domingo, 1 de noviembre de 2015

San Harold Bluetooth. 01112015

San Harold Bluetooth.

De uno de los santos menos santos que podremos conocer.

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1 noviembre 2015
San Harold Bluetooth.
Bautismo de Harold Bluetooth.
San Harold Bluetooth de Dinamarca, rey y mártir. 1 y 12 de Noviembre.

Orígenes y reinado.
Era el segundo hijo de Gorm “el Viejo” y Thyra, hija de Ethelbert de Inglaterra. En esta época ya Dinamarca era cristiana, pero los tiempos de las misiones de San Oscar (3 de febrero) y San Remberto (11 de junio) habían pasado. Había pocos sacerdotes, y de estos la mayoría relajados; retorno o sincretismo con supersticiones antiguas. Gorm fue conquistando a otros reyezuelos y unificó el poder, por lo que es considerado el primer rey de Dinamarca. Era pagano y más, anticristiano, pero su mujer era cristiana, aunque no pudo influir en su marido, que continuó destruyendo iglesias e incluso asesinando sacerdotes. En 934 Enrique I de Alemania "el pajarero", con el pretexto de defender la fe, invadió Dinamarca, derrotó a Gorm, que aceptó la implantación de la fe católica, aunque no se bautizó nunca.

Sucedió que Canuto, el hijo mayor de Gorm, murió en combate en Irlanda y su padre, al saberlo, murió de tristeza y Harold subió al trono. Hay divergencias en cuanto a la fecha; los Anales Irlandeses dicen que fue en 941, pero Harold murió en el 986 y la Saga Knytling, dice que reinó 50 años, por lo que habría sido coronado en 936. En el 941 Otón I de Alemania le obligó a firmar la paz, luego de vencerlo en una batalla. Harold tuvo que reconocer al Emperador como su señor, al que debía respeto y tributos. Asimismo tenía que, de una vez por todas, ayudar a la evangelización y prohibir las antiguas creencias.

Así que Harold permitió la expansión de la fe cristiana, favoreciendo a la Iglesia con beneficios y donaciones, y dotó al reino con leyes justas, llenas de moralidad y civismo, inspiradas en las cultura y ley romanas, paradigma de la modernidad y lo civilizado del momento. Pero hasta ahí… Harold fue un rey injusto, codicioso y realmente malvado. Asoló aldeas enteras que se resistían a su tiranía, robando y asesinando, para huir después. Paradójicamente legisló muy bien, para luego no cumplir nada de los legislado por él mismo.

Trampas y traiciones.
En el 944 acogió como hijo adoptivo a Harald, hijo mayor de Eric “Hacha Sangrienta”, rey de Noruega, que había muerto y su familia desterrada por Hakoon, su sobrino bastardo. Harold recibió a Gunhild, la viuda, y a los niños, sentando a Harald en sus rodillas (antiguo símbolo de paternidad) y le crió en su corte como su hijo. Cuando crecieron los niños, los envió a reconquistar Noruega por tres veces, hasta lograrlo y Harald fue coronado rey de este país. Mientras, en Dinamarca el sobrino de Harold, llamado Harald “el Dorado” pretendía la mitad del reino, por ser hijo de Canuto, hermano mayor de Harold. Este prefirió matarlo antes de concederle medio reino, pero Hakoon le aconsejó que matara a Harald, su adoptado y rey de Noruega en ese momento, para que entronizara en el reino de Noruega a Harald su sobrino carnal y evitara conflictos con su verdadera familia.

Harold Bluetooth vaciló, pero por un solo motivo ¿qué pensaría la gente por matar a su propio hijo adoptivo?. Hakoon le respondió “los daneses dirán que es mejor matar a un noruego que a un danés, hijo de tu propio hermano". Harold aceptó, pero quiso que lo hiciera su sobrino, en fin de cuentas era quien iba a tomar en trono noruego. Finalmente fueron a más: acordaron que Hakoon mataría a Harald “el Dorado” para ser Hakoon el rey de Noruega, pues total, Hakoon era también sobrino de Harold Bluetooth. Y así lo hicieron… Harald fue a Dinamarca con su madre, invitado por Harald “el Dorado”, y con solo llegar a la costa este los masacró junto a su corte. Inmediatamente los hombres de Hakoon se presentaron y ahorcaron a Harald, haciéndose pasar por hombres de Harold Bluetooth, que mandaba castigar el asesinato. Hakoon tomó el trono de Noruega, pero olvidó su promesa de vasallaje, desterró el cristianismo de su tierra y se dedicó a asolar las costas danesas arramblando con el ganado, incendiando y asesinando gente. Y Harold contestó haciendo lo mismo, con lo que empezó una guerra sucia entre las dos naciones.

La conversión.
En 965 Harold Buetooth consintió en bautizarse, y profesar públicamente la fe cristiana, según narra Widukind, por un milagro que se realizó en su presencia: Un obispo llamado Poppo declaró ante el rey que el Único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo y que los ídolos eran demonios y no dioses. El pueblo presente contestó que si Cristo era un dios, sus dioses también lo eran y siempre lo habían demostrado con signos y prodigios. Entonces Harold le preguntó a Poppo si podía probar que el Dios cristiano podía hacer un milagro evidente. Poppo respondió que sí y al día siguiente se le llamó a la fragua, le dieron un trozo de hierro candente que llevó ante el rey sin quemarse. Harold decidió que Cristo debía ser adorado como Dios, los ídolos y creencias paganas debían ser desterrados inmediatamente, y todo el pueblo prestar atención a la catequesis de la Iglesia y creer lo que esta enseñaba.

