San Malaquías, santo del AT
fecha: 18 de diciembre
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Conmemoración de san Malaquías, profeta, que después del destierro de
Babilonia anunció el gran día del Señor y su venida al templo, y la oblación
pura que siempre y en todo lugar se le ofrecería.
Ver más información en:
Celebrábamos hace apenas dos días -el 16
de diciembre- a Ageo,
profeta de la vuelta del Exilio, que inflamaba en nombre de Yahvé al pueblo
para que cobrara ánimos y confiara en que la reconstrucción del templo vale la
pena, es cosa de Dios. Dos días después en la celebración supone muchos años de
diferencia entre un profeta y otro, y hoy el templo está reconstruido, la
comunidad está en marcha, pero las cosas no son como se podía esperar: el
ritual es mecánico, los creyentes no confían en Yahvé, ¿acaso no prospera más
el injusto que el justo? ¿para qué gastar en ofrenda lo mejor del ganado?
¿acaso llega eso a Dios? En sólo dos días hemos pasado de celebrar en san Ageo
la preparación de la fiesta, a celebrar en san Malaquías los residuos un poco
marchitos del festín.
Efectivamente, no sabemos casi nada de
este profeta (la verdad es que ni siquiera su nombre, como veremos luego), pero
por algunas cosas que dice se puede situar casi con toda seguridad un poco
antes del 460 aC, cuando el Templo ya está en marcha, el sacrificio y la
liturgia han sido repuestos, pero no ha ocurrido aun ese nuevo impulso nacional
que fue la reforma religiosa de Esdras y Nehemías, del 460. Lo llamamos
«Malaquías» porque eso dice su primer versículo: «Oráculo. Palabra de Yahveh a
Israel por ministerio de Malaquías», pero la realidad lingüística es que
«malaquías» [mal'ajì] no es un nombre de persona atestiguado por ninguna otra
fuente, es una palabra con significado, quiere decir «mi mensajero» o -si es
corrupción de otra palabra, «malaquiyya»- «mensajero de Yahvé». Posiblemente el
libro recopila la predicación oral de un profeta anónimo (de un estilo
semejante a lo largo de sus tres capítulos, así que puede decirse que se trata
de una sola persona), al que el compilador, faltándole un nombre, le puso este
simbolico de «Mi mensajero», deduciéndolo seguramente de 3,1, versículo que a
cualquier cristiano le es muy familiar: «He aquí que yo envío a mi mensajero
[mal'ajì] a allanar el camino delante de mí...». Se trata del último de «Los
Doce», esa colección bíblica que agrupaba doce libros proféticos, casi todos
pequeños, y que la Biblia judía pone en uno solo, cerrando su segunda parte.
Como nosotros solemos editar los libros del Antiguo Testamento colocando al
final los profetas, resulta ser también -pero sólo en nuestras ediciones- el
último libro del Antiguo Testamento.
La «arquitectura» de su mensaje salta
enseguida a la vista, apenas comenzamos a leer: se trata de seis oráculos que
contienen siempre:
-Una afirmación -o juicio divino- de algo en lo que el pueblo de Israel, o sus dirigentes, están obrando mal.
-La negación por parte de los afectados.
-lo que permite al profeta explicitar mejor, en nombre de Dios, el alcance del juicio.
-la promesa divina de una revelación mayor de Dios si el pueblo acepta el camino de Yahvé.
Sin embargo así dicho parece algo puramente esquemático; es más: el profeta conoce muy bien este «mecanismo» de la promesa que tantas veces hemos leído u oído: «al que obra bien, le irá bien, al que obra mal, le irá mal»; lo que tiene de especial y fuera de esquema la predicación de Malaquías es que lo que promete Yahvé si el pueblo se entusiasma de una buena vez con él, no es otra cosa que donarse él mismo por completo:
-Una afirmación -o juicio divino- de algo en lo que el pueblo de Israel, o sus dirigentes, están obrando mal.
-La negación por parte de los afectados.
-lo que permite al profeta explicitar mejor, en nombre de Dios, el alcance del juicio.
-la promesa divina de una revelación mayor de Dios si el pueblo acepta el camino de Yahvé.
Sin embargo así dicho parece algo puramente esquemático; es más: el profeta conoce muy bien este «mecanismo» de la promesa que tantas veces hemos leído u oído: «al que obra bien, le irá bien, al que obra mal, le irá mal»; lo que tiene de especial y fuera de esquema la predicación de Malaquías es que lo que promete Yahvé si el pueblo se entusiasma de una buena vez con él, no es otra cosa que donarse él mismo por completo:
«Llevad el diezmo íntegro a la casa del tesoro, para que haya alimento en mi Casa; y ponedme así a prueba, dice Yahveh Sebaot, a ver si no os abro las compuertas del cielo y no vacío sobre vosotros la bendición hasta que ya no quede...», ¡vaciar sobre nosotros la bendición hasta que ya no quede! ¿se puede hablar de la presencia de Dios de una manera más poética, más sensible y conmovedora? Con razón este pequeño librito, cuyos temas son más o menos los que conocemos por otras predicaciones proféticas, caló especialmente hondo entre los primeros cristianos, y es citado varias veces en el Nuevo Testamento:
1,2: «amé a Jacob, y a Esaú aborrecí» --> Rm 9,13
2,10: la paternidad única de Dios --> Ef 4,6
2,15: argumentación contra el divorcio --> Mt 5,31ss
3,1: el envío del Precursor --> Mt 11,10
3,20: nos visitará el sol de justicia --> Lc 1,78
3,23-24: el regreso de Elías para «hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos y de los hijos hacia los padres» --> Lc 1,17, Mt 17,10ss.
