyeron en lugar los santos Willibrordo y Bonifacio, las hermanas se encontraron con que no quedaba suficiente vino, y al igual que en el Evangelio, Dios se compadeció de los hombres y por la oración de las santas abundó tanto el vino, que nunca más faltó en el monasterio.
Pero les llegó, como a toda carne, el tiempo de devolver el espíritu a Dios. La primera fue Harlindis: preparadas por una vida de santidad, dio consejos y exhortaciones a sus discípulas, y atacada por unas fiebres, murió el 12 de octubre de un año que no podemos precisar. Reinildis, en cambio, continuó dirigiendo el monasterio hasta una edad muy avanzada, y un 6 de febrero, según dicen algunas tradiciones, o un 8 de febrero, según el biógrafo, de un año que posiblemente fue el 780, entregó el alma a Dios.
Pero aun después de muertas Dios quiso manifestar su poder por medio de ellas, y así, el primer milagro que se verificó en su tumba fue el de una mujer de nombre Hiltwig que había quedado ciega, pero oró fervorosamente en la tumba de las santas y recobró la vista. Esto fue sólo el comienzo, ya que la cuestión se supo, y la tumba se convirtió en meta de peregrinación y lugar donde se multiplicaron los milagros. La devoción a las santas fue creciendo, alimentada por la fama de los milagros. Las reliquias fueron expuestas anualmente a la devoción d elso fieles durante siglos, siendo 1566 el último año en que se cumplió ese rito, ya que fueron quemadas por los calvinistas. Recién con ello disminuyó, aunque no desapareció, la devoción a las santas.
Ver Acta Sanctorum, marzo, III, (22 de marzo), pág 386-392.
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=477

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