Un hijo y enemigo.
En el 974 se metió en guerra con Alemania, reino al que debía vasallaje desde el tiempo de Otón I. Otón II reunió un ejército y derrotó a las fuerzas de Harold; se hizo la paz y Otón fue padrino de Sweyn, hijo bastardo de Harold. Este niño había sido concebido con la hija de un campesino, forzándola. Ella se lo presentó tres años después del hecho, mientras estaba en un banquete con un noble llamado Palnatoki. Harold intentó zafarse del asunto, pero Palnatoki sabía que la muchacha no mentía y Harold tuvo que aceptarlo aunque se negó a educar ni tener al niño, que quedó al cuidado de Palnatoki. Se convirtió en soldado, capitán de piratas daneses. A los 18 años pidió a Harold ser asociado al trono como Gorm "el Viejo" había hecho con él. Harold le despidió amenazándolo. Sweyn decidió tomar el poder por la fuerza y reunió una flota y se enfrentó a la flota real en Sealand, donde perdió más de la mitad de sus barcos (la Saga de Joras el vikingo dice que la flota real lo estaba esperando, pues Harold sospechaba de él).

Esperando capturar a su hijo a la mañana siguiente, Harold esperó con los soldados junto al mar. De noche, mientras el rey se calentaba al fuego, Palnatoki se acercó por detrás y le asaeteó, matándolo. Regresó adonde Sweyn y juntos difundieron la noticia. Se convocó una reunión y Sweyn fue proclamado rey sin oposición, de tanto que ya odiaba el pueblo al viejo rey Harold. Hay divergencias en esto, pues la Saga Knytling dice “Harold recibió una herida que terminó con su muerte, y Sweyn fue elegido rey de Dinamarca”. Mientras, la Saga Sögubrot dice “en esa batalla Harold recibió su herida mortal de una flecha”, o sea, murió peleando. La Saga de Olaf Tryggy dice que el rey recibió la herida en la lucha, y que Palnatoki cuidó de él. Y por último, la Saga de Joras el vikingo dice “Harold huyó herido de la batalla de Sealand, y murió en Jomsborg, el Día de Todos los Santos”. Esto último no parece ser cierto, puesto que Harold fue enterrado inmediatamente en Roskilde. Fue el primer rey danés en recibir cristiana sepultura.

Mártir de la fe.
Aunque parezca increíble, la leyenda tardía torció la historia e hizo a Harold un mártir de la fe diciendo que Sweyn se había hecho pagano y Harold luchó por la defensa del cristianismo en su tierra. En realidad sólo protegió la fe católica y la expandió porque Otón I y Otón II le obligaron mediante tratados de paz. La verdad es que tiene razón Alban Butler cuando concluye la vida de Harold: "Uno puede sentirse agradecido de que no haya sido introducido en el Martirologio".

Harold y la tecnología Bluetooth
Y solo queda terminar con la explicación del nombre “bluetooth”, tan usado hoy en día. “Blatand” era como le llamaban: “Bla” por su piel oscura, rara en los nórdicos, y “tand” que significa “gran hombre”. Fue la traducción de las Sagas al inglés lo que transformó Blatand en Bluetooth (diente azul). Y como no hallaron explicación a semejante nombre, se inventó que había padecido una enfermedad que causó tuviera un diente azulado. Ah, y la tecnología moderna que permite la conexión y transferencia de archivos entre dispositivos tomó su nombre porque, como rey, unificó Dinamarca y conquistó Noruega.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

Hoy el reto del amor es descubrir pequeños detalles de amor.01112015

Hoy el reto del amor es descubrir pequeños detalles de amor.

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1 noviembre 2015
Año del Señor 2015
Lerma,1 de noviembre
 
Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Feliz día de Todos los Santos. 
 
ARREGLOS DE "ÚLTIMA HORA"
 
Dos viernes al mes tenemos Exposición del Santísimo. Nos organizamos en turnos de vela de media hora cada una para estar disfrutando de Jesús.
 
Me pidieron que hiciese nuevos los papeles de los horarios de vela. Mi vena artística salió a flote: símbolos eucarísticos de fondo, a diferentes colores... ¡estaba contentísima! 
 
Pero, hace poco, encontré dos monjas de las mayores totalmente enfrascadas mirando el corcho. 
 
-Entonces ¿a mí a qué hora me toca la vela? 
 
-A ver... -y, echando la cuenta con los dedos, la otra exclamó- ¡Sí, las 15 son las 3!
 
¡Qué desastre! Había puesto las horas en "formato digital"... ¡sin caer en la cuenta de que es mucho más fácil el "formato analógico"! 
 
Ayer mismo puse nuevos papeles, ¡con qué detalles tan sencillos podemos ayudar a los demás! Y, precisamente por ser pequeños, se nos pueden pasar desapercibidos.
 
Hace poco leí una frase: "Morir por ti fue mi razón para vivir. Firmado: Cristo." 
 
Realmente, la vida de Cristo es "una vida para los demás". Él se entrega totalmente, cuida de ti, de mí, nos manifiesta su amor a lo largo del día en mil pequeños regalos,  ¡Él sí que es un especialista en los detalles! Así pues, ¡Él también es el mejor Maestro para aprender este arte! Estoy segura: fue el Señor quien me regaló descubrir a estas dos hermanas estudiando el horario. Si no, ¡no me habría dado cuenta! 
 
Hoy el reto del amor es descubrir pequeños detalles de amor. En tu oración, pídele a Cristo que te regale ver todos los gestos de cariño que Él va a tener hoy contigo. Y, también, pídele unos ojos como los Suyos, capaces de descubrir las ocasiones que tendrás para mostrar tu cariño a los de tu alrededor: vaciar la papelera (poniendo una bolsa nueva después 😉), poner o quitar la mesa... 
 
