Beato Guillermo de Fenolis, religioso
fecha: 19 de diciembre
n.: 1065 - †: c. 1120 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío IX 29 mar 1860
hagiografía: Santi e Beati
n.: 1065 - †: c. 1120 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío IX 29 mar 1860
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En la cartuja de Casotto, en el
Piamonte, beato Guillermo de Fenolis, religioso, que antes había sido ermitaño.
El beato Guillermo Fenoglio, nacido en
Garessio (provincia de Cuneo, Italia) en 1065, murió probablemente en 1120, en
la Cartuja de Valcasotto. Es por lo menos sorprendente que un simple «converso
cartujo» (es decir, un «hermano laico») haya disfrutado de tanta fama, no sólo
en su región, sino en media Europa, de tal modo que ha sido con frecuencia
representado en pinturas y esculturas, tal vez más veces que otros santos mucho
más «famosos» pero de iconografía pobre o inexistente. Esto no puede explicarse
sólo por su fama de «santo de los milagros burlones» (quita y pone la pata de
una mula, disputa con el diablo la construcción de un puente, etc.): Guillermo
es una personalidad fuerte, casi magnética, que atrae a la gente por su
testimonio de vida, su simplicidad, y por supuesto por la ola de hechos
milagrosos que ocurren después de su muerte. Cuando a los 20 años hace su
entrada en la Cartuja de Cassotto, ya tiene realizado un intenso camino a la
perfección y a la profunda unión con Dios.
Se le pide que organice la comida para el
monasterio, allí va, pidiendo limosna en las fincas y pueblos de la zona, yendo
incluso hasta Mondovi y Albenga. Es el blanco favorito de los bandidos que
poblaban las calles y que más de una vez le quitan todo lo que ha conseguido. Guillermo
entra en crisis, y se queja al Prior, que entre serio y burlón le invita a
defenderse «incluso con la pata de la mula». El humilde cartujo, que de la
obediencia ha hecho meta de su vida, en la siguiente oportunidad en que lo
atacan los bandidos, «en virtud de la obediencia» toma la pata de la mula, y la
empuña contra los atacantes como un original garrote, que se dan a la fuga
aterrorizados por ese gesto. Guillermo pone la pata del animal en su lugar y
vuelve a la Cartuja, pero en la prisa la coloca boca abajo, de modo que la mula
cojea lamentablemente. El prior se da cuenta, y para verificar qué hay de
cierto en lo que se cuenta de los prodigios de Guillermo, lo regaña por su
descuido y le ordena que ponga la pata como debe ser, y así, delante del prior
y los hermanos y pidiendo disculpas por su error, quita con toda naturalidad de
nuevo la pata y la coloca correctamente. Todo esto, por supuesto, sin que el
animal pierda sangre ni rebuzne de dolor. De este hecho se ha apoderado la
hagiografía del beato, a quien representa siempre empuñando la pata; e incluso
en la cartuja de Pavia se lo llama en broma el «santo del jamón».
Cuando Guillermo muere, alrededor de su
tumba ocurren milagros, la gente acude, y el monasterio es un torbellino
(incluso llueven donativos, como atestigua un regalo exvoto de 1224). Para que
la llegada de peregrinos no perturbe demasiado la vida de la Cartuja, a menudo
trasladan su cuerpo, milagrosamente conservado incorrupto durante tres siglos,
pero periódicamente vuelve a su lugar original. En plena era napoleónica, por
temor a una profanación, esconden el cuerpo en una pared del monasterio, tan
bien guardado que nunca más se volvió a encontrar. SS. Pío XI, el 29 de marzo
de 1860, aprueba el culto de Guillermo, oficializando con el título de beato
una veneración que la gente desde siempre le había tenido.
Traducido de un artículo de Gianpiero
Pettiti. Debe señalarse que las fechas de nacimiento y muerte que indica el
artículo no son seguras, por diferencia de muchos años: en otras hagiografías
figura su muerte hacia el 1200.
fuente: Santi e Beati
accedida 628 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4561
Beato Urbano V, papa
fecha: 19 de diciembre
n.: c. 1310 - †: 1370 - país: Francia
canonización: Conf. Culto: Pío IX 1870
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 1310 - †: 1370 - país: Francia
canonización: Conf. Culto: Pío IX 1870
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Aviñón, de la Provenza, beato
Urbano V, papa, que siendo monje fue elevado a la cátedra de Pedro y se
preocupó por el retorno de la Sede Apostólica a la Urbe y por restituir la
unidad a la Iglesia.
Guillermo de Grimoard nació en Grisac del
Languedoc, en 1310. Su padre era un noble del lugar y su madre era hermana de
san Eleazar de Sabran. Después de estudiar en las Universidades de Montpellier
y Toulouse, Guillermo ingresó en la orden de San Benito, donde fue ordenado
sacerdote. En seguida, volvió a sus antiguas Universidades y luego pasó a las
de París y Aviñón a sacar el grado de doctor. Allí enseñó algún tiempo. En
1352, fue nombrado abad de San Germán de Auxerre. En aquella época, los Papas
residían en Aviñón. Durante los siguientes diez años, el abad Guillermo sirvió
en varias misiones diplomáticas a Inocencio VI, el cual en 1361, le nombró abad
de San Víctor de Marsella y le envió a Nápoles como legado ante la reina Juana.
