lunes, 26 de diciembre de 2016

Beato Segundo Pollo, presbítero - Santa Vicenta María López Vicuña, virgen y fundadora (26 de diciembre)

Beato Segundo Pollo, presbítero

fecha: 26 de diciembre
n.: 1908 - †: 1941 - país: Montenegro
canonización: 
B: Juan Pablo II 23 may 1998
hagiografía: Vaticano

Elogio: En el lugar llamado Dragali, en Montenegro, beato Segundo Pollo, presbítero de Vercelli, que ejerciendo de capellán castrense durante la guerra, al asistir a un soldado moribundo fue herido, y poco después murió desangrado.
Secundo Pollo (pr. Pol.lo) nació el 2 de enero de 1908 en Caresanablot (Vercelli); fue alumno de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Vercelli. Obtiene la licenciatura en Filosofía en 1931, y ese mismo año es ordenado sacerdote en Vercelli. Fue profesor de filosofía y teología en el Seminario Mayor de Vercelli y asistente diocesano de los jóvenes de la Acción Católica. En 1940 fue nombrado Teniente Capellán de un batalló que marcha a la campaña militar en Montenegro donde, el 26 de diciembre, cuando se acercaba a asistir una herida, lo alcanzó una bala en la pierna, y murió por desangramiento ese mismo día, teniendo 33 años. Sirvan estos pocos datos biográficos, que tomamos de Santi e Beati como apertura a las palabras de SS. Juan Pablo II en la misa de beatificación, en la plaza de la Catedral de Vercelli el 23 de mayo de 1998. La homilía completa puede leerse, en castellano, en el sitio del Vaticano:
Don Secondo es un ejemplo de sacerdote valiente que, en el arco de una breve existencia, supo alcanzar la cumbre de la santidad. La víspera de su ordenación sacerdotal, el nuevo beato ya manifestaba con lúcida determinación su propósito de acoger sin reservas en su vida el exigente programa del Evangelio. «Llegar a ser santo»: este fue su ideal, y por él se esforzó a diario. Guiado por este propósito, vivió intensamente su ministerio sacerdotal, buscando y siguiendo asiduamente la voluntad de Dios.
La Providencia le encomendó numerosas y difíciles tareas en el ámbito de la Iglesia de Vercelli. Fue educador de fina intuición pedagógica en los seminarios diocesanos, donde desempeñó los cargos de profesor y padre espiritual. Primero se convirtió en discípulo y servidor diligente de la palabra de Dios a través del estudio asiduo de las disciplinas sagradas y la intensa actividad de predicador. Fue generoso dispensador de la misericordia divina en la administración del sacramento del perdón. Trabajó con entusiasmo entre los jóvenes como asistente de la Acción católica, hasta seguirlos en la tormenta de la guerra como capellán de los alpinos. Precisamente en el ejercicio heroico de la caridad, este joven sacerdote de Vercelli entregó su alma a Dios, dejando a los capellanes militares de todo el mundo un ejemplo de cómo se ama y sirve a sus hermanos bajo las armas, y a los alpinos un modelo y un protector en el cielo.
Dos fueron los secretos de la ascensión de don Secondo a las cumbres de la santidad: su unión constante con Dios a través de la oración, y su profunda devoción a la Madre celestial, María. Su diálogo asiduo con Dios y su amor filial a la Virgen fortalecieron su particular caridad pastoral, que se presenta como la síntesis más alta y característica de su ministerio sacerdotal. Vivió totalmente para sus hermanos, concluyendo su aventura terrena el día de san Esteban, casi imitando al ardiente testigo, «lleno del Espíritu Santo», del que habla el libro de los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 7, 55).
fuente: Vaticano
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4622




Santa Vicenta María López Vicuña, virgen y fundadora

fecha: 26 de diciembre
n.: 1847 - †: 1890 - país: España
canonización: 
B: Pío XII 19 feb 1950 - C: Pablo VI 25 may 1975
hagiografía: Vaticano

Elogio: En Madrid, en España, santa Vicenta María López Vicuña, virgen, que fundó y propagó el Instituto de Hijas de María Inmaculada, para que cuidaran del cuerpo y del alma de las jóvenes que, por razón del servicio doméstico, se encontraban alejadas de sus familias.
refieren a este santo: Santa María Soledad Torres Acosta

