San Roberto Southwell, presbítero
y mártir
fecha: 21 de febrero
n.: 1561 - †: 1595 - país: Reino Unido (UK)
canonización: B: Pío XI 15 dic 1929 - C: Pablo VI 25 oct 1970
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1561 - †: 1595 - país: Reino Unido (UK)
canonización: B: Pío XI 15 dic 1929 - C: Pablo VI 25 oct 1970
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
También
en Londres, san Roberto Southwell, presbítero de la Orden de la Compañía de
Jesús y mártir, que durante varios años ejerció su ministerio en la ciudad y
sus alrededores, y compuso varios himnos espirituales. Detenido por ser
sacerdote, fue cruelmente torturado por orden de la misma reina Isabel I y
terminó su martirio al ser colgado en Tyburn.
refieren a este santo: San Felipe
Howard, Beato Tomás
Pormort
Ver más información en:
Mártires de la persecución en Inglaterra (1535 - 1681)
Mártires de la persecución en Inglaterra (1535 - 1681)
Uno
de los dogmas de la crítica literaria es el de que debe estudiarse a los poetas
en relación con su tiempo, sus ocupaciones y su marco histórico general. Sin
embargo, con frecuencia resulta útil estudiar al escritor a la luz de sus
propios escritos únicamente. En todo caso, Roberto Southwell constituye una
excepción, pues antes que poeta fue hombre, sacerdote, misionero y mártir.
Nació hacia el año 1561, en Horsam Saint Faith, en Norfolk. Su madre era
pariente de los Shelley de Sussex, de suerte que un lejano parentesco unía a
Southwell con el gran poeta Shelley. Roberto estudió en Douai, donde fue
discípulo del famoso teólogo Leonardo Lessio, y allí entró por primera vez en
contacto con la Compañía de Jesús. Prosiguió sus estudios en París, bajo la
dirección de Tomás Darbyshire, quien había sido archidiácono de Essex en tiempos
de María Estuardo. Poco después de cumplir los dieciesiete años, Roberto pidió
ser admitido en la Compañía de Jesús. La admisión le fue negada a causa de su
juventud; esta contrariedad le movió a escribir el primero de sus poemas que ha
llegado hasta nosotros. En el otoño de 1578 fue finalmente admitido en el
noviciado de Roma. Más tarde, fue prefecto de estudios del venerable Colegio
Inglés y recibió la ordenación sacerdotal en 1584. Dos años después, partió a
la misión de Inglaterra en compañía del P. Enrique Garnet.
La
carrera de misionero activo del P. Southwell duró seis años. En 1587 era
capellán de la condesa Ana de Arundel, en Londres, y esto le permitió entrar en
contacto con san Felipe
Howard, esposo de la condesa, que estaba prisionero en la Torre
de Londres. A pesar de que tomaba todas las precauciones posibles para no darse
a conocer, su fama se extendió pronto y su espíritu tranquilo y bondadoso
impulsó eficazmente su trabajo apostólico. El santo se mantuvo alejado de todas
las intrigas y controversias políticas y eclesiásticas, entregándose por
completo a sus deberes sacerdotales. En 1592, denunciado por una joven de la
casa en la que se había refugiado, fue detenido por el infame Topcliffe y
encerrado en Uxenden Hall, la casa de su captor.
Con
el fin de arrancarle denuncias sobre otros católicos, los verdugos sometieron
al santo a terribles tormentos, por lo menos en nueve ocasiones, en la misma
casa de Topcliffe. Este había dicho a la reina: «Southwell es el prisionero más
útil que hayamos capturado, con tal de que sepamos aprovecharle». Después de
casi tres años de prisión en Gatehouse y en la Torre dé Londres, el santo apeló
a Lord Cecil, exigiéndole que se procediera al juicio o se le dejase en
libertad. La apelación surtió efecto, pues fue juzgado y condenado a muerte por
el delito de ser sacerdote. El 21 de febrero de 1595 fue colgado, arrastrado y
descuartizado en Tyburn; la tortura fue tan cruel, que los asistentes pidieron
a gritos que el descuartizamiento no se llevara al cabo, sino después de la
muerte. San Roberto no tenía más que treinta y tres años.