Recuerda, santos no son los que hicieron grandes cosas, sino los que hicieron cosas pequeñas... con un gran Amor: el amor que viene de Cristo. ¡Hoy ama con detalles! ¡Feliz día! 
 
VIVE DE CRISTO 
http://dominicaslerma.es/  
 
 
©Producciones es El- Vive de Cristo (Dominicas Lerma)
Prohibido cualquier reproducción para uso comercial. Solo se permite un uso para actividades de evangelización siempre que se publiquen sin ningún tipo de modificación.
 

Beato Rainiero Aretino - Beatos Pedro Pablo Navarro, Dionisio Fujishima, Pedro Onizuka Sandayu y Clemente Kyuemon 01112015

Beato Rainiero Aretino

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Beato Rainiero Aretino, religioso
En Borgo Sansepolcro, lugar de Umbría, beato Rainiero Aretino, de la Orden de los Hermanos Menores, que brilló por su humildad, pobreza y paciencia.
No conocemos la fecha de nacimiento de este religioso lego, franciscano minorita, que falleció en Sansepolcro, su ciudad natal, el 1 de noviembre de 1304, siendo enseguida venerado por el pueblo como santo. Su vida transcurrió en el cumplimiento del humilde oficio de portero y limosnero, que le permitió estar en contacto con los más pobres, con la gente sencilla del pueblo y con todos los necesitados que llamaban a las puertas del convento en busca de algo de alimento. La muerte le sobrevino en la bodega, donde estaba realizando su trabajo para los hermanos de la fraternidad.

Pocos días después de su muerte el municipio, que ordenó embalsamar su cuerpo y recoger las relaciones de los milagros atribuidos a él, también hizo que construyeran un altar monumental en honor de Ranieri. En dicho altar, que aún existe en la iglesia de San Francisco de los conventuales de Sansepolcro, se lee la siguiente inscripción en latín: «En el año del Señor 1304, en la fiesta de todos los santos, el santo Ranieri emigró al Señor. En dicho año el ayuntamiento del Borgo mandó hacer este altar para honra de Dios y magnificencia de dicho santo. Amén».

Entre los milagros que se le atribuyen después de su muerte está la resurrección de dos niños, motivo por el cual al beato Rainiero lo invocan las mujeres en el momento del parto. Pio VII reconoció el culto en 1802, y su memoria litúrgica se celebra el 31 de octubre, un día antes de su muerte, por coincidir el 1 de noviembre con la solemnidad de todos los Santos. Su cuerpo reposa en la cripta de la iglesia de San Francisco de su ciudad natal.
fuente: Frate Francesco



Beato Pedro Pablo Navarro

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Beatos Pedro Pablo Navarro, Dionisio Fujishima, Pedro Onizuka Sandayu y Clemente Kyuemon, mártires
En Shimabara, lugar de Japón, beatos Pedro Pablo Navarro, presbítero, Dionisio Fujishima y Pedro Onizuka Sandayu, religiosos de la Orden de la Compañía de Jesús, y Clemente Kyuemon, mártires, que fueron sometidos al tormento del fuego por quienes odiaban la fe.
En 1867, el mismo año en que se reanudó la persecución en Urakami, aunque no llegó al derramamiento de sangre, el papa Pío IX beatificó a 205 mártires del Japón. Por diversas causas (entre las que desgraciadamente nos vemos obligados a reconocer la de los celos nacionales y aun las rivalidades religiosas entre los misioneros de varias órdenes) el «shogun» Ieyasu Tokugawa decretó que el cristianismo tenía que ser abolido. La persecución se inició en 1614, y los beatos sufrieron el martirio entre los años 1617 y 1632. La persecución aumentó gradualmente en intensidad hasta 1622, cuando tuvo lugar la «gran matanza».

El beato Pablo Navarro fue quemado en vida en Shimabara, el l de noviembre del mismo año. Había nacido en 1560, era italiano, y estuvo largo tiempo en la India antes de misionar en el Japón. Llegó a dominar el idioma a la perfección, ejerció su ministerio con celo extraordinario en Nagasaki y otras partes y, durante veinte años, fue rector de la casa de los jesuitas en Amanguchi. Las cartas llenas de nobles y elevados conceptos que escribió el padre Navarro en vísperas de su martirio, fueron impresas en el segundo volumen de la «Histoire de la Religion Chrétienne au Japon» (1869), de L. Pagés.

Con él fueron también quemados los jesuitas japoneses Dionisio Fujishima y Pedro Onizuka Sandayu (nacidos en 1584 y 1604 respectivamente), y el catequista Clemente Kiuyemon (nacido en 1574). Habían llegado al lugar del suplicio cantando las letanías de la Virgen. Muchos espectadores, entre ellos los cristianos, admiraban la fortaleza y serenidad de los testigos de Cristo. El rey Bungodono, contrario a la sentencia imperial de muerte, pero que no podía impedir, ordenó que fueran muchos los haces de leña para que los mártires, muriendo pronto, padeciesen menos, y que estuviesen muy cercanos a los postes en donde eran atados.

Noticia realizada con fragmentos del Butler-Guinea correspondiente al artículo genérico sobre la persecución en Japón, tomo III, pág 512ss., y los datos personales de Año Cristiano, BAC, 2003, 1 de noviembre. El artículo del Butler, aunque excede a nuestro tema porque abarca el conjunto de la persecución de esos años, tiene datos muy ilustrativos y bibliografía.


