Beato Ángel Scarpetti, religioso
presbítero
fecha: 15 de febrero
n.: c. 1230 - †: 1306 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Benedicto XV 27 jul 1921
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 1230 - †: 1306 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Benedicto XV 27 jul 1921
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Borgo Sansepolcro, en la Toscana, beato Ángel Scarpetti, presbítero de la Orden
de Ermitaños de San Agustín.
El
decreto de la Sagrada Congregación de Ritos que confirmó en 1921 el culto de
este ermitaño de San Agustín, admite francamente que ha desaparecido la
biografía escrita por Juan de San Guillermo. Por consiguiente, estamos mal
informados sobre la vida del beato. Su nombre de familia era Scarpetti, y había
nacido en Borgo Sansepolcro, en Umbría. Parece que tomó el hábito de San
Agustín al mismo tiempo que su famoso contemporáneo, Nicolás de Tolentino. El
mencionado decreto afirma que el beato pasó una parte de su vida religiosa en
Inglaterra, donde fundó varios conventos de agustinos. También cita dos
anécdotas que muestran el gran favor de que el beato gozaba ante Dios: Un
hombre, a quien Angel había reprendido severamente por su vida escandalosa,
perdió instantáneamente el uso del brazo, en cuanto lo levantó para golpear al
beato; pero éste le curó de la parálisis con sus oraciones. En otra ocasión, un
hombre que había sido injustamente condenado a muerte se encomendó a las
oraciones del beato Angel. La sentencia se cumplió y el hombre fue ahorcado;
pero cuando los hermanos de la Misericordia fueron a recoger el cadáver,
encontraron al hombre con vida y éste les dijo que el beato le había sostenido
en la horca para que no se le rompiera el cuello. Tales leyendas, que nos
llegan después de haber pasado por cuatro o cinco manos, no son muy
convincentes. Más sólidas son las pruebas que existen de que el cuerpo del
beato permaneció incorrupto hasta 1583. Se dice que exhalaba un fragante aroma.
Desde la muerte del Beato Angel, su ciudad natal le ha venerado como a santo.
Ver
L. Torelli, Ristretto delle vite degli huomini etc. del'Ordine Agostiniano, pp.
165-166, y el decreto de confirmación, en Acta Apostolicae Sedis, 1921, pp.
433-446.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Claudio de La Colombière, religioso presbítero
fecha: 15 de febrero
n.: 1641 - †: 1682 - país: Francia
canonización: B: Pío XI 16 jun 1929 - C: Juan Pablo II 31 may 1992
hagiografía: Vaticano
n.: 1641 - †: 1682 - país: Francia
canonización: B: Pío XI 16 jun 1929 - C: Juan Pablo II 31 may 1992
hagiografía: Vaticano
En Paray-le-Monial, de Borgoña, en
Francia, san Claudio La Colombière, presbítero de la Orden de la Compañía de
Jesús, que, siendo hombre entregado a la oración, con sus consejos dirigió a
muchos en su esfuerzo para amar a Dios.
refieren a este santo: Santa Margarita
María Alacoque
Claudio La Colombière, tercer hijo del notario Beltrán
La Colombière y Margarita Coindat, nació el 2 de febrero de 1641 en St.
Symphorien, Delfinado. Trasladada la familia a Vienne, aquí recibió Claudio la
primera educación escolar, que después completó en Lyón con el estudio de la
Retórica y la Filosofía. En este último período precisamente se sintió llamado
a la vida religiosa en la Compañía de Jesús, si bien no conocemos los motivos
que le llevaron a esta decisión. En cambio, sí nos ha dejado esta confesión en
uno de sus escritos: "Sentía enorme aversión a la vida que abrazaba".
Es fácil de comprender esta afirmación para quien se haya interesado por la
vida de Claudio, cuya naturaleza, muy sensible a las relaciones familiares y de
amistad, era también harto inclinada a la literatura y el arte, y a cuanto hay
de más digno en la vida de sociedad. Pero no era hombre que se dejase guiar del
sentimiento, por otra parte.
A los 17 años entró en el Noviciado de la Compañía de
Jesús de Aviñón. En 1660 pasó del Noviciado al Colegio, en la misma ciudad,
para concluir los estudios de Filosofía y pronunciar los primeros votos
religiosos. Al terminar el curso fue nombrado profesor de Gramática y
Literatura, función que desempeñó durante cinco años en dicho Colegio. En 1666 se
le envió a París, a estudiar Teología en el Colegio de Clermont; en la misma
época se le confió una misión de gran responsabílidad. La notable aptitud
demostrada por Claudio a los estudios humanísticos, unida a sus dotes de
prudencia y finura, movieron a los Superiores a elegirlo preceptor de los hijos
de Colbert, Ministro de Finanzas de Luis XIV. Finalizados los estudios de
Teología y ordenado Sacerdote, volvió de nuevo a Lyón en calidad de profesor
durante un tiempo para dedicarse después enteramente a la predicación y a la
dirección de la Congregación Mariana.
