San Antoliano, mártir
fecha: 6 de febrero
†: s. III - país: Francia
otras formas del nombre: Antholiano, Anatholiano
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santi e Beati
†: s. III - país: Francia
otras formas del nombre: Antholiano, Anatholiano
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santi e Beati
En
Auvernia, de Aquitania, san Antoliano, mártir.
Se
lo encuentra en esta y otras fechas en casi todos los martirologios históricos,
Adón, Usuardo, Floro, Notkero, etc. y en el Martirologio Romano de Baronio;
también en el Jeronimiano, aunque sorprende que en este último no se mencione
la localización geográfica, siendo que la mayor parte de los códices de ese
testmonio provienen de la Galia. Hay variaciones entre los manuscritos en torno
al nombre correcto: Antoliano, Antolio, Anatolio, o con th en cualquiera de
estas formas. Haya o no vacilaciones en la fecha o el nombre, la existencia
histórica de Antoliano está fuera de toda duda, pues es mencionado también por
Gregorio de Tours, un testigo privilegiado de las tradiciones del lugar donde
ocurrió el martirio, aun cuando no estuviera cercano en el tiempo. Algunos lo
indican como obispo, aunque este punto no está suficientemente atestiguado.
Probablemente
Antoliano fue muerto durante las incursiones de Croco, rey de los alamanes, que
invadió la Galia en tiempo del emperador Valeriano (253-260), tal como cuenta
Gregorio de Tours. Sobre su sepulcro fue erigida una espléndida basílica en
tiempos de Sidonio Apolinar (470-479), pero que se derrumbó un siglo después,
en tiempos del obispo Avito (fines del siglo VI). Las reliquias de Antoliano
habrían sido trasladadas inmediatamente a la iglesia de San Gallo de Clermont,
y cuando esta fue destruida, a la de San Allyre, pero no sobrevivieron al
saqueo de la Revolución Francesa.
Con
algunos cambios, basado en el escrito de Agostino Amore en Enciclopedia dei
Santi. El pasaje de Gregorio de Tours se encuentra en Historia Francorum 32-33.
Para los martirologios históricos ver Acta Sanctorum, febrero, I, pág 768
fuente: Santi e Beati
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o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=471
Santos Silvano de Emesa, Lucas y Mocio, mártires
fecha: 6 de febrero
†: c. 310 - país: Siria
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: c. 310 - país: Siria
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Emesa, en Siria, san Silvano, obispo, que presidió aquella Iglesia durante
cuarenta años, y en tiempo del emperador Maximiano obtuvo la palma del martirio
al ser arrojado a las fieras, juntamente con el diácono Lucas y el lector
Mocio.
Los
hechos que leeremos en la narración de Eusebio de Cesarea ocurrieron en el año
304, en la ciudad de Tiro; de ellos el propio Eusebio fue testigo, y lo cuenta
de primera mano. Sin embargo, esta persecución, en conjunto, duró varios años,
y tenemos mártires vinculados a los mismos hechos desde el 304 hasta el 311.
-El primer grupo es el de los cinco mártires de Tiro, celebrados el 20 de febrero, martirio que ocurrió el 304.
-El mismo 20 de febrero, pero por entrada aparte, al corresponder a un martirio del año 311, celebramos a san Tiranión de Tiro. Tiranión había presenciado los martirios del 304 y alentado a los mártires, pero recién seis años después le tomaron preso y le condujeron, junto con san Zenobio de Tiro, a Antioquía de Siria, y tras hacerle sufrir crueles torturas, fue arrojado al río Orontes.
-A san Zenobio de Tiro, médico y sacerdote de la ciudad de Sidón, lo celebramos el 29 de octubre. Él padeció las torturas junto con Tiranión, pero murió en el potro.
-Durante el reinado de Maximino, san Silvano, obispo de Emesa de Fenicia fue devorado por las fieras en su propia ciudad, hacia el 310, y lo celebramos el 6 de febrero.
-En fecha desconocida, pero que celebramos el 4 de mayo, san Silvano, obispo de Gaza, fue condenado a trabajar en las minas de Fennes, cerca de Petra, en Arabia y más tarde fue decapitado allí, con otros treinta y nueve compañeros.
-Posiblemente pertenezcan al mismo conjunto (pero les hemos puesto noticia aparte) los sacerdotes egipcios Peleo, Nilo y sus compañeros, que muerieron en Palestina en el 310, y celebramos el 19 de septiembre.
Eusebio
narra en los siguientes términos el martirio que presenció:
Varios
cristianos egipcios que se habían establecido en Palestina y otros en Tiro,
dieron pruebas de su paciencia y de su constancia en la fe. Después de haber
sido golpeados innumerables veces, cosa que soportaron con gran paciencia,
fueron arrojados a los leopardos, osos salvajes, jabalíes y toros. Yo estaba
presente cuando esas bestias, sedientas de sangre humana, hicieron su aparición
en la arena; pero, en vez de devorar o destrozar a los mártires, se mantuvieron
a distancia de ellos, sin tocarles, y se volvieron en cambio contra los
domadores y cuantos se hallaban cerca; sólo respetaron a los soldados de
Cristo, a pesar de que éstos obedeciendo a las órdenes recibidas, agitaban los
brazos para provocar a las fieras. Algunas veces, éstas se lanzaron sobre ellos
con su habitual ferocidad, pero volvían siempre atrás, como movidas por una
fuerza sobrenatural. El hecho se repitió varias veces, con gran admiración de
los espectadores. Los verdugos reemplazaron dos veces a las fieras, pero fue en
vano. Los mártires permanecían impasibles.
Entre
ellos se hallaba un joven de menos de veinte años, que no se movía de su sitio
y conservaba una serenidad absoluta; con los ojos elevados al cielo y los
brazos en cruz, en tanto que los osos y los leopardos con las fauces abiertas
amenazaban con devorarle de un momento a otro; sólo por un milagro de Dios se
explica que no le tocasen. Otros mártires se hallaban expuestos a los ataques
de un toro furioso, que ya había herido y golpeado a varios domadores, y
dejándolos medio muertos; pero el toro no atacó a los mártires; aunque parecía
que iba a lanzarse sobre ellos: sus pezuñas rascaban furiosamente el suelo y
agitaba la cornamenta en todas direcciones, pero sin llegar a embestir a los
mártires, a pesar de que los verdugos lo incitaban con capas rojas. Después de
varios intentos inútiles con diferentes fieras, los santos fueron finalmente
decapitados y sus cuerpos arrojados al mar. Otros que se negaron a ofrecer
sacrificios a los dioses, murieron apaleados, quemados y también ejecutados en
distintas formas.»
Eusebio,
Hist. Eccles., vol. VIII, cap. 13, es la mejor de las autoridades a este
respecto, pero el Acta Sanctorum y el Oriens Christianus de Le Quien,
proporcionan otros datos, discusiones y detalles geográficos.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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