San Vigor de Bayeux - San Licinio de Angers - San Maturino de Larchant - San Audomaro de Thérouanne 01112015

San Vigor de Bayeux

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San Vigor de Bayeux, obispo
En Bayeux, en la Galia Lugdunense, san Vigor, obispo, discípulo de san Vedasto.
Vigor nació en Artois y vivió en la época de Childeberto I (es decir, en la primera mitad del siglo VI). Su padre le confió a san Vedasto de Arras para que le educase. Pero Vigor, temiendo que su padre no le permitiese ser sacerdote, huyó con otro compañero y se ocultó en el pueblecito de Ravière, cerca de Bayeux. Ambos amigos predicaron allí e instruyeron al pueblo. Después de su ordenación, san Vigor extendió el campo de su ministerio.

El año 513, murió el obispo de Bayeux, y san Vigor fue elegido para sucederle. Viendo que algunos adoraban todavía a un ídolo de piedra en una colina de las afueras de la ciudad, el santo derribó el ídolo y construyó una iglesia en ese sitio, al que dio el nombre de Colina de la Unción. Cuando el conde Bertulfo se cayó del caballo y se rompió la nuca, el santo vio en ello un juicio de Dios, pues el conde había pretendido apoderarse de la colina. El pueblecito de Saint-Vigueur-le-Grand, en las proximidades de Bayeux, toma su nombre de san Vigor, quien construyó allí una abadía. Los normandos dedicaron dos o tres iglesias a san Vigor en Inglaterra.

Véase Acta Sanctorum, nov., vol. I, donde hay una edición crítica de una biografía latina que data probablemente del siglo VIII. Para dicha edición se emplearon diversos manuscritos. Véase también Corblet, Hagiographie d'Amiens, vol. IV, pp. 657-664; y Duchesne, Fastes Episcopaux, vol. II, p. 220.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


San Licinio de Angers

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En Angers, en Neustria, san Licinio, obispo, a quien el papa san Gregorio I Magno encomendó los monjes que se dirigían a Inglaterra.



San Maturino de Larchant

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San Maturino, presbítero
En Larchant, ciudad del Gatinais Aquitano, san Maturino, presbítero.
La biografía de san Maturino, que es totalmente legendaria, cuenta que nació en Larchant, en el territorio de Sens, y que sus padres eran paganos. A diferencia de su padre, quien perseguía a la Iglesia, Maturino abrió su corazón al Evangelio y, a los doce años, fue juzgado digno de recibir el bautismo. Sus primeros convertidos fueron sus propios padres. A los veinte años, recibió Maturino la ordenación sacerdotal, y Dios le concedió una gracia especial para arrojar a los malos espíritus. Su obispo tenía tal confianza en él, que le delegó el gobierno de la diócesis mientras él iba a Roma. El santo predicó en el Gâtinais, donde convirtió a muchas gentes. Cuando su fama de exorcista llegó a Roma, se le convocó a dicha ciudad para que librase a una doncella noble, a quien el demonio atormentaba mucho. Según la leyenda, san Maturino murió en la Ciudad Eterna. Su cuerpo fue trasladado a Sens y, más tarde, a su pueblo natal. Los hugonotes destruyeron las reliquias. A Io que parece, el culto de san Maturino nunca estuvo muy extendido. En Francia se suele llamar «maturinos» a los frailes trinitarios, porque tenían en París una iglesia dedicada a este santo.

Véase Acta Sanctorum, nov., vol. I, donde se hallará el texto latino de la leyenda, con un comentario. El culto local de san Maturino ha sido estudiado a fondo por E. Thoison en una serie de artículos publicados en los Annales de la Société hist.-archéol. Gâtinais (1886-1888). Cf. H. Gaidoz, en Mélusine, vol. v (1890), pp. 151-152.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


San Audomaro de Thérouanne

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San Audomaro de Thérouanne, monje y obispo
En el territorio de Théouranne, en Flandes, san Audomaro, que, siendo discípulo de san Eustasio, abad de Luxeuil, fue elegido obispo de los Marinos y renovó allí la fe cristiana.
El nombre de San Audomaro resulta más familiar y conocido en su forma francesa de Omer, ya que en Francia existe la ciudad de Saint-Omer donde estuvo, en tiempos de la persecución religiosa en Inglaterra, el famoso colegio de jesuitas que mantuvo bien provista la misión inglesa1.

El lugar de nacimiento de Omer no estaba lejos de la ciudad de Coutances. Todas las preocupaciones de sus padres se concentraron en él, y la educación del joven fue su cuidado primordial. Omer respondió bien a las esperanzas que habían sido puestas en él, progresó rápidamente en los estudios, manifestó su inclinación hacia la vida religiosa y, a la muerte de su madre, ingresó en el monasterio de Luxeuil. San Eustacio, que había sucedido al fundador san Columbano en el gobierno de aquella casa, acogió amablemente al joven y a su padre, que le acompañaba; ambos fueron admitidos y, a su debido tiempo, padre e hijo hicieron juntos su profesión religiosa. La humildad, devoción, obediencia y pureza de costumbres que demostró poseer el joven desde un principio, le distinguieron entre sus hermanos, aun en aquel hogar de santos.