Se ha dicho que el libro «dice muy poco a
la imaginación» (Stuhlmüller), y es verdad: otros textos proféticos, cuando
hablan de «las cosas últimas», los tiempos mesiánicos, llevan mucho más a
imaginar. Sin embargo, precisamente en esa «carencia» está la fuerza escondida
de esta obrita: nos hace meditar en el sentido último de todas aquellas
imágenes que nos presentan los demás profetas: el fondo de la promesa no son
los cielos abiertos, ángeles que bajan y suben, templos que brillan como el sol
y ciudades que son templos, sino la presencia completa y radiante de Dios a
cada uno de nosotros, en cada uno de nosotros, cuando ya no quede en el cielo
bendición, porque esté toda entre nosotros.
Bibliografía:También para Malaquías
hay una introducción breve pero útil en el prólogo a los Profetas Menores en
Biblia de Jerusalén. Sigue siendo válida la seria y pertinente introducción
desde el punto de vista de la crítica histórica del Comentario
Bíblico «San Jerónimo», tomo II, págs 164ss. El libro de
Malaquías puede leerse en la sección de
Biblia de ETF en distintas versiones.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4552
Santos Namfamo, Miginio, Sanamis y Lucita, mártires
fecha: 18 de diciembre
†: s. inc. - país: África Septentrional
otras formas del nombre: Namphamo, Miggo, Sanames
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
†: s. inc. - país: África Septentrional
otras formas del nombre: Namphamo, Miggo, Sanames
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En el norte de África, conmemoración
de los santos mártires Namfamon, Miginio, Sanamis y Lucita, a los cuales, hacia
los cuales, según el testimonio del gentil Máximo de Madaura en su carta a san
Agustín, el pueblo cristiano sentía gran veneración.
Conocemos los nombres de estos santos,
protomártires de la Iglesia de Madaura, en el norte de África, exclusivamente
por el testimonio de un pagano, un amigo de san Agustín que le escribe, hacia
el 390 -pocos años después del bautismo del santo- reprochándole que adhiriera
a la fe cristiana. En un estilo de retórica culta, Máximo le recuerda lo que
era doctrina común de los ambientes cultivados de la época: en el fondo todos
los dioses (incluidos los paganos) hablan de una misma Divinidad que trasciende
todos los nombres que le ponemos los seres humanos, y que puede ser el gran
Todo. Por eso mismo, continúa Máximo, es impensable que los mártires cristianos
pretendan preminencia respecto de los dioses paganos. Y así dirá:
«¿Quién puede sufrir que Miginio sea antepuesto a Júpiter, que lanza los rayos; Sanamis a Juno, Minerva, Venus y a Vesta, y a todos (¡qué vergüenza!) los dioses inmortales el archimártir Namfamon? Entre esos mártires se acepta con no menor veneración a Lucita y a otros mil (nombres odiosos a los hombres y a los dioses), que acumularon crímenes sobre crímenes en una conciencia llena de nefandos delitos. Bajo la apariencia de una muerte gloriosa, hallaron los muy viciosos una muerte digna de sus hazañas y costumbres. La necia muchedumbre visita sus sepulcros, si es que vale la pena recordarlo, olvidando los templos y los manes de sus antepasados...»
«¿Quién puede sufrir que Miginio sea antepuesto a Júpiter, que lanza los rayos; Sanamis a Juno, Minerva, Venus y a Vesta, y a todos (¡qué vergüenza!) los dioses inmortales el archimártir Namfamon? Entre esos mártires se acepta con no menor veneración a Lucita y a otros mil (nombres odiosos a los hombres y a los dioses), que acumularon crímenes sobre crímenes en una conciencia llena de nefandos delitos. Bajo la apariencia de una muerte gloriosa, hallaron los muy viciosos una muerte digna de sus hazañas y costumbres. La necia muchedumbre visita sus sepulcros, si es que vale la pena recordarlo, olvidando los templos y los manes de sus antepasados...»
Parte del significado burlesco que podía
tener esta carta enviada como chanza de amigo a amigo se nos pierde, porque al
parecer, según lo sugiere la respuesta de san Agustín, Máximo intentó
ridiculizar a los mártires por sus extraños nombres. Esto dará lugar a que
Agustín tome a su vez el pelo a su agonista, mostrándole que «Namfamon»
significa «de buen pie», y haciendo alusión a la habitual superstición de los
paganos, le recuerda que «Desea Virgilio que Hércules entre con pie venturoso,
esto es, que sea Nanfamón, que es lo que nos echas a nosotros tan en cara.» En
suma, las misivas no aportan elementos históricos para que nos enteremos de las
circunstancias concretas del martirio de estos santos, pero sí permiten
establecer fehacientemente no sólo su existencia sino también la gran
veneración de la que gozaban.
Las cartas pueden verse en Patrología
Latina XXXIII, 81 y 83 respectivamente, y en la edición de Obras Completas de
BAC, en el tomo I de cartas, núm. 16 y 17.
Abel Della Costa
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
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