San Quodvultdeus de Cartago, obispo
y confesor
fecha: 19 de febrero
†: c. 444 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
†: c. 444 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
En
Nápoles, en la Campania, sepultura de san Quodvultdeus, obispo de Cartago, que
desterrado junto con su clero por el rey arriano Genserico, fueron abandonados
en el mar en naves viejas, sin remos ni velas, y, contra toda esperanza,
llegaron a Nápoles, dónde murió el mencionado obispo como confesor de la fe.
refieren a este santo: San Eugenio de
Cartago, San Gaudioso de
Abitinia, San Nostriano de
Nápoles
Quodvultdeus -cuyo nombre en latín
significa «Lo que Dios quiere»- llegó a ser obispo de Cartago, posiblemente en
el 428. Pero el arriano Genserico, rey de los vándalos, se apoderó de la ciudad
en el 438, y comenzó una feroz persecución contra los católicos. Sometió al
obispo a la tortura y, como no pudiera conseguir que apostatara, obligó, tanto
a él como a otros miembros del clero, a embarcarse en navios averiados para que
naufragaran. Pero un milagro les preservó y pudieron arribar sanos y salvos a
las costas de Campania, donde fueron recibidos por el obispo Nostriano.
Se
conservan dos cartas de san Agustín, del año 427, dirigidas a Quodvultdeus,
donde el gran Padre lo llama «hijo dilectísimo y condiácono» y «señor
sincerísimamente dilectísimo, hermano y condiácono» (cartas 222 y 224 del
epistolario agustiniano); en ellas san Agustín se refiere a un pedido que le
habría hecho Quodvultdeus de un catálogo de herejías. Habitualmente se
considera que el «condiácono» al que se refiere Agustín es el mismo que luego
será el obispo que celebramos hoy. De hecho, en una carta del año siguiente del
mismo san Agustín a Honorato (carta 228 del catálogo agustiniano) se menciona a
Quodvultdeus ya como «coepíscopo». Si esto es así, se conservan de él algunas
obras y homilías, una de las cuales se leen en el actual Oficio de Lecturas del
día de los Santos Inocentes.
No
se tienen detalles sobre el desarrollo de la vida del obispo en Nápoles, aunque
es posible que en ese tiempo escribiera algunas de sus obras, luchara contra el
pelagianismo, y muriera en la misma ciudad, hacia el año 444. En el calendario
marmóreo de Nápoles, un testimonio antiguo de las prácticas litúrgicas de la Iglesia
napolitana, se inscribe al santo en esta fecha de 19 de febrero.
Ver
Butler (tr. Guinea) «Vidas de los santos», México, 1965, tomo I, pág 375. Di
Berardino, Patrología, tomo III, pág 600 (en especial puede verse allí un
detalle de las obras y ediciones); San Agustín, epistolario (Obras Completas,
BAC, compl. tomo VIII, pp 1062-1065). Acta Sanctorum, oct. XI, pág. 845ss.
(antes de la edición del Martirologio Romano de 1922 el santo estaba inscripto
el 26 de octubre). Imagen: mosaico de san Quodvultdeus en la Catacumba de San
Genaro, en Nápoles, del siglo V.
Abel Della Costa
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o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=624
Santos Monjes y compañeros de Palestina, mártires
fecha: 19 de febrero
†: 507 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
†: 507 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Conmemoración
de los santos monjes y demás mártires que en Palestina fueron víctimas, a causa
de su fe cristiana, de crueles tormentos por parte de los sarracenos
acaudillados por Alamondir.
Los
sarracenos eran pueblos bárbaros seminómades que habitaban en los confines
orientales del Imperio Romano, en el desierto de Palestina, en el Sinaí, a los
que veremos siglos más tarde ganados a la fe de Mahoma y esparcidos por muchos
más territorio, pero que en los siglo IV, V y VI asolaban con sus incursiones
las fornteras del Imperio. De ellos hablamos ya a fines del siglo IV en la
memoria de san Moisés,
apóstol de los sarracenos, donde se contaba que este santo vivió entre ellos
como obispo itinerante, y con su predicación y ejemplo ganó a muchos para la
fe. Sin embargo muchos de ellos recaían en el paganismo, y en general la fe
cristiana era en este pueblo, débil y poco cultivada.
Uno
de estos grupos que atacaban en las fronteras fue, a inicios del siglo VI, el
de Alamondir, caudillo que comandaba un grupo de sarracenos que, enfurecidos
con los romanos, atacaban, robaban y destruían as paso todo lo posible en
Palestina. Había en el desierto algunas importantes "lauras"
monásticas, como la de san Sabas, famosa por vivir allí a inicios del siglo VI
no sólo el propio san Sabas, sino también san Juan Hesicasta. Es precisamente
en unos años en que el santo se había retirado al desierto, que los sarracenos
entraron al monasterio y arrollando todo a su paso, mataron a los monjes.
Imposible
saber más detalles del hecho, como el número de monjes o la duración de las
incursiones, ya que se nos cuenta como narración accesoria dentro de las vidas
de san Juan Hesicasta, de san Sabas y de san Eutimio, por el monje Cirilo de
Escitópolis, que si bien no fue testigo directo de los hechos, está muy cercano
en el tiempo, ya que escribió estas obras apenas unos cincuenta años más tarde.
Ver
en Acta Sanctorum, febrero III, pág 132-3 los textos pertinentes de Cirilo de
Escitópolis.
Abel Della Costa
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