Con el correr del tiempo, se supo que Thérouanne, la capital de los morini2, tenía gran necesidad de un pastor celoso y enérgico para que guiara a sus habitantes por el buen camino. Aquella comarca, que comprendía lo que ahora conocemos con el nombre de Pas-de-Calais, se hallaba bajo la égida del vicio y el error, y el rey Dagoberto buscaba afanosamente a una persona bien calificada para restablecer la fe y la práctica de las reglas de moral que predica el Evangelio. San Omer, que hacía veinte años era monje en el convento de Luxeuil, fue señalado como el hombre capaz de desempeñar la ardua tarea y, san Acario, obispo de Noyon y Tournai, se lo recomendó al rey, de manera que, alrededor del año 637, Omer, que se hallaba feliz y contento en su retiro, fue súbitamente obligado a abandonar su soledad. Al recibir la orden, hizo este comentario: «¡Qué enorme diferencia hay entre la segura rada en la que ahora me encuentro anclado y ese mar tempestuoso al que me empujan, contra mi voluntad y sin ninguna experiencia!»

La primera tarea de su ministerio pastoral como obispo de Thérouanne fue el restablecimiento de la fe, con toda su pureza, entre los pocos cristianos que encontró y cuya reforma fue un trabajo tan difícil como la conversión de los idólatras. A pesar de los obstáculos, fue inmenso el éxito de sus labores, y se puede afirmar que dejó su diócesis al mismo nivel que las más florecientes de Francia. Sus sermones, llenos de fogosa elocuencia, eran irresistibles, pero su vida ejemplar era una prédica todavía más poderosa, puesto que alentaba a los demás a prodigarse para dar de comer a los pobres, consolar a los enfermos, reconciliar a los enemigos y servir a todos, sin otro interés que el de su salvación y la mayor gloria de Dios. Ése era el carácter del santo obispo y de todos los que trabajaban bajo su dirección. Entre sus principales colaboradores figuraban Mumolino, Beltrán y san Bertino, tres monjes a los que san Omer sacó de Luxeuil para que le ayudasen. Junto con ellos, san Omer fundó el monasterio de Sithiu, que llegó a ser uno de los grandes seminarios de Francia. Las biografías de san Omer relatan una serie de milagros no muy convincentes que se le atribuyen. Durante sus últimos años de vida, estuvo ciego, pero aquella aflicción no le causó ningún abatimiento ni disminuyó su preocupación pastoral por su grey. Otro de sus biógrafos dice que, cuando san Auberto, obispo de Arras, trasladó las reliquias de san Vedast al monasterio que había construido en su honor, san Omer estaba presente y, en aquella ocasión, recuperó la vista durante algún tiempo. Es probable que san Omer muriese poco después del año 670.


fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

San Marcelo de París - San Rómulo de Bourges - San Severino de Tívoli - San Magno de Milán 01112015

San Marcelo de París

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San Marcelo de París, obispo
En París, en la Galia Lugdunense, san Marcelo, obispo.
Se cuenta que san Marcelo nació en París. Sus padres no se distinguían por su alto nivel social, pero la santidad de Marcelo fue su mejor presa. El joven se entregó enteramente a la práctica de la virtud y a la oración, de suerte que, según su biógrafo, parecía completamente desprendido del mundo y aun del cuerpo. Prudencio, el arzobispo de París, viendo el carácter serio de Marcelo y los rápidos progresos que había hecho en las ciencias sagradas, le ordeno de lector y mas tarde le hizo archidiacono suyo. A partir de entonces, el santo realizó, según se dice, muchos milagros.

Cuando murió Prudencio, Marcelo fue elegido unánimemente para sucederle. Se dice que, con su autoridad y sus oraciones, defendió a su grey contra las invasiones de los bárbaros. Su biógrafo refiere milagros extravagantes, entre otros una señalada victoria sobre un dragón. Pero, como comenta Alban Butler, «la veracidad de estos hechos depende de la del autor, quien escribió cien anos después y, siendo extranjero, debió fiarse de hablillas y leyendas populares». San Marcelo murió a principios del siglo V. Su cuerpo fue sepultado en la catacumba de su nombre, en la ribera izquierda del Sena; actualmente ese distrito es un suburbio de Paris y se llama Saint-Marceau. Los críticos modernos atribuyen sin vacilar la biografía de san Marcelo a san Venancio Fortunato, quien -con perdón de Butler- no era un extranjero en las Galias, excepto en el sentido técnico.

B. Krush editó dicha biografía en Monumenta Germaniae Historica, Auctores antiquissimi, vol. IV, pte. 2, pp. 49-54; puede verse también en Acta Sanctorum, nov., vol. I. Vease Duchesne, Fastes Épiscopaux, vol. II, p. 470.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



San Rómulo de Bourges

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En el territorio de Bourges, en Aquitania, san Rómulo, presbítero y abad.

San Severino de Tívoli

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En Tívoli, en el Lacio, san Severino, monje.

San Magno de Milán

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En Milán, de la Lombardía, san Magno, obispo.

Santos no ejemplares - San Cesáreo de Tarracina - San Benigno de Dijón - San Austremonio de Auvernia 01112015