Allí se hallaba Guillermo, cuando se enteró de que Inocencio había muerto y de
que él había sido elegido para sucederle. Inmediatamente regresó a Aviñón,
donde fue consagrado y coronado. Tomó el nombre de Urbano porque «todos los
Pontífices de ese nombre habían sido santos». Urbano V fue el mejor de los
papas de Aviñón; sin embargo, como la mayoría de ellos, fue demasiado
«nacionalista» para velar perfectamente por la Iglesia universal, y le fue
imposible desarraigar los abusos que pululaban a su alrededor.
La gran empresa de su pontificado fue su
intento de establecer nuevamente en Roma la sede pontificia; pero fracasó. En
efecto, en 1366, haciendo caso omiso de la oposición del rey de Francia y de
los cardenales franceses, anunció al emperador que estaba decidido a
trasladarse a Roma. En abril del año siguiente, partió para allá. En Carneto
salieron a recibirle muchos personajes eclesiásticos y seculares, una embajada
romana que le entregó las llaves de Sant'Angelo, y el beato Juan
Colombini y los jesuatos (orden extinguida, no confundir
con los jesuitas, posteriores), con palmas en las manos e himnos en los labios.
Cuatro semanas más tarde, entró Urbano V en Roma, donde ningún Papa había
estado desde hacía más de cincuenta años. Al ver la ciudad, el Pontífice no
pudo contener las lágrimas. Las grandes basílicas, incluso la de San Juan de
Letrán y las de San Pedro y San Pablo, estaban casi en ruinas. Urbano V se
dedicó inmediatamente a repararlas y a hacer habitables las residencias
pontificias. También tomó rápidamente medidas para restablecer la disciplina
entre el clero y el fervor entre el pueblo. En breve tiempo, se dio trabajo a
todo el mundo y comenzó a repartirse alimentos a los pobres.
Al año siguiente, el Pontífice se
entrevistó con el emperador Carlos IV. La Iglesia y el imperio se aliaron
nuevamente, y Carlos entró en Roma, conduciendo por la brida la mula en que iba
montado el Pontífice. Un año más tarde, llegó a Roma el emperador de Oriente,
Juan V Paleólogo, deseoso de acabar con el cisma y de conseguir la ayuda del
Papa contra los turcos. Urbano V le recibió en la escalinata de San Pedro, pero
no pudo prestarle ayuda, pues bastante tenía con defender su propia posición.
En efecto, el Pontífice no había logrado vencer a los condottieri, Perugia se
había rebelado, Francia estaba en guerra con Inglaterra, los franceses de la
corte pontificia estaban muy descontentos, y la salud del Papa comenzaba a
fallar. Urbano V decidió regresar a Francia. Los romanos le suplicaron que se
quedase; Petrarca se hizo el portavoz de Italia para rogarle que no partiese; santa Brígida de
Suecia montó en su mula blanca y fue desde Montefiascone a
profetizarle que, si salía de Roma, moriría muy pronto. Todo fue en vano. En
junio de 1370, Urbano V declaró ante los romanos que partía por el bien de la
Iglesia y para ir a ayudar a Francia. El 5 de diciembre, «triste, enfermo y muy
conmovido», se embarcó en Carneto. Dios le llamó a Sí el 19 de diciembre.
Petrarca escribió: «Urbano habría sido uno de los hombres más gloriosos, si
hubiese puesto su lecho de muerte ante el altar de San Pedro y se hubiese
acostado en él con buena conciencia, poniendo a Dios por testigo de que si
salía de allí no era por culpa suya, sino de quienes se habían empeñado en esa
fuga vergonzosa». Pero los cristianos perdonaron al Papa esa debilidad. Un
cronista de Mainz resume así la opinión de sus contemporáneos: «Fue una
lumbrera del mundo y un camino de verdad; amó la justicia, huyó de la maldad y
temió a Dios».
Urbano V se vio libre de los vicios de su
época y trabajó mucho por la reforma del clero, empezando por su propia corte,
en la que la venalidad era cosa notoria. Mantuvo a muchos estudiantes pobres y
fomentó el saber ayudando a varias universidades, como la de Oxford, y
procurando la fundación de otras nuevas, como las de Cracovia y Viena. El santo
confió a los dominicos de Toulouse la custodia de las reliquias de Santo Tomás,
y escribió a la Universidad de dicha ciudad: «Deseamos y mandamos que sigáis la
doctrina del bienaventurado Tomás, que es verdadera y católica, y que la promováis
todo lo posible». Los peregrinos empezaron a acudir al sepulcro de Urbano V, en
la abadía de San Víctor de Marsella. El Papa Gregorio XI prometió al rey de
Dinamarca, quien había pedido la canonización de Urbano V, que la causa sería
introducida. Aunque la época era muy turbulenta, el pueblo cristiano prosiguió
tributando culto al siervo de Dios. Pío IX confirmó el culto del beato Urbano
en 1870. Su nombre figura en el calendario romano y en el de varias diócesis de
Francia.
Las fuentes más importantes desde el punto
de vista de la santidad personal del Pontífice, se hallan reunidas en la obra
de J. H. Albanés, Actes anciens et documents concernant le B. Urbain V (1897).
Dicho volumen comprende las biografías antiguas, que son varias, y los
testimonios, milagros, etc., presentados a partir de 1390 con miras a la
beatificación. Existe una literatura muy considerable, aunque la figura como
tal pertenece y debe ser estudiada en la historia general de la Iglesia, por
ejemplo, en Jedin, Manual de Historia de la Iglesia, vol. IV, pág 531 pass. En
la imagen: lápida de Urbano V en Avignon, 1372.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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