fecha: 3 de junio
†: s. III - país: África Septentrional
canonización: pre-congregación
hagiografía: El Testigo Fiel
†: s. III - país: África Septentrional
canonización: pre-congregación
hagiografía: El Testigo Fiel
En Cartago, san Cecilio, presbítero, que convirtió a la fe en Cristo a san
Cipriano.
El nombre y la caracterización de Cecilio
como «presbítero de Cartago que convirtió a la fe en Cristo a san Cipriano»
proviene del «De Viris Ilustribus» de san Jerónimo, sin embargo, parece posible
que el nombre no haya sido Cecilio sino Ceciliano, según lo que cuenta el
diácono Poncio, colaborador directo y biógrafo de san Cipriano. La cuestión
tiene su relativa importancia, porque a raíz de este posible cambio de nombre
se produjo la confusión de considerar que este Ceciliano o Cecilio era el mismo
Cecilio que aparece como el personaje que se convierte al cristianismo en la
apología «Octavio» de Minucio Félix. Los dos carecen de relación entre sí: el
presbítero de Minucio Félix es un personaje literario, mientras que el Cecilio
o Ceciliano que convierte a Cipriano con su palabra y su ejemplo es un
personaje real, pero del que no sabemos cómo llegó a la fe cristiana, si fue o
no a través de disputas y argumentaciones, como su tocayo del Octavio.
De este Ceciliano, del real, sólo sabemos
que posiblemente era un hombre de edad avanzada respecto a Cipriano, y que éste
habla de su maestro con respeto y veneración, y lo llama «padre de mi nueva
vida». Es posible también que Cipriano haya vivido en casa de Cecilio, el cual,
nos dice Poncio, en su lecho de muerte confió su esposa y sus hijos al cuidado
de Cipriano.
Artículo basado en el correspondiente del
Butler-Guinea.
El Testigo Fiel
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando
figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio
no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por
favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo
Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1879
Santa Clotilde, reina
n.: 474 - †: 545 - país: Francia
otras formas del nombre: Clothilde, Chrodechilda, Clotilda
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Tours, en la Galia Lugdunense, santa
Clotilde, reina, cuyas oraciones indujeron a su esposo Clodoveo, rey de los
francos, a abrazar la fe cristiana, y al enviudar se retiró a la basílica de
San Martín, donde deseó no ser considerada como reina sino como sierva de Dios.
patronazgo: patrona de las esposas, los cojos
y los notarios; para pedir por la conversión del cónyuge, contra la peste,
enfermedades de la infancia y muerte súbita.
refieren a este santo: San Clodoaldo, San Remigio de
Reims
Desde entonces, la existencia de Clotilde
estuvo amargada por las disputas de familia y las peleas entre hermanos, con la
participación de sus tres hijos, Clodomiro, Childeberto y Clotario, así como
por el infortunio de su hija, también llamada Clotilde, maltratada y vejada por
su marido, el visigodo Amalarico. Clodomiro, el hijo mayor, atacó a su primo, san Segismundo y,
tras de vencerlo en un encuentro, lo mató villanamente, junto con su mujer y
sus hijos; pero no tardó en recibir su castigo, puesto que el hermano de san
Segismundo lo atacó a su vez y, en la primera oportunidad, lo asesinó. Una vez
muerto Clodomiro, la reina Clotilde recogió a sus tres pequeños nietos, con el
propósito de educarlos para que llegaran a ocupar el trono algún día. Sin
embargo, ni Childeberto, ni Cloderico estaban dispuestos a renunciar a la
herencia de su padre y, por medio de la astucia, convencieron a su madre, la reina,
para que dejara a los tres niños con ellos. Tan pronto como tuvieron en su
poder a los príncipes, Clotario en persona mató a sus dos sobrinos de mayor
edad. A Clodoaldo, el más pequeño, se le perdonó la vida y, con el tiempo, fue
a terminarla convertido en monje, en el monasterio de Nogent, cerca de París,
el que tomó el nombro de Saint-Cloud en honor del infortunado príncipe.
Amargada y entristecida por todas aquellas
tragedias familiares, santa Clotilde abandonó París y se refugió en Tours para
todo el resto de su vida, dedicada a socorrer a los pobres y consolar a los
afligidos. Ahí se enteró de que sus dos hijos habían reñido, se hallaban en
guerra y a punto de enfrentarse en el campo de batalla. Llena de angustia por
las funestas nuevas, la reina Clotilde corrió a la iglesia de San Martín y se
entregó durante toda la noche a la oración, para rogar a Dios que le concediera
la gracia de terminar con aquel conflicto entre los dos hermanos y, según nos
dejó dicho san Gregorio de Tours, la respuesta del cielo no se hizo esperar: al
alba, mientras la reina rezaba aún y los dos ejércitos se hallaban frente a
frente, en espera de la orden de ataque, se desató de pronto una tempestad tan
violenta y prolongada, que fue necesario abandonar las operaciones militares.
Pero ya para entonces, estaban a punto de terminar las pruebas para Clotilde.
La reina murió a los treinta días de aquel suceso venturoso, luego de haber
permanecido viuda durante treinta y cuatro años. Sus dos hijos, que tantas
pesadumbres le habían causado, quedaron reconciliados y, juntos, llevaron a
enterrar a su madre en el mismo sepulcro del rey Clovis, cerca de su otro hijo
y de sus nietos.
Recientes investigaciones históricas han
relegado al reino de la fantasía muchos pintorescos incidentes relacionados con
Santa Clotilde que los cronistas de varias generaciones tenían por ciertos,
después de haberlos tomado de las páginas de San Gregorio de Tours y de otras
fuentes similares. Gracias a dichas aclaraciones, la santa reina quedó
reivindicada de algunos cargos de ferocidad y perversos deseos de venganza que
se formularon contra ella, y que no se hubiesen conformado con el carácter
virtuoso de la dama. La única biografía antigua de Santa Clotilde no tiene
mucho valor como documento histórico, puesto que no fue recopilada antes del
siglo diez. La historia de Santa Clotilde tuvo que ser formada con trozos
dispersos entre las páginas de autores dignos de confianza, como San Gregorio
de Tours, Fredegario y algunas biografías de santos.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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