Santos no ejemplares

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Santos no ejemplares
La santificación se da en la misteriosa unión de la gracia de Dios y de la libertad humana, pero ambas, gracia y libertad, transcienden en última instancia todo condicionamiento exterior a ellas. Esto significa que la santidad esencial no puede verse limitada por adversas circunstancias psíquicas, corporales o ambientales, pero éstas sí pueden limitar, sin que haya culpa, la íntima experiencia psicológica de la santidad, así como su ejercicio moral en actos concretos.
Sabemos que concretamente en los cristianos, Dios santifica al hombre contando con el concurso de sus facultades mentales. Pero sabemos que Dios también santifica al hombre sin el concurso consciente y activo de sus potencias psicológicas. Así son santificados los niños sin uso de la razón.
Los locos durante su tiempo de alienación mental. Los paganos, pues los que son santificados sin fe-conceptual (no conocen a Cristo), habrán de tener un cierto modo de fe-ultra conceptual, ya que sin la fe no podrían agradar a Dios (Heb. 11, 5-6) Los místicos, cuando al orar o al actuar bajo la intensa acción de los dones del Espíritu Santo, no ejercitan activamente las potencias psicológicas; ellos nos hablan de cómo la fe ha de trascender tanto lo inferior sensitivo como lo racional y superior.
Por otra parte, la distinción real que hay entre el alma y las potencias que de ella fluyen nos ayuda también mucho a comprender estos modos de santificación al margen de las potencias del hombre. En efecto, lo que santifica al hombre es la gracia, pero propiamente la gracia perfecciona la esencia misma del alma, que es distinta de sus potencias psicológicas; éstas, en la santificación, pueden quedar eventualmente incultas, por designio divino.
Este designio de Dios, como decíamos, parece bastante frecuente, pues hay que reconocer que entre los hombres – y también a veces los «cristianos»- el número de niños, locos y paganos  son muy grande. Entre todos éstos la santificación de Dios realizará no pocas veces «santos no ejemplares».   Recordemos también en esto que la santificación cristiana es escatológica: se realizará plenamente en la resurrección.
Pero aquí en la tierra muchas veces el Espíritu Santo habita y santifica realmente a hombres cuya lamentable circunstancia, impide todavía ciertas vivencias psicológicas y ciertas manifestaciones éticas que corresponderían normalmente a la santidad.    Ahora bien, si desde el fondo de su humillación, esos hombres aceptan la cruz de la vergüenza, son santos: las realizaciones psicológicas y morales de la santidad pueden ser en ellos desastrosas, pero son santos.   No son santos «canonizables», por supuesto, ya que la Iglesia sólo canoniza santos ejemplares.
La obra santificante de Dios, en esta vida histórica, produce, pues, dos tipos de santos, según que la gracia actúe sobre naturalezas individuales relativamente sanas o particularmente deterioradas, o más exactamente, según los designios de la Providencia. En palabras de Beirnaert:   « Existen los santos cuyos psiquismos son desfavorecidos y pobres, la multitud de los angustiados, agresivos,  carnales, todos aquellos que arrastran el peso insoportable de los determinismos... Y  junto a ellos existen los santos de feliz psiquismo, los santos castos, fuertes y dulces, los santos modelo, canonizados o canonizables, los santos admirables que provocan la acción de gracias y en quienes vemos a la humanidad transformada por la gracia    ( L. Beirnaert, Experiencia Cristiana y sicología, Barcelona, Estela 1969)
La gracia de Dios, en cada hombre concreto, no sana necesariamente en esta vida todas las enfermedades y atrofias de la naturaleza humana; sana lo que, en los designios de la Providencia, viene requerido para la divina unción. Permite, pues, a veces que perduren en el hombre deificado no pocas deficiencias psicológicas y morales inculpables, que para la persona será una no pequeña humillación y sufrimiento.
Fuente:  José Rivera y José María Irabury; « Espiritualidad Cristiana»; Prólogo de Don Marcelo González Martín, Arzobispo de Toledo, Cardenal Primado de España; Centro de estudios de Teología Espiritual; Madrid 1982 (Pág. 408 a 413)





Oremos

Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.




San Cesáreo de Tarracina

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San Cesáreo, mártir
En Tarracina, en la costa del Lacio, san Cesáreo, mártir.
Existía en Terracina, Italia, la bárbara costumbre de que, en ciertas ocasiones solemnes, un joven se ofreciese voluntariamente en sacrificio a Apolo, que era el dios tutelar de la ciudad. Tras un período en el que el pueblo satisfacía todos los caprichos del joven elegido, éste se ofrecía como víctima y se arrojaba al mar desde un acantilado. Cesáreo, que era un diácono africano, presenció en cierta ocasión la escena, y no pudiendo contener su indignación, habló abiertamente contra una superstición tan abominable. El sacerdote del templo le mandó arrestar y le acusó ante el gobernador. Al cabo de dos años de prisión, Cesáreo fue condenado por el gobernador a ser arrojado al mar en un saco, junto con un sacerdote cristiano llamado Julián.

Aunque no sabemos qué fue lo que realmente sucedió, lo cierto es que los nombres de san Cesario y san Julián figuran en los martirologios primitivos. En Roma hubo desde el siglo VI una iglesia consagrada a San Cesáreo, que es actualmente un título cardenalicio. Dado que las actas son enteramente ficticias, lo único que puede asegurarse (y esto tan sólo por los vestigios de una iglesia primitiva) es que existió y fue mártir. El Martirologio Romano actual ha conservado el nombre de san Cesáreo, pero no el de su compañero Julián, ni la caracterización de Cesáreo como diácono.

Véase Acta Sanctorum, nov., vol. I, donde hay cuatro diferentes versiones de las actas y la paráfrasis griega de una de ellas. La iglesia de San Cesario está en el Palatino. Se ha dicho que fue erigida en ese barrio imperial porque el nombre del santo recordaba el de les césares. Véase Delehaye, Origines du culte des martyrs. pp. 308-409; Lanzoni, Rivista di archeologia cristiana, vol. I, pp. 146.148; Duchesne, Nuovo bullettino di arch. crist., 1900, pp. 17 ss.; y J. P. Kirsch, Des Stadtrrömische Fest-Kalender, p. 203.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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San Cesáreo, mártir
En Tarracina, en la costa del Lacio, san Cesáreo, mártir.
Existía en Terracina, Italia, la bárbara costumbre de que, en ciertas ocasiones solemnes, un joven se ofreciese voluntariamente en sacrificio a Apolo, que era el dios tutelar de la ciudad. Tras un período en el que el pueblo satisfacía todos los caprichos del joven elegido, éste se ofrecía como víctima y se arrojaba al mar desde un acantilado. Cesáreo, que era un diácono africano, presenció en cierta ocasión la escena, y no pudiendo contener su indignación, habló abiertamente contra una superstición tan abominable. El sacerdote del templo le mandó arrestar y le acusó ante el gobernador. Al cabo de dos años de prisión, Cesáreo fue condenado por el gobernador a ser arrojado al mar en un saco, junto con un sacerdote cristiano llamado Julián.