La predicación de La Colombière se distinguió siempre
por su solidez y hondura; no se perdía en vaguedades sino que habilmente se
dirigía al auditorio concreto y, con tan vigorosa inspiración evangélica, que
infundía en todos serenidad y confianza en Dios. Las ediciones de sus sermones
produjeron -y siguen produciendo hoy- abundantes frutos espirituales; porque,
tenidos en cuenta el lugar y la duración de su ministerio, resultan menos
envejecidos que los de otros oradores de mayor fama. El año 1674 fue decisivo
en la vida de Claudio. Hizo la Tercera Probación en la "Maison de
Saint-Joseph" de Lyón y, en el mes de Ejercicios que es costumbre hacer,
el Señor lo fue preparando a la misión que le tenía reservada. Los apuntes de
este período nos permiten seguir paso a paso las luchas y triunfos de su
espíritu, extraordinariamente sensible a los atractivos humanos, pero generoso
con Dios. El voto que hizo de observar todas las Constituciones y Reglas de la
Compañía no tenía por objeto esencial la vinculación a una serie de
observancias minuciosas, sino la realización del recio ideal de apóstol
descrito por San Ignacio. Precisamente porque este ideal le pareció espléndido,
Claudio lo asumió como programa de santidad. El subsiguiente sentimiento de
liberación que experimentó junto con una mayor apertura de los horizontes
apostólicos -testimoniados en su diario espiritual- prueban que ello había
respondido a una invitación de Jesucristo mismo.
El 2 de febrero de 1675 hizo la Profesión solemne y
fue nombrado Rector del Colegio de Paray-le-Monial. No faltó quien se
sorprendiera de que un hombre tan eminente fuera destinado a una ciudad tan
recóndita como Paray. La explicación se halla en el hecho de que los Superiores
sabían que aquí, en el Monasterio de la Visitación, vivía en angustiosa
incertidumbre una humilde religiosa, Margarita María Alacoque, a la que el
Señor estaba revelando los tesoros de su Corazón; y esperaba que el mismo Señor
cumpliese su promesa de enviarle un "siervo fiel y amigo perfecto
suyo" que le ayudaría a cumplir la misión a que la tenía destinada:
manifestar al mundo las insondables riquezas de su amor. Una vez en su nuevo
destino y mantenidos los primeros encuentros con Margarita María, ésta le abrió
enteramente su espíritu y, por tanto, también las comunicaciones que ella creía
recibir del Señor. El Padre dio su aprobación plena y le sugirió que pusiera
por escrito lo que ocurría en su alma, a la vez que la orientaba y sostenía en
el cumplimiento de la misión recibida. Cuando después, gracias a la luz divina
que recibía en la oración y el discernimiento, estuvo seguro de que Cristo
deseaba el culto de su Corazón, se entregó a él sin reservas, como atestiguan
su dedicación y sus apuntes espirituales. En éstos aparece claro que, ya antes
de las confidencias de Margarita María Alacoque y siguiendo las directrices de
San Ignacio, Claudio había llegado a la contemplación del Corazón de Cristo
como símbolo de su mismo amor.
Tras año y medio de permanencia en Paray, en 1676 el
P. La Colombière salió hacia Londres, nombrado predicador de la Duquesa de
York. Era una misión sumamente delicada, dados los sucesos que sacudían a
Inglaterra en este momento; antes de finales de octubre del mismo año, el Padre
ocupaba ya el apartamento a él reservado en el palacio de St. James. Ademas de
predicar en la capilla y dedicarse a la dirección espiritual sin tregua, oral y
escrita, Claudio pudo entregarse a la sólida instrucción religiosa de no pocas
personas que habían abandonado la Iglesia Romana. Y, si bien entre grandes
peligros, gozó del consuelo de ver volver a muchos, hasta el punto de que al
cabo de un año decía: "Podría escribir todo un libro sobre las
misericordias de que he sido testigo desde que estoy aquí".
Esta intensidad de trabajo y el clima minaron su salud
y comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de una afección pulmonar.
Pero el P. Claudio prosiguió con su mismo plan de vida. A finales de 1678 fue
arrestado de repente, bajo la acusación calumniosa de conspiración papista. A
los dos días se le trasladó a la horrenda cárcel de King's Bench y allí
permaneció tres semanas sometido a graves privaciones, hasta que se le expulsó
de Inglaterra por Decreto real. Todos estos padecimientos fueron minando aún
más su salud, que fue empeorando con altibajos a su vuelta a Francia.
Habiéndose agravado notablemente, se le envió de nuevo a Paray. El 15 de
febrero de 1682, primer Domingo de Cuaresma, al atardecer le sobrevino una
fuerte hemotisis que puso fin a su vida. El 16 de junio de 1929, el Papa Pío XI
beatificó a Claudio La Colombière, cuyo carisma según Santa Margarita María
Alacoque, consistió en elevar las almas a Dios siguiendo el camino de amor
misericordia que Cristo nos revela en el Evangelio. Fue canonizado por SS Juan
Pablo II el 31 de mayo de 1992, en la Basílica Vaticana.
fuente: Vaticano
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