Beata Isabel Picenardi, virgen
fecha: 19 de febrero
fecha en el calendario anterior: 20 de febrero
n.: 1428 - †: 1468 - país: Italia
otras formas del nombre: Isabel de Mantua
canonización: Conf. Culto: Pío VII 10 nov 1804
hagiografía: Santi e Beati
fecha en el calendario anterior: 20 de febrero
n.: 1428 - †: 1468 - país: Italia
otras formas del nombre: Isabel de Mantua
canonización: Conf. Culto: Pío VII 10 nov 1804
hagiografía: Santi e Beati
En
Mantua, en Lombardía, beata Isabel Picenardi, virgen, la cual, habiendo vestido
el hábito de la Orden de los Siervos de María, se consagró a Dios en su casa
paterna y recibió frecuentemente la comunión eucarística. Se dedicó a la
celebración de la Liturgia de las Horas, a la meditación de las Sagradas
Escrituras y a la devoción a la Santísima Virgen.
La
beata Isabel Picenardi nació en Mantua entre el 1428 y el 1430, del noble
cremonense Leonardo y de la mantuana Paola Nuvoloni. El padre estaba al
servicio del Marqués de Mantua, Gonzaga, y aspiraba para su hija un matrimonio
con algún noble de la ciudad; pero ella, en cambio, había decidido permanecer
virgen como María, a quien rendía una intensa devoción. La decisión venía
ciertamente influenciada por su frecuentación de los hermanos Siervos de María,
del vecino convento de San Bernabé, que en 1448 habían pasado a la reciente
Congregación de la Observancia.
Vistió
el hábito de los «Mantelados» (como se los llamaba) a los 20 años, los cuales
permanecían en sus propias casas, pero manteniendo entre ellos el vínculo de
religiosos. Su vida consagrada fue breve e intensa, aunque no presentó
exterioridades de relieve.
Llegó
a quedar pronto huérfana de madre, y después de la muerte de su padre, ocurrida
en 1465, dejó la casa paterna, retirándose a una casa de su hermana Orsina,
casada con Bartolomé Gorni, en una celda a ella reservada. Vivía en el barrio
de «El Cisne», no lejos de la iglesia de San Bernabé de los Siervos de María, a
la cual asistía cada día a recibir la Eucaristía, cosa rarísima para el uso de
la época; se confesaba con el padre Bernabé de Mantua y recitaba el Oficio
Divino con los religiosos. Por su gran devoción a la Virgen, muchos se dirigían
a Isabel para obtener la intercesión de la Madre de Dios.
Un
año antes de la muerte, de la cual presagió el momento, hizo testamento dejando
el propio breviario y trescientos ducados a los Siervos. Murió el 19 de febrero
de 1468; al preparar el cuerpo se vio que llevaba cilicio y una rugosa faja
penitencial. Fue sepultada en la tumba de la familia en San Bernabé, y tuvo
enseguida fama de santidad y de obrar milagros, entre ellos la salvación de una
niña caída en el lago y que había permanecido media hora bajo el agua. Hay un
fresco datado en 1475 que la presenta vestida con el hábito de los Siervos. Su
cuerpo, debido a las supresiones francesas de 1799, fue trasladado a la iglesia
del noble oratorio del castillo de Tor di Pecenardi, en la región de Cremona, y
luego fue depositado en la iglesia parroquial del lugar. El Papa Pío VII, el 20
de noviembre de 1804, aprobó el culto, extendido a la Orden de los Siervos y a
las diócesis de Mantua y Cremona.
Traducido
para ETF de un artículo de Antonio Borrelli.
fuente: Santi e Beati
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o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=633
San Beato de Liébana, monje y
presbítero
fecha: 19 de febrero
†: c. 802 - país: España
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: c. 802 - país: España
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
la región cántabra de Liébana, en Hispania, san Beato, presbítero y monje del
monasterio de San Martín de Turieno, que defendió la fe contra la herejía
adopcionista y escribió un célebre Comentario sobre el Apocalipsis.
Hacia
fines del siglo VIII gobernó la diócesis de Toledo el obispo Elipando, quien
había caído bajo la influencia del sutil resurgimiento de la herejía
nestoriana, que sostenía que Cristo era sólo Hijo adoptivo de Dios Padre.
Elipando propagó mucho esta doctrina, predicándola abiertamente. Pero Dios
suscitó un nuevo David contra aquel Goliat, en la persona de un sacerdote
llamado Beato, monje del convento asturiano de Liébana. Al enterarse de los
errores de Elipando, Beato determinó contrarrestar el mal que hacía el obispo y
le combatió de palabra y por escrito. En esta tarea le ayudó Eterio, quien fue
más tarde obispo de Osma de Cataluña. Los defensores de la fe tuvieron gran
éxito y atrajeron a la ortodoxia a grandes multitudes. Esto llegó pronto a
oídos del obispo, quien montó en cólera y escribió una violenta carta al abad
Fidel, dignatario de gran importancia en Asturias. En dicha carta acusaba a
Beato de no ser más que un campesino errante (y otras cosas peores), que osaba
oponerse al arzobispo de Toledo y a la misma Iglesia. Eterio, según él, era un
jovenzuelo que se había dejado engañar por la vana elocuencia de Beato. El
arzobispo daba orden de hacer caer a Beato en la cuenta de sus errores y de
castigarle, si no se corregía. El abad mostró la carta a Beato, quien para
responder, escribió un libro con Eterio, en el que ambos se esforzaron por
exponer, sin gran claridad, la doctrina ortodoxa. Alcuino, que había ejercido
cierta influencia sobre Beato, dijo de él que era «un erudito de vida tan santa
como su nombre».
Diez
años antes de publicar el «Liber adversus Elipandum», en el 776, san Beato
había escrito un «Comentario sobre el Apocalipsis», que fue muy leído durante
todo el medioevo. Se conservan varios manuscritos con ilustraciones de gran
valor artístico, que se conocen con el nombre genérico de «beatos». Es probable
que san Beato haya sido también el autor de algunos himnos de la liturgia
mozárabe. Nuestro santo ha sido confundido con el san Beato que fue sepultado
en Valcavado. El monasterio en que vivió en Liébana, cerca de Santander, fue
probablemente el de San Martín, que más tarde se llamó de Santo Toribio. Su
nombre no figura en el Nuevo Martirologio Romano.
Ver
Acta Sanctorum, febrero, vol. III; Florez, España Sagrada, vol. XXXIV, pp.
378-389; Gams, Kirchengeschichte von Spanien, vol. II, pte 2, pp. 275-281; y
DHG., vol. VII, cc. 89-90. Ver igualmente Mateo del Alamo, Los comentarios de
Beato al Apocalipsis y Elipando, en Miscellanea Giovanni Mercati, vol. II
(Studi e Testi, vol. CXXII, 1946); y H. A. Sanders, Beati in Apocalipsim libri
duodecim (American Academy in Rome, 1930). Puede verse en esta página algunas
reproducciones de «beatos». En 2006, con el patrocinio del gobierno de la
comunidad de Cantabria, se editó un «beato del siglo XXI», es decir, el texto
del comentario del Beato de Liébana junto con iluminaciones realizadas por el
artista cántabro José Ramón Sánchez, en la Biblioteca de
ETF puede encontrarse una edición en pdf de esa obra.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
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