Aunque no sabemos qué fue lo que realmente sucedió, lo cierto es que los nombres de san Cesario y san Julián figuran en los martirologios primitivos. En Roma hubo desde el siglo VI una iglesia consagrada a San Cesáreo, que es actualmente un título cardenalicio. Dado que las actas son enteramente ficticias, lo único que puede asegurarse (y esto tan sólo por los vestigios de una iglesia primitiva) es que existió y fue mártir. El Martirologio Romano actual ha conservado el nombre de san Cesáreo, pero no el de su compañero Julián, ni la caracterización de Cesáreo como diácono.

Véase Acta Sanctorum, nov., vol. I, donde hay cuatro diferentes versiones de las actas y la paráfrasis griega de una de ellas. La iglesia de San Cesario está en el Palatino. Se ha dicho que fue erigida en ese barrio imperial porque el nombre del santo recordaba el de les césares. Véase Delehaye, Origines du culte des martyrs. pp. 308-409; Lanzoni, Rivista di archeologia cristiana, vol. I, pp. 146.148; Duchesne, Nuovo bullettino di arch. crist., 1900, pp. 17 ss.; y J. P. Kirsch, Des Stadtrrömische Fest-Kalender, p. 203.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI




San Benigno de Dijón

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San Benigno de Dijón, presbítero y mártir
En Dijón, en la Galia Lugdunense, san Benigno, venerado como presbítero y mártir.
Sobre la historia de san Benigno poco puede decirse de cierto. Alban Butler sólo se atreve a que fue un misionero romano que sufrió el martirio en Dijon, «probablemente en el reinado de Aureliano». Pero aun esto es demasiado, ya que no sabemos dónde nació san Benigno, y la fecha que Butler fija es, probablemente, bastante posterior. No es imposible que san Benigno haya sido discípulo de san Ireneo de Lyon y que le hayan martirizado en Epagny. Aunque más tarde empezó a venerársele en Dijon, lo cierto es que, a principios del siglo VI, no se le conocía allí. San Gregorio de Tours dice que, en aquella época, los habitantes de Dijon veneraban una tumba, y que su bisabuelo san Gregorio, obispo de Langres, opinaba que en ella estaba enterrado un pagano; pero un ángel le reveló milagrosamente en sueños que era el sepulcro del mártir san Benigno. Así pues, Gregorio de Langres restauró el sepulcro y construyó una basílica sobre él. El obispo no sabía nada sobre la vida del mártir, pero ciertos peregrinos que venían de Italia le regalaron una copia de «La pasión de San Benigno». Es muy poco probable que tal documento haya sido redactado en Roma, ya que, en realidad, el estilo de esa obra indica más bien que fue escrita por un contemporáneo de Gregorio de Langres en Dijon y es enteramente espuria.

La «Pasión de San Benigno» refiere que san Policarpo de Esmirna, tras la muerte de San Ireneo (quien en realidad murió cincuenta años después de san Policarpo), vio una aparición del santo. A raíz de ella, envió a dos sacerdotes, Benigno y Adoquio, así como al diácono Tirso, a predicar el Evangelio en las Galias. Tras una naufragio en Córcega, donde se unió al grupo san Andéolo, los misioneros desembarcaron en Marsella y se dirigieron a la Costa de Oro. En Autun los hospedó un tal Fausto, y san Benigno bautizó a san Sinforiano, el hijo de su huésped. Los misioneros se separaron allí. San Benigno convirtió en Langres a Santa Leonila y a sus tres nietos gemelos. Después se trasladó a Dijon, donde predicó con gran éxito y obró muchos milagros. Al estallar la persecución, el juez Terencio denunció a Benigno ante el emperador Aureliano, quien estaba entonces en la Galia (por consiguiente, el martirio de san Benigno tuvo lugar unos cien años después de la muerte de san Policarpo). El santo misionero fue aprehendido en Epagny, cerca de Dijon. Tras sufrir numerosos tormentos y pruebas, a las que opuso otros tantos milagros no menos extraordinarios, el verdugo le deshizo la cabeza con una barra de hierro y le perforó el corazón. El cadáver fue sepultado en una tumba que semejaba un monumento pagano para engañar a los perseguidores.

Mons. Duchesne ha demostrado que esta leyenda constituye el primer eslabón de una cadena de novelas religiosas, escritas a principios del siglo VI, con el objeto de describir los orígenes de las diócesis de Autun, Besançon, Langres y Valence (los santos Andoquio y Tirso, Ferréolo y Ferrucio, Benigno, Félix, Aquileo y Fortunato). Tales obras no merecen el menor crédito, y aun la existencia histórica de algunos de los mártires es dudosa.