Aunque
en el caso del santo, el poeta tiene menos importancia que el sacerdote y el
misionero, esto no significa que la poesía haya dejado de constituir una parte
muy real de su existencia. Sus breves y elegantes poemas líricos, tan intensos
y apasionados, revelan las cualidades de su espíritu de un modo discreto y, con
frecuencia, emocionante; y nada puede poner más de relieve esas cualidades que
el estudio de la vida en que se realizaron y expresaron. Los poemas del santo
reflejan en forma muy vivida su valor y su sensibilidad; su fe en Dios y en la
belleza de la creación, aun en medio de las peores brutalidades de la época; el
extraño contraste de ese hombre santo y apacible obligado a huir de la ley,
escondiéndose y disfrazándose, como si fuera un criminal. También reflejan su
severo ascetismo y su devoción a una disciplina casi militar, necesaria para
llevar a cabo su trabajo misional; su renuncia a todos los placeres del mundo,
nacida no de un morboso deseo de castigar a la naturaleza, sino de un anhelo
irresistible de sacrificarlo todo para obtener la «perla de gran precio». Es la
eterna paradoja cristiana de «no tener nada y poseerlo todo». Y esa paradoja de
la verdad cristiana fue la fuente de inspiración de Southwell. En «Nuevo
Príncipe, nueva pompa», el poeta nos habla del sistema de valores introducido
por el nuevo Príncipe cuya cuna fue un establo. En «Lauda Sion Salvatorem»
traduce con gran acierto, en una forma de verso muy difícil, el himno de Santo
Tomás de Aquino, con todo su énfasis en la aparente contradicción entre la fe y
los sentidos, la razón y la revelación. El temperamento de Southwell estaba admirablemente
dotado para sentir la aparente contradicción que se oculta bajo la también
aparente sencillez del dogma cristiano, así como la tensión entre esos dos
elementos con toda la profundidad de su significado, su riqueza de
interpretación y las verdades complementarias a que da lugar.
Es
natural que san Roberto haya escrito en la forma popular de su época, ya que,
aparte de otras razones que pueden haber existido, el estilo conceptuoso del
fin del siglo XVI se prestaba especialmente para expresar las paradojas de la
fe y los sentimientos que éstas provocaban en el poeta:
«Vivo, pero mi vida es muerte constante;
Muero, pero mi muerte es vida sin fin;
mi muerte-vida es una negación de mi vida-muerte
y la Vida que me espera coronará mi vida mortal.»
«Vivo, pero mi vida es muerte constante;
Muero, pero mi muerte es vida sin fin;
mi muerte-vida es una negación de mi vida-muerte
y la Vida que me espera coronará mi vida mortal.»
Se
ha comparado a Roberto SouthweII con Sir Philip Sidney, por el tono general y
el gusto de ambos hacia el estilo conceptuoso. Nada tiene esto de extraño, pues
Sidney ejerció una profunda influencia sobre los poetas jóvenes de su época.
Pero la semejanza se extiende también a la intensidad y al calor del
sentimiento de ambos poetas, si bien las diferencias son todavía más
interesantes y reveladoras que la semejanza. Sidney constituye el prototipo del
caballero de su época, en tanto que SouthweII era un jesuita perseguido,
odiado, acusado de traición. Pese a ello, Sidney y SouthweII se habrían
entendido bien porque ambos eran cultos, sensibles, pacíficos y muy íntegros.
Como lo dice el P. Garnet: «Nuestro querido P. SouthweII... era prudente,
piadoso, amable y de gran atractivo personal»; y en otra parte: «¡Qué hombre
tan extraordinario y querido fue el P. SouthweII!» Su poesía es generalmente
corta, compacta y muy intensa; bien trabajada y construida, pero no demasiado
pulida ni exagerada; abundan las frases felices que emergen del laberinto de las
palabras y de las ideas. Sin embargo, sus mejores poemas no son los más
complicados; por ejemplo, el famoso «Burning Babe» es de un conceptualismo
moderado que permite al lector seguir fácilmente la idea. El más conmovedor de
sus poemas, «The Virgin Mary to Christ on the Cross», es sencillo y directo y
los pocos juegos de palabras que contiene no son desconcertantes.
