jueves, 18 de febrero de 2016

San Quodvultdeus de Cartago, obispo y confesor - Santos Monjes y compañeros de Palestina, mártires (19 de febrero)

San Quodvultdeus de Cartago, obispo y confesor

fecha: 19 de febrero
†: c. 444 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa

En Nápoles, en la Campania, sepultura de san Quodvultdeus, obispo de Cartago, que desterrado junto con su clero por el rey arriano Genserico, fueron abandonados en el mar en naves viejas, sin remos ni velas, y, contra toda esperanza, llegaron a Nápoles, dónde murió el mencionado obispo como confesor de la fe.
Quodvultdeus -cuyo nombre en latín significa «Lo que Dios quiere»- llegó a ser obispo de Cartago, posiblemente en el 428. Pero el arriano Genserico, rey de los vándalos, se apoderó de la ciudad en el 438, y comenzó una feroz persecución contra los católicos. Sometió al obispo a la tortura y, como no pudiera conseguir que apostatara, obligó, tanto a él como a otros miembros del clero, a embarcarse en navios averiados para que naufragaran. Pero un milagro les preservó y pudieron arribar sanos y salvos a las costas de Campania, donde fueron recibidos por el obispo Nostriano.
Se conservan dos cartas de san Agustín, del año 427, dirigidas a Quodvultdeus, donde el gran Padre lo llama «hijo dilectísimo y condiácono» y «señor sincerísimamente dilectísimo, hermano y condiácono» (cartas 222 y 224 del epistolario agustiniano); en ellas san Agustín se refiere a un pedido que le habría hecho Quodvultdeus de un catálogo de herejías. Habitualmente se considera que el «condiácono» al que se refiere Agustín es el mismo que luego será el obispo que celebramos hoy. De hecho, en una carta del año siguiente del mismo san Agustín a Honorato (carta 228 del catálogo agustiniano) se menciona a Quodvultdeus ya como «coepíscopo». Si esto es así, se conservan de él algunas obras y homilías, una de las cuales se leen en el actual Oficio de Lecturas del día de los Santos Inocentes.
No se tienen detalles sobre el desarrollo de la vida del obispo en Nápoles, aunque es posible que en ese tiempo escribiera algunas de sus obras, luchara contra el pelagianismo, y muriera en la misma ciudad, hacia el año 444. En el calendario marmóreo de Nápoles, un testimonio antiguo de las prácticas litúrgicas de la Iglesia napolitana, se inscribe al santo en esta fecha de 19 de febrero.
Ver Butler (tr. Guinea) «Vidas de los santos», México, 1965, tomo I, pág 375. Di Berardino, Patrología, tomo III, pág 600 (en especial puede verse allí un detalle de las obras y ediciones); San Agustín, epistolario (Obras Completas, BAC, compl. tomo VIII, pp 1062-1065). Acta Sanctorum, oct. XI, pág. 845ss. (antes de la edición del Martirologio Romano de 1922 el santo estaba inscripto el 26 de octubre). Imagen: mosaico de san Quodvultdeus en la Catacumba de San Genaro, en Nápoles, del siglo V.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=624





Santos Monjes y compañeros de Palestina, mártires

fecha: 19 de febrero
†: 507 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa

Conmemoración de los santos monjes y demás mártires que en Palestina fueron víctimas, a causa de su fe cristiana, de crueles tormentos por parte de los sarracenos acaudillados por Alamondir.
Los sarracenos eran pueblos bárbaros seminómades que habitaban en los confines orientales del Imperio Romano, en el desierto de Palestina, en el Sinaí, a los que veremos siglos más tarde ganados a la fe de Mahoma y esparcidos por muchos más territorio, pero que en los siglo IV, V y VI asolaban con sus incursiones las fornteras del Imperio. De ellos hablamos ya a fines del siglo IV en la memoria de san Moisés, apóstol de los sarracenos, donde se contaba que este santo vivió entre ellos como obispo itinerante, y con su predicación y ejemplo ganó a muchos para la fe. Sin embargo muchos de ellos recaían en el paganismo, y en general la fe cristiana era en este pueblo, débil y poco cultivada.
Uno de estos grupos que atacaban en las fronteras fue, a inicios del siglo VI, el de Alamondir, caudillo que comandaba un grupo de sarracenos que, enfurecidos con los romanos, atacaban, robaban y destruían as paso todo lo posible en Palestina. Había en el desierto algunas importantes "lauras" monásticas, como la de san Sabas, famosa por vivir allí a inicios del siglo VI no sólo el propio san Sabas, sino también san Juan Hesicasta. Es precisamente en unos años en que el santo se había retirado al desierto, que los sarracenos entraron al monasterio y arrollando todo a su paso, mataron a los monjes.
Imposible saber más detalles del hecho, como el número de monjes o la duración de las incursiones, ya que se nos cuenta como narración accesoria dentro de las vidas de san Juan Hesicasta, de san Sabas y de san Eutimio, por el monje Cirilo de Escitópolis, que si bien no fue testigo directo de los hechos, está muy cercano en el tiempo, ya que escribió estas obras apenas unos cincuenta años más tarde.
Ver en Acta Sanctorum, febrero III, pág 132-3 los textos pertinentes de Cirilo de Escitópolis.

Abel Della Costa
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