En Acta Sanctorum, nov., vol. I, hay seis versiones diferentes de La pasión de San Benigno. Además del comentario de los bolandistas, véase Duchesne, Fastes Episcopaux, vol. I, pp. 51-62, y Leclercq, en Dictionnaire d'Archéologie chrétienne et de Liturgie, vol. IV, cc. 835-849.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


San Austremonio de Auvernia

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San Austremonio de Auvernia, obispo
En Auvernia, de Aquitania, san Austremonio, obispo, que, según la tradición, predicó en esta ciudad la palabra de la salvación.
No sabemos con certeza sobre este santo sino que fue misionero en Arvernia (en la actualidad Clermont-Ferrand, Francia), y que se le venera como apóstol y primer obispo de Clermont. Los historiadores discuten hasta la época en que vivió. Según San Gregorio de Tours, fue uno de los siete obispos enviados de Roma a la Galia a mediados del siglo III. Su culto se popularizó gracias a una visión que tuvo un diácono junto al sepulcro del santo, en Issoire, y que declaró el emplazamiento de la tumba.

Sin embargo este núcleo de leyenda se desarrolló -como en muchos otros casos- de manera completamente fantasiosa: el santo habría sido uno de los setenta y dos discípulos del Señor. Fue asesinado por un rabino judío, a cuyo hijo había convertido. El rabino le cortó la cabeza y la arrojó en un pozo, pero los cristianos lo descubrieron gracias al rastro de sangre que había dejado desde el sitio del asesinato hasta el pozo. Por ello antiguamente se veneraba a San austremonio como mártir, categoría que, sin embargo, ya no ostenta.

En Acta Sanctorum, nov., vol. I, hay tres biografías legendarias; la tercera de ellas se ha atribuido sin razón a san Praejectus. Los bolandistas publicaron además otros textos relacionados con las traslaciones de las presuntas reliquias y los milagros obrados por ellas. Véase Duchesne, Fastes Episcopaux, vol. II, pp. 119-122; Poncelet, en Analecta Bollandiana, vol. XIII (1894), pp. 33-46; Leclercq, en Dictionnaire d'Archéologie chrétienne et de Liturgie, vol. III, cc. 1906-1914; y L. Levillain, en Le Moyen-Age, 1904, pp. 281-337. Parece cierto que san Praejectus escribió o terminó una obra sobre su predecesor, Austremonio, pero la obra se perdió. Noticia del Butler-Guinea modificada.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Todos los Santos... que están en el Cielo (Meditación para hoy) 01112015

Todos los Santos... que están en el Cielo
Todos los que están en la presencia del Señor son santos. Unos en los altares, otros anónimos, pero cerca del corazón del Padre Eterno.


Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net 



La Iglesia católica recuerda y venera, en este día, a todos los Santos que están en el Cielo.
El objeto de esta fiesta es agradecer a Dios por la gracia que ha concedido a sus elegidos y movernos a imitar sus virtudes y a seguir su ejemplo o a implorar la divina misericordia por la intercesión de tan poderosos abogados.
Todos los que están en la presencia del Señor son santos. Unos en los altares, otros anónimos pero no por eso menos cerca del corazón del Padre Eterno.
Hay santos de todas las edades, de todas las razas y condiciones sociales para mostrarnos que todos los hombres y mujeres podemos y somos capaces de ser santos. Unos nacieron en el lujo de los palacios y otros en humildes chozas. Unos fueron militares, otros comerciantes, magistrados, pescadores, monjas , religiosos, personas casadas, reyes, viudas, esclavos y hombres libres y pecadores.

 
Los hay que llegaron a la santidad por el martirio y los hay que se santificaron día a día con el cumplimiento de las cosas cotidianas, con las pequeñas cosas. Se santificaron en las circunstancias ordinarias de su vida: lo mismo en la prosperidad que en la adversidad, en la salud o en la enfermedad, en la riqueza o en la pobreza. Siempre supieron hacer, de las circunstancias de su vida un medio de santificación.

En esta fiesta como en las demás conmemoraciones de los santos, es Dios quién constituye el objeto supremo de Adoración y a El va dirigida fundamentalmente la veneración que tributamos a sus siervos, pues El es el dador de todas las gracias.

Nuestras oraciones a los santos no tiene otro objeto que el de pedir y alcanzar que intercedan por nosotros ante Dios, por consiguiente el fervor con que celebremos esta fiesta debería ser un culto de reparación por la tibieza con que dejamos pasar todas las fiestas religiosas del año.
Recordaremos a todos los seres queridos que se han ido y que por la gran misericordia y el amor infinito de Dios están en su presencia y pidámosles que ellos que ya están en el regazo de Padre, nos iluminen para seguir por el camino de salvación.

Mañana, día 2, la Iglesia pedirá por todos los que ya no están con nosotros por ser un día dedicado a los que terminaron su misión en la tierra y que la Iglesia le da el nombre de DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS y que todos conocemos como el Día de Muertos.
Para ellos, nuestro recuerdo lleno de amor y nuestras oraciones. Tal vez no todos han purificado su alma y aún están en la necesidad de nuestras misas y oraciones para llegar a la presencia del Señor, pero de todas maneras es bueno que no olvidemos y pidamos por aquellas almas más necesitadas, porque tal vez no tienen a nadie que en este día las recuerde....
Sin duda, porque así nuestra fe nos lo dice, creemos que los que se nos fueron, no han muerto, siguen viviendo con las potencias de su alma: memoria, entendimiento y voluntad, y por lo tanto su amor sigue haciéndolos estar cerca de nosotros para cuidarnos y guiarnos con más plenitud y profundidad que como lo pudieron hacer aquí en su vida terrena. La vida no termina al separarse el alma de su envoltura ... no morimos nos transformamos y el amor perdura por siempre, eternamente.

Conoce más acerca de la  Solemnidad de Todos los Santos