Roberto
SouthweII fue un poeta lírico. Su emoción, su energía y su pasión, gobernadas
por una severa disciplina impuesta a la vez por su vocación y su voluntad,
buscaban naturalmente una expresión concisa en unas cuantas líneas pletóricas
de significado y sentimiento. Ello hace que sus dos obras más largas sean menos
interesantes; nos referimos a «Fourfold Meditation on the Four Last Things» (cuya
autenticidad es dudosa) y a «St. Peters Complaint». Pero cualquiera que sea su
valor desde el punto de vista poético, lo importante es que sus poemas nos
muestran una vez más cuáles eran los intereses del poeta: las amarguras de las
cuatro últimas realidades de la vida humana; la forma en que el amor de Dios
fue herido por el pecado; el deseo que Dios tiene de que el hombre se
arrepienta y lo que espera al que no se arrepiente. En el prefacio a sus poemas
SouthweII se lamenta de que tantos de sus contemporános profanen el divino don
de la poesía, empleándolo en cosas bajas y manifiesta su intención de servirse
de la poesía y del estilo de su época «para capturar a sus contemporáneos en su
propia trampa». Esto nos hace comprender que la dedicación con que el santo se
consagró al estudio de su lengua durante los años de Roma, no tenía otro objeto
que el de combatir al enemigo con sus propias armas. Y el estilo de Roberto
SouthweII era un arma excelente, ya que, mientras la poesía profana creaba
laberintos de palabras y conceptos simplemente como un juego de ingenio, el
conceptualismo de la poesía sagrada, sin perder nada de su valor, se convertía
en un medio de expresar las más profundas verdades religiosas, tanto por el
carácter paradójico del cristianismo, como por la habilidad de SouthweII para
expresar sus verdades.
Los
poemas del santo fueron muy populares, pues su forma si no su contenido,
cuadraba con el gusto de la época. Por otra parte, los católicos encontraron en
ellos una verdadera lectura espiritual, expresada en términos a los que estaban
más acostumbrados que nosotros. El santo encontraba la formulación exacta de lo
que la vida era para los católicos de entonces: «una zigzagueante carrera hacia
un discutible reposo... un laberinto de innumerables caminos». La fragilidad de
la felicidad humana y la vanidad de los placeres, sobre lo cual escribía
Southwell, eran para los católicos una experiencia cotidiana; por ello,
necesitaban que el santo les reconfortara con sus cantos triunfales sobre el
cielo, la misericordia y el amor de Dios, el gozo espiritual que se encuentra
en el sufrimiento y con sus traducciones de los himnos y reflexiones de la
Iglesia sobre la vida del Salvador. Si el santo no tradujo los himnos de la
Resurrección, fue precisamente porque su atención se hallaba concentrada en la
vida, los sufrimientos y la muerte de Jesucristo, de los que su propia vida y
la de todos los católicos ingleses eran un pálido reflejo.
«El
amor no entiende las reglas de la razón, sino las del amor. No ve lo que se
puede ni lo que se debe hacer, sino únicamente lo que desea hacer. Las
dificultades no le amilanan y la imposibilidad no le detiene». Estas palabras
del santo en «Mary Magdalen's Funeral Tears» expresan perfectamente la actitud
en que vivió y murió, así como la actitud de su poesía, en la que la audacia de
su fe y la agudeza de su inteligencia evitan el escollo de convertir la belleza
lírica en fanatismo sin amor. Roberto Southwell no nos aconseja que no
busquemos flores, sino que las busquemos en el cielo.
La
obra de Janelle, Roberth Southwell: the Writer (1935), es el libro básico sobre
el santo, por lo que se refiere a su actividad literaria. La mejor edición de
las obras de Roberto Southwell es la de Grosart (1872). Ver los artículos del
P. Thurston en The Month, febrero y marzo de 1895, septiembre de 1905, y en
Catholic Encyclopedia, vol. xiv, pp. 164-165. Challoner, en Memorial of
Misionary Priests, describe la escena del cadalso y transcribe dos cartas de
Southwell a un amigo de Roma; también presenta la traducción de un manuscrito
sobre el juicio del santo, que se conserva en Saint-Omer. En este sitio web es
posible leer (y escuchar) algunos de sus poemas (en inglés)
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 857 veces
ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=649
No hay comentarios:
Publicar un comentario