Fragmento dedicado a la santa en la homilía de la misa de canonización, por SS el papa Pablo VI, el 25 de mayo de 1975. Puede leerse el texto completo en el sitio del Vaticano. En Butler-Guinea (Tomo IV, pág. 622-23) hay una biografía breve, con los datos sustanciales.
Vicenta María López y Vicuña nació en las nobles y cristianas tierras de Navarra, el día 24 de marzo de 1847, para morir en los umbrales de este siglo. Trascurrió una juventud serena, durante la cual fueron madurando en ella los frutos de una esmerada educación cristiana, en la que dejó huellas inconfundibles el ambiente familiar: la madre, un tío sacerdote, una tía religiosa. ¡Oh! Nunca ponderaremos bastante la importancia formativa del núcleo familiar; esa labor ejemplar, insustituible, de siembra y cultivo de conocimientos y virtudes. Y Dios bendice con predilección a las familias auténticamente cristianas; son ellas, por su parte, la mejor cantera de vocaciones para el servicio de la Iglesia. En España tenéis, a este respecto, una tradición espléndida, gloriosa, fecunda. Os recordamos esto ahora, amadísimos hijos, porque abrigamos la esperanza de que el Año Santo se distinga también por un despertar de las vocaciones, por «un incremento numérico de aquellos que sirven a la Iglesia con particular dedicación de su vida, es decir, de los sacerdotes y religiosos» (Apostolorum Limina, IV).
Nuestra Santa es muy joven aún, cuando oye en sus adentros la llamada divina. No fue una decisión fácil de realizar. Con sencillez v dulzura, con sacrificio y caridad logra verse liberada de la perspectiva que le ofrece una vida en el mundo tranquila, acomodada, halagadora. En la fiesta de la Santísima Trinidad de 1876 recibe el hábito religioso junto con dos compañeras; nace así la congregación de las Religiosas de María Inmaculada; una familia que tiene por misión la santificación personal de sus miembros y la ayuda a las jóvenes que trabajan fuera de sus propios hogares. A esas jóvenes, rodeadas con frecuencia de no pequeñas dificultades y peligros, Vicenta María entrega su vida entera. Al poner en la balanza el futuro de su vocación, podrá decir: «¡Las chicas han vencido!». Y a ellas se dará sin reservas, para hacerles encontrar un hogar acogedor, donde hallen una voz amiga, la palabra alentadora v desinteresada, el calor de un corazón, donde descubran la riqueza inmensa humano-divina de sus vidas, el secreto de los valores perennes, de la paz interior y donde, a la vez, aprendan a promoverse integralmente, para hacerse cada vez más dignas ante Dios y realizarse mejor como jóvenes.
¡De qué maravillosas intuiciones es capaz quien ama de veras! ¡Qué fina pedagogía sabe aplicar quien habla ese lenguaje sublime que se aprende en el corazón de Cristo! Nuestra Santa tenía ya una experiencia personal en este apostolado específico. Sus mismos familiares de Madrid la habían puesto en contacto con esa clase trabajadora, tan necesitada. El deseo de entregarse a Dios hace lo demás. Ella misma siente en su alma la exigencia insaciable de renuncia genuina, deliberada, amorosa, que se le pide al discípulo de Cristo «para gloria de Dios más palpable. Más pobreza. Más mortificación de mis naturales inclinaciones. Mucho peligro de sufrir desprecios. ¡Cuántos la vituperarán! Continuo esfuerzo, continuo sacrificio. Necesidad de la época». Son éstos precisamente los motivos que la impulsan a hacer la fundación, según ella misma ha dejado escrito (Cfr. Escritos de la fundadora, Cuaderno t. f. 80 r. O. c. 124-130). A pesar de su muerte prematura, a los cuarenta y tres años, no sin sufrimientos físicos y sobre todo morales -¡la cruz es la compañera inseparable de los Santos!-, la madre Vicuña vio aprobada su Obra por la Santa Sede; tenía ya casas repartidas por España y estaba ilusionada con fundar en Buenos Aires. La congregación se abría así a todos los horizontes de la Iglesia, como lo está hoy con numerosas comunidades esparcidas por Europa, América, Africa y Asia.
Recordamos bien cuando fue beatificada por nuestro venerable predecesor Pío XII en el anterior Año Santo. Y en este Año Santo, que coincide además con el Año Internacional de la Mujer, podríamos preguntarnos: ¿qué mensaje trae Santa Vicenta María para la Iglesia y para el mundo de nuestro tiempo? Al iniciar el ciclo de beatificaciones de este Año Santo con María Eugenia Milleret decíamos que «la santidad, buscada en todos los estados de vida, es la promoción más original y más llamativa a Ia que pueden aspirar y acceder las mujeres». Santa Vicenta María ha sentido, imperioso, el reclamo de la caridad hecha servicio, algo que le está invitando a prodigar su atención hacia la mujer, sobre todo la joven, necesitada de cuidados religiosos, de asistencia social, de la auténtica sublimación cristiana, en una palabra, de promoción en el sentido más completo y elevado del término. Una tarea que, con las diversas modalidades que van presentando los tiempos, constituye también una exigencia importante del mundo actual. El carisma de la fundadora tiene así en nuestra época una vivencia singular.
fuente: Vaticano
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